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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-10-2019

Sentencia contra el Procs
El ltimo clavo de la involucin permanente

Ramn Zallo
Rebelin


La sentencia del TS contra los presos polticos catalanes bien llamados as por ser rehenes de una estrategia de Estado- es grave e inicua.

Grave por la descripcin falsa de los hechos, por la calificacin inapropiada (sedicin y malversacin), las duras penas impuestas y las consecuencias de todo tipo; desde el barrido de toda una generacin de dirigentes polticos, que solo siguieron el mandato popular de representacin, pasando por el aviso de ilegalizacin punible de cualquier acto de desobediencia o desafo al Estado, incluso cuando se produzcan por mtodos democrticos y con procedimientos institucionalizados.

Tambin inicua por injusta e intencional al quererse dilucidar en sede judicial y mediante castigo un problema poltico que corresponde a otra esfera, la del dilogo poltico.

La absolucin o, a lo ms, la desobediencia de unos y la resistencia pasiva y pacfica a la autoridad de otros, eran lo justo. Y a partir de la sentencia, la amnista sera lo balsmico.

En el dilema entre Gobierno de los Hombres (interesados y arbitrarios pero adaptables) y el Gobierno de las Leyes (fijadas y previsibles y al servicio del conjunto pero poco adaptables) el politlogo Norberto Bobbio resaltaba la seguridad y largo aliento que ofreca esta ltima. Pero no contaba con la variante espaola del Gobierno de Jueces que tiene lo peor de las dos vertientes: justicia de conveniencia poltica y uso discrecional de las leyes por quienes deberan ser los ms escrupulosos con ellas. Han hurgado en los tipos penales para convertir a unos agentes polticos electos y lderes sociales no violentos en delincuentes, con la ayuda del sistema propagandista de medios de comunicacin. La justicia espaola funciona mal y reprime injustamente.

La judicatura

Ad intra de la sentencia hay algunos factores a mencionar.

Por un lado, es hegemnica en la cpula de la judicatura una extraccin social de elites que se perpetan, rgimen tras rgimen, y se cooptan, con predominio conservador cuando no reaccionario y, dado el sistema de promocin, con lealtades o funcionalidades a los partidos del bipartidismo. Por ello estn a aos luz de las versiones progresistas del uso alternativo del Derecho o la justicia transicional.

Por otro lado, en la judicatura es predominante el componente tnico de la nacin mayoritaria (espaola) y, por supuesto, unnime la lealtad a la nacin espaola con rechazo activo a que se construya otro demos (cataln o vasco), diferente al espaol. No se parece al esfuerzo de neutralidad de la judicatura canadiense o britnica. Y Hop! Se resuelve el dilema diciendo que Espaa es la casa de todos, la casa comn (te guste o no, y porque lo digo yo) sin ser ello cierto para unos cuantos millones de espaoles (catalanes, vascos, y no pocos gallegos, canarios, andaluces, valencianos, mallorquines) que nunca lo fueron, o dejaron subjetivamente de serlo, y sienten excluida su propia soberana popular.

Nunca mejor dicho, la judicatura es juez y parte en este tema poltico. No est cualificada y es un obstculo para el progreso de la historia porque lo suyo es solo la ley fijada. Los cambios nunca se originan en las leyes; las superan.

En esta ocasin la sede judicial se transform en el palenque en el que chocaron juzgadores y juzgados en torno a dos identidades nacionales (la espaola que cuenta con Estado y entiende como un desafo que alguien no la acepte, buscando imponerla; y la catalana emergente, desde el sentimiento colectivo mayoritario en Catalunya y que se sabe subalterna y maltratada) y dos legitimidades (los jueces al Estado espaol y a la nacin catalana los encausados, pensando de buena fe que dentro de la legalidad y de forma pacfica cualquier proyecto era posible).

Son dos imaginarios: el uno autoritario y etnicista y el otro proyectivo y de futuro que incluye el mestizaje cataln como un dato y un valor republicano. Estn situados en rbitas opuestas e inmiscibles. Un choque de legitimidades, legalidades y lealtades que no pueden reconocerse mutuamente, y sin puentes, hoy por hoy. Esta herida infligida a la casa catalana ser traumtica y de consecuencias duraderas.

La involucin permanente

El tema viene de lejos. El rgimen del 78, nacido de un pacto espreo y en falso, no ha hecho sino degenerar desde su origen. Si Trotsky teoriz sobre la revolucin permanente para alcanzar y asentar el socialismo, cabra caracterizar el proceso espaol desde la Transicin como de involucin permanente, de esclerosis degenerativa del sistema poltico. Solo recuerdo una etapa de parcial alivio: el primer Gobierno Zapatero.

La transicin ya se bas en la negativa a los derechos nacionales, el disciplinamiento de las reivindicaciones sociales, la monarqua impuesta, la amnista a los franquistas y el olvido. Sin embargo se legitim en las consultas de la Constitucin Espaola y de los Estatutos de Autonoma, entendidos como pactos de mnimos que, a la postre, resultaron tan incumplidos como de mximos.

Pero ya desde su inicio sufri un proceso involutivo con diferentes hitos y giros de tuerca, como clavos que remachan la degeneracin de un rgimen cada vez menos democrtico y ms cerca de un modelo autoritario no populista (sin lderes carismticos).

El primer clavo fue la Ley Orgnica de Armonizacin del Proceso Autonmico LOAPA en 1982 que recibi el impulso definitivo con el tejerazo de 1981 entendido, a la postre, como un aviso militar a navegantes. Se reinstaur la recentralizacin. Le acompaaron el recorte sistemtico de derechos sociales.

Le sigui segundo clavo- el terrorismo de Estado de los 80 del que su responsable sigue impune y sus correligionarios siguen silbando hacia el cielo sin decir que matar desde el Estado estuvo mal .

El tercer clavo fueron las legislaciones antiterroristas cada vez ms duras y menos garantistas que se aplicaron, por oportunidad poltica, bastante ms all de aquella ETA que, con su crueldad intil, traumatiz Euskal Herria durante dcadas. En la versin teorizada por Garzn, se convirti en legislacin ad hoc contra un sector -ilegalizacin de la izquierda abertzale, crcel para su direccin- y de aplicacin ampliada EGIN, Egunkaria- incluyendo amagos contra las instituciones vascas en la etapa de Mayor Oreja. El PP nunca pidi perdn por ello, y an menos se demarc de sus races franquistas ni asumi su responsabilidad en la represin y miseria colectiva entre 1936 y 1976.

Le sigui -cuarto clavo- la negativa en 2005 al dilogo sobre un Estatuto Poltico (Plan Ibarretxe) que no era de independencia, nacido de una mayora parlamentaria. El TC amartill el quinto clavo con la prohibicin de la consulta popular propuesta en 2008 por el Gobierno Vasco sobre el futuro del pas.

El sexto clavo ya desbord Euskal Herria fuimos un campo de experimentacin autoritaria- y abarc a toda la ciudadana espaola, ante el empuje de los movimientos del 15M y anti-desahucios. Se adopt una visin expansiva del desorden pblico para cualquier opinin alternativa mediante la Ley de Seguridad Ciudadana o Ley Mordaza de 2015 igualmente aplicadas a piquetes sindicales.

A partir de ah las involuciones llevan el sello de la represin poltica contra las reivindicaciones catalanas con cuatro clavos ms: la sentencia del TC en 2010, la represin del 1-O de 2017, la aplicacin del artculo 155 y esta ltima sentencia del 14-10-2019 como remache de tanta infamia.

Una casa comn tan inhspita -casi en ruinas- como ajena y en la que no cabe la esperanza tras esta sentencia.

Ramon Zallo. Profesor Emrito y miembro de Demokrazia Bai.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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