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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-09-2019

Hacia una recesin inminente?
La nica certeza es nuestra gran vulnerabilidad

Bibiana Medialdea
eldiario.es

Determinar con precisin la naturaleza, magnitud y cronologa de una futura crisis escapa de las posibilidades del anlisis econmico. Pero una pregunta pertinente que s podemos contestar es: en qu condiciones se encuentra la economa espaola para encajar una probable crisis?


Nos ahorraramos muchos disgustos si la disciplina econmica asumiera su incapacidad para predecir el futuro. Suficientemente complicado resulta ya explicar la realidad econmica segn acontece, o incluso la pasada, como para determinar con precisin lo que va a suceder. Pero tambin sera recomendable que, especialmente los organismos oficiales, no se obstinaran en obviar lo evidente cuando no es de su gusto: son varios los indicios que delatan que la dbil "recuperacin" que inici la economa espaola en 2014 podra verse interrumpida ms pronto que tarde.

Para empezar, tengamos en cuenta que el crecimiento de los ltimos aos, adems de modesto, se debi en gran medida a la confluencia de factores que no dependen de la gestin econmica interna. Bajada del precio del petrleo, tipos de inters reducidos o las condiciones que desalientan destinos tursticos que tradicionalmente compiten con Espaa, formaran parte de esos "vientos de cola". Pensemos ahora, por un lado, que dichos estmulos comienzan a agotarse o ven ya muy reducidas su capacidad estimulante; y por otro, que aparecen nuevos factores externos amenazantes. Las hostilidades entre Estados Unidos y China, o el Brexit, por citar los ms importantes, permiten prever complicaciones futuras en el mbito del comercio internacional. El hecho de que nuestros principales destinos de exportacin (Alemania, Italia, Francia o Reino Unido) estn aproximndose al estancamiento econmico o incluso a la recesin, es otro indicador en la misma preocupante direccin.

De hecho, desde 2016 se aprecia un progresivo debilitamiento del crecimiento espaol, ralentizacin que se hace an ms notoria desde mediados de 2018. A partir de entonces, la demanda interna que dinamizaba el crecimiento previo va perdiendo fuerza, lo que es parcialmente compensado con una mejora en el desempeo de la demanda externa. Pero el mejor resultado externo no supone en realidad motivo de grandes alegras, ya que se explica sobre todo por la cada de las importaciones, resultado de esa debilidad de la demanda interna mencionada. De recesin inminente a aterrizaje suave, las interpretaciones oscilan respecto a la gravedad, pero el cambio de tendencia parece claro.

Incluso los organismos oficiales, que nunca ven venir las grandes crisis, comienzan a corregir sus previsiones de crecimiento. Redondeando, si desde 2014 hasta el ao pasado crecimos a un promedio un poco por encima del 3% anual, prevn que en los prximos aos lo hagamos un poco por debajo del 2%. En definitiva, el debilitamiento de nuestra (ya frgil) dinmica de crecimiento es un hecho y hay factores externos que amenazan con agravar la situacin. Sobran motivos para la preocupacin.

Como adverta al principio, determinar con precisin la naturaleza, magnitud y cronologa de una futura crisis escapa de las posibilidades del anlisis econmico. Pero una pregunta pertinente que s podemos contestar es: en qu condiciones se encuentra la economa espaola para encajar una probable crisis? Tengamos en cuenta que la dimensin del destrozo no slo depende de la fuerza del golpe que impacta, sino tambin de la solidez del cuerpo que lo recibe. No es lo mismo enfrentarse al lobo con una casa de paja, de madera o de ladrillo. La referencia a la situacin previa a la ltima crisis, resulta inevitable: Es la economa espaola actual tan frgil como demostr ser la de entonces? Han servido estos ltimos aos de crecimiento para mejorar nuestra situacin de vulnerabilidad?

Lo cierto es que la llamada recuperacin no ha colaborado en superar la precariedad de nuestra estructura productiva, porque el crecimiento ha sido ms intenso precisamente en ramas que no emplean trabajo cualificado ni aportan altas productividades. Como consecuencia de la profundizacin de este modelo productivo precario, y en connivencia con un modelo laboral que lo favorece, nuestro panorama respecto al empleo tampoco ha mejorado. El crecimiento de estos aos ha conseguido recuperar el nivel de PIB previo a 2008, pero no el empleo destruido desde entonces: segn la EPA en el segundo trimestre de 2019 haba aproximadamente unos 900.000 empleos menos que a finales de 2007.

Adems, los (insuficientes) nuevos empleos son de peor calidad: los creados desde 2014 son en mayor proporcin temporales y, en promedio, ms cortos que los (ya de por s precarios) empleos generados en el anterior ciclo expansivo. Tengamos adems en cuenta que el proceso de devaluacin salarial no se revirti, slo se suaviz, con la llegada del crecimiento econmico: desde 2008 el sueldo medio ha crecido ms o menos la mitad que la inflacin, lo que supone prdida de poder adquisitivo. La fragilidad laboral que se evidenci a partir de 2008, la facilidad con la que se destruyeron puestos de trabajo y las malas condiciones en que quedaron las personas desempleadas no ha mejorado durante la recuperacin; ha empeorado.

Volver a enfrentarnos a un cambio de ciclo, aunque no sea tan abrupto como el anterior, con un mercado laboral tan marcado por el desempleo y la precariedad tiene consecuencias sociales pero tambin econmicas. Segn la Encuesta de Condiciones de Vida, en 2017 la renta media de los hogares todava no haba alcanzado el nivel de 2008 mientras su tasa de pobreza se situaba en el 21,5%, ms de un punto porcentual por encima que la de aquel ao. La desigualdad se ha agudizado, debido a que los hogares con menos renta son los que ms perdieron durante la crisis y tambin los que menos han mejorado despus: a partir de datos de Eurostat obtenemos que la participacin en la renta total del decil [uno de los nueve valores que dividen a un grupo de datos en diez partes iguales] inferior ha descendido un 24% entre 2008 y 2017.

Precisamente sobre ese 10% de hogares con menos renta alertaba recientemente el Banco de Espaa: hogares cuyos miembros adultos siguen en desempleo o que ocupan los empleos peor remunerados, apenas han reducido sus deudas desde 2008 y dedican ms del 50% de su renta a pagar la hipoteca. Pero la precariedad financiera no es exclusiva de las familias con menos ingresos. La tasa de ahorro del total de las familias fue en 2018 el 4,9% del PIB, un mnimo histrico desde que en los aos sesenta el Banco de Espaa inici la serie estadstica. Batamos as el rcord anterior (5,8%), precisamente de 2008. La situacin financiera de las familias es por tanto muy frgil: ingresos que no se han recuperado, empleos que son igual o ms precarios, un consumo que crece ms que la renta dependiendo crecientemente del crdito y deudas todava importantes; todo ello agravado segn desciende el nivel de renta del hogar.

En definitiva, podemos decir que se est levantando viento, y si arrecia, Espaa volver a hacerle frente con una precaria casita de paja. Ante un futuro incierto pero preocupante la nica certeza es nuestra gran vulnerabilidad; particularmente la de aquellos grupos sociales que fueron ms golpeados en la crisis anterior. Los mecanismos de proteccin social, que haciendo honor a su nombre tendran que protegerlos, ya se mostraron insuficientes entonces y ahora suman el lastre de una dcada de austeridad. Cabra lamentarse, con razn, de que estos aos no se hayan aprovechado para avanzar en la superacin de nuestras grandes vulnerabilidades. La experiencia traumtica de la crisis de 2008 hubiera debido servir para extraer algunas enseanzas. Pero an ms lamentable resultara si finalmente dejamos pasar la oportunidad de que lo que viene sea al menos gestionado por un gobierno comprometido con los ms vulnerables.

Fuente: http://www.eldiario.es/tribunaabierta/recesion-inminente-unica-certeza-vulnerabilidad_6_943565650.html



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