Portada :: Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-09-2019

El problema es usted, seor Snchez

Juan Francisco Martn Seco
Contrapunto


Algunos no lo saben, pero existe una asignatura que se llama Derecho Constitucional Comparado y que recoge los distintos modelos de organizacin poltica acuados a lo largo de la historia en diferentes pases. Todos ellos tienen sus propias reglas, lgica, y consistencia interna. Al elaborar su constitucin, cada Estado se ha inclinado por uno u otro sistema. As ha ocurrido con nuestra carta magna, aprobada en 1978, que tiene sin duda sus defectos, defectos que pueden corregirse, pero, eso s, manteniendo siempre su coherencia. En los momentos actuales, poca de irreverencia, carente de todo respeto, son muchos periodistas y polticos los que se creen capacitados para aconsejar cualquier cambio, mezclando normalmente churras con merinas, trasladando elementos propios de sistemas presidenciales y mayoritarios a los proporcionales y parlamentarios.

Pero ha sido el propio presidente del Gobierno el que desde la misma tribuna del Congreso de los Diputados ha propuesto la modificacin del artculo 99. Todo ello tendente a que alguien, sin tener el suficiente respaldo de las Cmaras, pueda llegar a la Moncloa; dicho en romn paladino, que Pedro Snchez con 123 diputados pudiera gobernar como si tuviera mayora absoluta. Ciertamente, Snchez nunca hubiera planteado tal modificacin en 2015 o en 2016, cuando era el PP con Rajoy el partido ms votado. Pero ya se sabe, en Pedro Snchez nada es permanente, todo depende de cules sean sus intereses. Siempre tiene, si le conviene, otros principios disponibles.

Es cierto que la actividad poltica est casi bloqueada desde 2015, pero en modo alguno tiene la culpa de ello la Constitucin ni el artculo 99, sino la clase poltica, que no se ha acostumbrado a la nueva estructura del arco parlamentario y son incapaces de entenderse. No obstante, la pieza sustancial de esa desarmona y que se encuentra siempre en el centro del tablero es Pedro Snchez y su ambicin poltica. Fue el gran obstculo en 2015 y en 2016, cerrando cualquier posible solucin que no pasase por su investidura como presidente del gobierno, hasta el extremo de que tuvo que ser cesado de secretario general de su partido para que se deshiciese el bucle que haba generado en la poltica espaola.

El parntesis dur poco porque, tras retornar a la Secretara general del PSOE por ese procedimiento caudillista que son las primarias, y apoyndose en el no es no, aprovech la primera ocasin que se le present para alcanzar la presidencia del gobierno, aunque fuese mediante ese gobierno Frankenstein que su partido no solo haba rechazado rotundamente, sino que haba considerado una locura, porque locura era pretender gobernar con 88 diputados y con los votos y el apoyo de los que acababan de dar un golpe de Estado y continuaban en la misma estrategia y persiguiendo el mismo objetivo.

Pues esa locura se llev a cabo a travs de una mocin de censura de la que paradjicamente fue muidor Podemos. Seguro que a estas alturas esta formacin poltica se arrepiente amargamente de ello. A Pablo Iglesias le ha ocurrido lo mismo que a la rana de la fbula. Esta no tuvo en cuenta que estaba en la naturaleza del escorpin comportarse como tal. Pues bien, Pablo Iglesias debera haber previsto que se encuentra en la naturaleza de Pedro Snchez actuar como un depredador poltico, que no le iba agradecer que le hubiese dado el gobierno y que solo considerara a Podemos en tanto en cuanto le resultase til como instrumento para sus fines.

No obstante, Pedro Snchez fue consciente desde el principio de la anormalidad que representaba un gobierno asentado sobre un partido con 88 diputados y sobre un amasijo de fuerzas polticas de lo ms heterogneo y con finalidades antagnicas e incluso algunas de ellas anticonstitucionales. Por eso asumi el poder como una larga campaa electoral, seguro de que se vera forzado ms pronto que tarde a convocar elecciones. Poco importaba el gobierno real de la nacin, lo relevante para l era la rentabilidad poltica y electoral que se pudiese obtener en ese periodo de tiempo. De ah la utilizacin abusiva del decreto ley, y las mltiples concesiones a los independentistas con la finalidad, estas ltimas, de alargar lo ms posible una situacin irregular que lgicamente era inestable y se saba precaria.

Las cesiones de Pedro Snchez a los secesionistas no pudieron evitar que el gobierno Frankenstein mostrase sus contradicciones, y despus de gobernar durante un ao con los presupuestos de Rajoy result imposible aprobar unos nuevos presupuestos. Los independentistas ensearon pronto su verdadera faz y fue preciso convocar unas nuevas elecciones. Bien es verdad que para entonces Snchez ya haba utilizado su estancia en el gobierno para hacer la correspondiente propaganda, lo que le sirvi para pasar en los comicios, de 88 diputados a 123, a costa de Podemos que perdi ms votos que los que gan el PSOE. No nos puede extraar que, tras las elecciones de abril y ya con ms diputados, Snchez pretendiera renovar el gobierno Frankenstein, ya que para ello contaba con los nacionalistas e independentistas -al menos con los ms pragmticos- y esperaba que Podemos siguiese aceptando la condicin de tontos tiles. Pero por lo mismo, tambin, es harto comprensible que Podemos, escamado de la etapa anterior, no estuviese dispuesto a jugar con las mismas reglas y pretendiese formar parte de un gobierno de coalicin.

A pesar de tener tan solo 123 diputados (la misma cifra que tena Rajoy cuando hubo que convocar nuevas elecciones en 2016 y la misma que alcanz Prez Rubalcaba en 2011 y que le hizo dimitir de secretario general del PSOE), en ningn momento Pedro Snchez ha estado dispuesto a compartir el poder. Por esa razn, ms all de pedir la abstencin, no ha querido hacer ninguna oferta seria a Ciudadanos ni al PP, tal como la hecha por Rajoy en 2015, y a la que Snchez contest con el no es no. Y es por la misma razn que ha pretendido que Podemos le concediese su apoyo, con la aagaza de un programa que, como todo el mundo sabe, despus se cumple o no.

Descart desde el principio un gobierno de coalicin. En esa lnea fue haciendo proposiciones, a cada cual ms pintorescas, bajo el nombre un tanto ignoto de gobierno de colaboracin, desde colocar en el gobierno a independientes hasta ofrecer cargos en la Administracin o en las empresas pblicas (cuando lo lgico es que sean ocupados por funcionarios) a miembros de Podemos. No tuvo ms remedio que aceptar sentarse a la mesa para discutir un gobierno de coalicin cuando Iglesias le descoloc excluyndose del futuro gobierno, accediendo as al veto utilizado por Snchez como excusa. Pero toda la negociacin fue una farsa puesto que Snchez y los sanchistas hicieron todo lo posible para abortarla. Tras una serie de reuniones en las que se mare la perdiz, presentaron una oferta (la nica) ridcula y humillante (vase mi artculo del 1 de agosto pasado) y adems con plazo de caducidad. Lo que se buscaba es que se rechazase, para descartar as con ese pretexto definitivamente el gobierno de coalicin.

Tras la investidura fallida, dadas las buenas expectativas electorales que le pronosticaban las encuestas y las reticencias de Podemos a pactar sin gobierno de coalicin, Pedro Snchez ha jugado claramente a unas nuevas elecciones, por eso en estos dos meses no ha hecho absolutamente nada para formar gobierno, excepto teatro, responsabilizando a los dems de la previsible disolucin de las Cortes. Los ha empleado en construir el relato, presentndose como el nico que puede ofrecer estabilidad, pero lo cierto es que la inestabilidad que sufre desde 2015 la poltica espaola solo tiene un culpable, Pedro Snchez y sus ansias de llegar y mantenerse en la presidencia del gobierno sin importar los medios a emplear y con quines haya que pactar.

No es que desde abril haya estado perdiendo el tiempo condenando a la poltica espaola a la inaccin, tal como afirman ciertos comentaristas de derechas. Es que Espaa lleva cuatro aos de parlisis poltica, funcionando a retazos y en provisionalidad. Desde el no es no, Snchez ha estado en el origen del circo. Por eso, la mayor hipocresa es pretender presentarse en las prximas elecciones como garante de la estabilidad, habiendo sido el principal elemento desestabilizador. Para que la poltica espaola se estabilizase se precisara la dimisin de Pedro Snchez y el nombramiento de otro candidato por el PSOE, pero dado el control que las primarias le han dado sobre el partido y la transformacin a que ha sometido a este, la hiptesis de la dimisin es un puro espejismo.

Fuente: https://www.republica.com/contrapunto/2019/09/19/el-problema-es-usted-senor-sanchez/



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter