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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-10-2019

Crnica de la Revolucin de Octubre en Espaa

Vctor Arrogante
Rebelin


En Espaa tambin tuvimos nuestras revoluciones. Fue en 1917 cuando los conflictos sociales, econmicos y militares convulsionaron Espaa; y en Octubre de 1934 con el objetivo de subvertir el orden, por las contrarreformas antisociales del gobierno de turno y la amenaza del fascismo internacional. La revolucin en Espaa tuvo nombre propio: Asturies; donde los obreros de la industria y los mineros fueron protagonistas.

En 1933, los socialistas perdieron las elecciones generales. El gobierno de la derecha radical salido de las urnas, con el apoyo parlamentario de la ultraderechista y catlica Confederacin Espaola de Derechas Autnomas (CEDA), inici una poltica de contrarreformas, sobre lo reformado por los anteriores gobiernos republicano-socialistas. Esta poltica produjo un giro radical en la estrategia del PSOE y de la UGT, que abandonan la va parlamentaria para alcanzar el socialismo.

La izquierda haba perdido el poder parlamentario, pero la fuerza social segua intacta en la lucha por mejorar sus condiciones de vida. Largo Caballero llevaba tiempo criticando la poltica de colaboracin de clases, la democracia burguesa y el sistema capitalista. En enero de 1934, defendiendo la va insurreccional, asume la presidencia del PSOE y la secretara general de UGT. El programa del movimiento revolucionario, manifestaba: "Con el poder poltico en las manos anularemos los privilegios capitalistas y antes que ninguno el derecho que les da explotar a los trabajadores".

Alejandro Lerroux form un gobierno, incorporando a tres ministros de la CEDA. Ese mismo da, 4 de octubre de 1934, el comit revolucionario socialista reunido en Madrid, tras contar con el apoyo de los comunistas y de las Alianzas Obreras, convoca la huelga general revolucionaria, que se iniciara a las cero horas del da siguiente. La revolucin de Octubre haba comenzado.

No fue solo en 1917 y 1934, cuando los mineros y obreros de la industria asturiana se levantaron contra la opresin y la injusticia. En 1962 se produjo una huelga silenciosa y pacfica, que puso en jaque al gobierno de Franco. Comenz en La Nicolasa y se extendi a La Camocha, Altos Hornos de Vizcaya, Catalua, El Ferrol, Sagunto y Jerez.

La belleza del paisaje es indescriptible en Aturias. Junto al mar, altos acantilados que dejan ver en su hondura espuma y arena clara. Continuos bosques poblados por hayas, nogales y castaaleos oscuros. Olores permanentes que aturden el olfato y el sonar de los cencerros. Jabales, corzos y el oso pardo que busca su alimento cerca de las braas. Monte salvaje, profundos valles, verdes prados y la negrura de los tajos, los castilletes de las bocaminas y las naves industriales. Y sus mineros y su gente.

Estamos en Octubre de 1934, cuando se convoc la huelga general revolucionaria, como instrumento para la insurreccin. En Asturias, antes de que amaneciera el da 5 de Octubre, fueron atacados los cuartelillos de la guardia civil en las cuencas mineras. Daba comienzo el movimiento huelgustico insurreccional decretado por el Comit Revolucionario presidido por Largo Caballero. En la zona minera de Len y Palencia, el poder obrero dur cuatro das. En Asturias hasta el da 18. El gobierno proclam el estado de guerra y envi al ejrcito para establecer el orden.

La insurreccin de Octubre no consigui su objetivo final, al carecer de organizacin, medios, armas, y planificacin poltica y militar. Falt la unin decidida de las fuerzas proletarias; en Asturias la unin fue determinante. Tambin cont con la simpata de los partidos republicanos pequeo-burgueses. El hecho de que la CNT y la FAI no secundaran el llamamiento revolucionario (salvo en Asturias), fue una razn de su fracaso. En Madrid, el da 8 fueron detenidos casi todos los miembros del comit revolucionario. El martes 9 Azaa y Companys se entrega en Barcelona el da 14.

En Oviedo, mil integrantes de las columnas obreras se apoderaron de la zona sur de la ciudad, tomando el Ayuntamiento frente a las fuerzas del ejrcito, guardia de asalto, miembros de la guardia civil y del cuerpo de carabineros integrado por ms de dos mil efectivos. Se unieron a la revolucin Trubia, Gijn, Mieres, Sama y La Felguera, organizndose abastecimientos, hospitales de campaa y servicio de ferrocarriles.

El da 8, los obreros organizados, toman la fbrica de armas y dominan Oviedo. Las tropas de Lpez Ochoa, fueron rechazadas cerca de Trubia (parroquia a 12 Km. del concejo de Oviedo) desde Avils protegidos por veintin aviones. En la madrugada del 10, el crucero Cervantes desembarca en Gijn a millares de Regulares de frica, al mando del teniente coronel Juan Yage que arrasa Gijn. En la tarde del jueves 11, Lpez Ochoa −conocido desde entones por carnicero de Asturias− entra en Oviedo.

Ese mismo da, los socialistas Pea, Dutor y Antua, contra la postura de comunistas y anarquistas, proponen una retirada organizada. Se forma el Segundo Comit constituido por jvenes comunistas, que la organizan militarmente. Se cuenta, que el da 13 de octubre, dos muchachas, Ada Lafuente y Jesusa Penaos −militantes del comunismo libertario−, armadas con una ametralladora, intentan cerrar el avance de los legionarios en la cota de San Pedro de los Arcos, pero no lo consiguieron. Las tropas mandados por el teniente ruso-blanco Ivn Ivanov, las remataron con la punta de sus bayonetas.

Los mineros, en su retirada, constituyen el Tercer Comit Provincial, formado por socialistas y comunistas, con participacin de la CNT, presidido por Belarmino Toms, deciden instalarse en Sama. Los mineros de Oviedo resisten 48 horas ms. El da 18, todo perdido, se negocia la capitulacin: el Comit depondr las. Los mercenarios africanos entraron en cabeza y de que manera. El ltimo llamamiento del Comit Provincial de Asturias, firmado en Sama da 18 terminaba: "Nosotros, camaradas, os recordamos esta frase histrica: Al proletario se le puede derrotar, pero jams vencer".

El gobierno entreg el mando represivo a Franco, entonces gobernador militar de Baleares, quien moviliza al Tercio de Regulares. La represin se sald con ms de mil muertos y torturas de los detenidos en manos de la guardia civil; miles de despidos por su participacin en la huelga y ms de treinta mil presos; la mayora de los dirigentes implicados apresados y veinte penas de muerte, dos de ellas ejecutadas. Los procesos duraron hasta los primeros meses de 1936. La minora socialista en las Cortes suspendi su actividad parlamentaria. Las presiones de la opinin pblica liberal espaola y europea forzaron el levantamiento del estado de guerra. Con el tiempo, la respuesta poltica y social, fue el triunfo del Frente Popular en 1936.

El gobierno suspendi las garantas constitucionales; numerosas corporaciones municipales disueltas, locales de sindicatos y partidos cerrados y peridicos clausurados. Los jurados mixtos, recin instaurados durante el bienio reformista, suspendidos. La contrarreforma se hizo ms contundente. De las 23 penas de muerte sentenciadas, dos fueron ejecutados: el sargento Vzquez (que haba volado un camin con treinta y dos guardias civiles) y Jess Argelles Fernndez, Pichalatu.

Las represalias duraron en el tiempo. La Ley de Responsabilidades Polticas promulgada por Franco en 1939, tipificaba como punibles los actos y omisiones de quienes hubieran colaborado con la Repblica Espaola y participado en la revolucin de Asturias. Se legitimaban las multas, los embargos de bienes, los destierros y la purga generalizada en el mundo laboral en la posguerra. Esta ley estuvo vigente hasta 1969, fecha en la que prescribieron los delitos cometidos antes del 1de abril de 1939.

Finalizada la Revolucin, daba comienzo la feroz represin; pero la lucha contra el capital no haba terminado. Organizar la paz con los enemigos no quera decir que se renegara de la lucha de clases. Deca Belarmino Toms: "lo que hoy hacemos es un alto en el camino, en el cual subsanaremos nuestros errores para no volver a caer en los mismos". Desde entonces, los partidos y sindicatos de clase, siguen en aquel alto.

Despus de tanto padecer y sufrimiento, djenme recordar la indecencia del presidente en funciones y secretario general del PSOE, Pedro Snchez, cuando dice que los valores de la Segunda Repblica, estn representados en la actual monarqua parlamentaria; cuando es heredera del franquismo y de su represin. Vergonzoso.

@caval100

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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