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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-10-2019

El desamor sino-estadounidense

Xulio Ros
Observatorio de la Poltica China


Cuando Deng Xiaoping viaj a EEUU apenas un mes despus de que el PCCh adoptara la poltica de reforma y apertura, a finales de 1978, su conclusin fue inequvoca a la hora de reivindicar el aprendizaje de los pases desarrollados: no le interesaba en absoluto su sistema poltico pero s su modelo de crecimiento econmico. Los dos pases eran entonces como recin casados. Deng fue el primer lder chino en visitar EEUU muy poco despus de establecer relaciones diplomticas en enero de 1979. Aquellos nueve das de gira lograron dejar atrs varias dcadas de una relacin bastante hostil.

El PCCh traz entonces una hoja de ruta en grueso con el denominador comn de abrazar el mundo exterior, sobre todo el mundo liberal. Frente a su anterior estigmatizacin como un tigre de papel, se abran paso la admiracin y la simpata, percepciones muy por encima de los inevitables y ocasionales tropiezos. Aun as, bueno es reconocer que nunca se desdijo de su ideologa de origen ni ocult su identidad poltica considerndose esta visible contradiccin en Occidente una solucin de conveniencia de la que se desprendera cuando las circunstancias fueran otras.

El desarrollo de las relaciones sino-estadounidenses bajo la presidencia de Donald Trump ha destruido por completo aquella atmsfera. El pingpong, que en su da permiti anticipar una nueva era, se evapor como smbolo de la diplomacia olmpica. En su lugar, nos hallamos ante un discurso despechado que amenaza con la deconstruccin de lo avanzado en las pasadas dcadas. La Casa Blanca acusa a China de haberse aprovechado vilmente de su bonhoma siendo la responsable de gran parte de sus problemas econmicos. Sin desdear unos argumentos por naturaleza controvertidos, pasa por alto, entre otros, que durante aos las grandes empresas estadounidenses han logrado y logran- pinges beneficios en el gigante oriental.

El entendimiento entre los dos pases atraviesa su peor momento desde 1979. Y lo que es peor, todo indica que podemos hallarnos en la frontera de un cambio de naturaleza en la relacin que agravar la rivalidad entre ambos. La invectiva del vicepresidente Mike Pence en el Instituto Hudson en octubre pasado no deja lugar a dudas sobre ello: no se trata solo de las tensiones comerciales y tecnolgicas bilaterales sino de una rivalidad sistmica profunda que afectar cada vez ms a lo ideolgico, estratgico e incluso a lo militar.

La estigmatizacin de algunas iniciativas chinas est sirviendo de argumento para obligar a terceros a tomar partido, aconsejando, en ocasiones con arrogancia, sobre los peligros de un acercamiento demasiado estrecho a Beijing. Este discurso se propaga por los cinco continentes, aunque por el momento con escaso eco. El atractivo comercial de las propuestas chinas y la prdida de credibilidad de Washington condicionan la inhibicin. A fin de cuentas, para muchos, se trata de elegir entre el clasicismo poltico de Xi Jinping y los modos intempestivos de Trump. Y Xi va ganando socios mientras Trump se empecina en perderlos.

Por otra parte, tras la quiebra del tratado sobre las armas nucleares intermedias, la competicin se ha extendido al plano de la defensa. Con el argumento de que China practica una estrategia de agresin militar y economa predatoria, el nuevo secretario Mark Esper ya adelant la intencin de fortalecer la presencia militar estadounidense en Asia-Pacfico, incluyendo el despliegue de misiles en Corea del Sur o Japn, lo que supondra una amenaza directa a las puertas de China. La carrera de armamentos est servida.

En suma, en EEUU parece haberse llegado al convencimiento de que la preservacin de su hegemona global exige poner fecha de vencimiento a la Repblica Popular China adoptando un enfoque de total confrontacin. Algunas voces internas siguen abogando por el compromiso pero gozan de mayor influencia quienes defienden que China, antes un valioso socio geoestratgico, hoy no pasa de ser un rgimen comunista resentido y opresivo y que sus dimensiones econmicas, diplomticas y militares representan una amenaza en toda regla. Estos reclaman que Trump sea una especie de nuevo Reagan aunque ni mucho menos dispone de la capacidad de este para aquilatar lazos con sus aliados. Con su proceder, Trump est en gran medida aislado en su visin de una China que ambiciona destruir la arquitectura de la economa y el orden global. No todos lo creen as.

En China, esta perspectiva quiebra la ilusin de EEUU como modelo a imitar, siquiera parcialmente. Y los sectores menos proclives al acuerdo, especialmente asentados en los mbitos ligados a la ideologa o la investigacin poltica, tambin se movilizan para contrariar cualquier posibilidad efectiva de lograr un compromiso.

En esta espiral negativa, las posibilidades de evitar una ruptura dependen de la capacidad de ambas partes para contener sus diferencias. La tendencia que apunta a reducir considerablemente las interacciones econmicas para mantener la hegemona poltica y militar alienta a gran velocidad el advenimiento de una nueva guerra fra. Por el contrario, convendra reconocer y seguir animando la participacin china en el orden global y trazar una poltica para implicar a las elites chinas en el desempeo de un rol constructivo.

Xulio Ros es director del Observatorio de la Poltica China

Fuente: http://politica-china.org/areas/politica-exterior/el-desamor-sino-estadounidense

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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