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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2019

Dominacin 2.0, psicografa en las redes sociales

Solange Martnez y Paula Gimnez
Rebelin


Parafraseando a una adolescente de una famosa serie de Netflix: Ten cuidado, que no te encuentren hacindolo. Te has imaginado cmo sera acosar a alguien? Invadir su privacidad, saber sus secretos, descubrir sus trapitos sucios. Porque aunque digas que te genera incomodidad, o algo parecido, mejor es reconocerlo. Espas gente a diario. Observas, sigues, te siguen.

Facebook, Twitter, Instagram nos han convertido en una sociedad de acosadores, de acosados. Y nos encanta.

Nos encanta? Claro que acosar a alguien en la vida real es diferente y hasta est penado por la ley. Pero las redes sociales no reconocen esas leyes, pues tienen las propias. Y nosotros, los usuarios, en este juego estamos atados a las reglas ajenas, lejos de imponerlas. De hecho, somos las vctimas enamoradas del victimario.

Nuestras interacciones en Facebook, Twitter, Instagram, Youtube y otras redes sociales no se reducen al contacto con amigos sino que las plataformas se han vuelto un espacio alternativo de vida.

All nos informamos de lo que quizs que sucede en el mundo -en detrimento del uso de los medios masivos de comunicacin, incluso en formato digital-, accedemos a herramientas de formacin profesional, aprendemos cmo hacer de infinitas cosas, participamos polticamente en las causas que nos movilizan, compramos, vendemos, consultamos al mdico y hasta buscamos y a veces encontramos el amor.

Bajo la apariencia casi perfecta de la libertad, hemos trasladado como sociedad una buena parte de nuestro tiempo y de nuestros deseos al mundo virtual. Tan bien lo saben los dueos de las redes, que vienen trabajando con filsofos, psiclogos, publicistas, psiquiatras, neurocientistas, programadores y otros investigadores, en el desarrollo de una estrategia de dominacin cultural totalizante.

Ello implica la construccin de nuestros perfiles psicolgicos a partir de la informacin personal que, tan gentilmente, les entregamos. Las redes y plataformas nos conocen, a veces, mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos.

En un minuto de redes sociales en la actualidad, 41,6 millones de mensajes son enviados a travs de Facebook, Messenger y WhatsApp, 347.222 personas estn mirando Instagram, 87.500 personas publican en Twitter y 4,5 millones de videos son vistos en YouTube, generando un ocano de datos sobre quienes estn al otro lado de la pantalla.

Es decir, la humanidad toda se ha convertido en un esclavo absoluto -segn el filsofo Byung-Chul Han- que produce datos, la materia prima central de la produccin de mercancas inmateriales, de los nicos bienes no restrictivos: el conocimiento.

La matriz de pensamiento y de sentimiento que elaboran, almacenan y utilizan, es denominada por algunos autores psicografa. Esta es, ni ms ni menos, una radiografa de nuestra personalidad y de nuestra historia, que es, por lo tanto, un arma privilegiada para la seduccin y la direccin de nuestra voluntad.

En ese marco, la sociedad es atravesada, de manera transversal, por una nueva forma de poder, que incluso Byung-Chul Han define como una nueva forma de gobierno. Nos referimos el trnsito de la biopoltica a la psicopoltica, de la organizacin de los cuerpos del capitalismo industrial, a la organizacin de las mentes del capitalismo financiero.

Numerosos son los estudios que develan en las conclusiones a las que arriban, que vivimos inmersos en un bombardeo de estmulos imposibles de procesar, en una verdadera guerrilla comunicacional.

Entre 3.500 y 5.000 impactos publicitarios nos atraviesan cada da en las grandes ciudades y tenemos la capacidad atencional de procesar solo el 10%. El resto, sin embargo, no se descarta, nos impacta a otros niveles por fuera de la conciencia, generndonos estrs, malestar, confusin, aturdimiento mental.

Ese 10% que procesamos se traduce en insumos para nuestro razonamiento y para la afectividad de cada uno. Somos llevados todo el tiempo a mirar, or e interactuar con contenidos de cualquier tipo, afines a nuestros intereses. Nos relacionamos con quienes se nos parecen. Nos movemos en comunidades virtuales segmentadas que se vuelven familiares y por ello, confiables para nosotros.

En ese tiempo y espacio de vida virtual que se ha instalado en nuestras sociedades, de la mano de la revolucin de las tecnologas, se combinan dos aspectos explosivos para que quienes controlan los hilos del mundo -el capitalismo trasnacionalizado-, a travs de su intervencin en las redes sociales hagan de nuestra voluntad, su voluntad: la necesidad de amor y la necesidad de seguridad.

Tan bsicas para la psiquis, como respirar o alimentarse, para los rganos del cuerpo.

Ya lo deca Sigmund Freud: la humanidad siempre ha comprometido un poco de felicidad por un poco de seguridad. Y el siglo XXI, caracterizado por las crisis, la incertidumbre y los cambios radicales -econmicos, polticos, sociales, culturales-, no es la excepcin.

El problema es que ya no estamos trocando un poco de felicidad, sino nuestra libertad y nuestra intimidad tambin. O lo que nos queda de ellas.

* Solange Martnez es Profesora en Psicologa, de la Universidad Nacional de San Luis. Gimnez es Licenciada y Profesora en Psicologa (UNSL), estudiante de la Maestra en Polticas Pblicas para el Desarrollo con Inclusin (FLACSO). Ambas, redactoras-investigadoras argentinas del CLAE (www.estrategia.la)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de las autoras mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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