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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-10-2019

Levante otoal

Llus Rabell
Blog personal


Nada hay tan azaroso como un pronstico electoral. Y an ms en circunstancias como las actuales, con la crisis catalana desatada, ocupando el centro de la atencin meditica y poltica. Pero esta crisis no debera hacernos perder de vista los grandes parmetros que, a nivel internacional, condicionan la situacin poltica que vivimos. Hoy por hoy, la nica certeza es que el horizonte se ensombrece por momentos. Los nubarrones que se ciernen sobre Europa presagian un otoo tempestuoso. El FMI habla de un enfriamiento de la actividad en el 90% de las economas nacionales. Recelosos de las profecas auto-cumplidas, los expertos tratan de quitar dramatismo a los indicadores. Sin embargo, la ralentizacin de la produccin en Espaa, con un notable repunte de los ERE en la industria, bien podra ser el preludio de la tan temida recesin. Las tensiones comerciales y la guerra arancelaria desatadas por Trump afectarn a las exportaciones. El impacto del brexit, incluso si hay un acuerdo de ltima hora entre Londres y Bruselas, puede ser considerable. Y la conflictividad en el Golfo hace temer a cada paso una escalada del precio del petrleo, con sus consiguientes rplicas en las plazas financieras. Se encienden aqu y all luces de alarma cuando an siguen abiertas las heridas de la anterior recesin.

Poco se habla de estos escenarios. Sin embargo, son esas grandes tendencias globales las que, en ltima instancia, determinan las opciones y alineamientos de las distintas fuerzas polticas. Incluso los acontecimientos que dominan la actualidad, como la sentencia del Tribunal Supremo y las reacciones que ha suscitado, cobran toda su importancia en relacin a ese contexto. Cmo encarar el futuro gobierno de Espaa el ciclo incierto que se avecina? Qu medidas defender en el seno de la UE? Las recetas de 2010 rescates bancarios, reduccin del gasto pblico, privatizaciones, rebajas salariales, precariedad generalizada dispararon las desigualdades, redujeron la demanda y prolongaron la contraccin de la economa en toda Europa. En los pases del Sur, los efectos de aquella recesin fueron especialmente devastadores. Y ahora?

El margen de maniobra de las polticas monetarias es muy escaso. El retorno a una austeridad al servicio de la deuda supondra la miseria para la clase trabajadora y el declive imparable de las clases medias. Quizs en proporciones amenazadoras para la democracia parlamentaria, acosada por el ascenso del nacionalismo y los movimientos populistas. Lo sucedido en el Reino Unido constituye toda una advertencia. Pero, habr coraje para ensayar otro camino, basado en la apuesta por el Estado del bienestar como vector de un crecimiento deseable, el incremento de salarios y pensiones a fin de aumentar la demanda interna y un liderazgo pblico de la transicin ecolgica? Porque ese giro implicara tratar de embridar seriamente al capitalismo y entrara en colisin con los intereses de unas corporaciones industriales, tecnolgicas y financieras que han acumulado un poder inmenso a lo largo de estos aos.

El fracaso de la investidura de Pedro Snchez as como las posibles salidas que, siempre a expensas del veredicto de las urnas, se atisban tras el 10-N, tienen mucho que ver con ese dilema insoslayable. El relato febril de la poltica tiende a exagerar la importancia de factores como los rasgos psicolgicos de los dirigentes, sus clculos o sus ambiciones. La opinin pblica est vida de conspiraciones y maniobras que brinden una explicacin sencilla de cuanto sucede. Y, desde luego, el carcter de un lder puede determinar el desenlace de un momento crtico. La estrategia que siga, puede aprovechar una ventana de oportunidad o cerrarla. Pero todo ello se desenvuelve en un teatro levantado por fuerzas colosales, que sobrepasan y dominan a los actores que se agitan ante el pblico.

Intuyendo las complicaciones que empezaban a acumularse, el PSOE quiso siempre tener las manos libres para practicar alianzas de geometra variable. Un gobierno de coalicin con la izquierda alternativa no slo no formaba parte de su cultura, sino que era percibido en la Moncloa como una posible limitacin de su margen de maniobra. Pero, adems, los meses transcurridos desde el 28-A no han pasado en balde. A pesar del escollo que representaba la frmula gubernamental que finalmente dio al traste con todo-, hasta el pasado verano flotaba en el aire la posibilidad de pactar un programa netamente escorado a la izquierda y reivindicado como tal. Conforme corran los meses, esa opcin se ha ido estrechando. Si las urnas confirman los pronsticos ascenso del PP, hundimiento de Cs, estancamiento del PSOE y fragmentacin del espacio a su izquierda el escenario podra cambiar significativamente. Una gran coalicin entre la socialdemocracia y el PP, como genuino representante del bloque conservador, slo seria concebible ante una extraordinaria crisis nacional. Pero s estara a la orden del da el retorno a un cierto bipartidismo. Un bipartidismo imperfecto, desde luego: PP y PSOE no volvern a sumar aquellas abrumadoras mayoras, en votos y escaos, que exhiban antes de 2015. La fragmentacin de los espacios polticos tiene causas profundas y ha venido para quedarse. No obstante, las dificultades para componer mayoras, conjugadas con las exigencias de estabilidad de los centros de poder econmico y tambin con los temores de amplios sectores de la poblacin podran propiciar un entendimiento entre los dos grandes partidos. El conflicto cataln empuja fuertemente en ese sentido: acenta el desencuentro entre el PSOE y las fuerzas a su izquierda al tiempo que obliga a quien aspira a liderar el gobierno de Espaa a reforzar el perfil de garante de su unidad.

El PSOE espera, pues, ganar las elecciones y gobernar en solitario. Tiene razn Miquel Iceta cuando dice que un acuerdo con la derecha no le permitira desarrollar un programa progresista. Pero es muy posible que, tras el 10-N, la disyuntiva no se plantee en trminos tan claros y lo que acabe ponindose sobre la mesa sea ante todo la exigencia de estabilidad. Y, en su nombre, gane predicamento la opcin de una investidura de Pedro Snchez sobre la base de una abstencin del PP a cambio de algunos pactos de Estado. Unos pactos que, por genricos que fuesen, no dejaran de condicionar al PSOE en materias tan sensibles como la crisis territorial que requiere mucho ms que la invocacin reiterativa del orden constitucional o la gestin de la incertidumbre econmica. Por supuesto, luego habra que negociar leyes y presupuestos y ah el PSOE mirara sin duda a su izquierda. Pero tales pactos pesaran como una losa sobre toda la legislatura. Nadie ha olvidado la precipitada reforma del artculo 135 de la Constitucin, consagrando la prioridad del servicio de la deuda, ni los estragos sociales causados por la austeridad. El giro de Pablo Casado hacia una cierta moderacin y su promesa a la CEOE de no obstaculizar la formacin de un gobierno abonan esta hiptesis. Las lites europeas, que han hecho un balance muy incompleto de sus polticas pro-cclicas, la veran sin duda como un factor de contencin, cuando menos en lo inmediato. No parece exagerado creer que esos poderes estn propiciando ya un desplazamiento al centro de los gobiernos en ciernes de Espaa y de Portugal. Puede que la izquierda alternativa, que acude dividida a estas elecciones, tenga que lamentar amargamente las ocasiones desperdiciadas durante estos ltimos meses, obcecada como estaba por la idea de entrar en el gobierno.

Fuente: https://lluisrabell.com/2019/10/16/levante-otonal/



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