Era un desastre previsible. Lo que nadie previ fueron sus dimensiones.

Nunca antes un mandatario brasileo fue tan ostensiblemente agresivo, o minti tanto, o fue tan prdigo en torpezas de altura inalcanzable.

Y, adems, Bolsonaro una vez ms fue indecentemente cobarde. No tuvo valor para mencionar los nombres de Emmanuel Macron y Angela Merkel al atacarlos, pero atac nombrando a los fallecidos Hugo Chvez y Fidel Castro.

Si hace ocho aos, con el discurso de la entonces presidenta Dilma Rousseff, Brasil fue el primer pas en tener a una mujer abriendo la Asamblea General de la ONU, ayer tuvo a un desequilibrado sin remedio, un descerebrado incontrolable, ocupando el mismo espacio.

Al verlo y orlo volv a dar razn a los que dicen que en este pas mo que se hunde a cada da no hay espacio para la intervencin poltica y mucho menos la militar, pero se necesita una intervencin urgente intervencin psiquitrica.

No hay una sola frase pronunciada por Bolsonaro a lo largo de 32 largos minutos que merezca algn vestigio de respeto.

Un Bolsonaro ms ultraderechista que nunca distribuy generosas muestras de sus posiciones contrarias a los indgenas, de su fijacin obsesiva en dar combate a una amenaza comunista que solo existe en su mente delirante, de agredir cualquiera que no comulgue con sus ideas irremediablemente estpidas.

Atac los gobiernos anteriores, las ONGs, los medios de comunicacin, dirigentes extranjeros, la misma ONU. Y reiter, claro, su humillante sumisin a Donald Trump.

Radicaliz su visin energmena, primaria, al desmentir datos cientficos, negar lo que hasta imgenes de la NASA confirman, y dej claro de toda claridad su negativa terminal a hacerse respetar. La de ayer era su ltima chance. Opt por mostrarse autocentrado de manera enfermiza, y confirm que esa caracterstica harto conocida en Brasil no conoce fronteras.

Lo de ayer ha sido la reiteracin peligrosa e inoportuna de que su preocupacin primordial es dirigirse al ncleo ms duro y fundamentalista de sus seguidores fanticos.

Quiz por eso cada una de las 2.787 palabras pronunciadas tendr un efecto concreto en las relaciones de Brasil con el resto del mundo.

Concreto y, claro, negativo. Rompi, en lugar de tender, puentes esenciales con el resto de las naciones.

Un resultado de lo de ayer ser el inevitable crecimiento de temor, preocupacin y desconfianza entre los lderes de pases cuyas relaciones con Brasil son de importancia vital.

Queda asentada la imagen de un gobierno intolerante, sin espacio para el dilogo, insensatamente obcecado con su concepto de soberana.

Con todo eso, aumenta de manera significativa el riesgo de que muchas naciones adopten castigos econmicos como nica va para detener la destruccin voraz del medioambiente en Brasil, cuya amplitud es imposible de prever en este instante.

Entre los criticados ayer, una persona conquist respeto en muchsimos pases: el cacique Raoni Metuktire, 89 aos, la mitad de ellos dedicados a la lucha por los derechos de los pueblos originarios.

Hace poco, l fue recibido por Macron en Pars y por el Papa Francisco en el Vaticano. Bolsonaro, que ya lo haba ninguneado en varias ocasiones, lo mencion como ejemplo de quien se deja usar "como pieza de maniobra" por gobiernos extranjeros.

Fue el punto ms elevado de una clase magistral de torpeza.