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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2019

Los residuos de la guerra imperial
Por qu acabar la guerra afgana no pondr fin a la matanza

Stephanie Savell
TomDispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Nunca he estado en Afganistn, pero soy madre de dos nios pequeos. Por eso, cuando imagino cmo debe ser la vida despus de 18 aos de guerra, mi mente evoca de forma muy vvida a los nios -a aquellos que se han visto afectados por el conflicto- y a sus padres. Pienso en el nio de doce aos que acarreaba agua hasta un puesto de control militar en una parte remota de ese pas para poder ganar unos centavos y ayudar as a mantener a su familia, cuyas piernas fueron arrancadas por una mina terrestre. O en el grupo de nios en una fiesta de bodas que jugaba detrs de la casa donde se realizaba la ceremonia. Uno de ellos recogi un proyectil sin explotar, disparado desde un helicptero, que no haba detonado en la batalla. Estall, matando a dos nios, Basit y Harun, e hiriendo a otros doce. Cmo debe ser cuidar a un nio de cinco aos -la edad de mi hijo mayor- que se ha quedado mutilado y que necesita aprender a caminar, jugar y vivir de nuevo con prtesis mal ajustadas?

El legado ms importante de la guerra estadounidense contra el terrorismo en Afganistn, que comenz en octubre de 2001 y que da pocas seales de ir realmente a terminar pronto, sern los restos explosivos de guerra, un trmino para todas las minas terrestres y bombas sin explotar y otras armas que han quedado atrs en la tierra. Estos residuos de la guerra sin fin de Estados Unidos, que todava se siguen amontonando, son devastadores en muchos sentidos. Hace mucho ms difcil que una poblacin agrcola pueda mantenerse de la tierra. Causa estragos en el bienestar emocional y la sensacin de seguridad de los afganos. Y plantea riesgos especiales para los nios, que son regularmente heridos y asesinados por los explosivos dejados de una guerra ya devastadora mientras juegan, guardan ganado o recogen agua y lea.

Considerando la prevista retirada de las tropas estadounidenses en Afganistn -a pesar del reciente colapso en las conversaciones de paz con los talibn, el presidente Trump contina dando indicios de que podra seguir avanzando por ese camino- y la posibilidad de un fin oficial a la guerra de EE.UU. all, constituye una cuestin apremiante y relevante para el debate pblico en nuestro pas. Ofrecer ayuda y reparaciones por los costes terribles y persistentes de los desechos militares explosivos debera ser una prioridad en la agenda futura de Washington.

The Human and Financial Costs of the Explosive Remnants of War in Afghanistan [Los costes humanos y financieros de los restos explosivos de guerra en Afganistn], un nuevo informe publicado hoy por el proyecto Costs of War, que codirijo, en el Instituto Watson de Asuntos Internacionales y Pblicos de la Universidad Brown, ofrece una idea de la escala del dao en Afganistn. Segn los autores del informe, Suzanne Fiederlein y SaraJane Rzegocki de la Universidad James Madison, han muerto al menos 5.442 personas y otras 14.693 han resultado heridas por dispositivos incrustados o abandonados en el suelo desde el comienzo de la guerra liderada por Estados Unidos en 2001.

De esas vctimas, la gran mayora son nios y hombres. Un anlisis de las vctimas realizado por el Danish Demining Group en 2017 sugiri que los nios son particularmente vulnerables debido a sus actividades y tareas cotidianas, pero tambin las mujeres y las nias estn resultando cada vez ms afectadas por las municiones sin explotar, especialmente cuando viajan. En 2017, la Misin de las Naciones Unidas en Afganistn manifest su preocupacin por un aumento del 65% en el nmero de nios muertos o heridos por restos explosivos a medida que los combates se han extendido a zonas civiles muy pobladas.

Estados Unidos ha brindado un importante apoyo financiero para los programas humanitarios de limpieza de minas en Afganistn. Sin embargo, en los ltimos aos esa financiacin se ha ido reduciendo. Segn el Servicio de Accin contra las Minas de las Naciones Unidas (UNMAS, por sus siglas en ingls), Afganistn ha logrado verdaderos progresos hacia su objetivo de estar limpio de minas terrestres y otros escombros sin explotar en 2023. No obstante, el apoyo financiero internacional para tales actividades se ha reducido al 41% de lo que fue en 2011. Aunque la guerra afgana terminara realmente maana, sera necesario un compromiso sostenido de ayuda financiera durante muchos aos para limpiar ese pas de todas las municiones que acribillan su suelo como resultado de los ltimos 18 aos de la guerra de Estados Unidos.

El legado de la guerra

El nuevo informe de Costs of War revela que las principales armas que causan esos daos han cambiado con el tiempo. Incluso antes de 2001, cuando la coalicin liderada por Estados Unidos invadi Afganistn, ese pas se encontraba casi en la parte superior de la lista de afectados por minas terrestres abandonadas. Los dispositivos siguen all desde el conflicto de 1980 entre la Unin Sovitica y los rebeldes islamistas extremistas, los muyahaidines, respaldados por Washington y financiados y apoyados por la CIA.

A raz de la retirada sovitica de Afganistn en 1989, los grupos afganos e internacionales de desminado trabajaron arduamente para limpiar esos campos. Sin embargo, sus esfuerzos se vieron a menudo frustrados por nuevos conflictos brutales, incluida una guerra civil afgana de 1992 a 1996 y el perodo de 1996 a 2001, en el que los talibanes controlaron en gran medida el pas. Aun as, en las ltimas dcadas, estos grupos lograron eliminar dos millones de piezas de municiones sin detonar.

Como indican los ltimos datos, las minas terrestres del conflicto sovitico siguen causando, desde 2010, el 7% de las vctimas relacionadas con los residuos. Sin embargo, la mayora de los heridos por artefactos explosivos son vctimas del complejo conflicto armado en curso que surgi de la invasin dirigida por EE. UU., es decir, de toda una gama de armas usadas y dejadas atrs por las fuerzas estadounidenses, los combatientes talibanes y los grupos afiliados al Estado Islmico. Entre ellas se incluyen granadas, armas de proyectil, morteros, municiones en racimo y grandes bombas que no explotaron como se pretenda, pero que an siguen vivas y propensas a estallar si se tocan o mueven en una fecha posterior. Los militantes talibn y del ISIS cuentan tambin cada vez ms con los dispositivos explosivos improvisados ​​ (IED), que se activan cuando alguien los pisa o los activa involuntariamente. Si no estallan en el momento de la batalla, pueden matar o herir a civiles mucho despu s, incluso en zonas en las que ya no hay combates activos.

Desde 2015, las vctimas de los restos explosivos de la guerra y de los IED abandonados han aumentado rpidamente. Una de las razones es el aumento de los combates entre las Fuerzas de Seguridad Nacional Afganas, respaldadas por Estados Unidos, y los talibn y el ISIS, as como la intensificacin del conflicto entre estos mismos grupos extremistas. Segn la autora del informe, Suzanne Fiederlein, los dispositivos explosivos improvisados ​​ son cada vez m s comunes en Afganistn y otros conflictos en Oriente Medio, en parte gracias a Internet, que ha extendido los conocimientos sobre cmo elaborarlos. Dicha informacin, escribe, est comnmente disponible ahora y no solo en sitios web oscuros. Esos conocimientos estn vinculados a la fabricacin de dispositivos ms sofisticados y complejos, como los dispositivos antimanipulacin (armas trampa).

Adems, desde 2017, EE.UU. ha aumentado drsticamente sus ataques areos contra los talibn y otros grupos militantes en Afganistn, mientras que los mismos talibn, a medida que ganan ms territorio, han expandido sus ataques contra objetivos del gobierno, as como contra las fuerzas de seguridad afganas e internacionales. En el ltimo ao, mientras EE. UU. y los funcionarios talibanes se involucraban en conversaciones de paz, ambas partes no han hecho sino intensificar an ms su agresin, supuestamente para fortalecer sus posiciones en las negociaciones.

Finalmente, en los ltimos aos, a medida que la coalicin liderada por Estados Unidos iba cerrando bases en previsin de una posible retirada militar estadounidense, cada vez ms afganos iban muriendo o resultaban heridos por la explosin de desechos militares en reas abandonadas que alguna vez fueron utilizadas por las fuerzas de seguridad internacionales como campos de tiro. De 2009 a 2015, las Naciones Unidas registraron 138 vctimas de explosiones en o alrededor de esas antiguas instalaciones de entrenamiento. El 75% de esas vctimas eran nios.

Viviendo entre desechos militares explosivos

Es importante comprender cunto tiempo pueden permanecer activos los restos explosivos de guerra en un paisaje una vez finalizado un conflicto. Si no se limpian, representan un peligro para las personas que viven cerca, peligro que se mantiene durante generaciones. Por ejemplo, en Blgica, ms de un siglo despus, se estn retirando an un nmero significativo de proyectiles explosivos de los antiguos campos de batalla de la Primera Guerra Mundial. Muchos pases luchan con este problema, incluidos Bosnia y Herzegovina, Colombia, Corea, Laos y Vietnam, pero Afganistn ha sido uno de los ms afectados.

En 2018 se consider que aproximadamente 1.780 kilmetros cuadrados de ese pas estn contaminados de desechos militares. Como seala el informe de Costs of War, esto es aproximadamente diez veces el rea de Washington, DC, pero extendido a un pas casi tan grande como Texas. Las zonas de peligro incluyen granjas y tierras de pastoreo, caminos que la gente usa regularmente para llegar a mercados, escuelas y hospitales, y tierras que rodean los bastiones de los militantes, las bases militares aliadas y los antiguos campos de tiro.

En funcin de la investigacin que he realizado, est claro por qu las personas continan utilizando esas tierras contaminadas. Al nivel ms bsico, se trata de una historia de desigualdad. No hay duda de que muchos afganos conocen qu reas representan una amenaza. Adems, los programas de educacin sobre riesgos han progresado para conseguir que maestros, parteras y oficiales de polica difundan la conciencia sobre cmo reconocer y evitar tales peligros. Sin embargo, la pobreza obliga con frecuencia a los afganos a tomar decisiones terribles y aterradoras sobre el riesgo de lesiones y muerte.

Dilemas de este tipo se enfrentan comnmente en lugares marcados por esos legados del conflicto. El antroplogo David Henig, por ejemplo, describe cmo los aldeanos rurales en las tierras altas de Bosnia y Herzegovina an entran a sabiendas en reas forestales contaminadas para recolectar lea. Para ellos, vivir con el peligro de las minas terrestres que quedaron de la guerra de Bosnia de la dcada de 1990 es una cuestin de supervivencia econmica. Muchos afganos se enfrentan a una situacin similar. Solo puedo suponer que el nio que pis una mina terrestre mientras transportaba agua para los soldados no habra estado ganando dinero de esa manera si su familia tuviera otra forma de poder conseguir un sustento.

A medida que las personas aprenden a vivir con la presencia de desechos explosivos en su paisaje, ese esfuerzo tiene costes sombros. Imaginen el miedo y la angustia emocional que podran sentir al pasar simplemente por lugares donde un paso en falso podra matarles a Vds. o a sus hijos. Henig cuenta cmo una mujer bosnia, volviendo de una parte minada del bosque donde haba llenado su carreta con madera, se vino abajo y llor, gritando febrilmente: Por qu, por qu tenemos que hacer esto?.

En Afganistn, el informe Costs of the War seala el profundo impacto psicolgico de una contaminacin tan duradera: Para los afganos, el miedo a resultar daado por estas armas se magnifica al conocer o ver a alguien herido o muerto. La gente est aterrorizada y traumatizada por la amenaza de las explosiones, y esa sensacin continua de premonicin debe crear un trasfondo de melancola ansiosa que se apodera de ellos cada minuto del da.

Por otra parte, tenemos los miles de afganos que viven no solo con el miedo a tales explosiones, sino tambin con la necesidad de reconstruir sus vidas despus de quedar mutilados. El programa de rehabilitacin fsica del Comit Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Afganistn fabrica ms de 19.000 piernas, brazos y otros dispositivos ortopdicos artificiales cada ao. Grupos como el CICR y Handicap International publican fotos de nios en sus sitios web mientras se les est preparando y capacitando para usar prtesis de piernas. En una, un nio de no ms de cinco aos mira tristemente a la cmara, con las manos apoyadas en dos barras paralelas a los costados y los muones de sus piernas incmodamente ajustados en nuevos dispositivos de plstico. En otra, Nilofar, una joven en silla de ruedas, se prepara para lanzar una pelota de baloncesto; la suya es una historia notable de recuperacin, de pasar de una parlisis completa, despus de una lesin en la espalda debido a una explosin, a una movilidad parcial. Hoy trabaja para el Centro Ortopdico en Kabul del CICR como operadora de ingreso de datos, un trabajo que le ha proporcionado un salario, un sentido de finalidad y una esperanza renovada.

El Servicio de Accin contra las Minas de las Naciones Unidas ha pedido ms apoyo a largo plazo para los supervivientes de tales heridas. Necesitan esos cuidados para aprender a caminar y usar extremidades protsicas, as como para lidiar con la depresin y otros efectos psicolgicos que acompaan a tales lesiones. Segn el CICR, tambin requieren un papel en la sociedad y recuperar la dignidad y el autorespeto. Todos los empleados, ms de 800, de los siete centros ortopdicos del CICR en Afganistn son antiguos pacientes. Pero hay muchos miles ms y nadie puede dudar de que, en una guerra aparentemente interminable, se seguirn produciendo ms vctimas.

La responsabilidad de EE. UU. por los residuos imperiales

Los acadmicos han llamado escombros imperiales a las minas terrestres y otros restos explosivos de guerra, a los detritos, en particular, de la Amrica imperial y su huella militar expansiva global, incluidas sus guerras sin fin por todo el planeta. Aunque las tropas de Estados Unidos se retiren finalmente, como los afganos se enfrentan a esos escombros de la guerra contra el terrorismo que han moldeado eternamente sus vidas, la asociacin con el proyecto estadounidense en su pas seguir viva en el futuro durante aos porque ese armamento sigue matando. En el proceso, se odiar indudablemente a Estados Unidos durante generaciones.

Lamentablemente, la financiacin estadounidense para el programa humanitario de limpieza de minas en Afganistn ha ido disminuyendo desde 2012. Afganistn tiene hoy algunos de los tcnicos de desminado mejor capacitados del planeta, pero la magnitud del problema es enorme y el dinero disponible para ello demasiado modesto. El objetivo mismo de conseguir un Estado libre de minas para 2023, un proyecto que se esperaba que costara 647,5 millones de dlares, es probablemente inalcanzable, incluso si la lucha termina, porque los objetivos de financiacin estn, hasta ahora, muy lejos de cumplirse.

Estados Unidos ha sido el mayor donante individual para ese programa, habiendo aportado 452 millones de dlares desde 2002. Sin embargo, a partir de 2012 ha sido ya otra historia porque Washington ha enviado gran parte de sus fondos y recursos para tales programas a Iraq y Siria. En el ao fiscal 2018, el Programa de Accin contra las Minas de Afganistn recaud solo 51 de dlares millones de su objetivo de financiacin de 99 millones y solo unos 20 millones de dlares de esa cantidad provienen de Washington, menos de la mitad de lo que aport entre 2010 y 2012.

Los estadounidenses estn obligados a eliminar los peligros de los explosivos en ese pas, gran parte de los cuales son de origen estadounidense. Teniendo en cuenta los dlares de los contribuyentes que Washington ya gast o comprometi para luchar contra el terrorismo durante el ao fiscal 2019 -5.900 millones de dlares, segn las estimaciones del proyecto Cost of War-, lo donado para tratar los deshechos imperiales en Afganistn es apenas una nimiedad. Un compromiso de financiacin de varios aos para eliminar los restos explosivos de la guerra contra el terrorismo sera una pequea forma de llevar a cabo una mnima porcin de la rendicin de cuentas que EE.UU. debe ofrecer al pueblo afgano despus de tantos aos de destruccin.

Afganistn tiene todas las posibilidades de convertirse algn da en la guerra olvidada de Estados Unidos. Sin embargo, el conflicto ser cualquier cosa menos olvidado en ese pas, y ah radica una de las historias ms tristes de todas.

Stephanie Savell, colaboradora habitual de TomDispatch, es codirectora de Costs of War Project en el Instituto Watson para Asuntos Internacionales y Pblicos de la Universidad Brown. Como antroploga que es, dirige investigaciones sobre seguridad y activismo en EE. UU. y en Brasil. Es coautora del libro The Civic Imagination: Making a Difference in American Political Life.

Fuente: https://www.tomdispatch.com/post/176606/tomgram%3A_stephanie_savell%2C_the_saddest_story_of_all/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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