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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-10-2019

La energa nuclear va ocupando su lugar en el mundo

Miguel Muiz
mientras tanto


Hace unos das me reun con un compaero del disuelto colectivo con el que intentamos impulsar la ILP contra la prrroga de los siete reactores nucleares que funcionan en Espaa.

Este compaero, excelente persona y generoso activista voluntario, participa en los encuentros (en su mayora de gente joven) que " Extinction Rebellion " (ER) realiza en Barcelona desde hace unos meses, y me coment que la mayora de esa juventud preocupada por las consecuencias devastadoras del cambio climtico, se pronunciaban favorablemente sobre la energa nuclear, considerndola una "alternativa libre" de emisiones de gases de efecto invernadero y, por tanto, un medio para paliar la catstrofe en curso. El compaero vea necesario hacer algo ante una irracionalidad ecolgica tan evidente.

Anticipo: este artculo no va de ese "algo". El "algo" (que se debe hacer al margen de que sirva o no para "algo") slo puede surgir de una actividad colectiva (si hay base social para impulsarla). Aqu se trata de aproximarnos a el actual estado de las cosas y apuntar algunas de las causas por las que una parte de esa juventud apoya a un monstruo tecnolgico como la energa nuclear, con un historial que se acrecienta da tras da de sufrimiento, muerte y destruccin; con dos catstrofes globales e irreversibles que siguen activas (Fukushima y Chernbil), ms un nmero difcil de determinar de catstrofes regionales con proyeccin global . Porque sin entender cmo hemos llegado a este punto difcilmente podremos plantearnos hacer algo para cambiarlo.

La industria nuclear ha madurado

Superadas las locuras de infancia y juventud (aquella propaganda de que la electricidad nuclear eliminara los contadores por ser "demasiado barata para medirla"), y superadas las maniobras para presentarse como alternativa total en el conflicto energtico (el "renacimiento" como respuesta a la escasez de combustibles fsiles), hemos llegado a un punto en que la industria es consciente de las limitaciones impuestas por las reservas de uranio y la escasez de materias primas y, al mismo tiempo, sabe que mantener el despilfarro energtico que exige el capitalismo neoliberal en la situacin actual de agotamiento progresivo de los recursos energticos fsiles bloquea el desarrollo de modelos alternativos.

La economa exige echar mano de todo lo que hay, y la industria nuclear lleva ocho aos desplegando una estrategia discreta: alargamiento al mximo del funcionamiento de reactores activos mediante pactos econmicos y polticos (caso por caso, si es necesario), e impulso de un programa de construcciones adaptado a las exigencias de la geopoltica global con varios centros de poder, y todo ello sin ruido meditico.

Dos ejemplos para ilustrar esta madurez: las nucleares en China y Rusia, y la poltica de las potencias emergentes en zonas de inters econmico.

El programa de construccin de centrales en China ha llevado a reevaluar las valoraciones, incluidas las crticas . El primer reactor de "Fase III" entr en funcionamiento en 2010, y todo el programa va ilustrado con referencias al ahorro de emisiones de carbono de cada etapa de desarrollo; y el programa se cumple, en julio de 2019 el gobierno chino ha anunciado tres nuevos proyectos: Rongcheng, Zhangzhou y Taipingling .

Rusia bot, en agosto de 2019 la llamada "primera central nuclear flotante del mundo" que, y no por casualidad, ha puesto rumbo a la zona del rtico . La central fue rpidamente adjetivada como un "Chernbil flotante" desde el movimiento ecologista occidental; y por cierto, pese a ser rusa uno se pregunta por qu no llamarla una "Fukushima flotante", ya que tiene una mayor relacin con el mar, pero sera eso polticamente correcto?

El segundo ejemplo es la construccin de nucleares en potencias emergentes como la India o Egipto , se trata de sociedades marcadas por fuertes desigualdades, pero decididas a seguir los patrones de crecimiento y a hacer valer su peso demogrfico en la geopoltica global.

El resultado: mientras el movimiento ecologista occidental sigue anclado en el discurso crtico tolerado la nuclear se estabiliza. Una prueba es la pgina del WNISR actualizada en septiembre de 2019 , donde se informa de que hay 415 reactores nucleares funcionando en julio de 2019, es decir, 2 reactores ms que en el recuento de 2018 (en julio eran 4 ms, lo que indica la fluctuacin). Una consulta al seguimiento de informaciones permite una visin ms ajustada de lo que est pasando ms all de Occidente. As como el Informe 2019 , que dedica un apartado especial a China.

La realidad es que la energa nuclear va ocupando su lugar en un mundo en que la geopoltica manda.

Pero, al margen de si los nuevos reactores, o los nuevos proyectos, se sitan en Asia, Oriente Medio o Extremo Oriente , la propaganda nuclear se ha centrado en su supuesta contribucin a la reduccin de los GEI y, en ese campo, tambin han pulido sus tcnicas.

Los propagandistas

Entre 2001 y 2011, el renacimiento nuclear fue apoyado por personas del mundo cientfico, algunas con historial ecologista, que multiplicaron declaraciones y libros en su defensa, con la amenaza del cambio climtico (y para algunos, el impacto visual de los aerogeneradores) como teln de fondo, en su mayora se trataba de personas de edad avanzada, Hansen y Lovelock fueron los ms publicitados.

Pero desde Fukushima la estrategia ha cambiado, los perfiles de calidad, de peso y prestigio han sido sustituidos por una multiplicidad de portavoces jvenes, o de mediana edad, y una constelacin de ONG.

Los medios tambin han cambiado, en vez de libros y artculos extensos, se recurre a destellos informativos en internet, a notas propagandsticas que no permiten margen de duda o de debate, y a presentaciones simples y divulgativas de amplio despliegue en clave yo. Las charlas TED , uno de los vehculos de dispersin de ideas y discursos progresistas, son un buen indicador: en 2016 se publicaron tres conferencias TED sobre bondades nucleares que tuvieron un amplio seguimiento y que estaban, adems, subtituladas en varios idiomas (ms de 10 habitualmente). As, en el momento de redactar este artculo, la de Kirk Sorensen , tena 574.620 visionados; las de Michael Shellenberger, 1.563.439 y 847.377 , respectivamente; y tambin est la de Joe Lassiter , 1.164.776, y Jam Pedersen (438.542), o antes (2013), Sunniva Rose (334.659), y ms; todas son personas que se declaran preocupadas por el medio ambiente y por el futuro, vinculadas a ONG, muy comunicativas y con un elevado perfil tcnico. En varias charlas comienzan confesando haber sido crticas con la energa nuclear bien por educacin (las de mediana edad son hijas e hijos de la contracultura), bien por convencimiento, pero que la necesidad les ha obligado a cambiar de opinin.

Aunque hay crticas a la dinmica impuesta por las charlas TED (una de las ms completas puede leerse aqu en ingls , o aqu en traduccin castellana automtica , con limitaciones), no existe proporcin entre la difusin de esas crticas y la difusin de las charlas.

Pero la propaganda va ms all de conferencias y videos, se mantiene un trabajo permanente de interrogacin con potente apoyo meditico que vuelve una y otra vez a insistir en el argumentario de la industria. Las instituciones que apoyan a la industria nuclear no descansan .

Y las/los ecologistas?

Lo expuesto hasta ahora slo es una cara, la otra es la responsabilidad de aquellas entidades que deban poner el inters comn de la sociedad por delante de cualquier otra consideracin.

A diferencia de las proclamas en los documentos de ER, no podemos saldar este conflicto con la declaracin de que " no existen culpables ". Por supuesto que existen culpables de que la nuclear sea considerada como parte de la "solucin" del cambio climtico. Para empezar, el propio autor de este texto, miembro durante aos de colectivos ecologistas que deban haber cumplido un papel en los 65 aos que han pasado desde que la primera central nuclear entr en funcionamiento. Algo que no hicimos, que no hicieron.

Pues asumida la cuota de responsabilidad es necesario decir que no todas las personas o grupos del llamado movimiento ecologista somos culpables por igual; la responsabilidad principal recae en las grandes organizaciones ecologistas institucionalizadas, aquellas que durante la campaa del "renacimiento" nuclear, entre 2001 y 2011, decidieron adaptar el discurso crtico a las pautas dictadas por la industria para ganar visibilidad . As que suprimieron de sus denuncias las referencias al impacto de las radiaciones sobre la salud y el medio ambiente, silenciaron la dispersin cotidiana de radiaciones en el funcionamiento normal de los reactores (o en averas y accidentes), y callaron las consecuencias irreversibles de Chernbil primero (y Fukushima despus), no mencionaron la vinculacin entre la nuclear civil y militar, o a las emisiones de gases de efecto invernadero del ciclo nuclear, etc.

En su lugar, las organizaciones ecologistas institucionalizadas centraron su denuncia en la falta de viabilidad econmica de la nuclear frente a los mecanismos de mercado, en los "problemas tcnicos" y de seguridad de reactores actuales o de modelos futuros o, como mucho, en el problema de los residuos. No es de extraar que con esa lnea se d la desinformacin actual. No es de extraar que quines siguen el discurso dominante, entre las que se encuentran una parte de las participantes en ER, crean que la nuclear est limpia de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Es normal de que muchas se limiten a considerar que lo nuclear se reduce a un problema de costes excesivos, que lo de los residuos ya lo arreglar la tecnologa, y que acepten, sin cuestionarlas, todas las barbaridades que se publican sobre "fusin", "torio", o "reactores intrnsecamente seguros". Con la lnea de denuncia seguida en los ltimos 18 aos (como mnimo) todo eso de lo ms normal. Y sin contar con la continuada banalizacin de las referencias a "Chernbil" [1] y el silencio sobre Fukushima.

Pero todo esto son lamentos por hechos pasados que, como mucho, sirven para evitar repetir errores.

Conclusiones

Centrndonos en el marco de Extinction Rebellion tenemos, que la industria sigue fuertemente organizada, y ha tenido xito en aprovechar el cambio climtico para difundir su propaganda; que han logrado silenciar la catstrofe de Fukushima (los prximos JJOO 2020 son la prueba) y hacer desaparecer la realidad de Chernbil, y que sus mensajes simplistas conectan fcilmente con las visiones, tambin simples, que una parte de la sociedad tiene del cambio climtico y sus consecuencias.

Por otra parte, tenemos que el impacto de la radiactividad no es fcil de explicar; que no hay una reaccin de la ciencia mdica y sus instituciones al envenenamiento radiactivo (la OMS continua, en la prctica, subordinada a la AIEA); que el debate se produce en medios que eliminan la complejidad y, por tanto, faltan a la verdad, y que se produce en un entorno en que el recurso a la sentimentalidad, y la apelacin al t (por encima del nosotros) es la pauta dominante.

Hay que asumir, por tanto, que ese algo que se debe hacer tiene un margen de intervencin muy limitado. Que slo podremos incidir a nivel regional, difundir informacin, y cruzar los dedos.

 

Nota:

[1] La banalizacin de Chernbil implica dos lneas, la ms general, en la que en ocasiones cae el propio movimiento ecologista, es el uso de la palabra Chernbil para calificar cualquier amenaza ambiental tenga a ver o no con la energa nuclear, as se han dado casos que aplican "Chernbil" a amenazas que van desde presas hidrulicas a procesos de desforestacin o contaminaciones qumicas. La segunda, representada por la serie Chernbil, como caso extremo pero no nico, es la reelaboracin falsificada de la catstrofe como instrumento poltico. Puede leerse un anlisis en profundidad de esa variante en este artculo .

 

[Miguel Muiz Gutirrez mantiene la pgina divulgativa http://sirenovablesnuclearno.org/ ]

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-183/notas/la-energia-nuclear-va-ocupando-su-lugar-en-el-mundo



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