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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-10-2019

Cuando Espaa era una inmensa prisin: el avance de las tropas franquistas dej un reguero de campos de concentracin

Desmemoriados.org
eldiario.es


- El mando rebelde implant una red formalizada de campos de concentracin de prisioneros que durara hasta mucho ms all del final de la Guerra Civil

- Desde campos de ftbol a plazas de toros, fbricas, colegios o simples explanadas: se impuso la masificacin y unas condiciones de vida inhumanas a los derrotados

Celebracin del 18 de julio en la Prisin de Tabacalera en Santander, donde se hacinaban 4.000 presos

Con la sublevacin militar en marcha a partir del da 17 de julio de 1936, el territorio peninsular espaol qued dividido en dos partes a medida que fueron decantndose los lugares que se mantuvieron fieles a la Repblica y aquellos en los que triunf el alzamiento militar golpista.

A su vez, aquel que permaneci en manos republicanas tambin qued partido y sin posibilidades de comunicacin por tierra, dado que el espacio que conformaban las provincias de Guipzcoa, Vizcaya, Cantabria (entonces Santander) y Asturias en la franja septentrional result aislado del resto de las reas leales al gobierno legtimo.

Por su parte, en este contexto, la ciudad de Oviedo, al triunfar all la rebelin militar al mando del Coronel Aranda, igualmente se transform en una solitaria isla dentro del territorio republicano del norte, que soportara durante meses el acoso de las milicias asturianas afines a la Repblica hasta que tropas rebeldes llegadas desde Galicia pudieron romper el cerco.

Establecido as el Frente Norte tras la toma de Irn y San Sebastin por las tropas navarras del General Mola en septiembre de 1936, cerrado con ello el paso terrestre hacia Francia, con la presin del ejrcito franquista desde el oeste por Galicia y desde el sur por Burgos, Palencia y Len, y bloqueado por mar por barcos de los sublevados como el Almirante Cervera o el Acorazado Espaa, la cornisa cantbrica resisti el avance rebelde a duras penas hasta finales de octubre de 1937 en que caen las ciudades de Gijn y Avils.

Una gran mayora de estudiosos coinciden en que durante ese periodo cada uno de los ejrcitos republicanos del norte hizo la guerra por su cuenta. El terico mando militar nico fue encargado inicialmente al General Llano de la Encomienda, que rpidamente se vio sustituido por el General Gamir Ulibarri, debido a la desconfianza que desde el primer momento se gener entre el primero y el Lehendakari Jos Antonio Aguirre, pero lo cierto es que las tropas republicanas actuaban en cada provincia de forma sumamente autnoma.

Mientras que en Asturias y en Cantabria se adscriban ideolgicamente al Frente Popular, en Vizcaya pertenecan mayoritariamente al Partido Nacionalista Vasco, de carcter conservador y catlico, lo cual no haca que la confianza y la colaboracin fluyeran. En la prctica, la fuerza militar en Asturias estuvo dirigida por el sindicalista Belarmino Toms y la montaesa por el Comandante, de ideologa izquierdista, Jos Garca Vayas, mientras que las columnas vascas se pusieron al mando directamente del Estado Mayor constituido por Jos Antonio Aguirre y el propio gobierno vasco.

A mediados de junio de 1937, ante el empuje de las brigadas navarras, cay el Cinturn de Hierro de Bilbao (una serie de fortificaciones que rodeaban a la capital vizcana. Con ello, las divisiones vascas, que apoyadas por columnas asturianas y montaesas haban defendido la ciudad sin apenas artillera y aviacin, no tuvieron ms remedio que emprender la retirada hacia el oeste en direccin a Santander.