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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-09-2019

Sin miedo a la paz traicionada

Alexander Escobar
Remap


Esta mirada que privilegia el efecto (rearme) por encima de la causa (traicin del Gobierno) es la que realmente genera un respiro a la ultraderecha.

El miedo opera como una dictadura del silencio persuasivo que trae consigo reacciones insensatas, anlisis apresurados o acomodados, exilio y, en el peor de los casos, permisividad, ocultamiento, traicin y complicidad. Las dictaduras militares conocen bien su efectividad: imponiendo ros de sangre despejaron el camino para la llegada de la plaga neoliberal y la continuidad de sus verdugos en el poder bajo fachadas que hoy llaman gobiernos democrticos.

En Colombia, al igual que sucede en otros partes del mundo, el miedo contina cumpliendo su funcin persuasiva. Pero lo hace de manera ms compleja. Porque nos encontramos sobreviviendo no solo al terrorismo de Estado, adems la sobrevivencia hoy se enfrenta a discursos de paz de algunos sectores de la academia y la izquierda que, luego de convertir el Acuerdo de Paz en una agenda para la buena imagen, actan bajo libretos de posturas ligeras y temerosas de ser asociadas con discursos que justifiquen un volver a las armas o, con toda razn, porque persiste el miedo a ser vctimas de un montaje judicial que termine vinculndoles con las nuevas disidencias de las FARC.

Hablamos de agenda para la buena imagen en mencin al Acuerdo de Paz no para desacreditarlo o desconocer su importancia, lo hacemos refirindonos a la forma en que ste se menciona, a pesar del incumplimiento por parte del Gobierno, de tal modo que pareciera que no fue traicionado, trayendo consigo la elaboracin de discursos nicamente preocupados por mantener una imagen pacifista estereotipada, derivados tambin del miedo a perder votos, o del temor a ser sealado como un pesimista malintencionado enemigo de la paz que aora la lucha armada y el terrorismo.

Tampoco lo hacemos desconociendo la entrega y cumplimiento de los exguerrilleros y exguerrilleras que, en medio de la adversidad y el terrorismo de Estado, estn dando todo de s, con logros importantes para construir una nueva sociedad en paz y con justicia social. Sin embargo, no puede negarse que lo que nombramos como incumplimiento, por la magnitud y reincidencia poltica de no cumplir lo pactado, implica que estamos ante un Acuerdo de Paz traicionado por el Gobierno.

Resulta necesario entonces diferenciar entre voluntad de paz, la lucha para que sta se materialice con justicia social, y un Acuerdo de Paz traicionado que deja cerca de 150 excombatientes asesinados, y cientos de prisioneras y prisioneros polticos de la FARC que, despus de casi tres aos de firmado el Acuerdo, an permanecen en las crceles.

Es claro que se lucha para que se cumpla lo pactado, pero esto no implica que el Gobierno no tenga trazada una poltica, un proyecto de ultraderecha, que traicion la voluntad de paz de quienes dejaron sus armas, al igual que se burl de los sectores de la sociedad que le apostaron y apuestan a este proceso.

La situacin que genera este escenario, paradjicamente, provoca un efecto similar, con todas sus diferencias, al vivido durante los dos perodos presidenciales de lvaro Uribe Vlez. Recordemos que ser estigmatizado, sealado de ser proclive al terrorismo y simpatizante de la guerrilla, fue el discurso posicionado por el Gobierno de Uribe contra organizaciones sociales y de Derechos Humanos que luchan por la paz y el fin de la guerra a travs de la salida dialogada al conflicto interno colombiano.

El miedo a hablar y analizar sin clichs las implicaciones que deja un Acuerdo de Paz traicionado hoy provoca solo lejana, distanciamiento de las voces que en otros momentos habran tenido un discurso muy distinto al que estn posicionando.

Las nuevas disidencias

Tras el anuncio de Ivn Mrquez y otros mandos de las FARC de retomar las armas, las reacciones inmediatas de algunos sectores que han vivido o estudiado el conflicto colombiano parecan ms una respuesta teatralizada, basada en un guion preestablecido producto del miedo, que una postura consecuente con la historia y la memoria, en tanto que no era sorpresa que un grupo guerrillero, o parte de ste, vuelva a las armas cuando un Acuerdo de Paz es incumplido o se traiciona.

Si bien es de humanistas rechazar la guerra, y todo aquello que la incremente, desemboque o perpete, esto no puede ser excusa para esbozar opiniones apresuradas que responsabilizaron a la nueva disidencia de darle vida y un respiro al discurso de sangre de la ultraderecha. Contrario a estas opiniones, lo que puede comprobarse es que otros sectores del comn volvieron sus ojos al tema de la paz, dndole relevancia porque percibieron que la guerra haba vuelto por la traicin, incumplimiento o ineptitud del Gobierno. Las justificaciones para el discurso de sangre y dio ya estaban operando, puesto que las disidencias han existido antes y despus del Acuerdo.

Lo anterior adems se constata si analizamos los continuos abucheos que est sufriendo en distintos lugares el expresidente Uribe, el rostro ms representativo del proyecto de la ultraderecha; hechos que indicaran que las nuevas disidencias no generaron tal respiro como se presume. No obstante, ello no significa que la fuerza de este proyecto de corte fascista est debilitada; es importante entender que las dinmicas han cambiado para una sociedad en crisis, viviendo al lmite, que est priorizando resolver su da a da y no el salir a las calles a brindar respaldos a una figura que est pasando de moda.

Estos acontecimientos tampoco deben generar falsas expectativas. Que la imagen de rostros representativos de la ultraderecha, como lvaro Uribe Vlez, se estn desgastando un poco, generando un pequeo descontento en la sociedad, en el contexto inmediato ello no indica que no habr respaldo en las urnas.

Recordemos que las dictaduras evolucionaron hacia escenarios electorales donde, adems del paramilitarismo, ahora cuentan con estructuras mafiosas, clientelistas y con dinero, que hicieron de este escenario una mercanca en disputa que se subasta entre sectores de la clase dominante que oscila entre la derecha y ultraderecha. Quiz en las elecciones presidenciales la balanza pueda cambiar, pero en lo regional y local su poder se mantendr en un amplio porcentaje. Aunque es claro que habrn fisuras en su hegemona territorial; pequeas, pero habrn.

Rearme justificado de las nuevas disidencias?

Una de las situaciones ms cmodas para algunos analistas y sectores de la intelectualidad siempre ser responsabilizar tanto al Gobierno como a las nuevas disidencias por su rearme; situacin cmoda y extraa, pues al referirse a Mrquez y dems comandantes que volvieron a las armas, muchos afirman que traicionaron la paz, pero cuando hablan del Gobierno solo emplean trminos como demoras en la implementacin del Acuerdo de Paz, y en el mejor de los casos, cuando un tinte de severidad les invade, se escuchan frases como falta de voluntad o incumplimiento, calificativos construidos en medio de un discurso que favorece al Gobierno, en gran medida, al presentarlo solo como un hijo que se desvi del camino, pero que se puede corregir.

Esta mirada que privilegia el efecto (rearme) por encima de la causa (traicin del Gobierno) es la que realmente genera un respiro a la ultraderecha, puesto que sita la mayor responsabilidad en las nuevas disidencias y no en el Gobierno, verdadero responsable de mantener la guerra por su poltica de iniquidad y traicin a la paz.

Sin embargo, en la Colombia profunda, que padece la guerra y pone las vctimas directas, esa no es la mirada que funciona en sus territorios. Y de modo igual est sucediendo en pequeos espacios, aunque reducidos, de la vida urbana. La mirada no es la misma, en tanto que el rechazo por el rearme ya no es una situacin tan generalizada como antes. Los asesinatos sistemticos contra lderes y lideresas sociales y excombatientes han generado a travs del rumor cotidiano, que empieza ganar espacio en el imaginario de la sociedad, la justificacin de la autoproteccin. Situacin que no se manifiesta abiertamente, pero que est preocupando al statu quo, y que pasa desapercibida para muchos anlisis que no habitan las calles, la cotidianidad del barrio, y los territorios de la guerra prolongada.

Y la prensa, sin pensarlo ni calcularlo, tambin gener un ambiente de rumor sobre las circunstancias que provocaron un rearme de las nuevas disidencias. En varios reportajes registraron a comandantes como El Paisa y Romaa cumpliendo el Acuerdo de Paz, dndole titulares donde se reconoca su capacidad gerencial para adelantar proyectos productivos en las zonas de reincorporacin. Esto ha provocado, en contraste con la traicin de lo pactado por parte del Gobierno, una serie de preguntas en pequeos espacios de la vida urbana que tienden no siempre a inclinar la balanza en contra del rearme.

Por fuera de las dimensiones emocionales del rechazo a la guerra, los anlisis sobre el conflicto interno colombiano deben superar las lneas de pensamiento, anlisis o de opinin que estn realizando, consciente o inconscientemente, el trabajo sucio a la ultraderecha, generando miedo y estigmatizacin contra otros anlisis y opiniones que nuevamente vuelven sus miradas, de manera aguda, sobre las causas sociales y polticas que originaron y mantienen el conflicto interno colombiano y, que con todas sus diferencias y contextos ms complejos de estudio, provocaron el rearme de las nuevas disidencias.

El deseo y la lucha humanista por la paz debe recobrar su visin sensata y aterrizada de la guerra, entendiendo que la lucha por la consecucin de un nuevo acuerdo de paz, sin olvidar la lucha por el actual, nos espera. Esta tarea puede demandarnos aos o dcadas.

Nuestra guerra ha sido prolongada, y las expectativas puestas en los alcances que traera el Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las FARC requieren repensarse bajo la base que fue un Acuerdo ms, de gran importancia y notable en su especie, y por el cual se seguir luchando, pero que no ser el nico en la historia de Colombia. Hoy cuando el paramilitarismo se ha fortalecido y los grupos guerrilleros permanecen en los territorios, la guerra no dejar de prolongarse. Cunto se prolongar? Todo depender de cmo la lucha social asuma la traicin al Acuerdo de Paz no para lamentos y autoengaos, sino para actuar de manera ms aguda y renovada.


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