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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-10-2019

El exilio republicano como pedagoga mnemotcnica

Martn Alonso
eldiario.es

Mientras en la Europa de postguerra los pases vencedores pudieron construir un relato antifascista y un sistema bienesterista remedial, en Espaa la larga duracin de la dictadura no slo impidi algo equivalente sino que reforz la erradicacin de la memoria republicana


Los espasmos de violencia a gran escala dejan, adems de las terribles consecuencias directas, una tarea exigente de memoria una vez concluidos. Basta pensar en Ruanda, los Balcanes, la guerra de Argelia, Vietnam, los aos de plomo, Tiananmen, Jedwabne, Katyn, Guatemala o el santuario japons de Yasukuni. Tal como se plantea entre nosotros, la cuestin de la memoria histrica nos remite, cronolgicamente, al ciclo argumental de la Segunda Guerra Mundial. Un vistazo panormico muestra que el desempeo de la memoria, de las polticas de memoria, no es ni de lejos una cuestin zanjada.

El sndrome de Vichy es una tentacin poderosa que ha afectado de un modo u otro a numerosos pases. Algunos estudiosos han atribuido la eclosin de la derecha populista en Suecia a ese fenmeno; algo parecido ocurri en Suiza con el Schweizerische Volkspartei hace casi dos dcadas. Alemania es considerada un ejemplo en el tratamiento del pasado, un proceso para el que se acu un trmino a la medida: Vergangenheitsbewltigung. Sin embargo, la eclosin de Alternativa para Alemania (AfD) ha reabierto las preguntas. Con todo, la prueba de que las medidas emprendidas en Alemania no han sido intiles queda de manifiesto en el hecho de que all no son pensables varios de los fenmenos que hemos presenciado recientemente entre nosotros. A ttulo de ejemplo, la declaracin del Tribunal Supremo intitulando a Franco Jefe del Estado desde octubre de 1936, la normalizacin sutil de Vox, las peripecias del Diccionario Biogrfico Espaol de la Real Academia de la Historia, la existencia de cuerpos sin identificar en fosas comunes o el Valle de los Cados, por un lado; la asimilacin de los catalanes presos a la de los encerrados en Mauthausen o la denominacin de fascistas a quienes homenajeaban a Machado en Collioure, por otro.

Hay bastantes elementos que separan ambos supuestos, empezando por la escala de los daos; pero hay una pieza comn que tiene que ver con la memoria: el no tomar en cuenta que el nacionalismo fue el causante de los dos grandes desastres del siglo XX, que Traverso ha llamado con razn "guerras civiles europeas". Por eso, el nacionalismo es un tema tab en Alemania para los partidos tradicionales. Por eso funciona all un cordn sanitario que impide cualquier colaboracin con partidos de la extrema derecha; lo que por cierto no ha ocurrido en Austria, precisamente un pas que no ha hecho frente a su pasado pronazi y que conoci un primer episodio en la figura de Kurt Waldheim, que lleg a Secretario General de la ONU habiendo ocultado, como el pas, su pasado nazi.

An dentro de los lmites y con la presin exterior un elemento que est ausente en muchos otros supuestos como el espaol, Alemania puso en marcha un proceso de desnazificacin que afect al aparato institucional y, sobre todo, a la forma de abordar la responsabilidad del nazismo en las aulas y los medios de comunicacin. Desde luego nada de eso ha ocurrido en Espaa, como aparece reflejado, entre otros trabajos, en algunos de los captulos de 'Qu saben de su historia nuestros jvenes? Enseanza de la historia e identidad nacional' (A. Delgado y A. Rivera, eds., 2018). Las inercias, la comodidad y una supuesta neutralidad explican ese estado de cosas.

Si me he referido antes a las guerras civiles europeas es porque hay una dimensin irrenunciablemente europea en el tema de la memoria, para lo bueno y, aqu, para lo malo. Por eso, es a la vez significativo e intelectualmente desafiante, el que la rama franquista del ciclo de violencia se haya desgajado del tronco europeo comn. Como ha escrito Jorge de Hoyos, "el exilio republicano de 1939 se inserta dentro de una oleada histrica de movimientos migratorios forzosos, marcados por los conflictos europeos, derivados del auge de los totalitarismos de diverso signo y de las aspiraciones imperiales de no pocas naciones". Se ha dicho que la Guerra Civil espaola fue un prembulo, incluido el flanco militar; el exilio republicano es el primer xodo masivo, que tendra su continuidad en las transferencias de poblacin en Europa central y oriental y, de forma paroxstica, en el genocidio judo.

Si hay una especificidad espaola, ella reside en que mientras en la Europa de postguerra los pases vencedores pudieron construir un relato antifascista y un sistema bienesterista remedial, en Espaa la larga duracin de la dictadura no slo impidi algo equivalente sino que reforz la erradicacin de la memoria republicana ocurrida en la guerra y la inmediata postguerra. Pero no se puede olvidar que el rgimen de Franco fue reconocido en febrero del 39 por las potencias europeas, incluidas las democracias asentadas. Por eso el trabajo de memoria no es solo una tarea espaola; la soledad de la Repblica, el trato a los exiliados en Argels, el reconocimiento de Franco, la condicin de aptridas de los presos republicanos del nazismo, son piezas de la ecuacin memorial.

Pero desde luego la tarea principal es de los espaoles y tiene que ver con la asignatura pendiente de la desfranquizacin (o desnacionalcatolicizacin) en la esfera pblica. Hace falta un ajuste de memoria por los dos lados para acomodarla a un paradigma democrtico: depurar o lustrar aquellos elementos que remiten a un rgimen dictatorial y recuperar aquellos otros que simbolizan valores humanistas y universalistas. Ambos confluyen en la pedagoga de la historia como socializacin cvica, y en esa socializacin una de las lecciones ms provechosas es la de la musa del escarmiento, que ms tarde se condens en el Nunca ms. Pero la historia hay que leerla para que pueda aleccionarnos. A veces la lectura debe estar dirigida a desautorizar otras lecturas; particularmente aquellas construcciones esencialistas que han conducido a prcticas de exclusin. Es una tarea que no se ha hecho, de modo que el franquismo no ha merecido un juicio equivalente al de sus homlogos europeos. Y eso no es solo una cuestin terica, porque estamos obligados a salir de la teora desde que hay vctimas y en el franquismo las hubo a gran escala y las sigui habiendo cuando no haba la justificacin de la guerra.

Pero, sobre todo, no es una cuestin partidaria: tiene que ver con la medida tica de un pas en su conjunto. Y tiene exigencias en las polticas pblicas que siguen siendo una asignatura pendiente, colateral, podramos decir, a la falta lustracin del franquismo que colm durante dcadas la capa fretica del imaginario colectivo. Resulta decisivo que se entienda que es una responsabilidad colectiva, del Estado; ni patrimonializable, ni externalizable, ni esquivable por agentes particulares. Es algo peor que una indecencia ridiculizar a los desenterradores de huesos. Nadie que crea en la dignidad del ser humano puede no considerar vergonzosa e inaceptable la existencia de cuerpos sin sepultura. Y as lo establece la legalidad internacional. Esta es sin duda una pgina negra en el balance de los cambios experimentados por la sociedad espaola desde la muerte del dictador. Todas aquellas organizaciones que trabajan en este sentido, -sin sectarismo, sin revanchismo, con la intencin de saber (verdad) y de reparar de esta forma simblica a travs de la memoria- tienen una innegable dimensin de tica pblica, por eso, para centrarme en lo cercano, es tan valioso en lo cientfico y en lo pedaggico- el trabajo de Desmemoriados.

Entiendo que un instrumento pedaggico precioso para acercarse cabalmente a aquella poca oscura es el estudio del exilio. Porque el drama del exilio republicano no puede ser ajeno a ningn espaol (tampoco el de los migrantes de hoy). Es verdad que el tema del exilio ocupa a investigadores especialistas que desempean una encomiable labor. Sin embargo, esas tareas destien poco sobre el pblico general y apenas contribuyen a una tarea pedaggica confluyente con la de la desfranquizacin. Por eso resultan tan encomiables iniciativas como el III Congreso Destinos del Exilio Republicano, que tendr lugar en Santander los das 20 y 21 prximos, coorganizado por la UNED, la Fundacin Bruno Alonso, Ochenta Aniversario del Exilio Republicano y el Gobierno de Espaa.

El exilio es portador de muchas lecciones, por cuanto se trata de un fenmeno social total que afect a todos los planos de la vida, desde lo personal a lo poltico. En trminos de comunidad nacional supuso que en nombre de Espaa una parte de ella destruy o expuls del solar comn a otra parte. En nombre de la nacin se amput a la nacin. Ms all de la dimensin fundamental de la violencia fsica, el exilio priv a Espaa de buena parte de sus personas ms preparadas y la conden al atraso durante dcadas.

Se habla de reglas mnemotcnicas para designar estrategias que ayudan a recordar; aqu se invierte la secuencia entre fines y medios y se propone la memoria del exilio como instrumento para asentar nuestros patrones normativos cvicos, para apuntalar una socializacin democrtica que desaloje los residuos autoritarios y totalitarios. Sin partidismos, sin sectarismos. La pedagoga del exilio adquiere un valor aadido con la desaparicin de los testigos, como ha sido recordado persistentemente con motivo del 75 aniversario del desembarco de Normanda. La desaparicin de los testigos es una de las razones del resurgimiento del nacionalpopulismo. Olvidamos as aquella advertencia de David Rousset, un superviviente de los campos: Los hombres normales no saben que todo es posible. Por eso Louise Arbour, que fuera procuradora de los tribunales penales internacionales para la exYugoslavia y Ruanda y alta comisaria de las Naciones Unidas para los derechos humanos juzga que el repliegue nacionalista de las democracias es inquietante (Le Temps, 31/05/2019).

Una parte del inters de los trabajos sobre el exilio consiste en recuperar figuras ms o menos la mayora menos conocidas para reintegrarlas a la memoria colectiva, con el doble objetivo de la reparacin y del aprendizaje. Un ejemplo es, para lo que toca a Santander, la persona de Juan Bautista Gonzlez-Aguilar. Se trata de una figura de vanguardia en el campo de la medicina; ejerci como Jefe del Servicio de huesos y articulaciones de Valdecilla, como director del Sanatorio Martimo Antituberculoso de Pedrosa y fue socio fundador de la Sociedad Espaola de Ciruga Ortopdica y Traumatologa y de la Asociacin Nacional de Mdicos para la Lucha Antituberculosa. Form a tres generaciones de cirujanos, ortopedas y traumatlogos. De sensibilidad institucionista desempe un papel de primer orden en la Universidad Internacional de Verano de Santander y, como afiliado socialista, era cercano a Bruno Alonso. Durante la Guerra Civil, fue Jefe de Sanidad Militar de la Armada; tras la cada de Santander, trabaj como mdico y como militar en Murcia, Valencia y Barcelona; cruzando la frontera de los Pirineos en el gran xodo. Se traslado con su familia a Argentina donde muri. Su figura es apenas conocida en el mbito clnico, completamente desconocida fuera de l. La leccin del exilio nos hace preguntarnos por lo que perdi Santander con la marcha de personas de este perfil. Sin olvidar lo que perdieron ellas. Y nos obliga, sobre todo, a pensar en los procesos sociales que conducen a tales desenlaces. Ese es el mensaje de hace ochenta aos, la leccin permanente del exilio. Lo dej escrito poco antes, un poeta que ni siquiera tuvo tiempo de exiliarse y que tampoco tiene una tumba que le acoja. Escribi Lorca en Poeta en Nueva York: Yo denuncio a toda la gente / que ignora a la otra mitad.

Fuente: http://www.eldiario.es/norte/cantabria/primerapagina/exilio-republicano-pedagogia-mnemotecnica_6_909619032.html



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