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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-10-2019

El grito de una juventud abandonada

Jean-Pierre Perrin
Mediapart

A pesar de la represin cada vez ms violenta, con un balance de ms de 100 muertos y 4.000 heridos, las manifestaciones continan en varias ciudades iraques. Desde el pasado viernes 4 de octubre, los francotiradores han entrado en escena. Por primera vez, el conflicto, que enfrenta a jvenes chiitas con un gobierno de la misma religin, no es interconfesional.


Quines son y quines les dirige? Nadie lo sabe con certeza pero, desde el viernes 4 de octubre, se ocultan en las calles de Bagdad para matar, fra y metdicamente, apuntando a la cabeza y eligiendo minuciosamente sus objetivos entre los manifestantes. Algunos acusan, a travs de las redes sociales, a francotiradores de lite de la polica; otros a clulas inactivas del Estado Islmico (EI). Otros, ms numerosos, apuntan a milicias proirans que campan por todo el territorio iraqu y a quienes ya se ha visto disparar a la muchedumbre. No hay ninguna certeza, pero la entrada en escena de francotiradores demuestra que Iraq se encuentra atrapada en una espiral de violencia cada vez ms incontrolable.

Segn varios balances, como el realizado por el Ministerio iraqu de Sanidad y la agencia de prensa Reuters, la jornada del domingo 6 de octubre se sald con un total de 100 muertos, muchos de ellos por bala, y unos 4.000 heridos. La mayora de los fallecidos fueron identificados en las siguientes 48 horas. A excepcin de algunos policas, las vctimas son jvenes chiitas los sunitas y los kurdos no participan en las manifestaciones- que, desesperados ante la ausencia total de futuro, salieron, el pasado martes, a las calles de la capital, tambin de pequeas y grandes ciudades al sur del pas. El domingo 6 de octubre, el gran suburbio chiita de Sadr City, cerca de Bagdad, se vio salpicado por fuego y sangre.

Para el primer ministro iraqu Adel Abdel-Mehdi, la gota que habra colmado el vaso habra sido, hace unos diez das, el cese del general de tres estrellas Abdel-Wahhab al-Saadi de su puesto como comandante de la seccin antiterrorista, para enviarle a perder el tiempo a una lbrega oficina del Ministerio de Defensa. El oficial es considerado como un hroe nacional , en particular por la juventud chiita iraqu, que ha seguido sus xitos militares, a la cabeza de la clebre Divisin Dorada , la principal unidad iraqu en la lucha contra el Estado Islmico, durante las batallas de Baji, Tikrit, Falloudja y Mosul. A diferencia de otros generales iraqus, l se dejaba ver en primera lnea.

Cmo han podido echarle? Era el nico responsable del pas competente y sin corromper. Nada funciona en Irak y el nico quehacer que ha encontrado este Gobierno es echarle, se indignaba entonces Mohammad Y, un ingeniero residente en Bagdad.

Unos das ms tarde, Irak estallaba. Si bien las manifestaciones comenzaron el pasado martes en Bagdad, rpidamente se extendieron al sur del pas en particular a las ciudades de Nassirya, Amara, As-Shatrah o Hilla -, regin de donde procede de la familia del general Saadi.

El despido del oficial es realmente la chispa que desat la clera popular? Hubiera estallado incluso sin su destitucin, digamos que fue la provocacin de ms -responde la politloga Myriam Benraad, investigadora asociada en el Instituto de Investigacin y Estudios sobre los Mundos rabes y Musulmanes (Iremam) y autora de LIrak, par-del toutes les guerres: ides reues sur un tat en transition (Irak, ms all de todas las guerras: ideas sobre un Estado en transicin, editado por Le Cavalier bleu)-. El general Saadi no solo era apreciado por la juventud chiita, sino tambin por los sunitas, por las minoras en general, e incluso por los kurdos. Y este hombre, visto por la poblacin como providencial, ha sido revocado por personas que son mal consideradas por el pueblo. No es de extraar que esto termine mal.

Sin tener en cuenta que las razones que alimentan la clera y la indignacin no faltan en Irak. Las manifestaciones en Irak son el grito de una juventud abandonada y desesperada. Son espontneas, no partisanas, nadie las manipula, como el poder trata de hacer creer , se exalta el politlogo y especialista en Oriente Prximo Khattar Abou Diab. Subraya que, a pesar de las ganancias del Estado ligadas al petrleo -entre 400.000 y 500.000 millones de dlares desde la cada de Saddam Hussein en 2003-, los servicios pblicos son inexistentes o estn abandonados a su suerte. Actualmente, Irak exporta 3,5 millones de barriles de petrleo al da.

El balance es terrible: el desempleo alcanzara el 40% y afectara a uno de cada cuatro jvenes en Bagdad. Los cortes de electricidad ocurren a diario y la falta de agua potable afecta a localidades del sur del pas. Los funcionaros reciben sus pagas con meses de retraso, aunque son indispensables para el funcionamiento del pas. Pero, lo que tambin explica la clera popular, es la corrupcin que devora a toda la clase poltica: Irak es el dcimo pas ms corrupto del mundo.

A este problema se aade otro: la extrema violencia de la represin ejercida por las brigadas antidisturbios que, desde las primeras horas de las manifestaciones en Bagdad, dispararon con balas reales a los manifestantes para dispersarlos e impedirles entrar en la zona verde de la capital, donde se encuentran reagrupadas las principales instituciones y las embajadas extranjeras. Los errores y la lentitud del Gobierno no justifican los excesos de los manifestantes, pero estos excesos tampoco justifican la violencia de las fuerzas del orden, reconoca hace unos das un alto diplomtico iraqu, actualmente en Bagdad. Despus, se sumaron los tiros de los francotiradores.

Para tratar de contener la clera, el Gobierno ha impuesto, sin xito, un toque de queda. Tambin ha inhabilitado el acceso a Facebook y, seguidamente, a la totalidad de internet.

Prueba del resentimiento hacia las milicias, acusadas de contribuir a la parlisis del pas, los edificios que ocupan tambin se han convertido en el objetivo de los manifestantes. En particular los de Hachd al-Chaabi ( Fuerzas de Movilizacin Popular , en espaol), una coalicin de milicias paramilitares de mayora chiita y proirans.

Al parecer, estas milicias habran presionado al Gobierno para que se deshiciese del general Al-Saadi, quien, por su parte, no las tiene ningn aprecio. En Irak, hay una brecha de la que no se habla pero que es patente: entre civiles y militares. Mientras hay un rechazo de la poblacin por las lites civiles, que no han jugado ningn rol en la guerra contra los yihadistas, el ejrcito perdura, en revancha, como la nica institucin tratada con respeto. Las milicias, que son fuerzas ligadas a partidos, ya no son bien recibidas, a diferencia de los militares que cuentan con la estima de la poblacin, explica Myriam Benraad.

Lo que tambin llama la atencin es que quienes encarnan el cambio en Irak tambin han sido marginados por los manifestantes. Es el caso del Partido Comunista o de Moqtada al-Sadr, el religioso prcticamente sin grado, rudo y exaltado, que pretende erigirse como la voz de los mostazafn (los desheredados), cuya lista Sayroun (La Marcha), gan las ltimas elecciones generales, en mayo de 2018, y constituye la principal fuerza de oposicin. Incluso si reclama la dimisin del Gobierno y la celebracin de elecciones legislativas anticipadas bajo la supervisin de observadores internacionales, quien siempre se apresura a agitar la causa chi, debe hacer frente a una evidencia: esta vez, por primera vez, el pueblo chiita no est con l.

Incluso la Marjaya, la gran institucin chiita que, aunque es ultraconservadora, es venerada por todos los fieles de esta confesin, tampoco se escapa de esta tormenta. El gran ayatol Ali al-Sistani, cuya palabra suele ser escasa, insisti en la necesidad de que el Gobierno no recurriera a la fuerza y fue severo con la clase poltica iraqu, denunciando su incapacidad a la hora de resolver los problemas del pas.

Es triste que haya habido tantos muertos, tantas vctimas y destruccin. El Gobierno y los partidos polticos no han respondido a las reivindicaciones del pueblo sobre la lucha contra la corrupcin, y no han hecho nada en el terreno. El Parlamento carga sobre sus hombros la principal responsabilidad de lo que est ocurriendo, declar, en una carta leda por su representante, el pasado viernes, durante un sermn en la ciudad santa de Kerbala.

Sin embargo, eslganes criticndole han sido escuchados durante las manifestaciones, lo que no tiene precedentes. Incluso figuras como Al-Sadr o Al-Sistani, que marcan distancias con el Gobierno, son rechazadas. Los manifestantes no les dejan de lado. Tambin son considerados responsables: prometieron cambios y reformas que nunca ocurrieron, comenta Myriam Benraad.

Cierto, el viejo ayatola contina siendo la gran figura de la comunidad chiita, pero comienza a comentarse en Irak que l forma parte del problema. Es l quien, tras la cada de Saddam Hussein, en abril de 2003, junto a los estadounidenses y los partidos chiitas, ha terminado colapsando el actual sistema poltico, el mismo que tiene una enorme responsabilidad en el caos actual.

Para el primer ministro, un exmaosta convertido en fundamentalista chiita, cuya nominacin, apoyada tanto por Tehern como por Washington, resulta de un compromiso entre diferentes partidos, el futuro se anuncia incierto. Pretendiendo que la clase poltica iraqu es solidaria con los manifestantes - nosotros no vivimos en torres de marfil, caminamos entre ustedes en las calles de Bagdad , declar-, es, sin embargo, quien desde el comienzo de los disturbios, ha ordenado el uso de la fuerza. Hoy, podra servir como un fusible, especialmente porque no tiene fuerzas significativas a sus espaldas para apoyarlo.

Hay una fuerte demanda de ciudadana entre los manifestantes. Es muy importante para ellos ser ciudadanos de pleno derecho. Sin embargo, se sienten traicionados por todas esas buenas personas de la poltica que, desde 2003, estn en el poder y no han hecho nada. Actualmente, estamos en una semidemocracia, ciertamente con elecciones, pero sin que la poblacin est representada. Y debe recordarse que fue la severa represin de 2008 [contra la poblacin de ciertas ciudades sunitas que se rebel] lo que trajo a los yihadistas. Aqu, por primera vez, tenemos una juventud chiita que se rebela contra el poder chiita. Y debemos preguntarnos: qu es lo que lo ha provocado?, se interroga la investigadora.


Fuente original: https://www.mediapart.fr/es



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