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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-09-2019

Decrecimiento frente a Green New Deal

Pepe Campana
15-15-15


Recientemente (julio de 2019), Traficantes de Sueos ha editado un pequeo librito en el que bajo el sugerente ttulo de Decrecimiento vs Green New Deal se recopilan cuatro artculos publicados previamente en la revista New Left Review. Les acompaa una introduccin, Dilogos para una sociedad rojiverde, firmada por Luis Gonzlez Reyes, que hace las veces de resea y reflexin de cuanto defienden el resto de autores [ 1 ] .

A pesar de los diferentes enfoques empleados y del diferente alcance de sus argumentaciones, todos los artculos tienen un fondo comn: el paradigma econmico en un mundo obligado a desarrollar un proyecto de estabilizacin climtica eficaz.

A lo largo del libro los artculos siguen una secuencia que empieza con un Herman Daly reflexivo ante las preguntas que le formula Benjamin Kunkel, y que termina de la mano de Mark Burton y Peter Somerville en una frrea defensa del paradigma decrecentista que sirve a su vez como crtica al artculo que le precede en la serie, firmado por Robert Pollin, quien fiel a su trayectoria defiende un proyecto de crecimiento verde igualitario en el que cabe el crecimiento econmico junto con la descarbonizacin de la economa.

El cuarto artculo de la recopilacin es un trabajo de Troy Vettese, en el que bajo el ttulo Congelar el Tmesis argumenta a favor de la reforestacin y otros modos de renaturalizacin como procedimiento necesario y a la vez complementario de una transicin energtica basada en las renovables. Con independencia de otros argumentos empleados en su escrito con los que podemos estar ms o menos de acuerdo, es de agradecer que rechace categricamente el empleo de la geoingeniera como mtodo de lucha contra el cambio climtico.

La publicacin en castellano de estos textos se produce en un momento en el que ha aflorado la controversia entre quienes defienden el decrecimiento sin manifestar aqu las variantes con que se concreta local y regionalmente como medio para afrontar el colapso civilizatorio y los que optan por una transicin resultado de aplicar las polticas agrupadas bajo un Green New Deal, un Nuevo Acuerdo Verde. Sirvan a ttulo de ejemplo, la propuesta inicial de Alexandria Ocasio-Cortez , la publicacin del libro de H. Tejero y E. Santiago Muio, Qu hacer en caso de incendio? Manifiesto por el Green New Deal (Capitn Swing, 2019), la polmica suscitada con su aparicin, o el artculo de Tadeusz Patzek recientemente publicado en la revista 15/15\15 , entre otros muchos.

Lejos de comentar cada uno de los artculos citados remito a quien nos lea a que se haga con un ejemplar del libro y los revise por s misma/o, pretendemos con este comentario poner sobre la mesa dos cuestiones, la primera apenas esbozada, la segunda ni siquiera tratada, y que, sin embargo, nos parecen relevantes en el contexto de esta discusin.

1.

La primera tiene que ver con la discusin a la que el propio Gonzlez Reyes califica de recurrente: el crecimiento de la poblacin. Daly plantea el asunto de forma directa: el impacto medioambiental es el producto del nmero de personas por la utilizacin per cpita del recurso. En otras palabras, tienes dos cifras que se multiplican la una a la otra: cul es ms importante? Si mantienes constante una de ellas y dejas que la otra vare, sigues multiplicando [ 2 ] .

Ms adelante, a una pregunta relacionada con la atipicidad de Marx por no tener una teora verdadera del estado estacionario ni del fin del crecimiento, Daly reconoce su temprano inters por Malthus en relacin a la poblacin [ 3 ] , y aade: Malthus tena su lado apologtico, pero Marx simplemente le odiaba. Creo que la razn era que Marx quera que todo el fundamento de la pobreza estuviera en las relaciones sociales. No quera que tuviera ninguna base en la naturaleza. Si est en la naturaleza, entonces la revolucin no va a solucionarla y por ello Malthus era una gran amenaza ideolgica [ 4 ] .

Nos preguntamos si este mismo posicionamiento junto con sus profundas convicciones ecosocialistas fueron las que llevaron a Barry Commoner a mantener su agria discusin con Paul R. Ehrlich y John P. Holdren. Mientras que stos, tras formular su frmula IPAT [ 5 ] , otorgaban a la poblacin un peso especfico ms que evidente, Commoner defenda, tal como ya haba puesto de manifiesto en su obra ms popular, El crculo que se cierra , que la causa del impacto medioambiental no reside tanto en la poblacin como en el consumo per cpita y la afeccin al medioambiente causada por cada unidad de produccin.

Esta misma discusin se reproduce, en este caso de forma mucho ms breve aunque no por ello menos contundente, en un hilo de Twitter y su respuesta, publicados hace algo ms de un ao. En el hilo, Alex Steffen proporcionaba la siguiente imagen acompaada con el comentario correspondiente:

La identidad de Kaya [ 6 ] es una herramienta intelectual til para entender por qu una poblacin en crecimiento incluso una poblacin en crecimiento incrementalmente del consumo no es el final de juego para la Tierra. El diseo de la prosperidad que adoptemos, la eficiencia con la que la creamos y la sostenibilidad de nuestra energa y de nuestros materiales, son todas clave.

Le replicaba Jorge Riechmann:

Si fiamos la salvacin a los milagros de la eficiencia tecnolgica, estamos perdidos (y no slo por el efecto rebote o paradoja de Jevons) Por difcil que nos resulte abordarlo, la sobrepoblacin humana comenzando por los pases enriquecidos es un problema real (3).

Nos recuerda esto al Teorema Deprimente que, no falto de irona, enunci Kenneth Boulding [ 7 ] , lo que nos lleva finalmente a plantear nuestra duda: Estamos, como sociedad, en condiciones de afirmar, tal como hace Luis Gonzlez Reyes tras reconocer en su artculo introductorio que la poblacin humana no puede crecer indefinidamente en un planeta finito, que el problema de la poblacin no es tema central, ya que no slo su crecimiento se est ralentizando de forma considerable, sino tambin porque no es el principal factor de degradacin ambiental?

Coincidimos con l, con Fischer-Kowalski y con otros [ 8 ] , en que el impacto medioambiental de la humanidad ha sido diferente a lo largo de la historia debido a las diferentes caractersticas sociometablicas predominantes en cada poca. Admitimos, igualmente, que con el uso de los combustibles fsiles a partir del 1500, el factor affluence ha incrementado notablemente su contribucin a la presin ejercida sobre el medioambiente llegando a triplicar el impacto directamente atribuible al crecimiento de la poblacin.

Sin embargo, saber que esto es as no resuelve nuestra duda. Una sociedad ruralizada a la que sin duda tendremos que volver, ser viable si al mismo tiempo la poblacin humana crece digamos un 25% respecto de la poblacin actual hasta llegar a los 10.000 millones de habitantes? De alcanzarse tal nivel de poblacin, y no est lejos que esto pueda suceder [ 9 ] , el impacto sobre el medioambiente en condiciones de affluence y tecnologa constantes se incrementara tambin en un 25%. Y ya no slo pensamos en la disminucin del impacto ambiental que supuestamente se producira disminuyendo nuestra tasa sociometablica. Pensamos si sera posible garantizar a cada individuo el acceso al agua, a la tierra cultivable o a otros elementos esenciales para la vida [ 10 ] . Y pensamos tambin, muy a nuestro pesar, si sera posible una transicin tranquila y ordenada. Se nos acaba el crdito. De esto hablamos.

2.

Que la base sobre la que se sustenta la vida tal como la conocemos hoy est en proceso de destruccin lo sabe, en mayor o menor medida, todo el mundo. Tambin quienes dicen representar los intereses de los ciudadanos y se aventuran a administrar sus bienes compartidos.

Esto lleva a que la clase poltica en su conjunto y los gobiernos en particular, se tengan que enfrentar a un dilema cuya resolucin no puede esperar. Por un lado, es su obligacin as lo asumen garantizar la prosperidad y seguridad de los administrados, obligndose a no implementar polticas disruptivas con el sistema socioeconmico vigente. Por el otro lado, saben que la humanidad y miles de especies con las que compartimos el planeta y sus recursos, estn en serio peligro de extincin. Tambin saben cul es la causa y su solucin. Y temen, probablemente con razn, que abordar la solucin implicara revisar profundamente el paradigma de bienestar predominante en las sociedades actuales, especialmente en el norte global, modificando la cosmovisin en la que se han apoyado desde hace quinientos aos.

Actuar frente a un dilema obliga a tomar partido por una sola de las dos proposiciones que lo constituyen. Sin embargo, hay ocasiones en las que se cree haber descubierto vas que permiten desvincular una opcin de la otra, abrindose entonces la posibilidad, antes descartada, de atender a las dos simultneamente.

Se dira, en el contexto que nos ocupa, que los gobernantes han asimilado un imaginario con el que piensan haber deshecho su dilema. Consiste en apostar por el desacoplamiento econmico absoluto, esto es, desvincular por completo el crecimiento econmico de las emisiones de CO 2 y de otros gases de efecto invernadero.

Proponen para llevarlo a la prctica desarrollar programas polticos con los que, actuando desde el lado de la oferta, se impulse la inversin en energas limpias y hacindolo desde el lado de la demanda, se favorezca la reduccin del consumo y la mejora de la eficiencia energticas. De este modo [ 11 ] , se nos dice, adems de resolver el problema climtico, se mantiene el crecimiento econmico, se genera empleo y se acaba con la pobreza. Si fuera necesario, se aade a modo de colofn, siempre se podrn gravar las emisiones de carbono o aplicar otras medidas fiscales con las que inducir en los mercados el cambio de comportamiento deseado.

Esta es, en esencia, la base con la que Pollin construye su argumentario y es, en definitiva, la que utilizan quienes consideran necesario hacer poltica democrtica de mayoras sin anticipar el horizonte de colapso [ 12 ] .

Pero son argumentos que tambin alimentan la creencia de que el crecimiento de la economa nos hace dueos de nuestro propio destino. El sistema econmico y las escasas leyes que lo regulan garantizan nuestra libertad de eleccin y minimizan el control que pueda ejercer, para bien o para mal, el Estado. Se identifica entonces el crecimiento econmico con la libertad y la igualdad de oportunidades, con la dignidad, con la educacin, con la salud Pura ilusin: entre el ser y no ser no hay camino intermedio.

Nos preguntamos: cuando el horizonte del colapso sea an ms evidente que ahora; cuando se ponga de manifiesto, una vez ms, que el capitalismo, vestido o no de elementos trados de la socialdemocracia, es un sistema que todo lo absorbe; cuando se extienda el miedo asociado con un futuro que es solo incertidumbre, qu argumentos se tendrn para romper el dilema hoy aparentemente diluido?

Se prometern medidas contundentes: defender lo nuestro y luchar contra cuanto lo amenaza: contra el terrorismo, contra la migracin ilegal, contra el comunismo Luchar contra, siempre contra, siempre luchar. Y mientras tanto el discurso autoritario, probablemente soportado por lo que llamamos democracia occidental, se ir imponiendo poco a poco ya se est imponiendo hasta absorber, en beneficio de unos pocos, lo nico que reste: la vida de todos los dems.

Crear falsas expectativas en poltica, y esta es nuestra segunda cuestin, no es dejar la puerta peligrosamente abierta a la venida de formas autoritarias de gobierno? Ser esta la va de entrada del ecofascismo ?, del fascismo sin ms?

3.

Cuantos ms medios tenemos para prever y medir el dao que hemos de pagar para mantener el crecimiento, nos advierte Isabelle Stengers, con tanta mayor fuerza se nos pide que actuemos con la misma ceguera que atribuimos a las civilizaciones pasadas cuando, sin saber lo que hacan, destruyeron el medio del que dependan. Viene la ceguera por habrsenos arrebatado la capacidad de practicar el arte de prestar atencin , arte que obliga a imaginar, a examinar, a anticipar, consecuencias que ponen en juego conexiones entre lo que estamos habituados a mantener separado [ 13 ] .

Practicar el arte de prestar atencin es equivalente, en cierto modo, a negar la tesis sobre la que se sostiene el empirismo, aquella que afirma que el orden visible de los hechos muestra por s mismo su razn de ser y los hace inteligibles [ 14 ] . El orden visible de los hechos, pensamos, oculta los hechos. Por eso, a la figura marxista del Explotador , esa sanguijuela que parasita la fuerza viva del trabajo humano, Stengers aade la figura del Empresario , aquel para quien todo es una ocasin o mejor dicho, aquel que exige la libertad de poder transformar todo en ocasin para una nueva ganancia, inclusive aquello que cuestiona el porvenir comn. A ella Stengers an aade el Estado y la Ciencia , para concluir que con el acoplamiento del Empresario, del Estado y de la Ciencia, estamos muy cerca de la leyenda dorada que prevalece cuando se trata del irresistible ascenso de Occidente. En efecto, esta leyenda escenifica la alianza definitiva entre la racionalidad cientfica, madre del progreso de todo conocimiento, el Estado, liberado finalmente de las fuentes arcaicas de legitimidad que impedan que esa racionalidad se desarrollara, y el crecimiento industrial, que traduce lo que los marxistas haban llamado desarrollo de las fuerzas de produccin como el finalmente ilimitado principio de accin [ 15 ] .

Un Nuevo Acuerdo Verde participa, de algn modo, de esa leyenda. De lo que se trata es de escapar de ella y, si ha de recuperarse el arte de prestar atencin, entonces, siguiendo la recomendacin de Isabelle Stengers, es importante empezar poniendo atencin en la manera en que podemos hacerlo. No daremos la solucin, pero s apuntaremos la que ms nos atrae: recorrer, emulando a Franois Schneider [ 16 ] , los territorios en compaa de un burro, hablar con la gente, observar participando y participar observando, aprender y encontrar nuestro lugar donde decrecer.

Adenda 1. Transicin energtica.

Constryase un parque elico en el que las palas de cada molino barran un rea circular de 100 metros de dimetro, que se extienda por todas aquellas zonas del planeta que, teniendo una categora 3 o superior por la calidad de sus vientos, sean accesibles; que incorpore la superficie del mar con profundidad inferior a los 200 metros mediante plataformas off-shore; y que utilice turbinas en las que se haya maximizado la eficiencia de transformacin de la energa del viento en energa elctrica. Con este parque elico no cabe otro ms efectivo, se podr extraer del viento apenas 1 TW de los 17 TW que actualmente demanda esta, la nuestra, creciente economa y su lucrativo producto interior bruto [ 17 ] .

Cbrase con paneles fotovoltaicos la superficie terrestre disponible una vez se hayan descartado las tierras dedicadas a bosques, cultivos, y otras infraestructuras necesarias para la actividad humana y la proteccin de ecosistemas crticos; asegrese que los paneles son de la ms alta eficiencia disponible atendiendo a las reservas minerales afectadas en su fabricacin; dispnganse los acumuladores necesarios y la infraestructura de mantenimiento ms pertinente para asegurar el funcionamiento del sistema y conctense a la red de distribucin elctrica. Unos 4 TWe, no ms, estarn disponibles para su consumo. Los otros 13 TW con los que se completa la demanda global de energa quedarn esperando a que la innovacin tecnolgica les saque algn da de su insana adiccin a los combustibles fsiles [ 18 ] .

De los biocombustibles ni hablamos [ 19 ] . Del zenit del petrleo tampoco.

Adenda 2. Eficiencia energtica.

Es innegable que aumentar la eficiencia energtica de los productos y de los procesos productivos conlleva la reduccin relativa del gasto energtico asociado a ellos, pero est por verse que se consiga una reduccin real [ 20 ] .

Dice la EIA en su informe de 2019 que en los EEUU de 2050 el consumo en calefaccin se habr reducido respecto del de 2018 en un 29%, y esto a pesar de que para entonces habr un 24% ms de hogares con un tamao medio un 11% mayor que el actual. Tambin predice grandes reducciones en iluminacin (un 48%); en ordenadores y otros equipos similares (un 63%); por el uso de vehculos ligeros, (un 27% con un aumento del 20% en el nmero de kilmetros recorridos); y en el sector areo (un 19,4% por cada kilmetro y asiento ofertado). Las tendencias son similares en otras muchas partidas y sectores.

Por su parte, los documentos y las proyecciones que utiliza de forma oficiosa la Comisin Europea [ 21 ] , dan por hecho que las mejoras en eficiencia energtica experimentadas en los ltimos aos se seguirn produciendo, aunque de forma menos acelerada, a partir de 2020 tal como demuestra la decreciente intensidad energtica del PIB. No extraa que ante esta perspectiva los mismos documentos aadan triunfalmente: El consumo interior bruto [de energa] (GIC) y el crecimiento del PIB se siguen desacoplando.

Mas no es en el papel donde han de verificarse las altas cotas de eficiencia que se pueden alcanzar, sino en el mundo real, ah donde ha de toparse con su propio lmite el exacerbado optimismo con que cientos de informes oficiales extrapolan los xitos de hoy. Proyecciones realizadas como si el sendero de la eficiencia energtica no tuviera fin.

Adenda 3. Desacoplamiento econmico.

Haciendo uso de los datos facilitados por el Banco Mundial, se pueden construir sin dificultad grficos en los que representar simultneamente la variacin del PIB y del consumo de energa. Hacindolo as, puede observarse que en determinadas regiones del mundo el crecimiento econmico y el consumo de energa se ha ido desacoplando a lo largo de los ltimos aos. Tal es el caso de Japn, USA y EU15 (figura 1). Por el contrario, en las dems regiones el pretendido desacoplamiento no ha sido posible. En todas ellas el crecimiento econmico va acompaado de un incremento, en algunos casos significativos, del consumo de energa (figura 2).

Figura 1. PIB y consumo de energa en regiones de ingresos altos. (Elaboracin propia.)

Los grficos de las figuras 1 y 2 se refieren a la energa directamente consumida en los pases que integran cada una de las regiones consideradas. En ellos no se contempla, por lo tanto, el balance de gasto energtico ligado al comercio internacional de productos y servicios (la energa embebida, embodied energy).

Figura 2. PIB y consumo de energa en regiones de ingresos medios y bajos. (Elaboracin propia.)

Hay pocos estudios en los que se aborde el clculo del balance energtico entre pases derivado del comercio internacional de productos y servicios debido, probablemente, a la gran complejidad de dichos estudios y a la ausencia de datos. Una fuente de datos disponible, si no la nica, la proporciona la red de investigadores agrupada en el Global Trade Analysis Project , GTAP .

En la tabla 1, construida a partir de la publicada por GEA [ 22 ] en base a los datos facilitados por GTAP7, se muestran las importaciones netas (importaciones exportaciones), de energa primaria incorporada a los productos objeto de transacciones comerciales entre diferentes regiones del mundo (consltese el GEA para saber qu pases forman parte de cada regin). Los datos facilitados corresponden al ao 2005 [ 23 ] .     

 

AO 2005

Importacin

Exportacin

Diferencia

Efecto sobre el uso de energa

frica

93,1

117,1

-23,9

-4,50%

Asia sin China

315,3

489,6

-174,4

-9,70%

China

241,2

513,5

-272,3

-15,20%

EU15

632,9

296,2

336,8

22,30%

Japn

217,3

105,1

112,3

21,60%

LAC

148,1

174,4

-26,3

-4,30%

REF

52,5

286,6

-234,1

-18,40%

Resto OECD

229,3

215

14,3

2,60%

US

569,5

300,9

267,6

11,50%

 

Tabla 1. Energa incorporada en los productos objeto del mercado internacional (Mtoe), y su efecto sobre el uso de energa. (Combustible fsil, energa primaria, 2005.)

Se desprende de dicha tabla que tanto Japn como EEUU y EU15 son importadores netos de energa incorporada a los productos, hasta el punto de que los valores consignados en los grficos de la figura 1 deberan corregirse al alza aadiendo en el ao 2005 al menos un 21,6% en el caso de Japn; un 11,5% en el caso de USA; y un 22,3% en el caso de EU15. Los pases agrupados bajo la denominacin Resto OECD tambin son, en su conjunto, importadores netos de energa. Sin embargo, frica, Asia, los pases latinoamericanos y del Caribe (LAC) y las antiguas repblicas soviticas junto con la Europa del este (REF), son exportadores netos de esta energa. En los grficos de las figuras 1 y 2 se ha representado para 2005 el valor real de la energa consumida en cada regin, tras incorporar a los datos conocidos los que resultan de la tabla 1.

Adenda 4. GREEN NEW DEAL. Como cuando la guerra.

Dice Tancredi a su tío Fabrizio: Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi. [ 24 ] .

Pero no es cierto que nada vaya a cambiar.