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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-10-2019

Consideraciones humanistas desde un punto de vista estrictamente terrestre
El astronauta de vuelta

Jos Mara Agera Lorente
Rebelin


Deploro la suerte de la humanidad: por decirlo as, no puede estar en peores manos que las suyas
(Julien Offray de La Mettrie)

 

Abundan en Ad astra: Hacia las estrellas, la pelcula del director James Gray estrenada hace unas semanas, los primeros planos del protagonista, el astronauta Roy McBride interpretado por Brad Pitt, en los que se muestra a un hombre en agnica brega emocional consigo mismo. El uso de la voz en off acenta el punto de vista ntimo de una historia que bebe de los elementos bsicos de El corazn de las tinieblas de Joseph Conrad, por lo que no es de extraar que se haya visto cierto parecido con Apocalypse now, la magistral pelcula de Francis Ford Coppola inspirada en la misma obra literaria. En ambos casos, el personaje principal es un alma atormentada a quien envan a una misin a lo desconocido relacionada con un personaje heroico pero al que la soberbia (la hybris que decan los antiguos griegos) le ha colocado al margen de la humanidad.

No recuerdo dnde me tropec hace tiempo, a propsito de una reflexin que le acerca de la experiencia del viaje, con la distincin entre viaje horizontal y viaje vertical. El primero es el que consiste en el desplazamiento por el espacio geogrfico; el segundo corresponde a ese movimiento interior que conlleva el sondeo de la propia alma. Uno no implica necesariamente el otro, aunque se tiene por verdad indiscutible que si uno quiere abrir la mente tiene que viajar mucho. (Viajar hoy es un elemento irrenunciable del ciudadano que quiere pasar por sofisticado.) Pues bien, Ad Astra es el ltimo exponente de una especie de subgnero cinematogrfico que en ciertos casos entrara en el gnero de la ciencia ficcin y en otros no. Llammoslo a falta de mejor denominacin el gnero de los astronautas, es decir, el de las pelculas protagonizadas por personajes que para desarrollar la accin que se narra han de ir enfundados en sus trajes presurizados y con sus escafandras; son, evidentemente, los exploradores de la nueva ltima frontera de la humanidad, que se deca en la introduccin de la serie Star Trek, es decir, viajeros en el doble sentido antes mencionado. Aqu podemos incluir filmes, junto con el susodicho, muy recientes como First man (El primer hombre, 2018), The Martian (aqu, en Espaa, Marte, de 2015, dirigida por Ridley Scott), Interstellar (2014, de Christopher Nolan) y Gravity (2013, de Alfonso Cuarn).

Qu lejos queda el destino csmico de sus protagonistas de aquel al que se entrega el astronauta de 2001: una odisea del espacio! En el clsico de Stanley Kubrick, toda una obra maestra del sptimo arte, punto de inflexin innegable en la evolucin del gnero de la ciencia ficcin, hasta entonces permanentemente encuadrado en la serie B, digna en algunos casos -como Vinieron del espacio exterior-, pero serie B al fin y al cabo, el astronauta protagonista de la ltima parte del ambicioso filme interpretado por Keir Dullea, se entrega consciente y voluntariamente al cosmos. En este particular el ttulo de la pelcula con evocaciones clsicas a la aventura del Odiseo (Ulises) de Homero no es fiel en su desenlace a la aventura del rey de taca, pues el astronauta de 2001 no parece angustiarse por su imposibilidad de volver a su lugar de origen. Es ms, dirase que tena asumido desde su misma partida que no iba a regresar. Es muy significativa a este respecto la secuencia en la que el personaje, an en la nave que le lleva a Jpiter en busca del origen de la seal del enigmtico monolito, establece comunicacin va ordenador central (HAL) de a bordo con sus padres a los que ve en una pantalla mientras est comiendo. Ellos le felicitan porque es su cumpleaos, sin embargo, el explorador espacial no muestra emocin observable mientras conversa con ellos. Es una notable desafeccin, trasunto de la desafeccin que, en el desenlace, muestra respecto de su hogar en el universo, la Tierra. As, llegado el momento de abandonar la nave que le ha llevado hasta prcticamente los confines del sistema solar, el astronauta del que, por cierto, desconocemos todo en lo que a su vida personal se refiere salvo su nombre Dave (Bowman) lo hace de manera fra y sin vacilacin aparente, como si nada le vinculara al planeta del que procede y nada que mereciese la pena le aguardase all. Su ser es la crislida csmica que quiere eclosionar en una nueva forma de existencia desarraigada, casi abstracta, al margen de coordenadas espaciotemporales. Esto es compatible con el significado simblico que puede inspirar la imagen del feto del final flotando en el infinito vaco azabache entre cuerpos celestes.

Frente a este final, recuperemos para el contraste el desenlace de la mencionada Gravity, pelcula protagonizada, para empezar, no por un hombre sino por una mujer astronauta. Podramos afirmar sin miedo a exagerar que su conslusin es la opuesta a la de la pelcula de Kubrick. En sta el hombre concreto se transforma en una entidad cuya dimensin corprea es mero smbolo de una mutacin que va ms all de la forma fsica; de hecho, destaca la ingravidez de un cuerpo, el del susodicho feto, que, naturalmente, tiene su hbitat en el vientre de la hembra humana que, por cierto, cuando est embarazada se dice que est en estado de gravidez. Por contraste, la pelcula dirigida por Alfonso Cuarn termina con el regreso de la astronauta a la madre Tierra, que la acoge en su seno tras caer, arrastrada por su gravedad en una nave de salvamento, en un lago; es decir, el personaje que interpreta Sandra Bullock tambin es trasunto de un recin nacido, que vuelve a la vida (terrestre) en un medio acutico, como cualquier beb dado a luz, y que se encuentra con todas las consecuencias en la Tierra trocando el cordn umbilical del tero por el de la gravedad terrestre.

Si de Dave Bowman, el astronauta de 2001, lo ignoramos todo como se ha dicho, de la Doctora Ryan Stone, la astronauta de Gravity, tenemos conocimiento de sus experiencias ms dolorosas, de sus miedos ms ntimos. No es fra como aqul, lucha por su supervivencia desde las pulsiones vitales que todos reconocemos en nosotros como miembros de la misma especie, y entendemos y compartimos su angustia ante la perspectiva de verse engullida por el vaco csmico, inerte y mineral. Por eso destaca con potente luz la secuencia final de su retorno a la superficie de nuestro planeta, su bautizo agnico en el agua, su victoria vitalista al pisar tierra incorporndose de pie y respirando aire sin necesidad de una escafandra, sosteniendo de nuevo su cuerpo gracias a su estructura sea, perfectamente adaptada a la gravedad del hbitat del que forma parte, libre de todo el artificio que le permita sobrevivir en el medio inhspito del espacio exterior.

La reciente Ad Astra, sin duda, abunda en el mensaje del reconocimiento de lo humano como todo lo que nos vincula a todas las personas en la pertenencia a esa fraternidad que nos define como hijos de la Tierra. Enseanza que es el precioso poso que queda en el alma tras el viaje vertical que para muchos no es posible sin el viaje horizontal, en ocasiones con la posibilidad de no volver jams. Es lo que ocurre con el personaje interpretado por Brad Pitt, el astronauta Roy McBride, de algn modo remedo del Dave Bowman de 2001, ya que, al comienzo de Ad Astra, el heroico Mc Bride se define a s mismo mediante la voz en off recurso que siempre otorga un componente personal a la narracin como eso, precisamente, un astronauta, como si quisiera hurtar al espectador el conocimiento de esas circunstancias orteguianas que completan el retrato de todo sujeto. Es escogido para la misin justamente porque es un hombre que domina sus emociones, las cuales por cierto slo parece compartir con un ordenador que hace las veces de psicoanalista y nico confidente. Pero en esta historia el astronauta s se parece a Ulises por cuanto vuelve a su taca, a la Tierra, que es ensalzada como ese extraordinario lugar, producto de un frgil equilibrio csmico, preado de belleza, de la que al final el astronauta McBride reconocer que forma parte todo lo que conforma la vida humana, especialmente los afectos que la llenan de significado.

Parece que esto es algo caracterstico de esta fase de mxima sofisticacin tecnolgica que nuestra especie est atravesando; como al personaje de Brad Pitt, nos cuesta reconocer lo evidente: que somos terrestres. Es como si hubisemos olvidado el significado de la palabra humano, trmino de origen latino que proviene de humus, que quiere decir precisamente tierra; y por eso al que se entierra se le in-huma y al que se ex-huma, se le desentierra. La palabra existe tal cual tambin en castellano; una rpida bsqueda nos dice que humus es la sustancia que se crea a partir de la descomposicin de materias orgnicas presentes en la capa superficial de un suelo. Paradjicamente, es lo que le otorga la virtud de ser frtil, como a nosotros, en continua descomposicin por mor de la ineluctable entropa.

Las pelculas que ms arriba he mencionado constituyen a mi modo de ver una nueva mirada sobre las promesas que antao pareca encerrar el viaje de nuestra especie ms all de la frontera gravitatoria terrestre. Es porque hemos dejado de mirar a las estrellas, ocultas para una buena parte de los humanos, habitantes de grandes urbes, a causa de la contaminacin lumnica? O acaso porque los asombrosos avances en la tecnologa de la informacin y la comunicacin han hecho posible la gnesis de un universo virtual que se materializa en las pantallas de nuestros dispositivos informticos y absorbe nuestra atencin desvindola de la realidad material? O quiz por ventura, al fin, estamos tomando conciencia, lenta pero imparablemente, de la gravedad de los problemas medioambientales que afectan de manera muy perjudicial a las condiciones de vida de nuestra especie en este planeta, haciendo destacar ante nuestros ojos su inapreciable valor?

Seguramente nadie como el astrnomo y divulgador de la ciencia Carl Sagan consigui expresar, con esa contundencia que otorga la poderosa unin del conocimiento riguroso con la belleza potica, la mirada que comparten esas recientes odiseas flmicas de astronautas, una mirada que destaca la preciosa singularidad de un planeta vivo en el inapelable silencio del espacio csmico; all donde fue enviada la sonda espacial robtica Voyager 1 cuando fue lanzada desde nuestro planeta el 5 de septiembre de 1977. Entre los elementos que la integran se encuentra un disco con sonidos de la Tierra, plasmacin material podra decirse de nuestro deseo de comunicarnos con otros seres conscientes allende nuestro planeta. Aqu tropezamos de nuevo con la paradoja de la comunicacin que la pelcula con la que empezbamos, Ad Astra, toma como hilo conductor de su argumento, pues el padre en cuya bsqueda parte el protagonista, hombre incapaz de comunicarse con sus seres queridos al igual que su progenitor, se perdi en los confines del sistema solar en misin de bsqueda de vida extraterrestre. La humanidad tratando, inconscientemente, de dar con alguien que la salve de s misma, de su invalidez para comprenderse?

A esta paradoja de impotencia apunta lcidamente Carl Sagan cuando escribe su libro Un punto azul plido. La idea que fue su germen es producto de esa mirada del astronauta que est de vuelta, del hombre fascinado por el espacio inconmensurable que todo lo contiene, tambin mundos y civilizaciones adelantadas por nuestra vida imaginacin, magno objeto de conocimiento para la ciencia paciente. Sagan quiso que ese mensaje de nufrago existencial que es la sonda robtica Voyager tomara una foto de la Tierra. Tras una primera peticin que no fue atendida por la NASA en 1980, el 14 de febrero de 1990, una de las dos cmaras del ingenio espacial, que se hallaba entonces a unos 6.050 millones de kilmetros de distancia, tom varias imgenes con distintos filtros del ya lejano cuerpo celeste. La foto que se obtuvo careca por completo de valor cientfico, pero el empeo de Sagan por que se tomase no responda a un inters epistmico, sino humanista.

Como el astrnomo norteamericano, otro sabio que representa a la perfeccin la simbiosis entre el conocimiento cientfico y la reflexin humanista es el filsofo Bertrand Russell. El que fuera premio Nobel de literatura nos leg antes de su muerte en 1970 las ms inspiradoras palabras acerca del valor de lo que sabemos sobre el universo. En su ensayo Las funciones de un maestro, escrito hace casi un siglo, afirma el insigne pensador a propsito del cumplimiento del papel de guardin de la civilizacin que otorga al profesor: Adoptando un punto de vista ms amplio an, [el maestro] tendra que tener conciencia de la vastedad de las eras geolgicas y de los abismos astronmicos; pero tendra que tener conciencia de todo esto, no como un peso para aplastar el espritu humano individual, sino como un vasto panorama que ensancha la mente que lo contempla.

Esta misma mirada es la que adopta Carl Sagan a travs de la cmara del Voyager 1. Plasmacin de la misma es el libro mencionado (That pale blue dot en ingls) de 1994. As llama el cientfico a nuestro planeta, pues as es como aparece en la referida fotografa que tom la sonda espacial a peticin suya. En un extracto del texto que se encuentra en internet declamado por el propio autor, generalmente asociado a la imagen fotogrfica, encontramos la misma idea ya adelantada por Russell: se ha dicho que la astronoma es una formadora de humildad y carcter, recuerda el astrnomo.

Desde Nicols Coprnico, hace casi quinientos aos, era cuestin de tiempo que la creencia en ser la especie predilecta de la creacin, que la certeza (tambin moral) de que ocupamos una posicin privilegiada en el universo, acabara diluyndose ante la custica evidencia en contra que arroja el desarrollo de la cosmologa. No vale autoengaarnos agarrndonos al clavo ardiendo del principio antrpico, el cual trata de justificar que las constantes de la fsica tengan los valores que tienen, compatibles con la vida, porque as se da lugar a la existencia de seres inteligentes como el ser humano. En su versin fuerte, presenta las leyes de la fsica segn un pseudoaristotlico esquema teleolgico (cmplice de cualquier visin teolgica) que concibe el Universo entero como una conspiracin para la aparicin del ser humano. En su versin dbil no es en realidad ninguna explicacin fsica pues nunca ha conducido a prediccin cientfica alguna de algo no previamente sabido, sino una inferencia lgica correcta: si para que haya homo sapiens (y mejillones) los valores de las constantes del universo tienen que ser unos determinados, y es el caso que existe homo sapiens (y mejillones), entonces, en efecto, esos son los precisos valores de las constantes csmicas.

En estos das de anuncios de premios Nobel de fsica para tres cientficos que han dedicado sus vidas precisamente al estudio del Universo, la enseanza de humildad que debemos asumir a partir de las evidencias que arroja la investigacin en el mbito de la cosmologa no tiene por qu conducirnos de forma trgica a un nihilismo autodestructivo. De este riesgo nos salvan, otra vez, las palabras de Carl Sagan que acompaan, junto a las anteriormente citadas, la imagen de esa como l la llama mancha en la gran y envolvente penumbra csmica. Su conciencia humanista se levanta a partir de las verdades de la ciencia y se revela mandato tico de esta forma casi potica: La Tierra es el nico mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningn otro lugar, al menos en el futuro prximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. [...] Tal vez no hay mejor demostracin de la locura de la presuncin humana que esta distante imagen de nuestro minsculo mundo. Para m, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos mejor los unos a los otros, y de preservar y querer ese punto azul plido, el nico hogar que siempre hemos conocido.​

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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