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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-09-2019

Reflexiones sobre la paz en Afganistn
Cmo escapar de una guerra equivocada y no mirar atrs

Andrew J. Bacevich
TomDispatch.com

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Cuando en abril de 1975 termin el conflicto al que los vietnamitas se refieren como la guerra de Estados Unidos, yo era un capitn del ejrcito estadounidense que asista a un curso en Fort Knox, Kentucky. En aquellos das, el cuerpo estudiantil en cualquiera de las innumerables escuelas de nuestro Ejrcito inclua por lo general a oficiales del Ejrcito de la Repblica de Vietnam (ARVN, por sus siglas en ingls).

Desde la fundacin del ARVN dos dcadas antes, Estados Unidos se haba asignado la tarea de profesionalizar esa incipiente institucin militar. A partir de la conviccin de que los estndares, mtodos y valores de nuestras fuerzas armadas eran universalmente aplicables y fcilmente exportables, se crea que la asistencia del personal del ARVN a esas escuelas del Ejrcito contribua a la profesionalizacin del ejrcito de Vietnam del Sur.

La evidencia de que los propios estndares profesionales del Ejrcito de EE. UU. se haban visto recientemente afectados -los recuerdos de la masacre de My Lai an estaban frescos- no suscit duda alguna de nuestra parte. La asociacin con oficiales estadounidenses como yo iba seguramente a contagiar a nuestros homlogos de Vietnam del Sur de forma que iba a hacerles mejores soldados. As pues, pretendimos creerlo, incluso al someter esa afirmacin a ningn escrutinio ms que a la pregunta de por qu la mayora de nosotros haba pasado un ao o ms de nuestras vidas participando en una guerra obviamente descabellada y desacertada en Indochina.

Para los oficiales de servicio en ese momento, una pregunta en particular traspasaba los lmites aceptables (aunque haba sido planteada incesantemente durante aos por los manifestantes antibelicistas en las calles de Estados Unidos): Por qu Vietnam? La carrera militar, al premiar la sumisin como condicin previa para la movilidad ascendente, rara vez fomenta el pensamiento crtico.

El da en que cay Saign, la capital de la Repblica de Vietnam, y ese pas dej de existir, me acerqu a uno de mis compaeros de clase del ARVN, tambin capitn, queriendo al menos reconocer ante l la magnitud del desastre ocurrido. Lamento lo que le ha pasado a tu pas, le dije.

No conoca bien a ese oficial y ya no recuerdo su nombre. Vamos a llamarlo capitn Nguyen. En mi tenue recuerdo, ni siquiera se molest en responder. Simplemente me mir con una expresin angustiada y triste. Nuestro encuentro no dur ms que unos pocos segundos. Luego segu con mi vida y, presumiblemente, el capitn Nguyen sigui con la suya. Aunque no tengo ni idea de su destino, me gusta pensar que est ahora retirado en el sur de California tras una exitosa carrera en el sector inmobiliario. Pero quin sabe?

Todo lo que s es que hoy recuerdo nuestro intercambio con una profunda sensacin de bochorno e incluso de vergenza. Mi pattico esfuerzo por consolar al capitn Nguyen haba sido presuntuoso e inadecuado. Mucho peor fue mi fracaso -incapacidad? rechazo?- a la hora de reconocer el contexto dentro del cual se estaba produciendo esa catstrofe: Estados Unidos y sus fuerzas armadas haban infligido, durante aos, daos horrendos al pueblo de Vietnam del Sur.

En realidad, su derrota fue nuestra derrota. Sin embargo, aunque habamos decidido que nosotros habamos terminado de pagar, ellos iban a estar pagando durante mucho tiempo ms.

En lugar de ofrecerle una fatua expresin de pesar por el colapso de su pas, debera haber pedido disculpas por haber jugado incluso un papel minsculo en lo que fue, en cualquier medida, una catstrofe de proporciones picas. Es un milagro que el capitn Nguyen no me escupiera en un ojo.

Empatizaba realmente con el capitn Nguyen. Sin embargo, la verdad es que, junto con la mayora de estadounidenses, soldados y civiles, estaba muy feliz de haber terminado con Vietnam del Sur y todos sus problemas. Desde la presidencia de Dwight D. Eisenhower, Estados Unidos y sus fuerzas armadas haban hecho un esfuerzo gigantesco para impartir legitimidad a la Repblica de Vietnam y obligar a la Repblica Democrtica de Vietnam al Norte a renunciar a su determinacin de ejercer la soberana sobre la totalidad del pas. En eso, habamos fallado espectacularmente y a un coste sobrecogedor.

Nuestra guerra en Indochina, el conflicto que decidimos llamar la guerra de Vietnam, termin oficialmente en enero de 1973 con la firma en Pars de un Acuerdo para poner fin a la guerra y restaurar la paz en Vietnam. Segn los trminos de ese pacto fraudulento, los prisioneros de guerra estadounidenses fueron liberados del cautiverio en Vietnam del Norte y las ltimas tropas de combate estadounidenses en el sur se marcharon a casa, completando una retirada iniciada varios aos antes. La responsabilidad principal de asegurar la Repblica de Vietnam recay en el ARVN, considerado por los comandantes estadounidenses como incapaz de cumplir esa misin.

Mientras tanto, a pesar del cese nominal de las hostilidades, aproximadamente 150.000 soldados del ejrcito regular norvietnamita ocupaban an gran parte del territorio de Vietnam del Sur, ms o menos el equivalente a cuando se acept el fin de la II Guerra Mundial cuando todava haba varias divisiones de tanques panzer alemanes al acecho en el bosque de las Ardenas de Blgica. En efecto, nuestro mensaje a nuestro enemigo y a nuestro aliado fue este: Nos largamos de aqu; resuelvan Vds. esto. En poco ms de dos aos, ese proceso de solucin extinguira a la Repblica de Vietnam.

All estuvimos y eso fue lo que hicimos

En el curso al que asistimos el capitn Nguyen y yo en la primavera de 1975 se prest poca atencin a las guerras como la que durante aos haba ocupado la atencin de mi ejrcito y el suyo. De hecho, nuestro ejrcito se estaba ya marchando. Despus de hartarse de las selvas de dosel arbreo en Indochina, el cuerpo de oficiales de Estados Unidos se dedicaba a defender la caada de Fulda, la regin de Alemania occidental considerada ms hospitalaria para una futura invasin sovitica. Como si por decreto, prepararse para luchar contra esas fuerzas soviticas y sus aliados del Pacto de Varsovia, en caso de que estos decidieran (aunque de forma improbable) enfrentarse a la OTAN y lanzarse hacia el Canal de la Mancha, apareciera de repente como la prioridad nmero uno. En Fort Knox y en todos los rangos del Ejrcito, nos centramos de repente en las operaciones de armas combinadas de alta intensidad, una repeticin, en esencia, de los combates al estilo de la II Guerra Mundial con armamento ms elegante. En resumen, las fuerzas armadas estadounidenses haban vuelto a ser soldadesca real.

Y as sucede de nuevo hoy. Al final del decimosptimo ao del conflicto que los estadounidenses denominan comnmente la guerra de Afganistn -uno se pregunta qu nombre le darn los afganos-, las fuerzas militares de EE. UU. se estn largando. Los planificadores del Pentgono estn volviendo su atencin a Rusia y China. Competicin entre grandes potencias es como se llama ahora el juego. Sin embargo, si pudiramos definir los propsitos evolutivos de Washington en su guerra de Afganistn construccin de la nacin, democratizacin, pacificacin-, la probabilidad de cumplirlos ha sido nula. En 2019, al igual que a principios de la dcada de 1970, en lugar de admitir el fracaso, el Pentgono ha optado por cambiar de tema y una vez ms est volviendo su atencin hacia la soldadesca real.

Recuerdan la pasin por la contrainsurgencia (habitualmente conocida por su acrnimo COIN) que se apoder del establishment de la seguridad nacional alrededor de 2007 cuando el incremento en Iraq supervisado por el general David Petraeus se posicion, por breve tiempo, junto a Gettysburg como victoria histrica? Bien, estos das promover la COIN como la nueva forma de guerra estadounidense se ha convertido, por decirlo suavemente, en una venta difcil. Dado que muy pocos en Washington reconocern abiertamente la magnitud del fracaso militar en Afganistn, el incentivo para identificar nuevos enemigos en entornos considerados ms agradables se vuelve casi irresistible.

Solo se precisa una cosa para validar esta reorganizacin de las prioridades militares. Washington necesita crear la apariencia, como en 1973, de que est saliendo de Afganistn en sus propios trminos. En resumen, lo que se necesita es un equivalente actualizado de aquel Acuerdo para poner fin a la guerra y restaurar la paz en Vietnam.

Hasta el fin de semana pasado, la firma de dicho acuerdo pareca inminente. Donald Trump y su enviado, el exembajador en Afganistn Zalmay Khalilzad, parecan dispuestos a repetir el truco que el presidente Richard Nixon y el asesor de seguridad nacional Henry Kissinger lograron en 1973 en Pars: pausar la guerra y llamarlo paz. Si la lucha se reanuda despus de un intervalo decente, ya no sera el problema de Estados Unidos. Ahora, sin embargo, a juzgar por la cuenta de Twitter del presidente -actualmente el registro autorizado de la diplomacia estadounidense-, el acuerdo propuesto ha sido pospuesto, o tal vez archivado, o incluso abandonado por completo. Si el asesor de seguridad nacional John Bolton se sale con la suya , las fuerzas estadounidenses podran retirarse en cualquier caso, sin que se firme ningn tipo de acuerdo.

Segn lo que podemos deducir de los informes de prensa, los trminos de ese posible acuerdo afgano reflejaran los del Acuerdo de Pars de 1973 en un aspecto importante. En efecto, servira de billete de regreso a casa para las tropas de EE. UU. y la OTAN que todava estn en ese pas (aunque por el momento solo los primeros 5.000 soldados partiran de inmediato). Ms all de eso, los talibanes prometieron no proporcionar refugio a grupos terroristas antiestadounidenses, a pesar de que la rama afgana del ISIS ya est firmemente alojada all. Aun as, esta condicin permitira a la administracin Trump afirmar que haba evitado cualquier posible repeticin de los ataques terroristas del 11 de septiembre que, por supuesto, fueron planificados por Osama bin Laden mientras resida en Afganistn en 2001 como husped del gobierno controlado por los talibn. Por decirlo de algn modo: Misin cumplida !

En 1973, las fuerzas norvietnamitas que ocupaban zonas de Vietnam del Sur no se desarmaron ni se retiraron. En caso de que se logre este nuevo acuerdo, las fuerzas talibn que actualmente controlan o influyen en grandes extensiones de territorio afgano no se desarmarn ni se retirarn. De hecho, su intencin declarada es continuar luchando.

En 1973, los responsables polticos en Washington contaban con el ARVN para detener a las fuerzas comunistas. En 2019, casi nadie espera que las fuerzas de seguridad afganas eviten una amenaza que abarca tanto a los talibn como al ISIS. Como insulto final, del mismo modo que el gobierno de Saign fue excluido de las negociaciones de Estados Unidos con los norvietnamitas, tambin el gobierno instalado por Occidente en Kabul ha sido excluido de las negociaciones estadounidenses con su enemigo jurado, los talibn.

Sigue habiendo muchas incertidumbres. Al igual que con las ramas de olivo que el presidente Trump ha ofrecido ostentosamente a Rusia, China y Corea del Norte, esta iniciativa de paz en particular puede quedar en nada o, dependiendo del enfoque de las elecciones de 2020, puede decidir que Afganistn ofrece su ltima mejor esperanza para atribuirse al menos un xito en poltica exterior. De una forma u otra, con toda probabilidad, se ha iniciado ya el velatorio del gobierno afgano respaldado por Estados Unidos. Solo hay una cosa segura. Despus de hartarse de Afganistn, cuando los estadounidenses finalmente se vayan, no mirarn hacia atrs. En ese sentido, ser de nuevo Vietnam.

La paz a qu precio?

A pesar de todo el desagrado que siento por el presidente Trump, apoyo los esfuerzos de su administracin para sacar a Estados Unidos de Afganistn. Lo hago por la misma razn por la que apoy los Acuerdos de Paz de Pars de 1973. Prolongar esta locura por ms tiempo no sirve a los intereses estadounidenses. La regla nmero uno de un estadista debera ser: cuando ests haciendo algo realmente estpido, detente. En mi opinin, esta regla parece especialmente aplicable cuando las vidas de los soldados estadounidenses estn en juego.

En Vietnam, Washington desperdici 58.000 de esas vidas por nada. En Afganistn, hemos perdido ms de 2.300 soldados, con otros 20.000 heridos, nuevamente por casi nada. El mes pasado, dos soldados de las Fuerzas Especiales estadounidenses murieron en un tiroteo en la provincia de Faryab. Para qu?

Dicho esto, soy dolorosamente consciente del hecho de que, hace mucho tiempo, cuando le ofrec al capitn Nguyen mis dbiles condolencias, me faltaba imaginacin para concebir los problemas que iban a caer sobre sus compatriotas. A raz de la guerra de Estados Unidos, alrededor de 800.000 vietnamitas se metieron en botes que no eran aptos para navegar y escapar de su pas. Segn las estimaciones del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, entre 200.000 y 400.000 personas de esos botes murieron en el mar. La mayora de los que sobrevivieron estaban destinados a pasar aos en miserables campos de refugiados dispersos por todo el sudeste asitico. De vuelta en Vietnam, unos 300.000 exoficiales del ARVN y funcionarios de Vietnam del Sur fueron encarcelados en los llamados campos de reeducacin hasta 18 aos. La reconciliacin no ocupaba un lugar destacado en la agenda de posguerra de los nuevos lderes del pas unificado.

Mientras tanto, para los vietnamitas, del norte y del sur, la guerra de Estados Unidos ha continuado de determinadas formas. Las minas y municiones sin detonar que quedaron de esa guerra han causado ms de 100.000 bajas desde que las ltimas tropas estadounidenses partieron. Incluso hoy, el nmero de vctimas causadas por el Agente Naranja y otros herbicidas que la Fuerza Area de los Estados Unidos roci desenfrenadamente sobre vastas franjas de territorio contina aumentando. La Cruz Roja calcula que ms de un milln de vietnamitas han sufrido problemas de salud, incluidos defectos congnitos y cnceres graves, como consecuencia directa del uso indiscriminado de esos venenos como armas de guerra.

Para cualquiera que est interesado en calcular la responsabilidad moral de Estados Unidos por sus acciones en Vietnam, todas las vctimas tendran que encontrar un lugar en el balance final. No se puede decir que los 1,3 millones de vietnamitas admitidos en los Estados Unidos como inmigrantes desde que concluy formalmente la guerra estadounidense compensen el inmenso dao sufrido por el pueblo de Vietnam como resultado directo o indirecto de la poltica estadounidense.

En cuanto a lo que suceder si Washington logra llegar a un acuerdo con los talibn, bueno, no cuenten con que el presidente Trump (o su sucesor) d la bienvenida a Estados Unidos, a 1,3 millones de refugiados afganos, una vez que haya transcurrido un intervalo decente. Una vez ms, nuestra posicin ser: nos largamos de aqu; resuelvan Vds. esto.

Cerca del final de su famosa novela, El gran Gatsby, F. Scott Fitzgerald describi a dos de sus personajes privilegiados, Tom y Daisy, como personas descuidadas que destrozaban cosas y criaturas y despus volvan a su dinero o su inmensa negligencia para dejar que otros limpiaran el desastre que haban causado. Esa descripcin se aplica a los Estados Unidos en su conjunto, especialmente cuando los estadounidenses se cansan de una guerra equivocada. Somos un pueblo descuidado. En Vietnam, destrozamos cosas y seres humanos con frenes, solo para retirarnos a nuestro dinero, dejando que otros limpiaran el desorden de una manera claramente sangrienta.

Cuenten con nosotros, probablemente ms pronto que tarde, estaremos haciendo precisamente lo mismo en Afganistn.

 Andrew Bacevich es un colaborador habitual de TomDispatch que trabaja ahora como presidente del Quincy Institute for Responsible Statecraft. Su nuevo libro The Age of Illusions: How America Squandered Its Cold War Victory, saldr publicado en enero.

 Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176602/tomgram%3A_andrew_bacevich%2C_ending_war%2C_american-style/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a rebelion.org como fuente de la misma.



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