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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-10-2019

Se abre un nuevo ciclo de resistencia popular contra el neoliberalismo

Mario Unda
Correspondencia de Prensa


Primer balance

Hace pocas horas finaliz el dilogo entre el gobierno y el movimiento indgena con el anuncio de que se dejaba sin efecto el decreto 883, emitido el 2 de octubre, para ser reemplazado por un nuevo decreto, que debe ser redactado por representantes del movimiento indgena y del gobierno. En consecuencia, se levant el paro. Se puede hacer por ahora un primer balance, provisorio, claro.

Vuelve la resistencia popular

La resistencia popular, que haba sufrido aos de represin y persecuciones bajo la era de Rafael Correa, volvi a instalarse. En los 11 das de paralizacin se movilizaron diversos sectores sociales: al principio, los transportistas, los indgenas y los obreros. Los transportistas anunciaron un paro que dur dos das y que termin tras la negociacin de un incremento de los pasajes. Pero eso no detuvo la oleada social: el movimiento indgena y el movimiento sindical, que ya venan preparando acciones en contra de las polticas del gobierno, ocuparon la escena, y atrajeron la solidaridad de estudiantes de varias universidades que organizaron brigadas de atencin a la salud y el cuidado de albergues, especialmente para mujeres y nios indgenas; luego se activaron grupos feministas y finalmente, los ltimos dos das, amplios sectores de las clases populares y medias de la poblacin urbana. Como ya haba ocurrido antes, el pueblo se construye en la confluencia de la lucha, un poco de manera organizada, otro poco de manera espontnea. Como toda confluencia de estas caractersticas, su futuro est por definirse, y ser un elemento central de la realidad en el futuro inmediato.

Confluencias y fragmentaciones del movimiento popular

La confluencia de esta hora presenta ciertas diferencias respecto a las anteriores, que se haban articulado alrededor de un movimiento social: los estudiantes en la dcada de 1970; el movimiento sindical en los primeros aos de la dcada siguiente; el movimiento indgena entre 1992 y 2002; o la explosin de la clase media urbana en 2005. Ahora, sin embargo, el eje fue una difcil e incompleta confluencia de indgenas y obreros.

Parte de los efectos del ataque del corresmo a los movimientos sociales fue el debilitamiento de las proximidades entre ellos, el afloramiento de suspicacias y el predominio de particularismos. En estos 11 das de lucha se pudo observar igual la tendencia a la aproximacin cuanto los lmites que ella enfrenta. Por eso el gobierno, aunque fue derrotado, alcanz a mover fichas, aunque sea y por de pronto para ganar tiempo. Su tctica fue siempre dividir la movilizacin atendiendo demandas particulares: la subida de pasajes desmoviliz a los transportistas. Luego intent separar a los indgenas de los obreros: en un momento dado, el gobierno y los medios de comunicacin dejaron de referirse a las demandas del movimiento sindical y se concentraron en la oferta de compensaciones para el campo; al principio no obtuvieron resultado, pero finalmente lograron separar a los dos actores centrales del movimiento popular en los dilogos: el domingo se reunieron con los indgenas para tratar el decreto 883 y pospusieron para el martes un posible dilogo con el movimiento sindical, que se dar ya seguramente sin el calor de la movilizacin popular masiva. Al mismo tiempo, busca separar a los trabajadores pblicos del resto del movimiento sindical, anunciando su disposicin a revisar las medidas que les afectan particularmente: reducciones salariales y de vacaciones.

El gobierno ha mostrado as su disposicin a negociar fragmentos del paquete con el fin de mantener la posibilidad de implementar los ncleos centrales del modelo neoliberal: las privatizaciones y la sobreexplotacin del trabajo y de la naturaleza. El tiempo dir si tiene o no xito en su empeo. Y el tiempo dir tambin si los movimientos populares logran, despus de esta intensa jornada, reemprender acercamientos y lazos indispensables para enfrentar los desafos que vendrn. La construccin de un claro horizonte poltico y de un programa de accin son indispensables para avanzar en este camino.

Un primer enfrentamiento con las tendencias represivas y antidemocrticas de la burguesa

El gobierno de Moreno, tras un andar vacilante en un inicio, fue convirtindose en expresin de la voluntad neoliberal de los grupos monoplicos y del FMI. Esto ocurri en medio de una serie de episodios de tira y afloja, en que el gobierno ceda cada vez ms a los deseos de las cmaras empresariales, pero sin aplicar por completo las medidas solicitadas, de manera que su accionar siempre fue considerado por ellas como insuficiente. La firma de la carta de intencin con el FMI sell el desplazamiento del gobierno hacia el neoliberalismo, pero demor en la aplicacin de las medidas exigidas. La misma carta de intencin con el FMI explicaba el motivo: el anexo 3 se refera a los riesgos de desatar protestas sociales con las medidas que se implementaran.

Esto permiti el despliegue de dos tendencias: la primera, la rpida solidificacin del bloque en el poder, con un discurso nico esgrimido por el gobierno y el FMI, los gremios empresariales y sus intelectuales orgnicos, el gobierno norteamericano y la gran prensa, todos apuntando a una rpida implementacin de medidas "dolorosas pero necesarias"; eso se tradujo en una intensa campaa a travs de los medios de comunicacin en el ltimo medio ao.

Por otra parte, pareciera que el bloque en el poder lleg a la pronta conclusin de que su programa slo podra imponerse de manera violenta. A medida que pasaba el tiempo, la virulencia, la inflexibilidad, las amenazas y atemorizamiento ganaron espacio en sus pronunciamientos. El clmax lleg en estos das de conflicto, y desnuda claramente la naturaleza represiva y antidemocrtica de la burguesa y del neoliberalismo. No se trat solo de las acusar a los manifestantes de vndalos, delincuentes y terroristas, sino de amenazarlos con aplicarles el cdigo penal inventado por Rafael Correa, que prev penas de tres aos de crcel por participar en protestas, sino que el ministro de defensa, el exmilitar Oswaldo Jarrn, lanz una abierta amenaza de reminiscencias fascistoides: habl de utilizar armas letales contra las personas movilizadas y record que los militares estn preparados para la guerra. A tomo con esto, la Federacin Nacional de Cmaras de Industrias del Ecuador circul un manifiesto en que exige al gobierno "Una accin inmediata de las Fuerzas Armadas y la Polica Nacional para recuperar el orden y la paz social en estricta aplicacin del estado de excepcin", as como "La judicializacin de los autores, cmplices y encubridores , as como de los autores materiales e intelectuales de los delitos que se han cometido, bajo el amparo del Cdigo Orgnico Integral Penal" (https://www.elcomercio.com/actualidad/federacion-industrias-accion-protestas-ecuador.html).

Las acciones gubernativas iban en la misma direccin: a las pocas horas de iniciadas las protestas se decret ya el estado de excepcin por 60 das (reducido a 30 por una complaciente Corte Constitucional), y le siguieron la militarizacin y el toque de queda. Que no se trataba nicamente de bravatas lo demuestran las cifras ofrecidas por la defensora del pueblo: entre el 3 y el 13 de octubre la represin gubernamental caus por lo menos 7 muertos, 1340 heridos y ms de 1150 detenidos. Se trata de la mayor violencia ejercida contra la protesta social en los ltimos 30 aos.

Sin embargo, ni la represin ni la amenaza lograron detener la movilizacin. La ltima medida de toque de queda, establecida por las Fuerzas Armadas entre las 3 de la tarde del sbado y las 3 de la tarde del domingo, ni siquiera pudo aplicarse: el "cacerolazo", convertido en verdaderas fiestas populares en los barrios de Quito, impidi de hecho su aplicacin. Queda, no obstante, una constatacin: la implementacin del modelo neoliberal recurrir a la violencia ms brutal para aplicarse y los grupos de poder han desnudado su naturaleza violenta y criminal. Adems, esa mentalidad violenta ha comenzado a permear en ciertos grupos de sectores medios.

El populismo y la crisis de la democracia

Dos asuntos ms para concluir estas primeras reflexiones. El primero: parece ser que el retorno al neoliberalismo no lograr fcilmente estabilizar su reinado, y la crisis estructural del Estado, de la que hablaba en su momento Agustn Cueva (1), vuelve a ponerse frente a nosotros como horizonte ineludible. Si la crisis de los 25 aos de la etapa neoliberal anterior nos trajo el populismo corresta, la crisis del populismo nos lanza nuevamente al neoliberalismo; pero esta nueva oleada neoliberal nace ya en crisis: la violencia cada vez ms desbocada de las clases dominantes y de su gobiernos son el signo primero; la resistencia social es la respuesta que desde ya se est gestando. El resultado no puede ser otro que democracias frgiles y restringidas.

El segundo: como nos lo mostr esta jornada de lucha intensa, tambin la construccin del pueblo ser un campo de conflicto. Competir all la derecha, combinando su violencia reencontrada con intentos de movilizaciones de masas. Competir all tambin el populismo corresta, que demostr en estos das tener an capacidad de incidencia en sectores urbanos populares, como lo haba demostrado hace poco, en las elecciones locales de marzo de este ao. Y competir tambin el movimiento popular, es decir los movimientos sociales autnomos, probablemente alrededor de los obreros y de los indgenas, que sern puestos en el centro del conflicto por los intentos de implementar el modelo neoliberal. Qu tendencia logre predominar marcar el tono y el color de los tiempos que vendrn -que ya comenzaron a venir.

La derecha y el neoliberalismo han perdido una primera batalla, pero podemos suponer que se van a detener all? Es improbable. Recin finalizado el dilogo, se abre la disputa por el contenido del nuevo decreto que reemplazar al 883: eso ya nos dir algo. Se cumplir el martes el ofrecido dilogo del gobierno con los trabajadores?, qu destino tendr? Cules sern los siguientes movimientos del bloque neoliberal en el poder? Sostendrn a Moreno o preferirn deshacerse de l? Lograr el movimiento popular encontrar y construir los caminos para acercamientos y articulaciones o se extraviar en los lmites estrechos de los intereses corporativos? Lo nico cierto parece ser que ha comenzado un nuevo ciclo de resistencia popular contra el neoliberalismo. Ha comenzado con una gran fuerza, pero tendr una labor mucho ms esforzada por delante.

Nota:

1) Agustn Cueva (1937-1992), socilogo e historiador ecuatoriano, fue animador de los debates sobre la teora de la dependencia. Obtuvo el Premio Ensayo de Editorial Siglo XXI por su obra El desarrollo del capitalismo en Amrica Latina, en la cual propone, desde una visin marxista, un anlisis de la transicin latinoamericana al capitalismo en el siglo XIX, por la va "junker", explor lla formacin social como coexistencia de varios modos de produccin, Fue presidente de la Asociacin Latinoamericana de Sociologa y Jefe de la Divisin de Estudios Superiores de la Facultad de Ciencias Polticas y Sociales de la UNAM.

Mario Unda. Socilogo, activista del movimiento urbano-popular.

https://correspondenciadeprensa.com/2019/10/15/ecuador-primer-balance-de-una-victoria-se-abre-una-nueva-fase-de-la-resistencia-popular-mario-unda/



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