Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-10-2019

La hija de Markus Wolf

Higinio Polo
Mundo obrero


Conoc este verano, por casualidad, en circunstancias que no vienen al caso, a la hija de Markus Wolf, el legendario jefe del servicio de inteligencia exterior de la Repblica Democrtica Alemana, que inspir el personaje del eficaz Karla de las novelas de John Le Carr. Su padre, tambin miembro del Partido Comunista alemn, fue Friedrich Wolf, un mdico y escritor: toda la familia tuvo que huir de Alemania en 1933, durante el ascenso nazi. Tras la guerra, Markus Wolf trabaj como periodista y estuvo presente en los juicios de Nurenberg. Despus, se incorpor a los servicios de inteligencia de la RDA.

La RDA no era un infierno, ni mucho menos, aunque tena zonas oscuras: el obsesivo control de cualquier oposicin, las vctimas del muro, la vigilancia interior; aunque hoy, esa inspeccin, a la vista del sistemtico espionaje mundial de todos los aspectos de la vida que llevan a cabo la NSA norteamericana y el resto de sus servicios secretos, con la contribucin de Google, Facebook y dems, casi nos hace sonrer. Eric Honecker fue abandonado por Gorbachov, que acept la unificacin alemana sin ninguna garanta, creyendo las mentiras occidentales de que la OTAN no se expandira hacia el Este, e incluso se neg a obtener garantas para los dirigentes de la RDA en su reunin con Kohl en el Cucaso, el 14 de julio de 1990.

Markus Wolf cometi errores, tambin. Acudi, por ejemplo, a la manifestacin en la Alexander Platz del 4 de noviembre de 1989, que fue un punto de inflexin para la RDA. Los medios occidentales, a coro, hablaron de un milln de manifestantes. No era cierto, fueron doscientos mil: una cifra importante, sin duda, que expresaba la fuerza de la oposicin y le llevara despus a ganar las elecciones de 1990. Vemos ahora que era inevitable su victoria: en un clima de profunda crisis de la RDA, abandonado su gobierno por el Mosc de Gorbachov, afluyendo el dinero para las candidaturas bendecidas por Estados Unidos y la RFA, y con el canciller occidental Kohl participando en la campaa prometiendo paisajes florecientes cmo iba a reaccionar de otra forma la mayora de la poblacin? Algo parecido hizo el borracho Yeltsin en Rusia: ofrecer un futuro esplendoroso mientras preparaba el mayor robo del siglo XX.

Despus, lleg el gran pillaje de toda la propiedad pblica de la RDA, el desmantelamiento de su industria para favorecer a las empresas occidentales, la privatizacin de sus edificios y superficies urbanas, enriqueciendo a los tiburones del capitalismo. Se vertieron toneladas de mentiras, mezcladas con hechos ciertos para dar mayor credibilidad a la propaganda: ahora, incluso se ha olvidado que el trmino Stasi, utilizado como sinnimo de espionaje y represin, fue puesto en circulacin despus de 1989. Occidente actu sin contemplaciones, de la mano de Kohl y George H. W. Bush: baste decir que, en aquellos das, el ministro del Interior de la RFA era un personaje como Wolfgang Schuble, que fue el encargado de la persecucin de los comunistas de la RDA, y particip despus en la corrupcin con traficantes de armas, culminando su carrera en la Unin Europea, ya como ministro de finanzas alemn, ahogando econmicamente a Grecia, imponiendo incluso la reduccin de las pobres pensiones griegas.

Washington y Bonn inundaron el mundo con historias sobre los privilegios de los dirigentes comunistas. La hija de Markus Wolf nos indic la casa de su familia, y las que habitaron Erick Honecker, Walter Ulbricht, Wilhelm Pieck, Johannes R. Becher, Arnold Zweig y otros dirigentes, en el barrio berlins de Pankow: son sencillas residencias como las de tantas urbanizaciones de clase media en Espaa. Los servicios secretos de Bonn y la CIA norteamericana intentaron comprar a Wolf para que revelase los nombres de sus agentes y de los topos de su servicio y del KGB sovitico en las agencias occidentales: queran que se convirtiera en un traidor. No lo consiguieron. Wolf no reneg de su militancia comunista. En sus memorias, escribi: Mi propia contribucin, y la de mi familia, a la lucha puede haber sido pequea, pero de todos modos me inspira un sentimiento de orgullo. Cerr sus memorias con un homenaje al autor del Manifiesto comunista: Hasta maana, Karl.

Algo parecido nos dijo su hija este verano; mientras sonrea con timidez, se mostr orgullosa de la trayectoria de su familia: siempre fuimos comunistas, y honrados. El primer Estado socialista en tierras alemanas sucumbi, pero la historia no ha terminado.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter