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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2019

El mercado contra el planeta, compre su billete para huir del apocalipsis

Juan Vzquez Rojo
Revista Torpedo


Tendemos a relacionar el fin del mundo con un imaginario ficticio, propio del cine y la literatura. En los ltimos aos el nmero de ficciones apocalpticas va en aumento, algo que quizs esconda una realidad reprimida. En la actualidad, vivimos una paradoja que nos cuesta asumir: en gran medida somos conscientes de que el planeta Tierra est en peligro, que son necesarias medidas para frenar la crisis climtica, estamos informados del catastrfico aumento de las temperaturas globales, pero, en realidad, nos cuesta trasladar ese escenario a nuestro da a da.

As, sentimos la crisis climtica como un futuro -lejano- para el que probablemente se encuentre una solucin, ya que no vivenciamos los cambios: al fin y al cabo al abrir el grifo sale agua y al pulsar el interruptor se enciende la luz. Es lgico que esto ocurra, ya que culturalmente estamos cimentados en el imaginario moderno del progreso, de la abundancia material y del crecimiento y el consumo ilimitados, algo que no implica una mejora de las condiciones de vida, pero que asociamos como un hecho necesariamente positivo. En resumen, podramos decir que los lmites del planeta nos cogen emocionalmente lejos, lo que dificulta la intervencin poltica en este mbito.

Este hecho no resulta balad, ya que la situacin actual debera ser muy preocupante. Por anunciar lo ya sabido: sobrepasamos con creces la biocapacidad de la tierra, los recursos energticos (hidrocarburos fundamentalmente) en los que basamos el crecimiento y consumo sistmico estn tocando techo y, a su vez, la amenaza de la subida de las temperaturas globales es cada vez ms difcil de contener en unos baremos aceptables. Las consecuencias son devastadoras: asistimos a la ms que posible prdida de biodiversidad, desequilibrio de los ecosistemas, as como lmite de acceso a algo tan bsico para la vida como el agua.

En relacin al mbito energtico, nos encontramos ante un momento en el que el futuro de la geopoltica de la energa viene marcada por los lmites de los hidrocarburos para hacer frente a la demanda, sobre todo de petrleo, ya que representa entorno al 40% del consumo total de energa mundial y ms del 90% del transporte mundial es dependiente de esta fuente. En un contexto en el que el petrleo representa cerca del 40% de toda la energa consumida del mundo, adems de la demanda creciente de pases como China e India, la pelea por resignificar y reestructurar el orden mundial pasa en gran medida por la disputa de este recurso.

Concretamente, el problema fundamental en cuanto al petrleo como suministro energtico no viene marcado por el agotamiento de las reservas, sino por los lmites del petrleo barato y las dificultades de extraer las reservas no convencionales a un precio asumible por el proceso de acumulacin de capital. De esta forma, el problema no sera tanto las reservas probadas de petrleo, sino la capacidad de aumentar la produccin a precios asumibles la economa y, sobre todo, para frenar las consecuencias del cambio climtico: contamos con cerca de una dcada para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la mitad para que el calentamiento global no supere 1,5 C. Ahora bien, qu problema hay? Podramos pensar que es tan sencillo como cambiar los hbitos de vida. Pero, por qu no es tan fcil? Incluso asumiendo que en el ltimo lustro existe cierto consenso en torno a valores ecologistas, asistimos a una contradiccin de difcil solucin: las necesidades reproductivas del sistema en el que vivimos y las necesidades del planeta para sobrevivir. Nuestra sociedad est construida en torno al mercado, esto es, el mercado es el centro ordenador de la sociedad. La clave para la reproduccin del sistema es el crecimiento continuado bajo la lgica de la rentabilidad. Todo lo que es rentable econmicamente es susceptible de generar inversin privada, generar ms dinero, nueva inversin y, por consiguiente, crecimiento y as sucesivamente ad infinitum. Es decir, la lgica social tiene como objetivo el crecimiento por el crecimiento, la rentabilidad econmica por la rentabilidad econmica. Como fin ltimo. Esto supone subordinar a las leyes del mercado la sustancia misma de la sociedad y asumir una gran contradiccin: crecer ilimitadamente en un planeta finito.

Este hecho sistmico, que solemos relacionar como algo puramente econmico, tiene enormes implicaciones culturales, sociales y afectivas. Es decir, la lgica descrita anteriormente, transforma directamente nuestra forma de ver el mundo, de sentir y de relacionarnos: la lgica mercantil marca nuestra prcticas vitales. Siguiendo la misma lgica, cuando un problema se mediatiza o, ms an, cuando se adquiere conciencia de un problema social, es el propio mercado el que nos proporciona la salida individual: canaliza las pulsiones sociales mediante su mercantilizacin en un contexto en el que, de forma creciente, nuestra identidad se crea a travs del consumo. En este sentido, si en algn lugar se ejemplifican y sintetizan los cambios de poca, los marcos culturales, las pulsiones sociales y, por tanto, la construccin de identidades es en la propia publicidad. En la actualidad podemos comprobar ejemplos de lo antes descrito. As, por ejemplo, el mercado ha hecho su propia revolucin feminista: uno de los casos ms debatidos en este sentido es el de la camiseta con el lema Im feminist, que se comercializa en distintas tiendas de ropa. Lo mismo ocurre con el concepto de masculinidad. Fijmonos en los ltimos anuncios de productos de afeitado de distintas marcas en los que se plantea una definicin de hombre distinta: Hay que ser muy hombre para En ltima instancia, cuando compro una camiseta o una cuchilla de afeitar estar comprando todo el imaginario que hay detrs y configurando mi propia identidad. En la misma lnea, el mercado ha visto un nicho de rentabilidad en la catstrofe ecolgica, proponiendo una salida mediante el consumo: los productos eco. Todo el nicho ecolgico ya es un gran negocio, algo que podemos comprobar con un paseo por cualquier supermercado. Cualquier persona con la suficiente capacidad adquisitiva puede ser ecologista a golpe de tarjeta.

Con todo, la rueda sigue girando: el consumo resulta imprescindible para las propias necesidades de crecimiento. Un consumo cada vez ms acelerado, para un tiempo cada vez ms asfixiante. El ciclo de vida de los productos que compramos es cada vez ms reducido: nuestra ropa, mviles, etc. Estamos insertos en la rueda del consumo y en una suerte de hamsterizacin de la vida. De tal forma, resulta complicado tomar perspectiva de que la crisis climtica es un problema sistmico que tiene difcil solucin individual. Por tanto, estamos atrapados en una lgica individual, de mirada cortoplacista, pero con la confianza del progreso y tecnoptimismo moderno asociado a la obtencin de recursos ilimitados y de crecimiento indefinido. Cmo parar esta mquina?

En definitiva, por mucho que sepamos las consecuencias del cambio climtico, resulta complejo generar identificacin con un proceso en el que debemos renunciar a lo que consideramos comodidad y progreso. La clave es evitar la canalizacin individual de la pulsin ecologista, esto es, romper con su mercantilizacin para provocar cambios colectivos profundos. De esta forma, la nueva ola ecologista que estamos viviendo a lo largo del globo tendr que pugnar en buena medida contra la salida individual y proponer como deseable un nuevo imaginario de progreso que se aleje del consumo de recursos naturales de forma ilimitada. Luchar por salir de la rueda del hmster. Dicho esto, lo ms probable es tengamos una salida para el fin del mundo: al fin y al cabo, para eso estar el mercado: compre un billete a otro planeta para huir del apocalipsis.

Fuente: https://www.revistatorpedo.com/numero-5-fin-mundo-ensayo-juan-vazquez-mercado-planeta-billete-apocalipsis/



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