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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-09-2019

La guerra impide ver la tragedia nacional

Manuel Humberto Restrepo Domnguez
Rebelin


Polticamente lo que otros usan para unir, en Colombia se usa para separar. Cuando hay ideas comunes se buscan fisuras que justifiquen ruptura. La izquierda logra despolarizar diferencias con la derecha, pero no lo logra hacerlo fcilmente con la misma izquierda. Los ros que unan culturas y pueblos fueron convertidos en barreras para separar territorios y alimentar odios. Las elites como los conquistadores, vigilan que lo que une no tenga garantas, porque peligra su propia existencia. Conocen bien sus ventajas y han tomado atenta nota de las debilidades de las mayoras, que podran ponerlas en riesgo y cambiarles su destino, por eso las ataca polticamente todo el tiempo. Mantienen ejrcitos formados con sus mismas victimas y hacen creer que poltica es la que separa, sabiendo que en su soberbia, politiquera y clientelismo, radica el trpode que sostiene su estabilidad y lealtades.

La tragedia humana nacional, es tratada como una sucesin inconexa de hechos violentos y de degradacin por hambre, enfermedad, exclusin, til para exacerbar pasiones y mantener el ciclo de violencias, imponer limites a derechos y libertades y eliminar limites a su propicia codicia. Se especializaron en imponer la guerra y la hostilidad como principios a seguir. Ensearon a discriminar a los distintos y a eliminar primero a sus dioses y despus a sus lideres sociales y mandos insurgentes para provocar la retirada y minar cualquier resistencia civil o armada ante su autoridad. Convirtieron la guerra en valor absoluto, le dieron un valor especial sobre la vida y la dignidad humana, as lo anuncia la publicidad estatal que ofrece recompensas, altera conciencias y promete falsos cambios, manipulando los conceptos de adversario y enemigo poltico. Al adversario lo presentan como enemigo y al enemigo como una especie a la que es inaplazable exterminar. La masacre, el genocidio, la crueldad, tienen impulsores, apologistas y defensores, cuyo encargo es minimizar o ridiculizar la tragedia a la que usualmente sealan como asunto colateral a su codicia, que impide competirles el poder. Las palabras reiteradas del ministro de guerra as lo muestran, siguen un libreto, no son equivocaciones ni errores de calculo, son parte de una manera de pensar y gobernar. As piensa y se lo cree cuando afirma que los asesinatos de lideres ni son sistemticos, ni son polticos.

A las elites, el modo de vivir en un estadio de guerra, les ha dado sus mejores resultados, la economa crece, pero las guanacias son para pocos. Unas veces triunfan como empresarios, otras como polticos, le llaman carrusel, pero es la dinmica mafiosa de un sistema de poder, que no podra permanecer en momentos de paz, en los que estaran inseguros, sin los privilegios originados muchas veces en viejos fraudes que les dieron un status social que por nada estn dispuestos perder. En eso basan su derecho a tener para s lo que arrebataron o negaron a otros, a lo que suman las rentas de la nacin y bienes comunes a cargo del estado. Su alta capacidad de maniobra y control del estado, se reduce para ellas en poca de paz, de la que desconfan por temor a quedar inestables. Por su incomodidad es que recurren a justificar rpidamente la necesidad de tener activa la guerra.

Para el partido en el poder, la paz pactada es una afrenta a su propia existencia, un intento de su enemigo por prohibir la guerra, que les permite romper todo limite y reivindicar la legalidad de la justa causa. Mantener en ofensiva al estado autoriza al gobierno a crear discrecionalmente escenarios de confrontacin, emprender nuevos emprstitos, intervenir instituciones, reordenar presupuestos, comprar medios y costosos equipamientos de guerra, preparar ejrcitos y movilizar civiles a favor de su ideologa, pero tambin desorientar imaginarios sociales y generar percepciones de peligro. El estadio de guerra le facilita al poder estigmatizar instituciones y personas, agredir, vigilar, controlar, sancionar, condenar y arremeter contra quien entre en su esfera de sospecha o esquizofrenia. Estudiantes de universidades publicas que haban logrado aprender a movilizarse con imaginacin son otra vez retados para violentizar sus acciones. Los opositores y grupos sociales conminados a ir otra vez a la defensiva judicial, meditica o social y las ONG defensoras de derechos, colectivos polticos, intelectuales, indgenas, campesinos, sindicalistas a esperar su turno para ser puestos en la condicin de adversarios a negar o de enemigos a eliminar al amparo de confusas razones de estado o de seguridad democrtica en la versin original o ajustada. Con el estado de guerra el gobierno obtiene la gracia poltica y judicial de considerar ilegal toda accin, expresin u opinin estructurada contra su poder. Los limites son eliminados y el oponente individual o colectivo declarado criminal e inhumano, lo que les resulta suficiente para invalidarlo y liquidarlo, en cuanto queda privado de todos sus derechos y con el estigma de enemigo del que todos deben saber que quedarse sin derechos equivale a ser portador de una extraa peste que contagia al que se acerque.

 

P.D. La guerra le mejora las cifras de poder a pocos pero destruye la vida de muchos. Un homenaje a la memoria de Alfredo Correa de Andreis, Profesor, Socilogo, Rector de la U del Magdalena, victima de un execrable crimen de estado en el nombre de la seguridad democrtica hace 20 aos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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