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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-10-2019

Memoria
Miguel Enrquez: El MIR no se asila!

Carlos Torres
Dario Radio U de Chile


45 aos han transcurrido de la cada en combate de Miguel Enrquez quienes lo perseguan y finalmente asesinaron no podan imaginar que, mientras ellos yacen consumidos de olvido y estigma, el Secretario General del MIR sigue siendo recordado como un ejemplo que dedic su vida y la entreg por los oprimido de nuestro pas. Esas particularidades se encuentran en muchos hombres y mujeres de Amrica Latina, Miguel no fue una excepcin ni es un caso aislado, su compromiso no representaba la bsqueda innecesaria del martirio ni la gloria efmera si no que representaba la sntesis de un proceso social que lo llev a enfrentar las contradicciones de un periodo trgico de la historia de Chile.
Los seres humanos nos moveremos en la vida a causa de muchas motivaciones e interpelaciones, si observamos retrospectivamente los hechos polticos de heterognea talente podemos concluir siempre hubo quienes pusieron su vida a disposicin de causas emancipadoras. En el territorio invadido por los espaoles que hoy habitamos bajo el nombre Chile, el pueblo Mapuche hizo sacrificios inmolatorios para defenderse y resistir por cientos de aos a ms de un imperio que brutalmente busc apropiarse del Wallmapu. Podemos revisar la larga secuela de mrtires, hombres y mujeres de trabajadores que dispusieron sus vidas en la lucha por sus derechos.

Qu interpel al Secretario General del MIR a la rebelda y a comprometerse sin vacilacin, sin aprobacin y sin ambivalencias en la lucha contra el capitalismo y su expresin ms brutal, la dictadura cvico-militar que devasto a Chile en la dcada del 70 y 80? Por qu se impuls la poltica de No al asilo? Por qu Miguel y cientos de militantes del MIR, hombres y mujeres, comprometen toda la trascendencia de la vida para derrocar al rgimen cvico encabezado por Pinochet?

En los fatales das del golpe de Estado, Salvador Allende y Vctor Jara tributaron con sus vidas la lealtad del pueblo como sentenci en ms de una ocasin el Presidente Allende. Las consecuencias de la mano criminal que se precipito sobre el pueblo de Chile se extendieron a muchos hombres y mujeres en todo el pas. Roberto Guzmn Santa Cruz en la Serena, Jos Gregorio Liendo, Fernando Krauss en el complejo maderero de Panguipulli, junto a un gran nmero de militantes del MIR y del MCR. En Santiago caera abatido protegiendo la retirada de miembros de la Direccin, Eduardo Ojeda, Len, en Indumet.

En esos das el MIR no se dispona enterrar su vida ni a quemar libros ni documentos, haba que salvar todo lo que fuese posible, documentos, armas y la vida de hombres y mujeres que militaban en el MIR, haba que salvar la vida. Miguel fue, quizs en ese contexto, el ms elocuente al respecto; fraterno, solidario, y dispuesto a jugarse la vida por la revolucin, ello inclua a sus compaeros y compaeras. No obstante, como recuerda Carmen Castillo, Cada accin de nuestros das, el menor gesto en ese lugar, realizado como si fuera el ltimo. Ni una componenda, ninguna ligereza, ninguna flaqueza que hubiera que reparar al da siguiente. No tenamos tiempo para eso. La belleza de la vida.
El ejemplo que irradiaban los cados durante el golpe de Estado y los que enfrentaron con dignidad la furia golpista nos cubra de un manto tico y moral que no podamos eludir, menos an quienes llamaban a pueblo a la revolucin y a resistir con las armas en la mano.

Para la Direccin del MIR, escapar a las embajadas como lo hicieron los cobardes de Patria y Libertad durante el tanquetazo en junio de 1973, no era una opcin. As lo expresa el llamado de la Comisin Poltica encabezada por Miguel. La poltica de no al asilo no fue una consigna ni un slogan, era lo que haba que hacer desafiados por una coyuntura crucial en la que Miguel y el MIR convocaba unos meses antes en el Teatro Caupolicn, a la clase trabajadora a marchar hacia adelante Con todas las fuerzas de la historia. Retrotraer la historia es un ejercicio ficticio que puede llevar a abandonar la idea misma de la lucha revolucionaria si llegamos a la conclusin de renegar de nuestras responsabilidades como entes polticos comprometidos con las luchas del pueblo. Ello no implica esquivar la evaluacin crtica del desempeo del MIR y especialmente su direccin en la derrota de septiembre de 1973 y la divisin de fines de los aos 80, pero debe mediar un anlisis serio y colectivo al respecto tal como lo esboz la Direccin de ese partido en enero de 1984 [1].

La Direccin tomo la decisin de mantenerse en Chile y pasar al conjunto del partido a la clandestinidad. El rechazo al exilio se levant como una poltica de principios. Esta poltica del MIR tuvo gran importancia por la fuerza moral que signific en un momento de desbande de la izquierda el que los revolucionarios se propusieran aferrarse a su pueblo y luchar junto a l. Tambin apuntaba a la necesidad de un repliegue ordenado. Sin embargo cometimos el error de extremar esta poltica y levantar a la calidad de principio una medida de manejo tctico. Con el tiempo aparece como ms correcto el haber implementado una tctica ms selectiva: haber replegado a la retaguardia exterior una parte de la Direccin, y haber mantenido otra parte en Chile; haber replegado una parte de los cuadros y militantes perseguidos, manteniendo a aquellos que podan vivir legalmente en el pas y un ncleo de cuadros ilegales de modo de no sobrecargar el Partido con cuadros perseguidos.

Nos distancibamos de ese modo del asilo contra la opresin, evidentemente la clase obrera y el pueblo y los pobres del campo y la ciudad no podan correr a las embajadas para evadir la persecucin, pudo el MIR hacer algo diferente enfrentado a esa candente coyuntura?
Miguel estara seguramente hoy inmerso en las luchas del presente; y lo est, bregando por la ruptura con el modelo neoliberal y sus secuelas en materia educacional, laboral, pensiones, salud, vivienda, ambiental, contra la impunidad y reivindicando la dignidad y territorialidad del pueblo mapuche y los derechos de la mujer, rescatando el rol del Estado y la democratizacin de las fuerzas armadas y la asamblea constituyente.
En todas esas luchas reencontramos nuevamente a Miguel; tenaz, leal, consecuente, astuto y lcido. Sin embargo Miguel trasciende al MIR y es hoy parte del patrimonio poltico de la rebelda de nuevas generaciones que irrumpe para romper con el pasado de derrotas y el sistema poltico que nos domina.

Para impulsar los cambios del presente y del futuro es necesaria la misma audacia, coraje poltico, creatividad cultural y visin estratgica que tuvo Miguel y la generacin de hombres y mujeres que fund al MIR. Dicho de otro modo estamos forzados a que la revolucin a la cual postulamos la debemos empezar por revolucionarnos nosotros mismo primero, parafraseando un concepto esgrimido por la historia.
Y quizs recoger el emplazamiento contemporneo que nos interpela la juventud cubana en palabras de Rosario Alfonso Parodi [2].
Nosotros, los cubanos, que no podemos asistir, ni lo haremos, al fracaso de la izquierda, del socialismo o de la revolucin, le decimos a Miguel Enrquez, que su turno es verdaderamente hoy; que sus ideas y su proyecto contra el imperialismo y todas sus representaciones materiales y mentales, contra el dogmatismo y todas sus representaciones materiales y mentales, tienen la fortaleza y el vigor de la vida, tienen la vivencia ntima del hombre que lucha por la libertad del hombre.Por eso, Miguel Enrquez, ahora que es nuestro turno tambin, acompanos.
El autor es Doctor (C) en Ciencia Poltica de la Universidad de Buenos Aires.
[1] Pleno Extraordinario del Comit Central enero 1984. Movimiento de Izquierda Revolucionaria. MIR-Chile. Pgina 8.
[2] Compiladora de Ahora es tu Turno Miguel. Un homenaje cubano a Miguel Enrquez. Pgina 9


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