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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-10-2019

No es lo mismo romper huevos que hacer tortilla

Rodolfo Bueno
Rebelin


Eso le est pasando al gobierno actual, no sabe qu hacer con los huevos que rompi por obedecer al Fondo Monetario Internacional, FMI. Dicen los sabios en economa y, aparentemente, demuestran que los subsidios son malos por definicin. De ser as no deberan existir, pero existen, por qu? Porque son necesarios; si no, los pobres con talento no podran estudiar ni tendran acceso a la salud cuando se enferman ni gozaran de los dems beneficios sociales.

En Ecuador el subsidio a los combustibles es tan viejo que pocos recuerdan cundo apareci, pero ni siquiera los neoliberales, que siempre lo criticaron, se atrevieron a quitarlo cuando fueron gobierno. Saban cmo iba a reaccionar el pueblo. El presidente actual, que nunca hubiera sido electo si en sus discursos programticos hubiera propuesto lo que hace ahora, ya que en ese caso ni sus familiares ms cercanos hubieran votado por l, toma medidas que, adems de impopulares, complican ms an la situacin social que viven los ecuatorianos. Es que el alza del precio de los combustibles genera un efecto inflacionario de siniestra secuela, el incremento impredecible de los precios de todos los productos de primera necesidad, impacto que los pobres conocen por llevarlo impregnado en su memoria atvica.

Los economistas neoliberales, que aconsejan a todo gobierno eliminar los subsidios, no conocen la pobreza que generan y hablan de ella por hablar, no saben y no quieren saber que la genuina miseria es un crculo vicioso imposible de romper. Si un mago de las finanzas como el primer Rockefeller, que, segn dicen, hizo la fortuna con el sudor de la frente y la sangre de sus obreros, hubiera tenido la desdicha de llegar al mundo entre los intocables de Calcuta, habra muerto tan en la miseria como naci. El verdadero menesteroso es vctima de la incomprensin social de un medio que le achaca toda la culpa de sus desdichas y se encuentra encadenado a la penuria, la ignorancia y la tirana del tiempo; se saca el aire desde el amanecer hasta el anochecer sin devengar siquiera para un pedazo de destio que por lo menos lo ilusione con el olor de la miel, siempre siente hambre y cansancio y lleva la vida a cuestas, cual pesado fardo, sin haber gozado nunca de una sola alegra. Toda una eterna pesadilla.

En general, en Ecuador, y en todo el mundo, el obrero gana poco y labora mucho, mucho ms de las ocho horas diarias que conquist el 1 de Mayo de 1886 en Chicago, en ocasiones, desde las primeras horas de la maana hasta el anochecer; parte del salario que les descuentan es birlado por los patrones sin escrpulos con el pretexto de otorgarles beneficios ficticios, no tienen jubilacin, ni montepo, ni ningn tipo de ahorro o amparo que le permita cubrir cualquier emergencia; si en su quehacer sufren algn accidente, la culpa es suya, sin que importe la gravedad del caso; tampoco tienen tiempo libre para averiguar de sus derechos, por no pertenecer a ningn sindicato. De eso debera ocuparse el gobierno y no de obedecer ciegamente las rdenes del FMI.

En estas circunstancias, el gobierno de Ecuador decreta el estado de excepcin nacional, medida que slo puede empeorar la situacin de pobreza que vive el ciudadano medio. Acaso espera que la gente comprenda sus razones a palos? Enfrentar a la fuerza pblica con la poblacin no le va a dar resultado alguno, pues la Polica Nacional y las Fuerzas Armadas son tambin parte del mismo pas y en ocasiones anteriores han arrojado del poder a presidentes persuadidos de que el pueblo pretende desestabilizar a sus gobiernos, democrtica y legalmente constituidos. Y eso no es as, el pueblo reacciona porque defiende el derecho a existir con dignidad. Lo legal y lo justo, la ley y el orden, la paz social y el gobernante, no siempre coinciden, como es el caso actual.

Pedirle al gobierno nacional que aprenda a hacer tortillas con los huevos que ha roto es intil, como es intil pedirle que tenga piedad al contemplar el rostro famlico del pueblo ecuatoriano, cuyos actos vandlicos se explican por el hambre de justicia, que se ha convertido en la brjula espiritual de las grandes mayoras. Pedirle que se compadezca del pueblo y derogue las medidas es tambin intil, porque no se trata de un estadista capaz de comprender que las medidas dictadas hunden al Ecuador en la vorgine de lo desconocido y que no tienen nada que ver con los miles de informes que sobre el pas se escriben para ocultar su dura realidad.

Mientras tanto, el rugido de la multitud no va a cesar mientras el gobierno no escuche al pueblo, cuya voz autorizada es la de cualquier manifestante que expresa pblicamente su descontento. l no es ni ledo ni tan instruido como los miembros del gabinete presidencial, pero tiene una filosofa y un pragmatismo contra los cuales es difcil discutir: No puedo hacer otra cosa, pues tengo hambre!

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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