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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-10-2019

Historia de cimarrrones por Juan Garca
Ayudar al pueblo negro de Esmeraldas a recuperar su propia historia

Juan Montao
Rebelin

"Cimarronaje en el Pacfico sur: historia y tradicin. El caso de Esmeraldas, Ecuador", de Juan Garca, es el producto, no final an, de la historia como construccin comunitaria, con sus liderazgos inevitables, narrada desde la existencia al filo de la muerte, desde la persistencia humana y desde la resistencia anticolonialista y antiesclavista.


Unas lneas del aprendizaje sobre el cimarronaje

 El maestro Juan Garca Salazar sola preferir los detalles de la Historia, de la nuestra; debemos considerarla mayor, por eso mismo con H. No por capricho cimarrn o por veleidad intelectual, por algo tan simple como esto: nuestra historia es la Historia. La fragmentacin de la palabra es artificio para inutilizar el continente de lo pensado y con real posibilidad de ser activado. Y quienes empequeecen su historia se devuelven exactamente a ese tamao. Es como una operacin matemtica de factores nulos que consagra, en el tiempo, un deplorable producto final. Las vidas que nos hacen falta [1] estn en los fragmentos, pequeitos o grandes, de la memoria colectiva y de la documentacin repartida por diferentes pases. Cimarronaje en el Pacfico sur: historia y tradicin. El caso de Esmeraldas, Ecuador, es el producto, no final an, de la historia como construccin comunitaria, con sus liderazgos inevitables, pero narrada desde la existencia al filo de la muerte, de la no-humanidad; desde la persistencia humana ms all de la negacin cientfica a sus diferentes continuidades en la temporalidad; y por fin desde la resistencia anticolonialista, antiesclavista, y ya en esta temporalidad contrariar la colonialidad de saberes. Y tambin de los seres con saberes. Otra vez nuestra alta Historia, escrita y contada por el Bambero mayor de la palabra liberada. O el Cimarrn mayor. Cualquiera de los dos apelativos lo retratan muy bien.

La razn principal de este documento est en la necesidad de encontrar una forma que ayude al pueblo negro de Esmeraldas en la recuperacin de su propia historia quebrando el olvido histrico centenario que lo ha segregado de la historia nacional ecuatoriana, dice el maestro J. Garca, en la justificacin de este libro. La Historia de los leones, contada desde sus cotidianidades de dificultades, por ellos mismos sin menoscabo de sus metforas para redondear verdades. Otra vez por el caminar y andar de mujeres y hombres cimarrones atravesando tramos picos para que no faltaran metas triunfales. Y despus el volver a empezar desde ese alcance a otros designios. Ya sabemos que si la sociedad dominadora, en plan dominante, se aduea de nuestra mainstream o de nuestra tawala [2] seremos su dibujo cultural y social. O su caricatura.

La Regin de las Esmeraldas no fue el estreno de los cimarrones, mujeres y hombres, Panam debi ser la academia de resistencia antiesclavista. El obligado paso por el istmo panameo debi prestarles cuotas de optimismo a miles de esclavizados, las rebeliones eran constantes y un nombre iba de boca en boca: Bayamo. No era el nico, pero lideraba el mayor contingente de cimarrones.

Frente a las costas esmeraldeas ocurri una importante cantidad de naufragios, causados por impericias y desconocimiento de las condiciones de navegacin, esos eventos devolvieron la libertad a decenas de africanos en estos territorios. Tambin debieron incrementarse por las fugas de otros lugares eligiendo, por las razones que fueran, parecido destino. Desde Panam hasta la regin de las Esmeraldas debieron conformarse decenas de palenkes, en una sutil repblica de palenkes.

Aquello que unos (los opresores) vieron como dificultades en las tareas colonizadoras y colonialistas a superar; otros (el principio organizativo cimarrn) observaron como una inesperada mabel ya bankoko na biso [3] o sea la oportunidad de liberarse. Eran los manglares costeros con sus enredadas estructuras vegetales de proteccin y convivencia biolgicas.

El maestro J. Garca narra: Al explorar las tierras los espaoles debieron darse cuenta muy pronto que en estas costas de inmensos manglares y de pantanosas desembocaduras, sus aderezos resultaban una carga intil, porque aqu las lluvias eran tan frecuentes que la ropa se les podra y se les caan a pedazos los sombrero y botones. Todo aqu era desencuentro. La libertad individual y comunitaria es una eterna tentacin y en los procesos civilizatorios de las naciones africanas est implcito en sus pensamientos, narraciones y actos. En el traslado forzado de decenas de millones de personas esclavizadas a las sobre-nombradas Amricas, ellas tena dos oposiciones perentorias: vida o muerte. El algo incuestionable de ambas decisiones era (y es) la libertad. Al costear los territorios noroccidentales del ocano Pacfico , nos pone frente a la interesante posibilidad de que algunos de los negros que se quedaron en las costas de Esmeraldas, por causa de los naufragios, provinieran de los palenques que se destruan en la regin de Panam [4] . Est colocada como hiptesis, por el maestro J. Garca, por las circunstancias histricas debe ser ms bien una certeza. Las conexiones estn ah: el temor de los colonizadores de una rebelin desde el territorio de la regin de las Esmeraldas hasta Panam. Puesta a circular de boca en boca y llegada a los odos de las autoridades colonialistas espaolas, no se la tomaron como bravuconada. Las derrotas de las expediciones de exterminio y castigo eran lecciones trgicas aprendidas.

Cuando ocurre el desembarco liberador de las seis mujeres y los diecisiete hombres, africanos todos, adems de Alonso de Illescas, en Portete (actual provincia de Esmeraldas), ya se tenan noticias de los resultados de La controversia sobre los derechos en las Leyes de Indias: el debate entre Las Casas y Seplveda (1549-1551) [5] , en el Colegio de San Gregorio de Valladolid, sobre la humanidad de los naturales de las Indias Occidentales, con el resultado favorable a fray Bartolom de Las Casas, al menos en intencin. El territorio cambi de ser refugio a geocimarronismo. De geografa para el escondite a espacio emancipador de cuerpos y nimas. El maestro J. Garca explica as: Cuando analizamos de cerca las circunstancias de este caso nos damos cuenta que en muchas formas contradeca las ordenanzas de la poca no solo en lo que tiene que ver con el cimarronaje sino que bajo esa relacin que los negros tenan sobre los grupos indgenas encontramos tambin una relacin de alianza donde cada uno de los grupos puso lo mejor que tena en una lucha contra el enemigo comn.

La consolidacin del cimarronaje en el pacfico sur no fue un episodio casual, jams sera aquello, hay que valorarlo como el encuentro anticolonialista ms efectivo para sostener la existencia de africanos e indgenas.

Notas:

[1] Verso de Antonio Preciado: Un hueso de cada muerto, el largo de tu pisada, y aqu yo te resucito las vidas que te hacen falta. Del poema Matbara del hombre bueno, del libro Tal como somos.

[2] Tanto en ingls como en swahili (o suajili) significa corriente principal. Para nuestro caso cambiamos las ubicaciones y revalidamos el trmino a nuestro favor.

[3] La tierra de nuestros ancestros, literalmente en lingala. Tomado del Diccionario lingala-espaol, espaol-lingala, de Jean Kapenda, UNESCO, Quito, Ecuador, editorial de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamn Carrin, 2001.

[4] Juan Garca Salazar.

[5] Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, N 5, enero 2005, pp-68-103, autor Hctor Grenni.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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