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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-10-2019

Estado carcelario
El mito de los fiscales progresistas estadounidenses

Ross Barkan
Ctxt

Un estudio de 2015 concluy que un 95% de estos cargos pblicos son blancos. Forman parte de un sistema retrgrado que criminaliza a la poblacin negra e hispana.


Cuando Kamala Harris habl frente al Commonwealth Club de California en el invierno de 2010, la presidencia todava no rondaba por su cabeza. O, si rondaba (como suele suceder con cualquier poltico trepa con una pulsin y un sueo), no iba a hablar de ello. Harris era la fiscal de distrito de San Francisco, y le faltaba un ao para ascender a un cargo estatal. Al ao siguiente, tom posesin del cargo de fiscal general de California; en 2016 fue elegida para el Senado, y ahora es una de las principales candidatas a la presidencia del gobierno, al menos en la opinin de muchos expertos.

Es poco probable que la Harris de 2010 pensara que lo que estaba a punto de decirle al Commonwealth Club se utilizara en su contra en unas futuras primarias porque, aunque la reforma de la justicia penal haba ganado terreno en los primeros das de la presidencia de Obama, las trgicas muertes de Michael Brown, Freddie Gray y Eric Garner estaban todava a aos de distancia.

Por eso, Harris estaba tranquila cuando brome con encarcelar a los padres.

Creo que un nio que no recibe ninguna educacin es equivalente a un delito. Por eso decid que iba a comenzar a llevar a los padres a juicio por absentismo escolar, afirm Harris aquel da. Pero claro, esto fue un tanto polmico en San Francisco. Harris, rindose, se relaj con una gran sonrisa que dejaba claro el subtexto: los hippies inversores zampagranolas de Haight Ashbury no iban a estar muy contentos con esto.

Sinceramente, el personal de mi oficina se volvi loco. Estaban muy preocupados porque por aquel entonces no sabamos si yo iba a tener algn rival en la carrera por la reeleccin, prosigui Harris. Pero pens, mira, ya est. Esto es algo serio y como tengo un poco de capital poltico, voy a utilizarlo.

El nmero de personas entre rejas en EE.UU. se ha quintuplicado desde los 80, y ha alcanzado los 2,3 millones, una poblacin ms numerosa que la de casi cualquier ciudad estadounidense

Harris continu describiendo su oficina como un gran garrote, con un membrete que por s solo poda obligar a cualquiera a hacer lo que ella quisiera. En una carta que envi a todos los padres del distrito escolar, Harris resumi la relacin que exista entre el absentismo escolar en primaria y una futura vida de delincuencia. Hasta un amigo mo me llam y me dijo: Kamala, mi esposa ha recibido la carta, ha flipado y ha juntado a los nios en el saln para decirles, con la carta en las manos, que si no iban a la escuela, Kamala iba a meterlos a ellos y a nosotros en la crcel.

Un video del evento, que sali a la luz en enero, se hizo rpidamente viral. Los crticos progresistas culparon a Harris de bromear con encarcelar a los padres y realizar un diagnstico errneo de un problema mucho ms profundo que no se limitaba a un simple dficit moral o una falta de supervisin. Los colegios pblicos de California siguen estando lamentablemente infrafinanciados y criminalizar el absentismo escolar podra tener la consecuencia no deseada de mandar ms chicos de color a la crcel. Desde cualquier punto de vista, los comentarios que hizo Harris en el Commonwealth Club han envejecido muy mal, sobre todo ahora que compite por convertirse en la elegida de un partido demcrata diversificado que ha rechazado de plano su herencia de mano dura contra la criminalidad.

Por ese motivo, y con razn, la candidatura de Harris ha dado pie a nuevas preguntas en la izquierda. Debera una antigua fiscal (alguien que festej meter a seres humanos en la crcel) ser ascendida al puesto de presidente? Puede alguien que haya ostentado ese puesto ser considerado un aliado del ascendente movimiento progresista? Es la fiscala un pecado original? Acaso la institucin, incluso en una poca de fiscales reformistas, no tiene ya remedio alguno?

La ltima pregunta es la ms urgente para la izquierda y posiblemente la ms difcil de responder. Los conservadores (incluso aquellos que han puesto en duda dcadas de polticas punitivas y derrochadoras que han encarcelado a una generacin de personas negras y destrozado incontables comunidades) no cuestionan seriamente el papel del fiscal. Estn ah, dicen, para mantenernos a salvo. El juez y el jurado arbitran, pero el fiscal es el que juega; en Estados Unidos, el tribunal pertenece al fiscal en todos los sentidos y, en ese terreno de juego, es donde se deciden a diario las vidas de las personas ms vulnerables del pas.

Por lo general, los liberales tampoco cuestionan esos supuestos. Se pide a los legisladores y a los dirigentes que elaboren leyes mejores que ayuden a mantener a los inocentes lejos de la crcel. Y luego, se espera que los fiscales hagan justicia dentro de ese marco. Las buenas leyes, se podra alegar, dan lugar a buenos fiscales. Y los fiscales, con su superior sentido de la discrecionalidad, pueden cambiar las vidas para mejor, siempre y cuando se elija a buenas personas para estos puestos.

El mito fallido estadounidense

Es importante tener en cuenta lo relativamente absurdos que son los comentarios de Harris en un contexto histrico y mundial. Estados Unidos es una potencia hegemnica y un marca tendencias cultural, pero sus estructuras de gobierno no se imitan en ningn otro lugar. Habr muchos pases que adopten la comida rpida y la msica pop, pero pasan de su singularmente demencial sistema presidencial, y prefieren la flexibilidad de un gobierno parlamentario y de dirigentes que no disfruten de una virtual inmunidad. Estados Unidos es a la vez un lder y un mutante de la escena internacional: un ejemplo de todo lo que es mejor evitar y, al mismo tiempo, un influencer indiscutible.

La fiscala estadounidense sigue siendo una anomala por excelencia. Estados Unidos es el nico pas del mundo que elige a sus fiscales. Como explic Michael J. Ellis en la revista Yale Law Journal, los fiscales pblicos locales fueron una invencin de la Amrica colonial. En un principio, se les nombraba y carecan de prestigio. En la poca de la Revolucin, el trabajo solo era de media jornada. En los tribunales estatales, los fiscales cobraban por caso y condena; los abogados de la defensa eran las verdaderas estrellas de la poca.

En el siglo XIX, la democracia popular aliment la imaginacin estadounidense. Los estadounidenses queran ms elecciones, al menos los hombres blancos que podan votar en ellas. Los reformistas, a su vez, crean que elegir a los fiscales servira para luchar contra la corrupcin y el clientelismo. En 1832, Mississippi cambi su constitucin para otorgarles a los votantes municipales el poder de elegir a los fiscales de distrito, y para cuando tuvo lugar la Guerra Civil estadounidense, la mayora de los estados ya haba seguido su ejemplo.

Por aquel entonces, los partidarios de elegir a los fiscales no se preocuparon mucho por cmo afectara esta tendencia al sistema de justicia penal. La principal preocupacin era expandir la franquicia y hacer que un cargo ms rindiera cuentas ante los votantes. El auge de los fiscales electos facilit que se concediera poder a un puesto que hasta entonces era una ocurrencia burocrtica ms. Los fiscales de distrito, al liberarse de su estatus de meros funcionarios, adquirieron el poder de decidir cundo se poda llevar a juicio un caso y comenzaron a colaborar con los recin creados departamentos policiales. Casi todos los estados que se sumaron a los Estados Unidos despus de la guerra civil adoptaron la eleccin de los fiscales y replicaron las constituciones estatales ya existentes. En la actualidad, solo hay cinco estados que nombran a los fiscales: Alaska, Connecticut, Delaware, Nueva Jersey y Rhode Island.

Los fiscales seleccionan los cargos de la acusacin, solicitan la fianza y a menudo deciden la sentencia de conformidad y la condena. Pueden retrasar los juicios indefinidamente y dejar que los acusados se pudran en la crcel

El siglo XX trajo consigo el culto al fiscal. Aunque no ha habido ningn presidente en poca moderna que haya desempeado el cargo de fiscal de distrito o fiscal general, hubo uno que estuvo muy cerca: Thomas Dewey. Republicano de Nueva York, Dewey fue el emblema del glamour creciente de la institucin. Cuando ocup el cargo de joven fiscal del distrito de Manhattan en las dcadas de 1930 y principios de los 40, Dewey inici una cruzada contra la mafia y encaus con xito a los lderes del crimen organizado y a otras figuras infames. Destinado al estrellato, Dewey fue elegido gobernador de Nueva York en 1942. En 1944, fue el candidato republicano contra Franklin Roosevelt, cuando el arquitecto del New Deal persegua su cuarto mandato. El margen de victoria de Roosevelt fue tan ajustado que le garantiz a Dewey la candidatura republicana de nuevo en 1948, cuando la mayora de expertos predijeron que saldra elegido como el trigsimo tercer presidente de los Estados Unidos.

Luego un ssmico e inesperado resultado electoral hizo que la carrera poltica de Dewey se desvaneciese, aunque [el demcrata] Harry Truman no pudo invertir la tendencia: el fiscal se haba convertido en el protagonista. S, el pblico estadounidense poda deshacerse en elogios hacia los Clarence Darrows y los Atticus Finches, pero el fiscal estaba situado en lo ms alto de la maquinaria: inspiraba miedo y captaba la atencin de una prensa excesivamente aduladora a partes iguales.

Antes de degradarse y convertirse en el asesor ogro de Trump, Rudy Giuliani fue un ambicioso al estilo de Dewey, un fiscal de Nueva York destinado a triunfar. Los dos polos del prestigio fiscal en Nueva York son el fiscal de distrito de Manhattan y el fiscal general del distrito sur, al que se suele denominar, de forma un tanto irnica, el distrito soberano por la gran discrecionalidad de que disfruta el cargo. Giuliani fue fiscal general y, como Dewey, fue un reformista republicano que persigui a la mafia.

Tras condenar a mafiosos como Carmine Serpiente Persico, el sanguinario jefe de la familia Colombo, Giuliani se convirti en un hroe para la prensa de Nueva York y para la nacional, un joven Hrcules limpiando los establos de Augas. Incluso los reporteros habitualmente cnicos no fueron inmunes al mito de Giuliani. En Ciudad a la venta, la obra de investigacin sobre la corrupcin municipal de los 80 que publicaron Wayne Barrett y Jack Newfield, se describe a Giuliani como un caballero blanco con una brjula moral que siempre apunta al verdadero norte.

Giuliani convirti la fama local acumulada en dos legislaturas como alcalde de Nueva York y, durante un tiempo, se pens que tena verdadera madera de presidente. El sueo se apag rpidamente en 2008, a raz de la humillacin que sufri en las primarias republicanas de Florida. Hizo falta otro republicano de Nueva York, un promotor inmobiliario bravucn y habitual de las revistas, para que Giuliani alcanzara el crculo de allegados del presidente.

En retrospectiva, la transformacin de Giuliani como fiscal reconvertido en hroe fue particularmente oportuna: la segunda mitad del siglo XX convertira a los fiscales de distrito y a los fiscales generales en cruzados, protagonistas de un mito peligroso, uno que terminara destruyendo las vidas de innumerables afroamericanos e hispanoamericanos. A finales de la dcada de 1960, el nmero de delitos con violencia se dispar en todo Estados Unidos y continu subiendo durante las dos dcadas posteriores. Frente a esto, demcratas y republicanos se unieron para aprobar polticas que dieron pie a un boom de encarcelaciones sin precedentes. El nmero de personas entre rejas en Estados Unidos se ha quintuplicado desde los 80, y ha alcanzado los 2,3 millones, una poblacin ms numerosa que la de casi cualquier ciudad estadounidense. Este nivel de encarcelamientos supera con creces a todas las dems democracias liberales.

Combatientes enemigos

Estados Unidos es un estado carcelario, pero cmo es posible que haya terminado as? Estuvieron la polica y las lites polticas sencillamente fuera de control? La periodista Emily Bazelon cree tener la respuesta. En su bien documentado y provocador nuevo libro, Cargado [Charged], traza una lnea directa desde el procesamiento punitivo hasta la explosin de las encarcelaciones. Los fiscales estadounidenses atesoran un poder abrumador, que tiene resultados desastrosos para los millones de personas que pasan por la batidora del sistema de justicia penal, escribe Bazelon en la introduccin del libro, y seala que los fiscales locales atienden ms del 95% de los expedientes criminales de Estados Unidos. A lo largo de los ltimos 40 aos, los fiscales han amasado ms poder del que nuestro sistema estaba diseado para conceder.

Bazelon sostiene que el poder ilimitado de los fiscales es la pieza que falta para poder explicar el desmedido boom de encarcelaciones en EE.UU. El sistema judicial de EE.UU. funciona a menudo como un sistema de injusticia, y genera unos niveles injustificados y contraproducentes de castigo. En gran parte, esto se debe al desmesurado papel que desempean hoy en da los fiscales.

En Nueva York, al menos, los casos de asesinatos de civiles desarmados a manos de la polica se adjudican en la actualidad al fiscal general del Estado y no a los fiscales de distrito

Los fiscales y los abogados de la defensa, a ojos de los profanos, son considerados casi como equivalentes. En los programas televisivos como Ley y orden, un carismtico ayudante de fiscal de distrito se enfrenta a un galante y en ocasiones estridente abogado de la defensa. Cada uno tiene sus propios recursos. Uno ganar y el otro perder, pero los dos tienen las mismas oportunidades de llevarse la victoria, solo es cuestin de ver quin plantea mejor su caso, quin espeta la rplica ms deslumbrante.

Cualquier persona que haya tenido la mala suerte de entrar en el sistema judicial sabe que los fiscales y los abogados defensores son combatientes asimtricos. Ese es el argumento de Bazelon: uno cuenta con un sofisticado arsenal armamentstico, en el que cada arma tiene su propio poder aniquilador, y el otro enarbola un palo o espera que con las palabras sea suficiente, aunque por lo general no bastan.

En el sistema estadounidense, los fiscales estn incluso por encima de los jueces. No rinden cuentas ante nadie y toman prcticamente todas las decisiones clave en un juicio. Seleccionan los cargos de la acusacin, solicitan la fianza y a menudo deciden la sentencia de conformidad y la condena. Pueden aadir cargos por capricho. Pueden retrasar los juicios indefinidamente y dejar que los acusados se pudran en la crcel. Son los ngeles misericordiosos y los verdugos. Todo depende de contra quin te enfrentes.

Los fiscales tienen otra arma a su disposicin: la prensa. Los fiscales poderosos pueden filtrar de forma selectiva informaciones favorables sobre su investigacin antes incluso de que se produzca la imputacin. En los grandes mercados mediticos, esta es la forma de actuar preferida y pone en situacin de peligro a los acusados mucho antes de que lleguen a juicio. Con frecuencia, ha habido informaciones sorprendentes sobre las investigaciones con mayor repercusin meditica del antiguo fiscal general del distrito sur de Nueva York, Preet Bharara, que llegaban a los peridicos semanas y hasta meses antes de que se presentaran oficialmente los cargos. Los blancos de sus filtraciones podan ser juzgados y condenados en el tribunal de la opinin pblica. Su sucesor, el republicano Geoff Berman, ya no es tan extravagante y los periodistas ansiosos se han visto obligados a subsistir sin constantes filtraciones.

Crimen organizado

La inmensa mayora de los procesos judiciales de Estados Unidos terminan en una sentencia de conformidad y ni tan siquiera llegan a juicio (una tendencia que no ha hecho ms que agudizarse en el ltimo medio siglo). Los fiscales pueden intimidar a los acusados para que eviten ir a juicio y se declaren culpables, aunque ni siquiera hayan cometido el delito. La presin para admitir la culpabilidad es enorme: ir a juicio siempre conlleva el riesgo de una condena mucho mayor si el juez o el jurado encuentran culpable al acusado.

Para la gran mayora de personas, muchas de ellas con bajos ingresos y no blancas, que se enfrentan cada da a esa demoledora decisin, no queda otra salida: o admites la culpa y sales con antecedentes penales, o vas a juicio con un abogado de oficio mal pagado y en desventaja, y ante un jurado listo para condenarte porque coincides con la idea de delincuente que tienen debido a la influencia de los medios.

La inmensa mayora de los procesos judiciales de Estados Unidos terminan en una sentencia de conformidad y ni tan siquiera llegan a juicio (una tendencia que no ha hecho ms que agudizarse en el ltimo medio siglo)

No es ninguna casualidad que la cultura de finales del siglo XX valorizara a un hombre como Giuliani, un fiscal conservador blanco que, cuando se convirti en alcalde, inst a su cuerpo policial militarizado a que reprimiera a los residentes afroamericanos e hispanos de la ciudad con el objetivo de controlar el crimen. Los fiscales son seres humanos que siguen el ejemplo de la cultura; si el signo de los tiempos reclama presos, presos les darn. Y lo que es ms importante an, muchos fiscales son polticos, que por lo general se eligen en ciclos de cuatro aos. Son los responsables de impartir justicia y se codean con las mismas personas (otros polticos, los policas con los que trabajan) que tericamente estn encargados de encarcelar.

Existe una razn por la que otros pases deciden no elegir a sus fiscales: no quieren que se produzcan escenas como la de Kamala Harris en el Commonwealth Club donde los fiscales bromean sobre su capital poltico. Ese es el peligro del sistema que EE.UU. ha heredado de sus ancestros. Los asuntos ms importantes (culpable o inocente, vida o muerte), se reducen a si los fiscales piensan que esas decisiones afectarn a su futuro poltico.

El statu quo econmico

Algunas personas han argumentado que la eleccin en s de los fiscales es algo peligroso. Un cargo electo tiene que identificar resultados tangibles para el distrito al que representa o defender ciertos votos que le condujeron a unos resultados positivos directos. La lnea argumental est clara: ya he hecho bastante por ti, ahora elgeme de nuevo para el cargo y as podr seguir haciendo ms.

En el caso de la fiscala no est tan claro. Cules son los logros? Qu cuenta como un triunfo? La mayora de los fiscales electos se inclinan por condenas y tasas de criminalidad. Piensan que acumular sentencias o parecer duro contra el crimen les ayudar a salir reelegidos. Un estudio realizado en 2015 concluy que un 95% de los fiscales de Estados Unidos son blancos, lo que exacerba un proceso forzosamente deformado y txico: gente blanca poderosa, por lo general hombres, haciendo campaa para encarcelar a una gran cantidad de gente que no se parece a ellos. Los precursores de las leyes Jim Crow estaran orgullosos.

En muchos casos, a los fiscales electos se les exige que hagan justicia en casos en que los agentes de polica han asesinado a civiles, muchos de ellos negros. La estructura del cargo y la poltica electoral municipal hacen que esto sea totalmente imposible. Los sindicatos de polica apoyan a los fiscales de distrito, hacen donaciones a sus campaas y movilizan votos. Para encerrar a ms personas, los fiscales de distrito deben colaborar constantemente con la polica. De nuevo, Ley y orden, (esta vez acertadamente) ilustra con frecuencia esta realidad. Cmo puede el mismo fiscal de distrito que recibe el apoyo de la polica y depende de la polica para meter a ms gente en la crcel, procesarla cuando infringe la ley? En Nueva York, al menos, los casos de asesinatos de civiles desarmados a manos de la polica se adjudican en la actualidad al fiscal general del Estado y no a los fiscales de distrito. El fiscal general tambin se elige, pero est ms alejado de los municipios individuales, lo que le otorga un cierto grado de imparcialidad. Los fiscales de distrito, de manera previsible, han criticado este cambio.

Los polticos entran dentro de una categora similar. Un fiscal de distrito, con escasas excepciones, no asciende sin el apoyo del establishment poltico y no permanece en el poder sin la ayuda de cargos electos y organizaciones polticas. La misma dinmica que frustra las debidas investigaciones sobre la conducta impropia de los policas reaparece cuando los fiscales de distrito, sobre todo aquellos que quieren quedarse un tiempo, tienen que actuar contra los mismos polticos que donaron dinero y prestaron su aval y sus voluntarios a la causa del fiscal. Incuso cuando los fiscales de distrito investigan casos de corrupcin poltica, el pblico se pregunta en qu medida pueden ser justos. El jefe del partido ayud a colocar al fiscal de distrito en el cargo, el joven negro que acaba de ser procesado por posesin de marihuana, no.

Brillante y misericordioso

Ahora vivimos en la poca del fiscal reformista. Este fenmeno es nuevo. El movimiento de reforma del sistema de justicia penal, que ha adquirido la mayor parte de su impulso en la ltima dcada, hace poco que comenz a dirigir su foco hacia la eleccin de nuevos fiscales. En 2016, el multimillonario liberal George Soros comenz a gastar millones en intentar que salieran elegidos fiscales de distrito afroamericanos o hispanos que compartieran su objetivo de reducir las disparidades raciales en la imposicin de penas. Soros sabe cmo obtener ms por menos, ya que cuesta menos elegir a un fiscal de distrito que a un senador, y el senador nunca tendr una influencia tan tangible e inmediata sobre las vidas de miles de personas como la que tendr un fiscal de distrito.

Cualquier intento dirigido hacia un tipo de accin penal ms especfica y dbil provocar, sin lugar a dudas, una reaccin en contra, en particular en una poca que fabrica amenazas psicolgicas con tanta facilidad

Para los progresistas, ahora existen faros luminosos. Larry Krasner, el nuevo fiscal de distrito de Filadelfia, es un abogado de oficio que acab con las fianzas en efectivo en muchos de los casos, que busc que se impartieran sentencias ms leves y que oblig a los fiscales de sus casos a explicar, para que constara en los registros pblicos, por qu habra que gastar dinero de los contribuyentes en encarcelar a un acusado en concreto. En 2018, el bufete de Krasner se propuso expandir una lista pblica de agentes de polica que mintieron mientras estaban de servicio, que hicieron un uso excesivo de la fuerza, que vulneraron los derechos civiles o que realizaron controles racistas.

En Chicago, la fiscal general Kim Foxx elev el umbral para procesar los delitos de hurto con el objetivo de reducir el nmero de ladrones que termina en la crcel. Mark Dupree, el fiscal de distrito de Kansas City, cre una unidad para analizar viejos casos en los que se detecten prcticas policiales dudosas. Y Rachael Rollins, la nueva fiscal de distrito del condado de Suffolk, Massachusetts (que incluye a Boston), lleg al poder con la promesa de no llevar a los tribunales los delitos menores sin violencia.

Bazelon y otros observadores creen que la principal esperanza para deshacer el mal que caus la poca de la encarcelacin en masa es la eleccin de fiscales ms progresistas. Se muestran optimistas ante el hecho de que esta oleada, que es un producto del movimiento por los derechos civiles, del movimiento Black Lives Matter e incluso del escepticismo libertariano acerca de la extralimitacin gubernamental, comience a alterar de forma permanente un sistema que ha existido en gran parte para encadenar a los pobres y a los negros.

Eric Gonzlez, que sali elegido como fiscal del distrito de Brooklyn en 2017, se inici en la poca de mano dura contra el crimen que domin la dcada de 1990. Hoy en da, es uno de los principales fiscales progresistas y uno de los protagonistas del libro de Bazelon, en parte porque est dirigiendo el sistema de justicia penal de uno de los condados ms poblados de Estados Unidos. En abril, anunci que ya no impugnara la mayora de los casos de libertad condicional. En la actualidad, este es el modus operandi de los fiscales progresistas, y es un cambio bienvenido despus de 50 aos de castigo deliberado. En ocasiones, el progresista se reserva (algunas) de sus armas en nombre de la justicia.

En cuanto a cmo se entiende la palabra progresista en el contexto poltico de Estados Unidos, el fiscal que apoya las reformas no es como el senador o el candidato presidencial que propone un conjunto de nuevas polticas y leyes que extienda la red de asistencia social. Los fiscales progresistas no quieren que el gobierno se inmiscuya ms en la vida de las personas, en el fondo lo que quieren es que se inmiscuya menos. La fiscala progresista trata sobre restriccin y negacin de poder; trata sobre discrecionalidad.

El manual del fiscal progresista, una gua que public la revista UC Davis Law Review, sugiere que la nueva camada de fiscales debe permitir apelar y revisar internamente las condenas injustas; divulgar las pruebas eximentes; dejar de perseguir multas, confiscaciones y comisiones; reducir el retraso del sistema judicial; realizar investigaciones independientes y transparentes sobre los tiroteos policiales; y diversificar su personal. Los nuevos fiscales progresistas se han adherido a muchos de estos criterios y los candidatos a fiscal, al menos en las zonas prodemcratas, apoyan muchas de estas iniciativas.

Rasgar la red de arrastre

Las iniciativas reformistas estn confinadas a las instituciones hasta que intentan derribarlas por completo. Las prcticas progresistas de mantenimiento del orden no pueden negar la realidad de un ser humano con chaleco antibalas, uniforme, pistola y esposas. Los reformistas penales (o los que consideran que la solucin son las elecciones) dependen de la sabidura de los individuos y de un clima poltico que fomente sus mejores instintos. Denle a Eric Gonzlez o incluso a Larry Krasner otra oleada de crmenes violentos como los que se vieron hace 40 aos y seguiran contenindose? Si los votantes, que no prestan mucha atencin a los matices del cargo de fiscal de distrito, claman a favor de que se dicten ms condenas basndose en la creencia errnea de que solo as se consigue frenar la criminalidad, seran capaces estos fiscales de desor los llamamientos populares y mantener el rumbo?

El fiscal progresista actual trabaja para eliminar el armamentismo, para dar un barniz ms suave, aunque este sigue sin desaparecer. El crimen es un problema social y econmico, y el complejo industrial de prisiones no ha aportado ninguna mejora. La mayora de las reformas son el resultado de la discrecionalidad provisional de fiscales sabios; no se estn redactando muchas leyes que les arrebaten su poder abrumador.

Las fiscalas son organismos complicados. Las ms grandes dan empleo a cientos de abogados, investigadores y personal de apoyo. El fiscal de distrito electo puede vigilar solo hasta cierto punto a los llamados fiscales adscritos que se afanan a diario con mltiples casos. Y lo que es igual de importante, el fiscal de distrito electo no pretende disminuir su oficina o limitar su alcance, lo nico que hace es reservarse cierto poder para lo que dura su mandato, como es lgico, un tiempo limitado, ya que no pueden ostentar el cargo o vivir para siempre.

La institucin solo permitir que las reformas lleguen hasta un punto, as que quiz los progresistas deberan depositar menos fe en los fiscales bienintencionados que operan dentro de un sistema retrgrado. Esto se deduce de un reciente argumento aparecido en la revista Harvard Law Review: La paradoja del procesamiento progresista. Los reformistas les piden a los fiscales que se contengan en un entorno que les permite tener una ventaja casi infinita sobre los acusados. En unas vastas oficinas que procesan a muchas miles de personas al ao, esta tarea es abrumadora, sobre todo cuando la mayora de los abogados que quieren trabajar en la oficina de un fiscal de distrito dependen de ganar casos y anotarse condenas.

Y qu pasa con las jurisdicciones que no aceptan fiscales progresistas en absoluto? Muchos de los afroamericanos que ms victimiza el sistema estadounidense se aglutinan en el sur profundo que controlan los republicanos. Si una mayora conservadora no permite que florezcan Krasners en todos los condados y municipios que envan republicanos con regularidad a la legislatura del Estado y al Congreso, las reformas del sistema penal seguirn siendo algo terico para aquellos que ms desesperadamente lo necesitan. Hay ms de 2.300 fiscalas en Estados Unidos y el afn de cambio no ha echado races en muchas de ellas.

Pocas personas han realizado llamamientos para reducir la financiacin o reducir las fiscalas por completo. Esta sigue siendo una sugerencia que no entra en el lxico de muchos reformistas, como tampoco entran los llamamientos para acabar con la fianza en metlico, que podran dar lugar, para empezar, a preguntas sobre la moralidad y eficacia de las crceles existentes. Para mantener a los individuos negros y latinos fuera de la red de arrastre de la fiscala, lo nico que tiene sentido es reducir la red o rasgarla por completo. Est todava por ver qu aspecto tendra eso.

Cualquier intento dirigido hacia un tipo de accin penal ms especfica y dbil provocar, sin lugar a dudas, una reaccin en contra, en particular en una poca que fabrica amenazas psicolgicas con tanta facilidad, ya sea terrorismo, inmigracin o el temor a nuevas oleadas de criminalidad. Hasta las personas con una apariencia ms noble, cuando se les entrega el poder, se resisten a renunciar a l de forma permanente. En definitiva, Kamala Harris lo disfrut. Como dijo, tena un poquito de capital poltico. Y ahora lo est utilizando.

Ross Barkan, periodista galardonado y antiguo candidato gubernamental, es columnista en The Guardian y colaborador habitual de Gothamist. Ha sido columnista en Village Voice y su trabajo periodstico y ensayos han aparecido en una amplia variedad de publicaciones, como The New York Times, The Washington Post, The New Yorker y la Columbia Journalism Review.

Traduccin de lvaro San Jos.

Este artculo se public en ingls en The Baffler.

Fuente: http://ctxt.es/es/20191016/Politica/28915/the-baffler-Ross-Barkan-fiscales-progresistas-estados-unidos-sistema-penitenciario.htm



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