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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-09-2019

La Gabarra, la noche que nadie olvida

Fernando Alexis Jimnez
Rebelin


Nadie sabe cuntos camiones utilizaron, pero por el nmero de paramilitares que realizaron la incursin, se estima que eran alrededor de diez. Avanzaron amparados en las sombras de la noche cubriendo la distancia de hora y media que separaba a Tib de La Gabarra, en Norte de Santander. Transportaban a 150 hombres que cambiaran para siempre la historia del casero de 30 mil habitantes, a orillas del ro Catatumbo. Como es natural, los carros hicieron mucho ruido porque eran bastantes, pero el ejrcito dijo no haberse percatado de su trnsito por la nica carretera de acceso. Ironas de la vida, un suceso inexplicable o, simplemente, un misterio que quedar sin resolver.

La caravana de la muerte lleg pasadas las nueve de la noche y fue el profesor, Pedro Josas Buitrago, uno de los primeros en enterarse. Se lo advirti uno de sus estudiantes: Profe, llegaron los paracos. l se lo dijo a otros parroquianos que estaban bebiendo cerveza en el billar La Fortuna, y pronto la advertencia se reg como plvora. Muchos se fueron rpido a sus casas. Pocos segundos despus de llegar y encerrarse con su mujer y los hijos, se fue la luz, y comenz la masacre que dur ms de tres horas.

Hacia la madrugada rein un silencio absoluto. Las aguas turbias del Catatumbo se tieron de rojo con una mancha que se hizo cada vez ms grande, conforme iban arrojando cadveres a su lecho. Buena parte de ellos figuraron por mucho tiempo como desaparecidos. Las 35 vctimas que lograron identificar, fueron las que llamaron, lista en mano, porque saban que invariablemente se daban cita en las tiendas, cantinas y billares de la zona comercial del poblado.

En su mayora, raspachines de coca. Para la mayora, nmadas rebuscndose algunos pesos, pero desde la perspectiva de los paramilitares, eran auxiliadores del frente 33 de las Farc que operaba en la zona, o de las compaas del ELN y el EPL que tambin haban compartido territorio.

Esa noche del 21 de agosto de 1999 no la olvida nadie, aun cuando hay quienes aseguran que las matanzas haban comenzado semanas antes en las 45 veredas que hay en el territorio.

Financiamiento del paramilitarismo

La primera masacre, para anunciar la llegada, se registr en La Carbonera, comprensin rural de Tib. Se enfrentaron con la insurgencia. Y fueron ganando terreno. Fue el 29 de mayo de 1998. Asesinaron 18 personas. Una segunda la hicieron el 21 de julio de ese ao.

El comandante de las autodefensas, Carlos Castao, admiti que de la regin del Catatumbo provena el 70% para el financiamiento de sus tropas. Cada miliciano ganaba alrededor de $300 mil, un salario apenas comparado al de un profesional de la poca.

Jorge Ivn Laverde Zapata, alias El Iguano, quien comand la barbarie bajo las rdenes de Salvatore Mancuso y del propio Castao, dijo en versin libre que el propsito era conquistar la regin.

El paramilitar de origen antioqueo, haba liderado 33 masacres. El CTI lo captur el 16 de noviembre de 2000 y, seis das despus, en un cinematogrfico operativo, un nutrido grupo de sus subalternos lo rescat. Posteriormente se someti a la justicia y el 23 de mayo del 2007 empez versiones libres ante Justicia y Paz, en Barranquilla. Cant hasta rancheras. Pidi perdn a los familiares de las vctimas, pero ellas no pueden olvidar esa noche.

Algo que doli profundamente a padres, hermanos y familiares de quienes fueron asesinados, fue su revelacin de que optaban por desmembrar y cremar los cadveres para no dejar evidencias. Era una prctica comn del Bloque Catatumbo. Creyeron que esa metodologa de Hitler era muy buena.

Llegaron los paracos!

Carmen Garca es una sobreviviente de la masacre. Dio su testimonio sobre la noche que nadie olvida. Para entonces tena 15 aos, una edad en la que todo queda grabado en los recuerdos y las imgenes no se borran fcilmente.

Han pasado muchos aos, pero no puede dejar de lado las escenas de los cadveres de las 35 vctimas, desperdigadas por todas partes como cruda evidencia del paso de los militares que, a sangre y fuego, queran conquistar el territorio, otrora bajo dominio de la guerrilla. Ellos se haban asentado all para cobrar vacuna por el gramaje de coca y as financiar la guerra. Los nuevos inquilinos de La Gabarra procuraban generar una limpieza total, pero a muchos de los miembros de tropa el narcotrfico les pareci buen negocio.

La tarde del sbado en el que se produjo la masacre, el enfrentamiento de tres personas en una cantina y que dej un saldo de dos muertos, hermanos de sangre por cierto, rompi la tranquilidad. Fue el incidente del que se habl por horas.

Cay la noche. Estbamos hablando de aqul incidente y escuchamos disparos por todo lado. La gente corra y gritaba llegaron los paracos, llegaron los paracos!, pero nosotras no veamos nada, porque lo que hicimos fue cerrar el local donde estbamos y ah se encontraban dos adultos que nos dijeron que no saliramos a la calle, pues era peligroso. Nos quedamos ah. Nos agachamos al lado de unos tanques y, sin darnos cuenta, los paramilitares ya estaban enfrente, recuerda Carmen.

Operacin rastrillo

Con los testimonios del profesor Pedro Josas Buitrago, de Carmen Garca y de Luis Elas Peralta, quien reside en el barrio El Poblado, del Distrito de Aguablanca en Cali, es posible reconstruir las horas de la matanza, las que se prolongaron como si el tiempo se hubiese detenido, salvo en el reloj de pared de La tienda del vecino. Era el negocio de don Braulio Moncada, a quien le segaron la vida porque le venda vveres a quien le comprara, sin importar si era un simple parroquiano o un guerrillero. Lo que le importaba era vender.

Para Luis Elas lo ms tormentoso fue escuchar la conjuncin de llanto, gritos, splicas y disparos, y no poder hacer nada. Al fin y al cabo, a los que estaban matando all afuera eran conocidos. Todos eran como una familia, al menos hasta ese da. Terminada la jornada de dolor, lo nico que se escuchaban a lo lejos eran los aullidos de los perros.

Antes de la mortandad, los paramilitares usaban una camioneta a la que llamaban La ltima lgrima. En ella transportaban a las futuras vctimas. Las llevaban a un sitio conocido como kilmetro 60, especficamente a una finca. All las torturaban, asesinaban y enterraban.

Una masacre que se desdibuja en el tiempo

La masacre de La Gabarra se ha ido desdibujando en el tiempo. Sin embargo, luego de muchos aos y cuando las esperanzas para muchas vctimas estaban perdidas, la Seccin Tercera del Estado conden en el 2015 a la Nacin, representada en el Ministerio de Defensa, el Ejrcito y la Polica Nacional, por las omisiones en la proteccin de la poblacin civil. La inexplicable ausencia de las autoridades favoreci los hechos. La decisin involucr a algunos agentes de la Fuerza Pblica y de mandos medios.

Otro de los condenados fue el excomandante del Batalln Contraguerrilla 46, teniente Luis Fernando Campuzano. La pena a cuarenta aos, fue impuesta por la Corte Suprema de Justicia el 12 de septiembre del ao 2007.

Sin duda, todava no se sabe todo acerca de la noche que la noche que nadie olvida. La noche en la que cambi la historia de La Gabarra. La noche en que ms de 13 mil personas emprendieron un xodo hacia no se sabe dnde. Los desplaz la violencia.

Luis Elas Peralta, es uno de los nmadas que lleg a Cali. No ha vuelto a La Gabarra. No quiere volver. Le trae malos recuerdos. Prefiere conservar las imgenes de cuando todos eran una familia, en unidad aun cuando la guerrilla, en su momento, fuera la nica autoridad que conocan.

En diciembre no puede escuchar la tronamenta del da del alumbrado, de navidad o de fin de ao, porque recuerda los sonidos estruendosos de disparos que acabaron con tantas vidas.


Blog del autor www.cronicasparalapaz.wordpress.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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