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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-10-2019

Cinco razones por las que la crtica al consumo no es suficiente

Sergen Canoglu y Nicole Mller Gonzlez
Viento Sur


"[El Primer Ministro sueco] Miente! (...) Dice que nosotros los humanos somos los que nos metimos en esto, pero eso no es cierto (...) Slo lo dice para que podamos seguir como siempre, porque si todo el mundo tiene la culpa, no es culpa de nadie. Pero alguien tiene la culpa, as que lo que dice no es cierto. Slo hay unas cuantas empresas que producen el total de emisiones de CO2. Y hay unos cuantos hombres, extremadamente ricos, que han ganado miles de millones destruyendo todo el planeta, a pesar de que saban los riesgos. As que el Primer Ministro miente como todos (...) No todos han causado [la crisis], sino slo unos pocos, y para salvar el planeta debemos luchar contra ellos y contra sus empresas y su dinero y hacerlos responsables".

Fuente: Extractos del libro: Greta y Svante Thunberg, Beata y Malena Ernmann "Escenas desde el corazn. Nuestra vida por el clima", FAS, 28.4.2019.


Cuntas veces hemos escuchado que nuestro consumo, el crecimiento de la poblacin, nuestra falta de conciencia medioambiental o la naturaleza egosta de los seres humanos son las razones de la crisis climtica? Segn nuestro consumo actual necesitaramos 1,7 planetas para mantener nuestro flujo de recursos y para aliviar la carga sobre el planeta tendramos que reducir nuestra huella de carbono, por ejemplo, comiendo vegano, viajando menos, apagando los interruptores de la luz, etc. Este enfoque, sobre un consumo crtico o tico, se ha convertido en los ltimos aos en una de las principales formas de abordar la crisis ambiental. Algunos crticos al consumo incluso creen que nuestro consumo excesivo es el culpable de nuestro estrs mental y que podramos eventualmente ser ms felices con menos riqueza[1]. Para ellos, nuestra voluntad individual es el ingrediente perfecto para acabar con la crisis. Un consumo tico podra liberarnos no slo de la miseria mental viviendo una vida ms sencilla, sino que tambin de la catstrofe ecolgica. En los siguientes puntos nos gustara explicar por qu creemos que este razonamiento no es suficiente para luchar por la justicia climtica.

1) El problema no somos t ni yo, es la produccin

A menudo nos encontramos con el argumento de que el consumo tico podra mejorar la produccin y sus efectos, como lo son las emisiones. Bajo esta lgica, los productos slo existen porque la gente los compra y la produccin es, por lo tanto, impulsada por nuestros deseos. El asunto es que si realmente queremos llegar a la raz de la crisis climtica, tenemos que mirar ms all del consumo y atrevernos a preguntar sobre la produccin. Esto significa no slo quin es el dueo de las fbricas y empresas, sino que tambin qu se produce, cmo y por qu.

Podemos asegurar que la crisis ambiental se inici dentro del orden econmico capitalista, en ningn otro momento histrico. La introduccin de la mquina de vapor con el uso de combustibles fsiles hace aproximadamente 200 aos dio al capitalismo una base slida para reproducirse e hizo que el sistema dependiera totalmente de estas fuentes de energa[2]. El capitalismo funciona de tal manera que la produccin en nuestra sociedad debe ser expansiva y competitiva. La nica razn para producir en el capitalismo es el lucro para acumular capital, para crecer y para imponerse ante la competencia. Esto significa para el medio ambiente que debe existir una capacidad infinita de recursos y energa en el proceso de produccin para permitir la expansin necesaria para el capitalismo. Debido a sus propiedades los combustibles fsiles son la fuente de energa que permiten esa expansin ilimitada. As es como surgen las crisis medioambientales. En realidad es bastante simple: el crecimiento (o la acumulacin) ilimitado en un mundo limitado es imposible.

Como se puede ver en el grfico adjunto, las emisiones de CO2 slo disminuyen durante crisis sistmicas, como la crisis del petrleo de 1973 y 1979/80 o la crisis bancaria de 2008/9. Esto significa que las emisiones disminuyen en momentos en que nuestra economa se estanca y no crece. Por lo tanto la relacin entre el crecimiento econmico, la produccin y los gases de efecto invernadero es innegable. De esta manera el problema es la forma en que se organiza la produccin en nuestra sociedad y su necesaria compulsin por el crecimiento (Marx lo define como la "acumulacin de capital"). Crecimiento aquel que no conoce lmites ni humanos ni ecolgicos.

El impacto de este modo de produccin puede verse en la arbitrariedad y gran cantidad de productos y servicios que existen, que por su vez causan altas emisiones innecesarias. Por ejemplo, el inmenso desperdicio en la industria alimenticia, en la cual se desecha entre el 30 y el 50% de los productos antes de que lleguen a nuestras mesas[3]. En el sistema capitalista, la produccin no est determinada principalmente por la oferta y la demanda, sino por la maximizacin del lucro, es decir, por la maximizacin de la produccin y, por ende, del consumo. Bajo estas circunstancias cualquier intencin racional para controlar las cantidades producidas es, por lo tanto, anulada.

Adems, muchas de las emisiones se desperdician en industrias cualitativamente innecesarias con fines exclusivamente lucrativos. Por ejemplo la industria publicitaria, cuya nica razn de existencia es aumentar el lucro de otras industrias,tan slo en el Reino Unido, produce segn CarbonTrack, 2 millones de toneladas de emisiones de CO2. Cantidad que podra ser suficiente para calentar 364.000 hogares en dicha regin durante un ao[4]. Otro ejemplo es el consumo de petrleo del ejrcito estadounidense, cuya nica finalidad es la imposicin de los intereses geoestratgicos y econmicos de los EE UU en el mundo, y que con 100 millones de barriles al ao es el mayor emisor del mundo[5]. Adems debemos tambin tomar en cuenta que muchos productos estn diseados de tal manera que tienen una obsolescencia, o sea dejan de funcionar de manera programada despus de cierto tiempo. As se pretende estimular un consumo constante y generar as ms lucro para las empresas, mientras que el medio ambiente sufre las consecuencias negativas[6]. Estando a la merced de estas condiciones econmicas impuestas nos debera parecer imposible considerar a los trabajadoresy trabajadoras como los autores activos de la crisis.

As vemos que el capitalismo como un todo, incluyendo a quin produce qu, cmo y por qu, est finalmente orientado slo a las necesidades de aquellos que son dueos de las compaas y fbricas. Cul es su objetivo? Acumular dinero y crecer. Este modo de produccin no presenta la oportunidad de actuar de acuerdo con las necesidades reales de la gente y la naturaleza. Una economa basada en las necesidades de la humanidad y de la naturaleza debe tener en cuenta el bienestar de todas las personas y la no contaminacin de la naturaleza, pero ambos aspectos son justamente esenciales para reducir los costes y garantizar la supervivencia de una empresa en el mercado competitivo actual. Por lo tanto es el sistema en s quien exige una forma de produccin especfica. Concentrar nuestro consumo en otro nicho que consideramos ticamente ms apropiado no cambiar este hecho ni la dependencia histrica del sistema a la energa fsil. Nuestras crticas y acciones deben abordar la raz de la crisis ambiental y todas las dems injusticias en el mundo. Como alternativa necesitamos una economa democrticamente planificada que no deje arbitrariamente los recursos naturales a los intereses privados de unos pocos, sino que produzca sobre la base de la sostenibilidad y la reciclabilidad y en beneficio de todos y todas.

2) La crisis climtica es una cuestin de clase

Uno de los principales argumentos de los crticos al consumo es que todos estamos en el mismo barco y que contribuimos equitativamente a su hundimiento. Est claro que la crisis climtica es causada por los seres humanos, pero esto es una verdad a medias. Si miramos ms de cerca, por ejemplo, a los sectores que ms contribuyen a las emisiones en la actualidad, vemos que la industria y la agricultura representan alrededor de del gasto total en gases de efecto invernadero[7]. Cien corporaciones han sido responsables de un increble 71% de las emisiones globales de CO2 desde 1988 [8].

Pero incluso si nos limitsemos al estilo de vida, que es lo que los crticos al consumo a menudo hacen, no estamos en el mismo barco. Oxfam public hace algn tiempo atrs un informe que dejaba en evidencia que las clases ms adineradas contribuyen cuantitativamente mucho ms a nuestra crisis climtica con sus vidas de lujo que las personas ms pobres. Alguien perteneciente al 1% ms rico del mundo consume 175 veces ms emisiones que alguien del 10% ms pobre del mundo. El 50% de las emisiones pueden atribuirse al 10% ms rico. En otras palabras, las clases ms pobres de todas las sociedades no slo son las ms afectadas por la crisis climtica, sino que tambin son las que menos contribuyen a ella. Adems les resulta mucho ms difcil adaptarse y recuperarse de situaciones climticas extremas, ya sea debido a su ubicacin geogrfica y/o a sus condiciones materiales. Por ejemplo, durante los incendios de Woolsey el ao pasado los Kardashians pudieron permitirse el lujo de contar con bomberos privados para proteger sus propiedades, mientras que la vecinos y vecinas pobres de la regin vean como el mismo fuego converta en ceniza sus nicas pertenencias[9]. Si nos animamos a hacer ms comparaciones, por ejemplo, en la diferencia de produccin de basura, tambin vemos una gran brecha entre la produccin casera y la industrial. Los residuos de construccin, demolicin y comercio en Alemania equivalieron en el 2016 a 278,7 millones de toneladas (67% del total de residuos), mientras que los residuos municipales produjeron slo 52,1 millones de toneladas[10]. En principio creemos que es incorrecto vernos a todos y todas en el mismo barco y ms encima imponernos sentimientos de culpa[11]; existen diferencias marcantes.

Asimismo en cuanto a las soluciones que defienden los crticos al consumo, no todos/as en nuestra sociedad pueden permitirse el lujo de comprar productos orgnicos (u otros productos ms sustentables) porque muy a menudo dependen financieramente de productos baratos del supermercado debido a bajas pensiones, al desempleo o a salarios mal pagados. Los vuelos, por ejemplo, son muchas veces ms baratos que viajes en tren o autobs, lo que significa que las personas ms pobres (si pueden costearse unas vacaciones) suelen tomar la decisin de viajar de la manera ms contaminadora. Sin embargo, incluso en este ejemplo, no nos olvidemos que los hombres de negocios, y no la clase trabajadora, son los que suelen utilizar el avin como un medio de transporte diario y ms conveniente (por motivos de negocios y dinero obviamente). Tambin se ha demostrado en varias ocasiones que, en principio, las personas necesitan una cierta seguridad social y material para decidir consumir de forma ms ecolgica[12].

Igualmente, la idea de que las personas somos consumidoras libres tampoco es del todo correcta. La publicidad que ayuda a las empresas a maximizar las ganancias, tiene una influencia masiva en nuestras decisiones[13]. Nuestras necesidades se crean incluso artificialmente para darnos nuevos estmulos para terminar consumiendo ciertos productos. En nuestra actualidad, son nuestros deseos de consumo los que se ven influenciados en lugar de que seamos nosotros los que tengamos una influencia sobre la produccin.

Debemos oponernos estrictamente a la idea de que todos y todas somos responsables, ya que los capitalistas podrn y buscarn beneficiarse de ello. Esto lo vemos ya hoy en la forma en que la clase dominante est tratando de lidiar con la crisis, imponiendo que seamos la mayora de los asalariados y asalariadas- quienes paguemos todos los costes. Por ejemplo, a travs de los llamados impuestos sobre el carbono, que imponen un impuesto adicional sobre el contenido de carbono de las fuentes de energa fsiles con el fin de crear incentivos de mercado que contribuyan al desarrollo de una produccin baja en emisiones. En Francia, la idea de que la poblacin asumiera los costes de la transicin energtica no qued nada bien y, con razn, provoc la ira de los Gilets Jaunes. La recaudacin de impuestos sobre los bienes de consumo significara que en el futuro slo un nmero limitado de personas tendra acceso a ellos, lo que agravara la desigualdad social existente. El consumo crtico no deja espacio para la cuestin de clase y, por lo tanto, es un regalo para los capitalistas que (excepcionalmente) quieren equipararnos y obligarnos a pagar por una crisis que nosotros/as no causamos. Cuando se trata de pagar por sus desastres, repentinamente todos/as somos iguales, pero cuando se trata de redistribuir la riqueza, la palabra igualdad deja de existir en el diccionario del capitalista.

3) La crtica al consumo puede paralizar

Otra razn importante por la cual la crtica al consumo, desde una perspectiva individualista, no basta para abordar la crisis climtica es su posible efecto paralizante. Los cambios reales en sociedades injustas slo se han logrado a travs de duras luchas. La jornada laboral de ocho horas, el derecho de las mujeres a votar, el derecho de los afroamericanos a votar en Estados Unidos, el salario mnimo, el fin del apartheid en Sudfrica y otras luchas slo se lograron a travs de la organizacin y la cooperacin. Las personas no slo toman conciencia de su posicin poltica y social a travs de la lucha organizada, sino que estas prcticas en s ya son formas de conquistar y practicar la democracia, algo que en el capitalismo nos es negado. Si organizamos y ganamos luchas sociales, es una forma de dictar nuestro propio futuro (y eso es democracia!). En el capitalismo no slo tenemos la intuicin de que no poseemos el control de nuestras vidas, sino que de hecho es as, y en el caso de la crisis climtica no es distinto. El consumo crtico puede servir como una compensacin personal para este sentimiento de impotencia, pero esto se limita en la accin meramente individual. Nos sentimos bien y satisfechos porque pensamos que comprando o rechazando algunos productos tenemos cierta influencia sobre nuestra sociedad. Pero permanecer en este pensamiento y entender la superacin de la crisis climtica a travs de campaas de convencimiento o reclutamiento para que cada persona de manera individual decida comprar de forma diferente cae directamente en la trampa prevaleciente de la ideologa individualista neoliberal, que nos asla y desmoviliza. Porque divididos no podemos daar al capital y a la produccin!

Sin embargo tambin creemos que las estrategias de boicot colectivo para ejercer presin sobre determinadas empresas y llamar la atencin sobre problemas especficos son tiles porque estn vinculadas a un determinado objetivo poltico en una accin conjunta. Por ejemplo, de 1977 a 1984 se organiz una gran campaa, debido a problemas de desnutricin, contra las frmulas infantiles de Nestl en pases pobres del Sur Global. Nestl tuvo que unirse a un cdigo de comercializacin para la leche materna (lo cual afectara sus ventas en aquellos pases) de la Organizacin Mundial de la Salud y el Fondo para la Infancia de Unicef en 1984. Hoy en da, sin embargo, Nestl ha vuelto a experimentar escndalos de comida para bebs[14]. Por lo tanto, debemos ser conscientes de los lmites de esta estrategia como finalidad. El boicot selectivo de una empresa no resuelve un problema sistmico. Las posibilidades de xito poltico duradero y abarcador son limitadas.

4) La lucha por la justicia climtica no es slo una

El problema mencionado anteriormente, de que el consumo crtico puede estancarse en acciones individuales, tambin podra obstaculizar la unificacin de las importantes luchas que se han llevado a cabo hasta ahora por separado. Creemos que la crisis climtica intensificar muchas de las reas de injusticias ya existentes. Resolverlas significa unir luchas en la prctica o entenderlas como parte de un panorama ms amplio. La solucin individualista y, por lo tanto, el posible fracaso de no reconocer la interconexin de las luchas, como a menudo se formula en una crtica apoltica del consumo, puede aislar las diferentes luchas de nuestra clase.

Por ejemplo, no podemos hablar de la crisis climtica a menos que hablemos tambin de la poltica europea de fronteras, que conlleva a que miles de refugiados climticos mueran en el Mediterrneo, a pesar de que los pases industrializados son responsables del 80% de todas las emisiones de CO2 durante el siglo XX [15]. Greenpeace pronostica unos 200 millones de personas refugiadas climticos para el ao 2040 si no se produce un cambio radical [16]. Eso exacerbar la crisis que se vive en Europa actualmente. Una solucin humana y solidaria para estos refugiados (que en un futuro podramos ser nosotros/as mismos) depende de si construimos una sociedad solidaria y antirracista hoy y no dejamos que la extrema derecha avance ms.

La nueva huelga estudiantil "Viernes por el Futuro" tambin marca una inspiradora lucha unificadora. Greta Thunberg se pregunta por qu debera aprender en la escuela si no habr futuro para ella dentro de unos aos. Estudiantes de secundaria y universitarios de distintos pases se han inspirado en ella y organizado huelgas todos los viernes. La inmensa importancia de la cooperacin internacional siempre ha sido y sigue siendo una parte esencial para cambiar el mundo. Si queremos iniciar un cambio radical, no podemos intentarlo y hacerlo slo dentro de las fronteras de nuestros Estados nacionales, necesitamos un movimiento global. En el movimiento por la justicia climtica, como Viernes para el Futuro, observamos la cristalizacin de esto.

Otro aliado del movimiento ambiental sera la demanda histrica por menos horas de trabajo bajo el mismo salario. Porque menos trabajo y ms tiempo libre significan, adems de beneficios para la salud y personales, que se produce menos y, en consecuencia, se reducen las emisiones.

La lucha de los pueblos indgenas alrededor del mundo tambin est a menudo ligada a la justicia climtica. El movimiento NoDAPL en EE UU tiene como objetivo proteger las tierras sagradas y las aguas subterrneas de oleoductos. El movimiento moviliz a miles de personas a Dakota del Norte, desde sindicalistas, activistas medioambientales, hasta veteranos.

Asimismo, la cooperacin del movimiento climtico con los sindicatos debe desarrollarse ms, porque las vidas de la clase trabajadora en la sociedad deben estar aseguradas durante la reestructuracin ecolgica. En Alemania los activistas del bosque de Hambach y los trabajadores de las minas deben permanecer unidos, ya que ambos se beneficiaran si los dueos de la RWE (empresa de servicios elctricos) tuvieran que pagar por la reestructuracin y asegurar adems puestos de trabajo en el sector de la energa renovable o en otros sectores. No debemos permitir que los gobernantes nos dividan y nos obliguen a elegir entre un empleo hoy y el medio ambiente maana. En un planeta muerto no hay trabajo ni hoy ni maana. Nosotros/as decimos que los emisores responsables deben pagar! Unos ejemplos de algunas campaas sindicales en curso son la iniciativa "One Million Climate Jobs" (Un milln de empleos climticos) en el Reino Unido, que defiende el empleo en energas renovables, el aislamiento energtico masivo de viviendas y el transporte pblico, y la red Trade Unions for Energy Democracy (Sindicatos por la Democracia Energtica) que con su compromiso por la produccin y distribucin de energa en manos pblicas, buscan distanciarse de los intereses privados orientados por el lucro. La lucha por la justicia climtica es amplia y tenemos la oportunidad de fortalecernos si unimos todas las luchas por la justicia social y el clima!

5) Las decisiones polticas son ms eficaces

Debido a la magnitud e inmediatez de la crisis no es suficiente, como piensan muchos crticos al consumo[17], esperar a que grandes sectores de la sociedad cambien su comportamiento a travs de apelaciones morales (y as, segn ellos, de alguna manera la produccin). La mayora vive bajo presin financiera, tiene que desplazarse en coche porque el transporte pblico no recibe la inversin suficiente, etc. Por lo tanto, esperar por una popularizacin masiva del consumo tico es demasiado lento y por sobre todo es una imposibilidad financiera para muchos hogares. Necesitamos una ruptura rpida y clara con la industria del carbn y una rpida reorientacin del transporte individual hacia el transporte pblico, local y de larga distancia. Necesitamos la intervencin del Estado en estos casos porque no somos culpables de los dos siglos de estructuracin que el capitalismo ha impuesto en todos los aspectos de nuestras vidas. Esto se observa, por ejemplo, en la infraestructura existente orientada a los coches individuales. Gigantes automovilsticos como General Motors en EE UU en el pasado han destruido activamente el transporte pblico para as asegurar sus lucros[18]. Un ejemplo positivo de medidas reales adoptadas para mitigar la crisis se dio en la capital danesa, Copenhague. Un nmero significativamente alto de trabajadores se encuentran utilizando bicicletas despus de que la ciudad se ha propuesto ampliar ofensivamente los carriles para bicicletas y les ha dado a los transentes el paso preferencial. Lo mismo ocurri en la ciudad gallega de Pontevedra (Espaa), donde se prohibi la circulacin de automviles y se le otorga a los peatones el derecho de paso en el trfico. Estas medidas han reducido las emisiones de CO2 en el centro de la ciudad en un 70% [19]. Por supuesto, como socialistas sabemos, que tales intervenciones no son suficientes, pero son pasos (y luchas) necesarias en la direccin correcta. Por lo tanto, debemos declararle la guerra al qu, cmo y por qu de la produccin, adems claro est, a los y las que con ello lucran. En Alemania esto significara sobre todo un enfoque en las industrias automovilsticas y energticas. Podemos estar seguros/as que estas harn de todo para mantener el statu quo estructural e ideolgico.

Conclusin

Como ltimo punto queremos dejar claro que no nos oponemos a las decisiones que cada persona tome inspiradas en una conciencia ecolgica. Incluso acogemos con satisfaccin estas acciones y subrayamos su importancia para una futura sociedad socialista sustentable. Sabemos que ser imposible sostener, por ejemplo, la misma produccin ganadera y agrcola que hoy representa el 51% de todas las emisiones, o el mismo aumento significativo del trfico areo que se ha multiplicado por diez en los ltimos 45 aos. Esto no es sostenible ni en el capitalismo ni en el socialismo. Sin embargo, estamos convencidos de que un enfoque en el consumo individual y los lemas, como "go vegan" (hzte vegano), no proporcionan una base poltica amplia para la movilizacin de aquellos y aquellas que tienen el poder de cambiar el mundo. La justicia climtica necesita una dimensin poltica clara, es decir, sobre todo una lucha poltica organizada y articulada que pueda garantizar cambios positivos de gran alcance.

Adems, nuestra tarea como socialistas no es slo hacer todo lo posible para enfrentar y resolver la crisis climtica y sus efectos, sino que tambin "derribar todas las relaciones en las que el hombre es una esencia degradada, esclavizada, abandonada y despreciable", y as acabar con la sociedad de clases y la explotacin de los seres humanos. Como habamos mencionado antes los cambios en la conciencia ocurren cuando las personas se unen y luchan juntas. Por eso nos oponemos a una postura exclusiva en la cual se seale con el dedo desde una posicin de superioridad moral a la forma equivocada de consumo. Esto debilita las luchas reales y permanece dentro de un espacio acadmico elitista.

Queremos animar a todos y todas a organizarse y trabajar juntos por el cambio poltico. Cuando criticamos los problemas sociales y ecolgicos existentes en el mundo, no debemos detenernos ah, sino intentar cambiar nuestra realidad, eso es democracia! Slo si somos muchos y muchas y luchamos juntos podremos al menos mantener la esperanza de mitigar la crisis climtica y crear a su vez un mundo basado en la solidaridad, la justicia y la sostenibilidad. Creemos en el cambio, porque la historia ha demostrado que algunos cambios del pasado han sido tachados de la misma manera como utpicos e irreales, pero que an as vencieron y prevalecieron.

Notas:

[1] Smithers, Rebecca (2013): Almost half of the worlds food thrown away, report finds, in: The Guardian https://www.theguardian.com/environment/2013/jan/10/half-world-food-waste.

[2] Recomendamos el libro de Andreas Malm (2017): Fossil Capital, que lamentablemente slo existe en ingls por ahora.

[3] Reinhard Btikofer, Sven Giegold, Der Grne New Deal. Klimaschutz, neue Arbeit und soziale Ausgleich, S. 16.

[4] Ala-Kurikka, Susanna (2015): Lifespan of consumer electronics is getting shorter, study finds, in: The Guardian https://www.theguardian.com/environment/2015/mar/03/lifespan-of-consumer-electronics-is-getting- shorter-study-finds

[5] Ward, Michelle (2010): Business can now measure the carbon impact of adversiting, in: The Guardian: http://www.theguardian.com/sustainable-business/business-measure-carbon-impact-advertising.

[6] Union of concerned scientists (2014): The U.S. Military and Oil http://www.ucsusa.org/clean_vehicles/smart- transportation-solutions/us-military-oil-use.html#.XFzIiTNKjIV

[7] Intergovernmental Panel on Climate Change (2014): Climate Change 2014 Synthesis Report Fifth Assessment Report. Topic 1, 2014, https://ar5-syr.ipcc.ch/topic_observedchanges.php.

[8] Fibieger Byskov, Morten (2019): Focusing on how individuals can stop climate change is very convenient for corporations, in: Fast Company: http://www.fastcompany.com/90290795/focusing-on-how-individuals-can-stop- climate-change-is-very-convenient-for-corporations.

[9] https://archive.epa.gov/epawaste/nonhaz/municipal/web/html/

[10] https://web.archive.org/web/20150901133354/http:/www.epa.gov/wastes/nonhaz/industrial/guide/index.htm

[11] Recomendacin de lectura: Mller, Tadzio (2016): Globaler Widerstand gegen den fossilen Kapitalismus, http://www.degrowth.info/wp-content/uploads/2016/06/DIB_Klimagerechtigkeit_02.pdf

[12] Klein, Naomi (2014): Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima. Versin alemana. p.148.

[13] http://www.handelsblatt.com/unternehmen/handel-konsumgueter/unternehmensethik-nestle-geraet-wegen- babynahrung-erneut-in-die-kritik/22603548.html

[14] Tanuro, Daniel (2015): Crisis climtica y capitalismo, versin alemana. Colonia, p. 71.

[15] Greenpeace (2014): 200 Millionen Klimaflchtlinge bis 2040, http://www.greenpeace.de/presse/presseerklaerungen/200-millionen-klimafluchtlinge-bis-2040.

[16] Tanuro, Daniel (2015): Crisis climtica y capitalismo, versin alemana. Colonia, p. 62.

[17] Urban, Thomas: So funktioniert eine Stadt ohne Autos, en peridico alemn: Sddeutsche Zeitung,  http://www.sueddeutsche.de/wirtschaft/pontevedra-fussgaenger-autos-1.4259542, 21.12.2018.

[18] Brand, Ulrich/ Wissen, Markus: Imperiale Lebensweise. Zur Ausbeutung von Mensch und Natur in Zeiten des globalen Kapitalismus, Munich 2017, p. 104.

[19] Marx, Karl: crtica de la filosofa del derecho de Hegel (1844), versin alemana, en: Marx/Engels/WerkeBand 1, Berlin 1981, p. 385.

Fuente: https://www.vientosur.info/spip.php?article15177



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