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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-10-2019

Tecnologa, economa y sociedad

Alfons Barcel
mientras tanto


En su versin primigenia el siguiente escrito fue redactado en cataln a demanda de Antoni Hernndez-Fernndez, para que sirviera como Presentacin de una seleccin de textos de Mario Bunge relativos al asunto Filosofa y tecnologa, textos que estaba acabando de traducir y pensaba publicar pocos meses ms tarde.

De hecho, haba ido perfilando este proyecto a lo largo del ao 2018, con la vista puesta en que coincidiera la publicacin de este libro con la pronta celebracin del cumpleaos feliz dedicado al maestro Bunge, en su primer siglo de existencia terrenal (naci el 21 de septiembre de 1919).

El objetivo principal era sencillamente materializar este homenaje del Centenario con una aportacin valiosa y duradera en cataln orientada a examinar uno de los pilares ms slidos del mundo moderno. O sea, una seleccin de ensayos en sintona con los tiempos (por la temtica) y de cosecha reciente y novedosa (en cuanto a terrenos explorados por nuestro autor en los ltimos lustros). Pues bien, el coordinador del homenaje no slo asumi la puesta a punto y edicin de esta antologa, sino que logr adems el apoyo de entidades seeras de la cultura catalana en pro de este gnero de iniciativas. A saber, y en concreto, la Universitat Politcnica de Catalunya y el Institut d'Estudis Catalans (sobre todo a travs de su filial, la Societat Catalana de Tecnologia). El final de la primera etapa de ese trayecto fue celebrado con la presentacin oficial de dicho libro el 3 de octubre de 2019, en Barcelona, en la sede del Institut d'Estudis Catalans.

Un ltimo detalle, intrascendente y tal vez innecesario. La presente versin en castellano de este Prlogo ha sido realizada por m mismo, en formato de traduccin libre, con leves retoques y sin complejos, dadas las metas y circunstancias, durante el mes de septiembre de 2019.

Alfons Barcel

***

El hombre pensante

He aqu una obra que puede marcar un jaln en el modesto y complejo territorio de la cultura catalana. No le faltan merecimientos para cumplir tan ambicioso objetivo. En sntesis, tenemos aqu una recopilacin de trabajos originales y luminosos de un autor gigantesco sobre una problemtica notable: las gracias y desgracias de la tecnologa. Un asunto de primera magnitud tanto para hoy como para nuestro futuro. Por supuesto, no hace falta hacer hincapi en que nuestra vida cotidiana est envuelta y condicionada por objetos y servicios buena parte de los cuales han sido producidos y distribuidos con el auxilio de una abundante tecnologa. Tampoco es preciso subrayar que los artefactos que de ella han ido emanando se proyectan por doquier y experimentan una expansin inacabable en casi todos los dominios. El asunto, en suma, merece ser examinado con atencin y desde diversos ngulos. Pues bien, de esos menesteres se ha venido ocupando de refiln Mario Bunge desde hace dcadas, con mente despejada, mirada de aguilucho e inmenso cmulo de conocimientos cientficos.

Pero, ante todo, una escueta presentacin de nuestro autor. Mario Bunge (Buenos Aires, 1919) ha sido uno de los filsofos ms creativos y curiosos de nuestra poca. Uno de los grandes pensadores contemporneos, sin rival en lo que se refiere a laboriosidad y amplitud de los campos que ha ido roturando sin hacer mutis por el foro. No slo por la inmensa temtica abordada (ms de un centenar de libros que son vivo testimonio de una ambicin filosfica un tanto desmesurada, siempre dispuesto a examinar las ramas viejas o nuevas del rbol de las ciencias naturales y sociales), sino tambin por el carcter sistemtico y riguroso de esta produccin, que no deja herencias intelectuales sin revisar, ni tesis consagradas sin someter a juicio y escrutinio. Y por otra parte me atrevo a pronosticar que el legado intelectual de Bunge tiene futuro: no envejecer en seguida, sino que continuar estimulando a librepensadores de todas las tendencias durante mucho tiempo. Conviene sealar, no obstante, que don Mario no goza de admiracin unnime, sino que tambin es objeto de antipata en ciertos medios donde no se ve con buenos ojos su talante crtico contra idealismos, subjetivismos e irracionalismos, ni su beligerancia de intelectual bien informado, moderadamente escptico y radicalmente cientificista contra aquellos discursos trufados de ocurrencias poco fundadas o de oscuras logomaquias.

Procede advertir, por lo dems, que las aportaciones intelectuales de Bunge no tienen como destinatarios principales a expertos o especialistas en filosofa (sean profesores o simples graduados en esta materia). Sin caer en banalidades ni retricas, lo cierto es que ha procurado exponer con rigor y claridad sus reflexiones metafsicas y crticas, con la intencin de transmitir sus planteamientos filosficos a las inmensas minoras, al mismo tiempo que sostena valores ticos y solidarios, con humanismo y racionalidad. Como hecho un peln anecdtico, pero bien significativo, conviene anotar que no slo ha despotricado contra el lenguaje crptico y los planteamientos oscuros cuando no insondables, sino que siempre procur echar un vistazo colateral a los problemas sociales de relieve, tanto materiales como ticos, ya fueran de carcter estratgico o cotidiano. Vale destacar, a ese respecto, que rondando los 90 aos se aventur en un viaje exploratorio por los andurriales de la filosofa poltica (con un libro de 600 pginas, de las que cuarenta estaban dedicadas a referencias bibliogrficas), a la vez que tomaba partido y defenda como objetivo (ideal, pero no imposible) una democracia integral, sustentada sobre un rgimen econmico basado en un mar de cooperativas de produccin y distribucin de bienes y servicios, al tiempo que sostena que la diana de dicho rgimen deba centrarse en la satisfaccin de las necesidades y deseos legtimos de las personas y de sus agentes o representantes.

El periplo ha sido largo. Tras doctorarse en Ciencias Fisicomatemticas por la Universidad Nacional de La Plata, fue durante un tiempo profesor tanto de Fsica Terica como de Filosofa. Luego, tras diversos avatares, y hasta su jubilacin, fue catedrtico de Lgica y Metafsica en la Universidad McGill en Montreal. O sea que, tras doctorarse en fsica (cuntica), orient sus estudios hacia la exploracin de la investigacin cientfica en todas sus vertientes. Asumi y sostuvo, como grandes pilares y quintaesencia del mtodo cientfico, la racionalidad, la objetividad y la sistematicidad. En general y en cualquier caso, defendi combinar la visin ideal que combinaba anlisis con sntesis, todo adobado con buenas dosis de escepticismo moderado, dado que como ha recordado a menudo todo es falible y perfectible. Y, por aadidura, siempre estuvo dispuesto a subrayar que jams se llega a un estadio genuinamente terminal, puesto que el conocimiento no tiene lmites.

En resolucin, merced al combinado de una inagotable curiosidad y una vida centenaria, Bunge se ha ocupado de estudiar los variados trayectos y los frutos de un gran abanico de exploraciones cientficas de todo tipo, atendiendo no slo a los resultados ms o menos asentados, sino tambin a los procesos de la formacin y consolidacin de las diversas disciplinas, con sus logros y sus fracasos. Y, sobre todo ha subrayado el papel de diversos referentes, como el juego entre preguntas y problemas, la emergencia de hiptesis, la valoracin de observaciones, el diseo de pruebas y experimentos, la exploracin de los confines y campos vecinos, la busqueda de pruebas e indicios colaterales, todo ello y ms formando la sustancia esencial de un mtodo cientfico, sometido de continuo a revisin crtica y acompaado de una caja de herramientas auxiliares en expansin y revisin permanente. Esas exploraciones le han servido para hacer balance de las estrategias de la investigacin cientfica y de la modificacin (paulatina o veloz, segn las etapas histricas) de las cosmovisiones dominantes. Lleg as a una sntesis exigente y a la vez abierta, en la que se aceptaban todas las pruebas e indicios razonables, as como la pluralidad de mtodos y enfoques, aunque exigiendo respeto por aquellos irrenunciables principios constitutivos sealados ms arriba, as como atencin a las interacciones entre los diversos planos, enfoques e ideales (o de los grandes conglomerados reales o mentales: ciencias, tcnicas, colectividades humanas, tradiciones culturales, sistema de valores).

A modo de resumen, he aqu los seis pilares que reconoca como basamento estructural de su largo periplo: *materialismo emergentista; *realismo cientfico; *rigor, exactitud, precisin; *sistemismo; *dinamicismo, historicismo; *humanismo. (Bunge, 2009, 33). Y un ao ms tarde (en Matter and Mind, p. XI) sintetizaba as su opinin general sobre las principales reas del gran territorio de la filosofa: Creo que una filosofa sin ontologa es una filosofia invertebrada; sin semntica es una filosofa confusa; sin gnoseologa es acfala; sin tica es sorda, paraltica sin filosofa social y obsoleta si no goza del respaldo de la ciencia; y no es filosofia en absoluto si carece de todo lo anterior (Bunge, Materia y mente, p. 16).

En suma, y aadiendo unas pinceladas coloristas, podemos afirmar que Mario Bunge es un pensador original y un filsofo eminente de primera categora; un intelectual revisionista modlico, si bien poco diplomtico; un hombre sabio y humanista, aficionado a aadir algn toque de humor cuando se tercia; un ciudadano cosmopolita cooperador y solidario, a la vez que defensor de todas las causas que considera justas y cvicamente merecedoras de apoyo.

Un mundo en ebullicin

La humanidad vive, hoy por hoy, en el planeta Tierra, y sobrevive, en ltima instancia, merced a la energa solar y al aprovechamiento de gran cantidad de recursos naturales sobre los que practica un dominio colosal. Pero en tiempos lejanos las cosas no haban funcionado as. Durante muchos siglos la gran mayora de recursos se iban reponiendo de foma espontnea, y casi todos los residuos se reincorporaban al medio ambiente sin alterar de forma significativa los ciclos naturales. Sin embargo, primero con el dominio del fuego, despus con las secuelas de la revolucin neoltica, ms tarde en simbiosis con la revolucin industrial merced al uso desbocado de minerales energticos, y finalmente con la generacin creciente de desechos y residuos de todas clases, aquel panorama beatfico qued sustancialmente modificado. En sntesis, la comunidad humana terrenal es hoy una pieza esencial de un nico supersistema global que est alterando el ambiente secular del planeta, sin que asomen en el horizonte proyectos crebles de correccin del rumbo, a pesar de las amenazas que tales cambios inducen sobre el buen andar de los ecosistemas globales y locales de la biosfera terrestre.

Verdad es que, a escala csmica, el modo en que la humanidad se ha adueado del planeta Tierra durante los ltimos siglos (un lapso insignificante de acuerdo con las escalas temporales estndar de la geologa) constituye una singularidad curiosa y seguramente con poco futuro (sobre todo en comparacin con el exitazo de los 300 millones de aos que dur la era de los trilobites). En cualquier caso lo cierto es que desde hace unas cuantas generaciones las diversas comunidades humanas combinando variadsimas modalidades de cooperacin y conflicto, y la subsiguiente emergencia de determinadas propiedades sistmicas bien complejas han ido transformando y colonizando en beneficio particular (y por lo comn de manera muy poco igualitaria) las reas y regiones que iban ocupando, y sometindolas a los intereses de los mandamases o de las clases hegemnicas de cada formacin social. Pues bien, cada vez resulta ms obvio que no se puede continuar por esa ruta, y que pronto ser ineludible tomar medidas a escala mundial. Esto es, las nuevas circunstancias ambientales harn patentes los lmites de las fronteras polticas hoy dominantes, y se impondr la necesidad de remozar a fondo la arquitectura poltica de la actual economa mundo (estructura que resulta hoy periclitada y claramente inviable), es decir, un supersistema federal con unas fronteras y soberanas reconocidas por la legalidad internacional, pero sometidas de hecho a importantes lmites y servidumbres, por el bien del imperio (o de alguna de las unidades imperiales supervivientes, estn en fase de auge o de declive).

Bunge ha explicado muy bien (y repetido a menudo) que los sistemas sociales son cosas concretas y no entes de razn ni tipos ideales de carcter platnico. Por descontado, siempre conviene tener presente la mxima que afirma La palabra 'perro' no muerde y el concepto de perro ni muerde ni come ni ladra. En resumidas cuentas, una sociedad no es un mero conglomerado de individuos, como se ha sostenido desde un enfoque de individualismo metodolgico doctrinario, sino una retcula de personas y artefactos, con ndulos, conexiones varias y un envoltorio natural. Es decir, un sistema estructurado que se reproduce con estabilidad y mutaciones y cambios y algn eventual colapso. Y resulta patente que esos sistemas no son ni entidades simples ni inmutables: a lo largo de sus trayectorias temporales van emanando de ellos propiedades emergentes, al tiempo que se suelen poder distinguir diferentes planos (o facetas o niveles), con algn grado de autonoma. No es ahora el momento de adentrarse en estos asuntos, pero nunca hay que olvidar que las estrellas pueden ser enormes, pero no pueden pensar ni amar. Sea como fuere, y en este sentido, parece oportuno hacer hincapi en que es aconsejable evitar los disparates ontolgicos. Con ejemplos: la clase obrera no piensa, porque no tiene cerebro; el capitalismo no es malvado, porque no es un sujeto moral, los mercados no aprenden ni ensean porque no tienen memoria ni inteligencia; la naturaleza no es sabia ni aborrece el vaco; ni la Tierra ni ningn planeta gozan de buena salud ni pueden estar enfermos. Por supuesto no siempre son torpes o estpidas las metforas de esta calaa. Cierto: a veces pueden ayudar a percibir problemas o sensibilizar sobre asuntos serios. Pero no son compaeros de viaje recomendables, con los que uno puede arrejuntarse sin adoptar ciertas cautelas.

En cualquier caso, y en sintona con las reflexiones de Bunge, me parece una buena hiptesis de trabajo postular que todo sistema social se puede analizar considerando de entrada que est formado por cuatro subsistemas: biolgico, econmico, poltico y cultural. A eso hay que aadir, obviamente, que todo sistema tiene un entorno que lo envuelve y del cual obtiene recursos y sobre el cual excreta sus residuos y desechos. Cierto que hoy parece que se ha alcanzado un consenso prcticamente unnime respecto a que estamos a las puertas de una fase crtica de este colosal proceso de modificacin del ambiente y los paisajes. Y al mismo tiempo conviene recordar que jams la poblacin humana haba tenido a su alcance tanta cantidad de recursos y artefactos, a punto para planear un mejor entorno para las generaciones venideras. Pues bien, detrs de todo eso se halla agazapado un aspecto esencial, a saber, cmo se rige la distribucin de la renta nacional o producto social neto? El meollo de la cuestin estriba en conocer y comprender qu parte reciben los trabajadores (asalariados o no) del producto neto que van generando con sus manos y su cerebro (va salarios, honorarios, donaciones, jubilaciones, prestaciones sociales, servicios educativos y sanitarios, bienes pblicos, ...) y quin se apropia del resto (y por qu vas). En definitiva, un asunto clave estriba en averiguar cmo se materializa y entre quines se reparte el excedente econmico y social, ao tras ao.

Sociedades y tecnologas

En definitiva, si se quiere entender cmo funcionan las comunidades humanas, o sea, cul es su estructura y cmo se orienta su trayectoria, har falta estudiar las propiedades de sus componentes esenciales, esto es los determinantes fsicos, biolgicos y sociales que rigen las modalidades de interaccin de los seres humanos entre s, junto con la coevolucin con el ambiente que les rodea. Sin duda, todo va cambiando y envejeciendo de manera que ser obligado promover mecanismos que vayan remozando y reajustando las diversas piezas del sistema, salvo para aquellas que merecen ser rechazadas sin remilgos. Desde luego, resulta obvio que desde hace unas pocas generaciones las sociedades humanas ms desarrolladas han ido modificando los entornos (propios y ajenos) en beneficio particular (sobre todo, en favor de los grupos o estratos sociales dominantes, conviene no olvidarlo).

Pues bien, opino que una buena manera de bosquejar el perfil bsico de cualquier sistema econmico consiste en imaginarlo como un cmulo de procesos reproductivos interconectados que generan un excedente perodo tras perodo, evidentemente con diferentes grados de estabilidad y de cambios para cada proceso singular. Para acercarnos algo ms al plano de la realidad observable: podemos distinguir varios bloques de elementos a considerar, a saber, un substrato de espacios y recursos naturales juntamente con un enorme abanico de artefactos (edificios, maquinaria, fuentes energticas) que coadyuvan a la manipulacin, transporte y transformacin de objetos de trabajo, todo ello sometido a la actividad de colectivos de trabajadores que operan con estos artefactos y con los objetos de trabajo a fin de conseguir objetos tiles, bien sean como productos finales o bienes intermediarios de todas clases. As pues, de forma sinttica, todo ciclo econmico estndar combina recursos naturales, medios de produccin y fuerza de trabajo.

Desde luego es evidente que la revolucin industrial y sus secuelas no han asegurado el pan y la paz para todos, pero tambin resulta patente que se han producido sensacionales mejoras en el confort y en el nivel de vida material de amplios sectores de las poblaciones humanas (e incluso para buen nmero de sus animalitos de compaa). Asimismo cabe reconocer que las cosas tampoco han ido del todo mal en lo que se refiere a las coexistencia de las aspiraciones democrticas y autonmicas de las personas civilizadas. Bien es verdad que para condensar en un balance global todas las partidas habra que considerar tambin un gran nmero de situaciones obscenas (como la marginacin y sojuzgamiento de las mujeres, indigencia de millones de personas, vulneracin de derechos humanos esenciales) hasta aspectos colaterales extremadamente perversos, como el imperialismo, las guerras y el terrorismo de estado, la explotacin, la opresin, el desperdicio de recursos materiales y de fuerza de trabjo, la degeneracin de muchos sistemas judiciales, el auge del parasitismo y el engao (desde la hipocresa y la falsedad en la poltica, hasta los fraudes econmicos descomunales o la publicidad engaosa), as como la erosin de buenos valores ancestrales como la confianza, la lealtad y la solidaridad.

Un futuro extrao y confuso

Con todo y con eso no cabe duda que nuestra especie jams haba gozado de tal abundancia de recursos y artefactos con vistas a programar un medio mejor para las nuevas generaciones. Pero la tarea no se presenta nada fcil. Por diversos motivos. En primer lugar, por la falta de consenso poltico en los principales niveles de intervencin: tanto en el plano estatal (debido a las rivalidades y conflictos interclasistas), como en el plano del concierto de las naciones. Y aqu, tanto si el campo de confrontacin y de eventuales acuerdos fuese la ONU (que es ms bien una confederacin de Estados con pesos polticos indefendibles en trminos racionales), como si se plantea sobre la base de bloques regionales de carcter especfico y singular (por ejemplo: geopoltico, econmico, militar, ideolgico). El corolario es que tenemos un concierto con demasiada improvisacin, poco debate riguroso y muchos intereses ms bien repelentes (de cariz burocrtico, o muy miopes, o sesgados en favor de los Estados imperiales, de las clases privilegiadas o de de los grandes grupos de presin econmicos, culturales o militares).

En fin de cuenta, pues, muchas naciones desafinan, mientras que otras ejercen un protagonismo en consonancia con la ley del ms fuerte, o amparados en reglamentos hechos a su medida y todava vigentes, a pesar de estar caducados en trminos racionales. Por otro lado hay que hacer hincapi en que las frmulas para enfrentarse a los retos sistmicos graves pueden ser de muy difcil diseo y articulacin, a la vez que pueden resultar aparcadas a medio camino, o quedar muy lejos de las soluciones ptimas (las cuales a menudo son difciles de detectar o quizs slo resultan bien visibles a posteriori). Pero no es mala cosa proponer una lista indicativa de algunos retos sistmicos enormes, como el cambio climtico, la contaminacin, la pobreza, las migraciones, la salud bsica, los conflictos armados, la escolarizacin elemental para todos, las redes de proteccin contras grandes desastres (naturales o no), la proteccin de los derechos humanos consagrados o la justicia universal contra la macrocorrupcin y los crmenes de lesa humanidad.

En definitiva, sin embargo, no parece muy complicado ponerse de acuerdo, al menos en trminos especulativos, sobre determinados objetivos estratgicos fundamentales, como los indicados sintticamente como paz y bien, felicidad, bienestar y buena vida, prosperidad sostenible o ideas similares. El maestro Bunge desarroll todo un tratado de tica en el que adoptaba como ncleo fundamental o pilar bsico el principio Goza de la vida y ayuda a vivir a los dems. En un plano ms tradicional y clsico se puede subrayar que si bien conservan su validez y atractivo los grandes lemas de la revolucin francesa (Libertad, Igualdad, Fraternidad), convendra aadir al menos algunas referencias ms modernas como la eficiencia y la sostenibilidad ambiental.

Economa y tecnologa

De todos modos conviene desconfiar un tanto de las recetas demasiado ambiciosas. A m me place sobremanera la mxima Ms ciencia y ms democracia, como principio estratgico de validez presuntamente universal. Pero reconozco que es muy dudosa su capacidad movilizadora, dado que en mi opinin tiene escaso gancho como consigna adecuada para enardecer a multitudes.

Sin pretender acertar, me atrevera a sugerir descender a un terreno ms a ras de suelo. Quiz bajando de las alturas podramos ir a parar a dos campos de cultivo esenciales y no tan etreos: por ejemplo, economa y/o tecnologia. Desde luego, al hablar de economa me refiero a una disciplina ideal con buena fundamentacin conceptual y emprica, capaz de exhibir algunos resultados positivos (como tendencias y leyes verificadas), a la vez que atenta a los problemas ecolgicos y antropolgicos de las personas en sociedad, a los aspectos institucionales y a los sistemas de valores de cada una de las diversas comunidades que han existido a lo largo de la historia.

Conviene puntualizar, no obstante, que este proyecto de una economa inclusiva (o de una economa poltica actualizada) no slo est hoy por hoy en mantillas, sino que en realidad est lejos de lo que todava se ensea en los primeros cursos de la gran mayora de facultades de economa. En efecto la enseanza estndar de los principios de economa constituye una mezcolanza pasteurizada de ciencia, tecnologia e ideologa individualista y librecambista. Ms grave an es que casi no interacta con las disciplinas vecinas (psicologa, antropologa, sociologa, historia econmica y social, tecnologa, ecologa, politologa), a la vez que maneja categoras deficientes o poco exploradas o tratadas escolsticamente (por ejemplo, valor econmico, utilidad, mercado, inversin, capital, beneficios, produccin, cambio tcnico, crecimiento, consumo, expectativas, probabilidades, son conceptos que se caracterizan, en general, de forma difusa, cuando no se definen o manejan falaciosamente). Aprovecho la ocasin para denunciar asimismo la pseudoexactitud de la mayora de las variables econmicas que se presentan en sociedad. A menudo se da por sobreentendido que se trata de mediciones refinadas y hasta se emperifollan con cifras de 3 y ms digitos aparentemente significativos, cuando en realidad se trata de datos recogidos y cocinados a partir de observaciones poco fiables y sobre la base de medidas e indicadores ms bien imaginativos, cuando no ilusorios.

Algn lector ingenuo puede sospechar que exagero. Seguramente hay una pizca de retrica en este escueto memorial de crticas: cierto que no para todas las quejas citadas se pueden aducir indicios y pruebas resolutivas. Pero al menos insistir en dos casos bien claros y contundentes, aceptados por representantes de todas las escuelas o corrientes de opinin acadmicamente respetables. As, por ejemplo, aunque est demostrado que el concepto de capital agregado (como magnitud objetiva de carcter tcnico) es invlido, contina infestando los manuales de teora econmica y los trabajos de econometria. De manera parecida, muchos profesionales y polticos se refieren al PIB o a la renta nacional de un pas, como si se tratara de conceptos bien perfilados y dando a entender que la cuantificacin de estas magnitudes se lleva a cabo por medio de mediciones rigurosas y fiables. Pues bien, habida cuenta de que no se computa de manera seria la destruccin del patrimonio natural (en especial, la extracccin de carbn, petrleo, uranio, conjuntamente con la irreversibilidad de muchos de los procesos en los que intervienen estas materias primas), resulta que las cifras referentes al crecimiento econmico del siglo XX de cualquier pas estn considerablemente hinchadas (y sin posible remedio, puesto que parece que no existe ni existir ninguna forma impecable de calcular el valor de los recursos energticos destruidos irreversiblemente, mediante su uso y abuso en sectores como los transportes colosales de todo gnero de mercancas, los desplazamientos masivos de turistas por todos los confines del planeta o los consumos desbocados de las industrias petroqumicas y elctricas).

No es ahora el momento de explorar esta situacin ni de insistir sobre estas cuestiones. Solamente, para uso privado de los tecnlogos ms inocentes, recomendar que no se fen de las estadsticas sobre crecimiento o productividad, sobre todo cuando no se expresan de forma desagregada y en trminos fsicos claramente controlables. Ntese que en algunos casos sumar peras y manzanas tiene sentido (por ejemplo, cuando se planea el men semanal de una familia numerosa o para el gerente de una cantina de fbrica, sobre todo si el precio de los dos productos es similar), pero no he sido capaz de imaginar ninguna situacin en la que sea legtimo sumar melones y cerezas, por muy caras que sean las cerezas en un momento dado (Ojo! Para una empresa de transporte puede ser perfectamente razonable sumar quilos de melones y quilos de cerezas, cuando se trata de hacer una factura referida al transporte por va area de ambos productos).

Echemos ahora un vistazo al segundo tema, la tecnologa. Digamos ante todo que para muchos el trmino tecnologa sirve de comodn detrs del que se cobijan un conglomerado variopinto de adelantos cientficos, tcnicos y organizativos, sobre todo si uno quiere sortear ciertas dificultades y complejidades analticas. Hasta cierto punto se trata de una simplificacin vlida, pero tiene costes ocultos: distorsiona y escamotea ciertos rasgos que pueden ser importantes, a veces esenciales. As que vamos a apuntar brevemente algunas observaciones.

Empecemos por unas consideraciones bsicas. En primer lugar tenemos la naturaleza como fuente primigenia de todos los recursos y sumidero de todos los residuos. Sobre esta naturaleza se proyectan las tcnicas artesanales y/o las tecnologas cientficas de cada poca (materializados en utensilios de todas clases y en la transmisin de habilidades y conocimientos, ya sea por aprendizaje familiar, instruccin formal o estudio de los manuales de uso). Ciertamente, detras de las tecnologas actuales hay una enorme acumulacin (y acoplamiento) de resultados obtenidos por variadas ciencias y tcnicas a lo largo de trayectorias dilatadas. No hace falta resaltar que la expansin de esos conocimientos prcticos ha sido enorme y en general acumulativo; por otra parte, no parece aventurado afirmar que en el horizonte inmediato de sucesos plausibles no se adivinan seales de inevitable agotamiento, aunque puedan darse (temporal o localmente) desviaciones, frenazos o incluso retrocesos. Pero los frutos del rbol de la ciencia son demasiado apetecibles para que sean menospreciados por pueblos hartos de pasar hambre o de padecer frustraciones por mor de necesidades insatisfechas (o de apetencias imperiosas).

Pero hay que estar al tanto. Son enormes en estos dominios la variedad y la complejidad de objetos implicados. Por ejemplo, humildes inventos como la fregona con su palo y su cubo adaptado, o la maleta con ruedas, son sensacionales tanto desde el punto de vista del bienestar humano (una notable mejora del confort de muchsima gente) como de los rendimientos econmicos de ambas innovaciones, a pesar de que sea ridculo su contenido cientfico o tecnolgico. Tambin es cierto que frente a la vieja contraposicin tpica entre teora y prctica, la balanza se decanta hoy en da claramente por la teora. Ahora bien, es indiscutible que, cada vez ms, detrs de las tecnologas hay mucho conocimiento cientfico. Con todo y con eso, ms que dar prioridad absoluta a uno de los dos polos o contraponerlos, lo que conviene es promover la cooperacin, la interaccin y hasta el control mutuo en todas las vertientes en las que parezca conveniente u oportuno.

En sntesis, el campo cientfico est colonizado por una red de disciplinas en expansin (con diferentes grados de robustez analtica y de proyeccin prctica), en general bien consolidadas e interconectadas. Cuando se acoplan y armonizan adquieren, en su conjunto, una sensacional potencia capaz de abordar y resolver muchsimos problemas (y tambien con una capacidad destructiva que da pavor). Sin embargo, nunca hay que olvidar que hay lmites y, por consiguiente, que no todo es posible. Por ejemplo, no pueden alcanzarse (a medio plazo) tasas de crecimiento o de beneficio que superen las tasas de reproduccin neta de los seres vivos sobre los que se sustenta directa o indirectamente la vida humana. Tampoco pueden dejarse fuera del escenario los lmites ocasionados por la destruccin desenfrenada de los bienes no reproducibles (sobre todo los energticos), ni por la acumulacin desbocada de residuos y desperdicios.

En resumen, y en fin de cuenta, para entender nuestra realidad y actuar con eficacia con vistas a lograr un mundo ms justo, solidario y perdurable, es preciso mejorar y expandir una ingeniera social, tcnica y econmica que tenga muy en cuenta esas caractersticas, as como los lmites ecolgicos bsicos y las propiedades esenciales de la naturaleza humana.

Y, antes de concluir, quisiera indicar slo indicar un aspecto asociado a todo lo que acabamos de exponer. En concreto deseo curarme en salud subrayando la importancia de las cosmovisiones y los sistemas de valores que cada sociedad sostiene y va revisando a su aire. Y la verdad es que ignoramos muchsimos aspectos de los procesos de constitucin, consolidacin y derrumbe (o enaltecimiento, cuando alguna llega a disfrazarse de concepto cientfico acotado y bien consolidado, o convertida en dogma sostenido por un poder poltico autocrtico) de las creencias e ideologas en boga. Si se me permite la confidencia, anotar que para m es un misterio la vitalidad de ciertas supersticiones y de muchos dislates intelecuales (desde humildes crencias errneas sobre aspectos de la vida cotidiana hasta los sistemas filosficos disparatados, pasando por las imposturas intelectuales de acadmicos oportunistas [Cf. Shermer, 2008; Sokal i Bricmont, 1997]).

A modo de colofn irreverente

No querra concluir sin poner en solfa algunas tesis que podran poner en peligro aquellas buenas intenciones que se proponen a la brava, pero que no suelen ir acompaadas de una buena cosecha de emoticones de carcter materialista vulgar. La excusa es muy simple: una excesiva carga de ingenuidad bonachona puede desembocar en la inoperancia y el ridculo. Me limitar a recoger un par de ancdotas de cosecha propia, pescadas en entornos cercanos y en tiempos recientes. El primer ejemplo se refiere a un libro de texto que se supone que ha pasado la tira de controles previos, por parte de agentes literarios serios y responsables, dotados de sentido comn y de capacidades pedaggicas y didcticas. Pues bien, he aqu el hallazgo, detectado a principios del ao 2017, en el manual escolar de Llengua (editorial Teide, 2014) destinado a alumnos de 5 curso de Primaria. El tema 15 de este libro (el ltimo tema, tal vez para celebrar la apoteosis de la asignatura y remachar el clavo de su importancia social y cultural) est ntegramente dedicado al Horscopo, al conocimiento de estos smbolos y a exponer consideraciones sobre los lmites de las predicciones que en ellos se pretenden cimentar. Sin duda se trata de un asunto tan apasionante como conocer la lista de los reyes godos, escudriar la poltica matrimonial de los Reyes Catlicos o memorizar el nombre de las comarcas de Catalua.

Pero conviene ser ecunimes y mostrar que estos pozos negros se pueden encontrar en muchos sitios: no son exclusivos de una determinada etapa escolar o nivel educativo. Unos aos antes (principios de 2012) ya me haba asombrado e indignado (y protestado por escrito) a causa del aval y apoyo que la Universidad de Barcelona daba por las buenas al Chi Kung y a la Medicina tradicional china, en una comunicacin oficial de su Comissionat per a la Societat i l'Envelliment. Me pareci escandaloso y vergonzoso que mi Universidad cayera en la tentacin de ser neutral ante las pseudociencias y las pseudotcnicas. Estimulado por el dislate, se me ocurri sugerir que quiz se podra analizar en trminos de coste / beneficio si era apropiado organizar algn mster de Prcticas de exorcismo o algn taller sobre Teora y prctica de la lluvia artificial (cotejando, por ejemplo, la eficacia de las rogativas al santo patrn de la comarca frente a la prctica de las danzas rituales precolombinas). Algn optimista podra puntualizar que recientemente las universidades y el gobierno han empezado a tomar medidas para corregir perversiones de esta ndole. Esperemos que continen avanzando por el buen camino y que todos podamos verlo, vivirlo y celebrarlo.

De momento, sin embargo, vale ms ser un tanto desconfiados. Al fin y al cabo, conviene no olvidar que el diario de mayor circulacin en Catalua adoctrina da tras da a los romnticos un peln ingenuos con una atractiva columna de refinados vaticinios astrolgicos. Y con cierta frecuencia ofrece para lectores ms instruidos, o algo ms exigentes, artculos de opinin o entrevistas en las que se explanan tesis y ocurrencias con aroma New Age y/o en buena sintona con las modas postmodernas. A veces los asuntos a los que aludimos pueden ser ms bien concretos y singulares, como las medicinas alternativas, o ms bien de carcter generalista y global, como seran las cosmovisiones (ya se hallen en proceso de construccin, como la cienciologia, o bien en proceso de refundacin a base de materiales de derribo procedentes de arcanas doctrinas orientales prestas a ser recicladas a bajo costo). En todo caso, como indicio probatorio y botn de muestra, sugiero la lectura del artculo Homeopata acosada (La Vanguardia, 30.11.2018, pg. 25, seccin Opinin), en el que la sociloga y escritora Eullia Sol se lamenta de que los poderes pblicos estn montando un implacable combate contra este tipo de medicina, siendo el caso que segn recoge y suscribe la autora una cuarta parte de los espaoles confan en la homeopata, y la utilizan porque han constatado su eficacia.

Verdad es, por lo dems, que no desentonan estas posiciones vanguardistas de las de otros notables diarios celtibricos, como El Pas. As, por ejemplo, en el suplemento Ideas correspondiente al domingo 16 de diciembre de 2018, en un artculo titulado El aislado ttere de Puigdemont (Seccin: Sptimo da; Apartado: La cara de la noticia), se pueden leer esas inspiradas reflexiones sobre datos arcanos y de relevante trascendencia tanto para proceder al examen de ingenios como para el avance de la psicologa cientfica:

Impresionan las coincidencias entre Torra y Puigdemont, hasta el extremo de que nacieron el mismo ao (1962) y casi el mismo da. Torra el 28 de diciembre, y Puigdemont, el 29. Ambos son Capricornio. Y responden al estereotipo zodiacal: determinantes, pacientes, leales, pero tambin autocrticos, suspicaces y vanidosos (pg. 12).

Barcelona, diciembre de 2018

Referencias bibliogrficas

Bunge, Mario (2009): Filosofa poltica. Solidaridad, cooperacin y Democracia Integral. Barcelona, Gedisa.

Bunge, Mario (2010): Matter and Mind. A Philosophical Inquiry. Springer (Boston Studies in the Philosophy of Science, vol 287).

Bunge, Mario (2010): Las pseudociencias vaya timo! Pamplona, Laetoli.

Sauvy, Alfred (1986): La mquina y el paro. Empleo y progreso tcnico. Madrid, Espasa Calpe.

Shermer, Michael (2008): Por qu creemos en cosas raras. Pseudociencia, supersticin y otras confusiones de nuestro tiempo. Barcelona, Alba.

Sokal, Alan & Bricmont, Jean (1997): Impostures intellectuelles. Paris, Odile Jacob.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-183/ensayo/tecnologia-economia-y-sociedad



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