Portada :: Cultura
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-09-2019

Prlogo de la traduccin catalana de El Capital

Manuel Sacristn
TopoExpress


Nota de edicin de TopoExpress: En este prlogo Sacristn juzga inconsistente todo intento de convertir la letra de El Capital en texto sagrado. Lo imperecedero es su mensaje de realismo de la inteligencia: un programa revolucionario tiene que incluir conocimiento, poseer ciencia.

Nota de edicin de Salvador Lpez Arnal:

Durante su estancia, en el curso 1982-83, en la Universidad Nacional Autnoma de Mxico (UNAM), Manuel Sacristn (1925-1985) escribi un prlogo para la edicin catalana de Das Kapital, publicada conjuntamente por Edicions 62 y la Diputacin de Barcelona. Jordi Moners fue el traductor del clsico marxiano y del prlogo de Sacristn al cataln. Esta misma traduccin catalana ha sido reeditada recientemente por la editorial Tigre de Paper, con un prlogo complementario de Silvia Federici (aadido al de Sacristn) y una gua de lectura de Nstor Kohan.

El siguiente texto es el original castellano de Sacristn. Est fechado en Mxico DF el 1 de Mayo de 1983.

*

La aparicin de esta traduccin catalana de El Capital puede parecer intempestiva. El libro sale, en efecto, alrededor de un siglo despus de que empezara a estar presente en la vida social y cultural de Catalua; y, adems, en un momento que no se puede considerar de mucho predicamento de la obra de su autor, sobre todo en comparacin con lo que ocurra hace quince o veinte aos [1].

Es obvio que la primera circunstancia tiene mucho que ver con los obstculos con que ha tropezado la cultura superior catalana durante estos cien aos, desde los de lejana raz histrica hasta los particularmente difciles que levant el franquismo. Desde el punto de vista de esta consideracin, la publicacin de El Capital en cataln, como la de cualquier otro libro clsico, es una buena noticia para todos los que se alegran de que los pueblos y sus lenguas vivan y florezcan.

La segunda circunstancia el hecho de que este libro aparezca en cataln en un momento que no es de los ms favorables para l puede facilitar una buena lectura. Esto no tiene mucho de paradjico: cualquier libro y cualquier autor pagan el hecho de estar muy de moda con una simplificacin ms o menos burda de su contenido o con versiones apologticas demasiado estilizadas. Es posible que slo a este precio la obra influya extensamente: por eso nadie es dueo de sus propias influencias. En el caso de El Capital todo esto adquiere proporciones grandes y reales. Y, puesto que gris es toda teora y verde el rbol de la vida [2], seguramente es ms jugoso el caos de la influencia practica de las lecturas dudosas propias de las pocas de xito de una obra que el fruto de una lectura tranquila, relativamente fcil en una situacin de escasa accin social de las ideas ledas.

En cualquier caso, el lector del Capital puede beneficiarse hoy de la conclusin de las polmicas de los aos sesenta y setenta acerca de la posicin y la importancia de este libro en la obra de su autor. Hoy debera estar salomnicamente claro, por una parte, que El Capital es la obra mxima de la madurez de Marx (como, tal vez innecesariamente, lo proclam con gran nfasis Louis Althusser) y, por otra parte, que El Capital no es toda la Economa planeada por su autor, ni lo habra sido aunque Marx lo hubiera terminado (como no menos insistentemente lo ensé Maximilien Rubel en las polmicas aludidas) [3].

Pero quiź no haya que hacerse ilusiones acerca de la superacin definitiva de polmicas causadas por lecturas unilaterales de Marx impregnadas de intereses ideolgicos o polticos. Tal vez ni siquiera se haya acallado para siempre la disputa acerca de la relacin entre el Marx joven y el Marx maduro, que presidi la literatura marxolgica de los ltimos decenios y en cuyo marco se inscribieron las tomas de posicin de Althusser y Rubel. La verdad es que toda persona hecha a criterios acadmicos de discusin tiene motivos para considerar resuelta esta vexatam quaestionem [4]. Pero no se puede decir lo mismo de los que leen a Marx con el deseo de encontrar en l argumentos, o, por lo menos, palabras en que apoyar tesis polticas propias. Aś, por ejemplo, bajo el betselleriano titulo de Adis al proletariado [5], Andr Gorz ha publicado recientemente unos escritos que, en lo que tienen de exgesis de Marx, utilizan lneas de pensamiento del autor procedentes de pocas diferentes de su desarrollo y aparentemente discordes, sin trabajar el problema histrico y textual que plantea esta situacin. Parecera que esto no fuera posible en Francia despus del Pour Marx y el Lire le Capital de Althusser, pero lo es. [6]

Sin embargo, a pesar de la aparente inmortalidad de este asunto de los dos Marx el joven y el maduro, el filosfico y el cientfico, es razonable pensar que se trata de un asunto mucho menos importante para el futuro de lo que ha sido en el pasado reciente. Pues las reconstrucciones del pensamiento marxiano unilateralmente basadas en uno u otro de los dos Marx [7] estn en peligro de no or siquiera los interrogantes nuevos que una nueva poca del desarrollo de las fuerzas productivas [8] va a dirigir a la lectura de Marx.

En efecto, prescindiendo de la caducidad de tesis particulares de Marx, la historia reciente y las anticipaciones hipotticas del futuro prximo coinciden en quitar verosimilitud a la hiptesis marxiana acerca de la funcin del desarrollo de las fuerzas productivas materiales e intelectuales en su modelo de revolucin socialista.

La acentuacin unilateral de la importancia del Marx maduro el Marx del Capital y de sus borradores, de la fase de su vida que empieza en 1857 y dura hasta sus aos ltimos, con desprecio de la obra anterior a esa fase, se apoya decisivamente en la objetividad de las leyes histricas, centradas en ltima instancia en torno a la creciente contradiccin [9] entre las fuerzas productivas y las relaciones de produccin de una poca de crisis. Ahora bien, ciertas consideraciones bastante obvias tienden a desbaratar este modelo por lo que hace a la crisis de nuestros das, o, por lo menos, a la prediccin que a este respecto enuncia la vulgata marxista. Los textos de Marx sugieren desde 1848 que su autor crea que las fuerzas productivas entonces operantes estaban entrando en contradiccin con las relaciones de produccin capitalistas y que la resolucin de esa contradiccin slo poda ser el socialismo. Una lectura lo ms literal posible de esos textos permite salvar el modelo terico general marxiano (pues sin duda se puede entender el florecimiento de las sociedades annimas industriales y financieras como la revolucin de las relaciones de produccin resolutoria de la contradiccin con el desarrollo de las fuerzas productivas sealada por Marx en aquellos aos), pero no su prediccin socialista. Esto mismo ocurre hoy, pero todava ms demoledoramente para la prediccin marxiana, porque las fuerzas productivas cuyo desarrollo caracteriza nuestra presente civilizacin no han sido ni soadas por Marx, pero, a pesar de ello, la prediccin del inminente paso al socialismo no es ms verosmil que en 1848. Esta consideracin quita mucho atractivo al marxismo teoricista, objetivista y cientificista, basado en el Marx maduro, que predomin en el marxismo de los pases capitalistas durante los aos sesenta y setenta. Aquella lectura de Marx tena graves defectos internos principalmente la incoherencia entre su cientificismo y la inspiracin hegeliana, presumiblemente ignorada por sus protagonistas, de su infalibilismo y objetivismo histrico, pero sin duda es la evolucin poltica y econmica ocurrida desde entonces lo que ms la desacredita. Por lo dems, ese teoricismo marxista se vea obligado a despreciar no solo la obra del Marx joven, del que tanto se discuta, sino tambin la del menos ledo Marx viejo, el cual haba escrito categricamente, en una carta hoy clebre a la revolucionaria rusa Vera Sassulich [10], que sus tesis del Capital se referan exclusivamente a las sociedades europeas occidentales.

Pero no es probable que la reconocida implausibilidad de la imagen de un Marx terico puro, o autor de ciencia pura, tal como tendí a verlo el estructuralismo, haga hoy ms convincente la vuelta a una interpretacin de la obra marxiana desde el Marx joven, desde los manuscritos de 1844 principalmente, como la cultivada por varias escuelas marxistas o marxolgicas en los aos cincuenta, con desprecio ms o menos acentuado del positivismo del Capital. Tambin en este punto lo decisivo ha de ser la prctica, esto es, un criterio de coherencia con las necesidades sociales [11]. No parece que los conceptos fundamentales del Marx filsofo (que aś es como habra que llamarle, ms que Marx joven) humanidad genrica, alienacin [12], retrocaptacin de la alienacin, etc., por interesantes que sean y por adecuadamente que expresen las motivaciones y las valoraciones comunistas marxianas, sean por s solos suficientemente operativos para permitir un manejo eficaz del intrincado complejo de problemas tecnolgicos, sociales y culturales con que se ha de enfrentar hoy un proyecto socialista. Para eso hace falta ciencia, positivista conocimiento de lo que hay, de lo dado, cuyo estudio es tan antiptico para el revolucionario romntico cuanto imprescindible para toda prctica no fantasmagrica. Esto haŕ siempre del Capital una pieza imprescindible de cualquier lectura sensata de Marx, pues esas dos mil pginas y pico contienen el esfuerzo ms continuado y sistemtico de su autor para conseguir una comprensin cientfica de lo que hay y de sus potencias y tendencias de cambio [12].

Pero una visin cientfica adecuada, ni cientificista ni apologtica, tiene que partir de la revisabilidad de todo producto cientfico emprico. Lukcs hizo una vez el experimento mental de preguntarse si quedara algo del marxismo una vez que todas sus tesis particulares hubieran sido falsadas o vaciadas por la evolucin social [13]. Penś que s, que quedara algo, a saber, el estilo de pensamiento muy abarcante y dinmico, histrico, que l llam mtodo dialectico. Admitiendo que esta idea de Lukcs es muy convincente, habra que aadirle o precisarle algo: el programa dialectico de Marx que engloba economa, sociologa y poltica, para totalizarse en la historia incluye un ncleo de teora en sentido estricto que, sin ser todo El Capital, se encuentra en esta obra. El programa mismo era ya entonces inabarcable para un hombre solo; seguramente esto explica muchos de los padecimientos psquicos y fsicos de Karl Marx; y tambin da su estilo de poca a una empresa intelectual que hoy consideraramos propia de un colectivo, y no de un investigador solo. Por eso El Capital qued en mun, y por esto es inconsistente todo intento de convertir su letra en texto sagrado. Pero lo que s parece imperecedero es su mensaje de realismo de la inteligencia: un programa revolucionario tiene que incluir conocimiento, poseer ciencia. Por su propia naturaleza, la ciencia real es caduca. Pero sin ella no puede llegar a ser aquello que no es ciencia. Por esta conviccin ha dedicado Marx su vida y ha sacrificado mucho de su felicidad con el turbio resultado que eso suele arrojar en la redaccin de estas miles de pginas que al final le producan tan escaso entusiasmo que se limit a sugerir que Engels hiciera algo con ellas [14].

 

Notas de Salvador Lpez Arnal:

1) Manuel Sacristn escriba en 1983, en momentos en los que el inters por la obra de Marx disminuy en Espaa y en otros pases europeos, sobre todo si se comparaba con la situacin europea de los aos sesenta y setenta y la influencia poltico-filosfica y cultural de las tradiciones marxistas en esos aos.

2) Referencia al Fausto de Goethe. El verso dice exactamente: gris es toda teora, verde es el rbol dorado de la vida

3) Sobre ambos autores escribi el traductor de El Capital. Vase, por ejemplo, M. Sacristn, Escritos sobre El Capital (y textos afines) , Matar, El Viejo Topo, 2004, edicin de Salvador Lpez Arnal.

4) Con la ayuda del profesor y helenista Miguel Candel: esta tan trada y llevada cuestin

5) Adis al proletariado fue publicado por El Viejo Topo. Entre la documentacin del autor depositada en la Biblioteca de la Facultad de Economa y Empresa de la Universidad de Barcelona, pueden consultarse sus anotaciones criticas de lectura a esta obra de Gorz.

6) La revolucin terica de Marx y Para leer El Capital. La positiva consideracin de Sacristn del primer ensayo no coincidi con su opinin del segundo.

7) Sobre el esta temtica, vase uno de los grandes escritos de Sacristn: El trabajo cientfico de Marx y su nocin de ciencia (El Viejo Topo, en prensa).

8) Sobre este punto y su nocin de fuerzas productivo-destructivas, vanse M. Sacristn, Qu Marx se leeŕ en el siglo XXI?, Pacifismo, ecologismo y poltica alternativa, Icaria-Pblico, Barcelona, 2009, pp. 160-168 y Algunos atisbos poltico-ecolgicos de Marx, ibidem, pp. 180-196.

9) El entrecomillado de contradiccin seala un uso no lgico-formal del trmino, equivalente a contraposicin, oposicin, choque, enfrentamiento. Vase M. Sacristn, Sobre dial ctica , El Viejo Topo, Barcelona, 2009.

10) En una entrevista de 1983 con la revista mexicana Dialctica (ahora en De la Primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristn Luzn, Los libros de la Catarata, Madrid, 2004, pp. 147-178, edicin de F. Fernndez Buey y S. Lpez Arnal), sealaba Sacristn:

Reconozco que reflexiones anlogas del viejo Marx la carta a Vera Sassulich o la carta a Engels sobre los ferrocarriles me han abierto el camino para pensar que no hay contradiccin referente a la accin del desarrollo de las fuerzas productivo-destructivas, y una concepcin poltica socialista que no confe ciega e indiscriminadamente en el desarrollo de las fuerzas productivo-destructivas, sino que conciba la funcin de una gestin socialista y no digamos ya de la comuna como administracin de esas fuerzas, no como simple levantamiento de las trabas que les opongan las actuales relaciones de produccin. Me parece que una vez formulado aś, esto resulta muy obviamente coherente con la idea de sociedad socialista, de sociedad regulada [la cursiva es ma].

11) Sacristn introdujo en algunos de sus escritos la nocin de praxeologa. As, en A qu gnero literario pertenece El Capital de Marx? , mientras tanto, nm. 66, 1995 (texto incluido en Escritos sobre El Capital (y textos afines) , sealaba Sacristn:

El gnero literario del Marx maduro no es la teora en el sentido fuerte o formal que hoy tiene esa palabra. Pero tampoco es -como quera Croce- el gnero literario de Ricardo. Y ello porque Ricardo no se ha propuesto lo que esencialmente se propone Marx: fundamentar y formular racionalmente un proyecto de transformacin de la sociedad. Esta especial ocupacin -que acaso pudiera llamarse praxeologa, de fundamentacin cientfica de una prctica- es el gnero literario bajo el cual caen todas las obras de madurez de Marx, y hasta una gran parte de su epistolario. Por ello es intil leer las obras de Marx como teora pura en el sentido formal de la sistemtica universitaria, y es intil leerlas como si fueran puros programas de accin poltica. Ni tampoco son las dos cosas a la vez, sumadas, por as decirlo: sino que son un discurso continuo, no cortado, que va constantemente del programa a la fundamentacin cientfica, y viceversa.Es obvio -y desconocerlo sera confundir la praxeologa marxiana con un pragmatismo- que la ocupacin intelectual obliga a Marx a dominar y esclarecer cientficamente la mayor cantidad de material posible y, por lo tanto, que siempre ser una operacin admisible y con sentido la crtica meramente cientfica de los elementos meramente tericos de la obra de Marx Lo nico realmente estril es hacer de la obra de Marx algo que tenga por fuerza que encasillarse en la sistemtica intelectual acadmica: forzar su discurso en el de la pura teora, como hizo la interpretacin socialdemcrata y hacen hoy los althusserianos, o forzarlo en la pura filosofa, en la mera postulacin de ideales, como hacen hoy numerosos intelectuales catlicos tan bien intencionados como unilaterales en su lectura de Marx.

12) Entre otras aproximaciones, vase M. Sacristn: Alienacin, Papeles de filosofa, Icaria, Barcelona, 1984, pp. 411- 413. Igualmente, uno de sus primeros escritos marxistas: Humanismo marxista en la Ora martima de Rafael Alberti, Nuestras Ideas, nm. 1, mayo-junio de 1957, pp. 85-90.

13) G. Lukcs, Qu es el marxismo ortodoxo?, en Historia y consciencia de clase, Grijalbo, Barcelona, 1969 (traduccin de Manuel Sacristn). Observaciones crticas de Sacristn sobre el texto de Lukcs en Sobre dialctica, edicin citada.

14) Sobre el difcil, laborioso, largo y complejo proceso de creacin, informacin y escritura de El Capital, vase Mary Gabriel, Amor y Capital , El Viejo Topo, Barcelona, 2014, traduccin de Josep Sarret.

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/prologo-a-la-traduccion-catalana-de-el-capital/

 



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter