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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-10-2019

Doce apuntes sobre marxismo (VII de XII)
El revisionismo y el reformismo en la actualidad

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


Hacemos la entrega VII de la serie de XII escrita para el colectivo internacionalista Pakito Arriaran. Como dijimos, estudiar el reformismo en todas sus expresiones: poltica, sociologa, economa, relaciones internacionales, sindicalismo, etc., pero con una caracterstica que explicaremos: analizar el reformismo actual. La VIII entrega desarrollar el perodo que va de la revolucin bolchevique de 1917 al final de la II GM, 1945.

En las entregas V y VI hemos expuesto los puntos elementales del revisionismo y del reformismo. Dicho muy rpidamente, el revisionismo es la negacin del corpus marxista como praxis de la revolucin comunista y como matriz terica de todas las formas de lucha revolucionaria y de sus respectivas visiones polticas y tericas. Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX estaba constituido el ncleo terico del revisionismo que entr decididamente en accin a raz de la revolucin de 1905 para aparecer desde 1914 y sobre todo desde 1917-18 como uno de los salvavidas del capitalismo. Dicho muy rpidamente, el reformismo es la forma de aplicacin paulatina, sinuosa, a trozos e indirecta del revisionismo, de manera que la militancia no se percate de que, en realidad, lo que hace su organizacin, sindicato, partido es rechazar las lecciones de la lucha de clases y aceptar la ideologa burguesa de la democracia, la paz, el consenso, etc. El reformismo es la prctica encubierta del revisionismo.

La mejor forma de descubrir en los hechos si una organizacin es reformista es comparar su prctica con la recomendacin de Marx a Domela Nieuwenhuy basada en la experiencia de la lucha de clases hasta 1881, y que hemos citado en la V entrega: un gobierno socialista no puede ponerse a la cabeza de un pas si no existen las condiciones necesarias para que pueda tomar inmediatamente las medidas acertadas y asustar a la burguesa lo bastante para conquistar las primeras condiciones de una victoria consecuente. Es muy importante el que Marx escribiera en cursiva lo de asustar a la burguesa porque esa prctica es la que enfrenta antagnicamente al marxismo del revisionismo y del reformismo: asustar o tranquilizar al capital.

No hace falta decir que la historia ha confirmado esta leccin: si el proletariado no asusta a la burguesa con las medidas sociales que introduce una vez que est en el gobierno, paralizndola, dividindola, y si a la vez, simultneamente, no anima, no conciencia, no radicaliza ni potencia la autoorganizacin obrera y popular mediante esas medidas, entonces no pasar mucho tiempo para que la burguesa se recupere, movilice, por un lado, las fuerzas reaccionarias que posee el Estado y que el nuevo gobierno no controla; y, por otro lado, reactive, despierte y dirija la reserva de fuerzas irracionales que dormitan en la estructura psquica alienada de masas dirigindola contra el nuevo gobierno. El apoyo imperialista a la burguesa que ha perdido el gobierno para que lo recupere cuanto antes y a cualquier precio, acta desde el primer momento, e incluso desde antes de su derrota poltico-electoral.

El de 1881 no era un consejo sin base histrica, una respuesta de trmite para quedar bien a una pregunta incmoda; era la quinta esencia de la estrategia enunciada en el declogo de medidas que deba imponer el gobierno obrero segn el Manifiesto Comunista de 1848. Como sabemos esta obrita no fue una sbita inspiracin de sus autores, sino el resumen que por encargo hicieron del programa que deba extraerse de la lucha de clases habida hasta ese momento de crisis en el que se esperaba que estallase una revolucin, como efectivamente sucedi. En el de siglo transcurrido hasta la respuesta Nieuwenhuy no hizo sino confirmar la estrategia enunciada en el Manifiesto, pero reforzada con muchas ms lecciones. Y qu decir de lo sucedido en este poco ms de un siglo? Podemos aplicar al presente lo que se propuso hace 138 y 171 aos respectivamente? Dividimos la respuesta en dos partes.

La primera es que, hasta ahora mismo, no existe desde finales del siglo XVIII cuando aparecieron las luchas obreras y populares contra la primera industrializacin britnica, ninguna victoria del trabajo sobre el capital que no se haya basado en alguna forma de miedo burgus ante la fuerza obrera y ante la amenaza de mayor violencia justa del pueblo. La limitada y oportunista reforma electoral britnica de 1832 respondi al miedo de la burguesa ante el aumento de la radicalidad obrera que haba aprendido de la derrota del ludismo de 1811-1816 bajo el terrorismo de Estado. Las mutuas, las cooperativas, los centros sociales, etc., creados por la filantropa burguesa y el cristianismo social hasta la mitad del siglo XIX responden al miedo de esos sectores conscientes de que, como advirtiera Napolen, uno puede hacer todo con las bayonetas, menos sentarse sobre ellas. La alabada poltica social de Bismarck en la segunda mitad del siglo XIX era la zanahoria que endulzaba la dura represin que aplastaba a la izquierda.

En 1906 Rosa Luxemburg volva a tener razn cuando deca que si la socialdemocracia consegua reformas en el parlamento era debido, antes que nada, a la violencia obrera en las calles y fbricas, violencia latente o abierta. Sin ella la burguesa no cedera nada. Entre 1918 y 1922, el Partido Socialista italiano tras dejar que el ejrcito aniquilase las comunas del norte y las luchas campesinas del sur de Italia, evit toda poltica radical contra la burguesa que en su mayor parte ya era aliada de Mussolini. Los comunistas se organizaron en 1921, muy tarde para impedir la victoria del fascismo. La Repblica de Weimar de 1918 a 1933 masacr revoluciones e hizo tmidas reformas, pero no se atrevi a imponer medidas radicales que sacaran de la pobreza al pueblo alemn desde 1929, lo que facilit la victoria del nazismo en 1933. Desde 1931 el gobierno republicano espaol hizo reformas valiosas, pero senta pnico a indisponerse con el ejrcito, la burguesa y la Iglesia, negndose a fortalecer al movimiento obrero y a conceder derechos elementales a las naciones oprimidas: desde 1936 el franquismo arras con todo. En 1936 el gobierno del Frente Popular francs impuso reformas sociales avanzadas, pero desde 1938 se pleg al capital atemorizado por la crisis econmica y el auge nazi-fascista.

El palo y la zanahoria fueron aplicados en la Europa capitalista desde 1945 y sobre todo desde 1948 para exculpar a la burguesa colaboracionista o abiertamente nazi bautizndola como democrtica. Mtodo repetido en los 70 con las transiciones democrticas en Portugal, Grecia, Estado espaol.... Salvando algunas diferencias espacio-temporales y temticas, polticas casi idnticas han sido seguidas por el reformismo cuando ha llegado al gobierno por vas electorales. La tragedia chilena, pese al herosmo de Allende, es el paradigma del fracaso, y la situacin actual de Grecia, sin llegar a los niveles represivos, confirma lo dicho; los ejemplos negativos, sobran, desgraciadamente. Por el contrario, si Cuba y Venezuela, y en parte Bolivia, mantienen su independencia es justamente por haber seguido la estrategia contraria, aceptando sus diferencias. Y Ecuador, Hait y otros pueblos, estn condenados a tener que rebelarse siempre que los nuevos gobiernos democrticos se arrodillan ante el FMI en vez de avanzar al socialismo? O para ir ms al grano qu ha sucedido con el socialismo del siglo XXI?

Habiendo dejado en el teclado un sinfn de dramas y tragedias idnticas con decenas de millones muertos a sus espaldas, y varios miles de millones de personas sometidas a la explotacin capitalista, urge responder a la pregunta: qu vala cientfica segn la teora marxista de ciencia, verdad, etc.- tienen las lecciones de tanto dolor y sangre? Esta serie de doce artculos sobre marxismo tiene la funcin de responder a esta pregunta que tiene el ncleo de su respuesta en la teora de las crisis en el capitalismo: esta es la prueba de fuego ante la que huye espantando el revisionismo y el reformismo.

Los fracasos demuestran que la poltica de tranquilizar y consensuar con el capital aparnteme surte efecto en los perodos de calma y de bonanza econmica, cuando puede ceder algunas reformas insustanciales; pero solo es una apariencia fugaz porque durante ese tiempo la burguesa se ha enriquecido tanto o ms, ha integrado y desmovilizado a amplios sectores proletarios, ha marginado a la izquierda y ha fortalecido su poder represivo. Luego, cuando resurge la crisis las crisis del capital siempre resurgen y con ms gravedad que las anteriores- la burguesa parte con una clara ventaja, a no ser que durante ese tiempo la izquierda revolucionaria haya sido lo que dice su nombre. Las crisis ponen todo a prueba, a la izquierda revolucionaria y al capital, pero en primer lugar al reformismo y al revisionismo porque su placentera y bien remunerada existencia depende que no existan crisis pero existen e insisten en estallar ms frecuentemente y con ms letalidad.

Otro de los primeros indicios para la militancia de base de organizaciones que decan ser de izquierdas, de que estas estn girando al reformismo o ya lo son mucha militancia de base tiene dependencias emocionales que le atan a su burocracia ms all de lo lgico-, es que han ido liquidando la formacin marxista hasta decir que el marxismo es una de tantas ciencias sociales, ocultando cuales son las dems. Ya que la burocracia no puede demostrar que el marxismo ha fracasado, se la reduce a una teora como otra cualquiera a disposicin en el mercado ideolgico profusamente surtido por la industria cultural burguesa. De este modo, la organizacin abierta a todo pero que excluye de hecho al marxismo, puede practicar el posibilismo y el pragmatismo ms interclasista sin temor a las preguntas de las bases.

Llegamos aqu a la segunda parte de la respuesta: Cmo lograr que la burguesa se asuste incluso antes de que la izquierda llegue al gobierno teniendo en cuenta que el reformismo acta en sentido contrario, en tranquilizarla, en no asustarla? Recordemos lo arriba dicho sobre que las crisis ponen a prueba toda la poltica. Desde 2007 el capitalismo sufre la tercera y ms potencialmente destructiva depresin de su historia. En las crisis anteriores, el poder alienador inherente al capital, el revisionismo/reformismo, la brutalidad represiva y los errores de la izquierda, bsicamente, han salvado a este sistema inhumano. Qu podemos hacer para empezar a meter miedo al capital, a debilitarlo y a aumentar la fuerza obrera? Antes de seguir, veamos un ejemplo: la prensa burguesa protesta enfurecida contra las manifestaciones de la clase obrera del metal en Bizkaia porque su ejercicio del derecho de manifestacin molesta al trfico en el centro empresarial y burstil de la ciudad, sembrando dudas contra el derecho de manifestacin del pueblo trabajador. Partiendo de este caso, veamos qu se puede hacer en tres reas vitales para el sistema porque atacan al centro del proceso de produccin, circulacin, depsito, venta y realizacin del beneficio.

Una hace referencia a la extensin de la lucha de clases desde el sector fabril clsico al sector de los servicios bancarios y financieros, de seguros; del transporte en general y sobre todo en los centros de almacenaje y distribucin, como puertos y aeropuertos hasta pequeas empresas de reparto urbano sean mercancas o turistas; de los servicios de asistencia social, salud mental y fsica para todas las edades, educacin, energa y agua, carreteras y trenes, etc., para la fuerza de trabajo y no slo las mercancas y turistas, sean pblicos, privados o concertados; los centros vitales de las telecomunicaciones imprescindibles para el capital; la produccin de alta tecnologa, tecnocientfica, la universidad como fbrica de fuerza de trabajo cualificada, unidas a las grandes corporaciones de la industria de la matanza humana, de la petroqumica y energticas, biotecnologa, farmaindustria y agroindustria, capitalismo-verde

La lucha de clases est penetrando en estas reas decisivas del capital. Reducir los derechos econmicos, laborales, sindicales, etc., de sus trabajadores es una prioridad para el sistema. Para el proletariado es decisivo avanzar en ella para prefigurar el socialismo en lo estratgico, y para atacar al capital en su mismo ncleo reproductor. Aqu, asustar a la burguesa significa al menos exponer claramente la necesidad de la expropiacin de estas fuerzas productivas; la necesidad de los comits y consejos de trabajadores internacionalmente conectados como autoorganizacin a la que deben supeditarse los sindicatos; la necesidad de una planificacin que advierta a la burguesa que se pondr en prctica al precio que sea, limitando grandemente la democracia burguesa o sustituyndola por la democracia socialista

Otra hace referencia a la centralidad en la multidiversidad de la fuerza de trabajo, centralidad impuesta por la unidad y lucha de contrarios entre burguesa y proletariado, pero que se presenta mediante infinidad de expresiones concretas. La mujer trabajadora es el centro de la explotacin porque ana en ella la produccin y la reproduccin de la forma esencial para el capitalismo. La sobreexplotacin de la mujer se extiende a la de la infancia y juventud obrera, y a llamada tercera edad, fuerza de trabajo agotada pero que ha de suplir con tremendos esfuerzos la inexistencia o liquidacin de los servicios pblicos. Frente a los parches del feminismo reformista y a la industria del asistencialismo, que tranquilizan a la burguesa, la izquierda ha de asustar al poder exigiendo la estatalizacin y/o la comunalizacin autoorganizada sin entrar ahora en detalles- a costear por el capital y por los bienes de la Iglesia, de la infraestructura, locales, inversiones, salarios, etc., y sobre todo al avance en una justicia popular de autodefensa que asuste a la justicia burguesa obligndole a profundas reformas, pero que sobre todo sea el ncleo de la justicia socialista que debe irse creando en la medida de lo posible.

Y la ltima, o la primera, la izquierda ha de actualizar el derecho a la rebelin y a la resistencia contra el sistema, como derecho inalienable. Cada colectivo oprimido por una injusticia especfica, cada fraccin de la clase proletaria y del pueblo trabajador, cada nacin oprimida, debe decidir cmo, de qu forma, con qu objetivos, durante cunto tiempo, bajo qu estrategia de acumulacin de fuerzas y alianzas tcticas, etctera, ha de practicar tales o cuales derechos de resistencia y rebelda. La izquierda tiene el deber tico y poltico de respetar tal derecho inalienable, tal cual en su tiempo lo reconoci la misma burguesa y ahora pretende negrselo al proletariado. Asustar el capital es esta cuestin slo se logra mediante la pedagoga de la prctica, incluida en ella la explicacin de la efectividad y del lmite de los pacifismos concretos separados de una estrategia revolucionaria que debe integrarlos, y la demostracin de la esencia inmoral y reaccionaria del pacifismo absoluto, a ultranza e incondicional: tenemos la necesidad, el deber y el derecho de ayudar a las resistencias de cualquier oprimido y oprimida.

El revisionismo y el reformismo tranquilizan al capital tambin en estas tres grandes reas que hemos expuestos de manera muy general. A resultas de ello, la humanidad explotada tiene muchas dificultades para desarrollar su estrategia revolucionaria, es muy crdula para con las mentiras del poder, cree que el capitalismo es el menos malo de los sistemas posibles, y por tanto asume ese refrn ultraconservador e individualista de que es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer, en un momento en el que se agrava hasta lo insospechado la crisis sistmica que golpea con especial dureza a las y los oprimidos desde 2007.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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