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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-10-2019

El juez Muoz muestra los lmites de nuestra sesgada institucionalidad

Paul Walder
Rebelin


Los poderes fcticos, aquellos que representan o circulan en torno a las lites ms poderosas del pas, han reaccionado de forma abierta tras el conflicto entre la Corte Suprema y el Tribunal Constitucional. Un espacio opaco y traslapado se ha abierto entre estos dos rganos tras el estallido an controlado realizado por el juez y expresidente de la Corte Suprema Sergio Muoz.

Muoz es abogado, juez, y es un artista. Un creador. Ha sido l quien se ha investido de esta condicin al declarar que las leyes no han de ser interpretadas en su letra, sino en su cuerpo, su alma. Este trabajo, esta percepcin, es un arte, dijo hace unos aos en una entrevista en la revista Qu Pasa.

Muoz, que no est solo entre las cpulas jurdicas, sin duda ingresa en un espacio armado como una fortaleza. Se ha levantado ante la construccin institucional ms importante en este pas de los ltimos 40 aos. La constitucin de 1980, que sigue siendo en rigor la misma pese a los retoques realizados por los polticos de la transicin, es la base de toda la institucionalidad econmica y poltica que hemos vivido durante estas dcadas.

Sergio Muoz ha metido una cua entre el Poder Judicial y el organismo que sostiene todo el andamiaje econmico de Chile. Para ser ms claros, el Tribunal Constitucional es el centinela de una constitucin que ha puesto el derecho de propiedad por sobre cualquier otro derecho, incluso a la vida, una piedra angular instalada en los aos ms crueles de la dictadura que ha permitido a oligarcas, especuladores y otros aventureros aduearse no solo de la riqueza de este pas sino controlar a los chilenos, cuan trabajadores y consumidores, como activos y portafolios de inversiones.

El conflicto entre los dos organismos ha hecho reaccionar a las cpulas que ejercen aquel control. Un editorial aparecido este domingo en La Tercera es la clara expresin de esta lite que controla el pas desde la economa y los negocios. Una proclama que nos recuerda quin y quines estn tras los grandes consorcios de la comunicacin en Chile. Estas cpulas, en este caso representada por Alvaro Saieh, que habla por s mismo, sus pares y socios, levanta la constitucin, que es la instalada a la fuerza por Pinochet, no lo olvidemos, como nuestra escritura sagrada. Nadie, lo dice la arenga, que bien pudiera ser un bando, se ha levantado en Chile a defenderla, como se defiende, con la vida si fuera necesario, a la misma patria.

El horror de la oligarqua tiene sus motivos. No puede haber algo ms desprestigiado en Chile que el Tribunal Constitucional. Pero no hay nadie, clama el panfleto, incluso el gobierno! que se levante a defenderla, como bien se debe. Ni Piera, ni el Parlamento, que tiene en el horizonte una reforma al TC. Un miedo amplificado al ver cmo se cae a pedazos el modelo neoliberal por latitudes cercanas y no tan cercanas.

Hay un conflicto de interpretaciones entre la Corte Suprema y el TC. Pero ha habido tambin otro conflicto, que es el uso del TC cual aplanadora sobre los proyectos de ley aprobados por el Poder Legislativo. Y bien sabemos de ello. La derecha, la econmica con sus extensiones y manifestaciones valricas, le ha dado duro al TC para mantener su orden moral sobre la poblacin como su control poltico y econmico. Lo ha hecho cuando ha sido oposicin y con mayor razn lo sigue haciendo en el gobierno. Persiste, hasta haber convertido aquel tribunal en un anexo del Poder Legislativo, en un recurso final y seguro para sus intereses y su institucionalidad.

Este fin de semana los movimientos sociales e indgenas en Ecuador le doblaron la mano a Lenin Moreno y su proyecto neoliberal. En Argentina, el mismo modelo ha explotado dejando a una poblacin empobrecida y enfurecida. En todas partes, ya no soporta sus contradicciones como las extremas desigualdades en la distribucin de la riqueza y la propiedad as como su impacto sobre los recursos naturales.

El modelo neoliberal en Chile es extremo en su origen y sin parangn en el mundo. Pero no es inmune al repudio como tampoco en sus profundas y extensas contradicciones. Un orden que hoy se exhibe como una monstruosidad normativa. En plena sequa, con centenares de miles de personas sin acceso al agua potable, reglas como el cdigo de aguas muestran no solo el sesgo neoliberal de la escritura constitucional, sino tambin sobre qu bases ticas ha estado construido este pas. Asuntos como este muestran el deterioro institucional y nuestra acotada e insoportable poltica.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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