Portada :: Amrica Latina y Caribe :: La esperanza de Paraguay
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-09-2019

Paraguay
Cuando los que mandan pierden la vergenza, los que obedecen pierden el respeto

Gustavo Torres Grossling
Rebelin


Esta frase popular tiene dos padres (y quizs ms). Uno se llama Georg Christoph Lichtenberg (1742 - 1799) que fue un cientfico y escritor alemn, y el otro es Jean-Franois Paul de Gondi, Cardenal de Ritz (Francia, 1613 - 1679), que en realidad escribi que una nacin no siente el extremo de la miseria hasta que sus gobernantes han perdido toda vergenza; porque ese es el instante en que los sbditos se despojan de todo respeto.

Sea quien fuere el autor, la frase nos trae directamente a nuestra realidad nacional. Una realidad dolorosa en donde los paraguayos y paraguayas nos sentimos rehenes, presos y presas de clanes familiares y castas polticas que nos gobiernan desde hace aos sin que millones de paraguayos hayamos visto ningn cambio en nuestras vidas, en la de nuestros padres y abuelos y, peor an, en la de nuestros hijos e hijas.

Lo peor de todo es que estos clanes nos venden sus verdades a travs de sus medios de comunicacin para que creamos lo que ellos quieren, nos venden la educacin que ellos quieren que tengamos, nos explotan en sus empresas, nos vacan los bolsillos a travs de sus bancos y financieras y nos estrangulan el derecho a una vida digna, a la alimentacin, a la salud, a la vivienda, a la tierra y a una educacin que nos brinde un horizonte de felicidad.

Nos han hecho creer que los derechos, en realidad, no los traemos con nosotros desde el nacimiento, sino que cada ciudadano debe ganarse esos derechos. Por tanto, nos han hecho creer que la Constitucin Nacional es como un pedazo de carne que est colgando por sobre la cabeza de un perro y que, si queremos alcanzarla, debemos estar saltando eternamente para intentar dar manotazos para ver si cada tanto podemos hacernos con las migajas de algn derecho que sobra por ah y que caiga al suelo para su disfrute.

Nos han hecho creer que los derechos no son pblicos sino privados. Si quers estudiar, compr la educacin que quieras para vos y tus hijos; si quers una vivienda, comprla; si quers tierras, o lo comprs o no la vas a tener nunca; si quers tener buena salud, comprla, ah tens los hospitales, sanatorios y seguros privados que te van a dar la mejor salud que necesites. Porque si no tens todo lo que por derecho deberas tener es porque no trabajaste lo suficiente, porque sos haragn o haragana y porque sos un paria que slo est pendiente de lo que te pueda regalar el Estado. S, porque el derecho para estos clanes que nos gobiernan hace aos es un regalo. En definitiva, nos han hecho creer que la sociedad es un mercado, y no un lugar donde todos podemos desarrollarnos como personas. Si tens plata tens derechos, si no tens, pues hac ms plata o te vas a morir sin nada.

La doble moral de estos clanes familiares que nos gobiernan y dirigen desde hace ms de cien aos, sostiene que la funcin del Estado no es la de garantizar derechos (al menos las de las personas), sino la de gestionar los negocios de las grandes empresas multinacionales y de los empresarios locales que nos traern, por obra y gracia del libre mercado, la prosperidad y el desarrollo que necesitamos. Sin embargo, esa doble moral les permite utilizar todos los recursos disponibles, los aparatos burocrticos y las instituciones del propio Estado para garantizar a esos clanes familiares, a sus seguidores y sus familias, una vida que no la podran encontrar en otro espacio que no sea el propio Estado. Porque el Estado no es garante de derechos (los nuestros), pero bien utilizan a ese mismo Estado para repartirse jugosas adjudicaciones, meter a parientes, amigos y la clientela en los ministerios, robar recursos de las instituciones pblicas, traficar influencias para blanquear sus delitos, sostener legalmente sus esquemas de corrupcin, y proteger a las mafias para que los negocios sigan eternamente.

Porque la verdad es lapidaria: estos clanes familiares, que construyeron una casta privilegiada de polticos millonarios, se enriquecieron con el dinero de la corrupcin, de la impunidad, del narcotrfico, del contrabando, de la especulacin financiera, de la compra-venta de tierras malhabidas durante la dictadura y a travs de las mafias que operan en todos los niveles del Estado paraguayo.

Son estos clanes los que nos dirigen. Y mientras nosotros estamos buscando una escuela, no la mejor si no la que al menos tenga sillas, pupitres y no tenga el techo cado, para que nuestros hijos aprendan al menos a leer y escribir, sus hijos e hijas, sus nietos y nietas, estn estudiando en el extranjero, aprendiendo a dirigirnos como lo hacen sus padres. Y lo peor de todo, hacindonos creer que al no ser una monarqua, nuestro pas cambia de gobernantes cada cinco aos de manera democrtica.

Nuestro pas, en manos de esta casta, no tiene nada ms que esperar.

Con esta casta gobernndonos, cmo podemos demandar honestidad y transparencia a los funcionarios pblicos?, Cmo podemos exigir eficiencia, profesionalidad y patriotismo a nuestras Fuerzas Armadas y policiales? Con qu moral podemos reclamar a nuestros docentes la ms alta entrega en la educacin de nuestros compatriotas?, Con qu ejemplo podemos pedir a los ciudadanos y ciudadanas el cumplimiento irrestricto de las leyes y la defensa de los intereses supremos de la repblica?

Mario Abdo Bentez es apenas el rostro visible de estos clanes, de esta casta saqueadora y acaparadora. Saqueadora porque nos han robado, excepto la dignidad, absolutamente todo, el futuro, los sueos de una patria justa donde todos tengamos cabida y no slo unos pocos, todo. Acaparadora porque se han repartido absolutamente todo entre ellos y nos han dejado en la ms absoluta pobreza a fuerza de vendernos la ilusin de un bienestar que nunca existi y nunca existir mientras la misma casta nos siga gobernando.

En este escenario, en el cual tampoco faltan los falsos profetas que con un oportunismo escalofriante nos incitan a cintarear al oponente sin proponer una salida colectiva, necesitamos como pueblo tomar las riendas de la historia y comenzar a reescribirla. Una historia en la que las mayoras empobrecidas, trabajadoras y explotadas tomen las riendas del pas y las conduzcan hacia la patria soada por quienes se entregaron completamente por la causa de nuestra independencia, por nuestros abuelos y abuelas, y caminemos hacia un horizonte con derechos, con justicia y con dignidad para todos y todas.

Nuestro pas no podr reconstruirse con esta casta, con estos clanes familiares que nos tienen secuestrados. Nosotros, los trabajadores y trabajadoras estamos llamados a ser los prximos dirigentes de nuestro pas.

Slo entonces, cuando los excluidos de hoy sean los que dirijan maana los destinos del pas, los que mandan infundirn respeto, y los que obedecen no sentirn la vergenza que hoy sentimos todos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter