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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-10-2019

Teora de odio
Nada es lo que parece?

Fernando Buen Abad Domnguez
Rebelin/Instituto de Cultura y Comunicacin UNLa


En el odio de la clase opresora se coagulan -y sinceran- todas las patologas del capitalismo. Es uno de sus espejos ms ntidos. Su trasparencia. Es odio refinado, que se ha sofisticado, instrumentalizado y maquillado (minuciosamente) hasta parecer, incluso, amor al prjimo o filantropa para anestesiar, con palabrero moralista, instituciones y jurisprudencias, las insurrecciones populares. Mientras los odiadores ponen cara de buenos.

Odio pasteurizado para reconfigurar el escenario general de la vida sobre un tablero maoso donde: el debate capital-trabajo ocurra como cosa fuera del control de las empresas; el papel de los trabajadores parezca independiente de la realidad capitalista; y, adems, el trabajo parezca una actividad individual e independiente al margen de las leyes econmicas del capitalismo. Emboscadas para ocultar el odio a los trabajadores; para no pagarles el seguro social ni derecho laboral alguno. Para minimizar costos y dar por muerto el pago de horas extras, viticos y otras remuneraciones consideradas como derechos adquiridos. Odio disfrazado de modernidad administrativa. Nada es lo que parece. Odio inoculado como cultura del burocratismo.

En el relato de las burguesas el odio reviste galanuras de poca muy cmodas para la apropiacin del producto del trabajo. Con el beneplcito de algunos expertos en teoras semiticas, y de sus jefes, surge una corriente desenfrenada cargada con nuevas clasificaciones para el odio, donde reina -sin tapujos- la idea de que es condicin de los seres humanos odiarse a s mismos con odio funcional y contra su propia clase en las apps, los telfonos mviles gerencialmente y por cuenta propia Determinismo del odio que no tiene horarios. No permitas que los noticieros burgueses te convenzan de odiar a tu propio pueblo. No te tragues el odio oligarca como si fuese tuyo.

Es odio con determinacin de clase expresado como pasin que cancela razones. Rompe los nexos humanos solidarios y fija cdigos de alianza sectaria. En algunos casos se convierte en placer inconfeso. As se desliza en la vida cotidiana y embriaga o cuanta forma expresiva le est cerca, objetiva y subjetivamente. Se ha vuelto parte del paisaje y transita los diarios, los noticieros, los cancioneros, las pelculas, las historias de amor, las relaciones familiares y, desde luego, las relaciones jurdicas y las de produccin. Donde menos lo imaginas habita, todo o en partes, el odio de clase convertido en moral de poca.

Sobrevivimos en un escenario planetario infestado por odios de todos los gneros. Es una Cultura, Poltica y Comunicacin del odio y para el odio a diario, el odio condensado y odio compartido, hilvanado, cambiante, tenso, entre la vigilia y los sueos; odio que sirve para conjugar la prctica de mil conductas envenenadas por sus entrecruzamientos. Odio de clase, de raza, de g nero, sexual, poltico, ontolgico el odio que nos inunda con sus umbrales y nos distancia de los otros entre convulsiones antidemocrticas, conservadoras y de castigo que aparecen en todas partes y a toda hora en forma de violencia, rabia, impotencia, desesperacin y autoritarismo de derechas.

Es cierto que el odio es viejo compaero de los seres humanos. Su vigencia sigue siendo avasallante y empeora en las condiciones histricas de conquista, coloniajes, guerras o revoluciones. Se recrudece en las relaciones de dominacin y explotacin o en los intentos que los pueblos hacen por emanciparse, pero no por eso hemos de aceptar fatdicamente que somos animales odiadores por naturaleza, aunque debamos responder con toda claridad hasta dnde se ha infiltrado el odio en nuestras vidas y si nos ha convertido en sus esclavos bobos en plena modernidad marcada por Auschwitz, Hiroshima y Gulag.

El odio cancela la igualdad, la libertad, la tolerancia, el respeto a la dignidad y a la autonoma del otro. Es impensable una sociedad igualitaria y digna mientras haya gente produciendo odio y vendindolo como uno de los ms grandes negocios de la Historia. Y es que el odio subsiste tanto en los medios como en los fines del capitalismo agazapado en sus formas originarias de racismo, integrismo religioso, t nico o nacionalista en espera de su maquillaje (a veces televisivo o cinematogrfico) para intoxicar las relaciones sociales. De un modo u otro, cerca o lejos est entre nosotros (a veces dentro) el odio de clase. Incluso el odio entre hermanos, compaeros y camaradas. Es imprescindible entender su naturaleza, sus races, causas y efectos combatir un tema de tal complejidad en sus ms diversas facetas y su impacto en las visiones y conductas deformadas por las ideologas del odio (racistas, sexistas, integristas que la fomentan) y, derrotarlo en y con todo lo que tengamos a mano, incluyendo la literatura, las artes, el cine y los mass media.

Otra cosa es el recurso del concepto odio para enfatizar las posiciones de lucha contra-hegemnica y por la emancipacin definitiva de nuestros pueblos y, entonces, el odio adquiere una dimensin semntica de combate no contra las personas sino contra los sistemas de dominacin , exclusin, aniquilamiento y envilecimiento de la humanidad. Por eso insisti Antonio Gramsci en su odio a los indiferentes. Por eso lo convirti en una declaracin de principios, de fines y de posiciones.

Hay que llamar a todos los frentes dignos, y en pie de lucha, a frenar la propagacin del discurso del odio contra migrantes y contra todos los grupos llamados minoritarios. Contra el odio a los lderes sociales, a los movimientos emancipadores a los mandatarios de las naciones progresistas. Contra el odio desatado y cultivado en las redes sociales. Frenar el odio generalizado para amenazar a la voluntad democrtica de los pueblos. Contra el odio para sofocar el disenso legtimo, la libre expresin popular, el derecho a vivir sin violencia y, adems, exigir que cesen las operaciones con mecanismos trolls, bots (o como quieran llamarlos) por donde transita el odio de clase y la violencia burguesa disfrazada de libertad de expresin.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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