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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-10-2019

El "Manifiesto ecosocialista" treinta aos despus

Joaquim Sempere
mientras tanto


Reledo treinta aos despus el Manifiesto ecosocialista [1] de 1989 aparece como un documento importante no slo porque es un aviso un ensimo aviso de los daos globales de la sociedad industrial, sino tambin porque liga muy convincentemente el diagnstico y las propuestas ecologistas con un diagnstico y unas propuestas socialistas muy bien razonadas a la vista del fracaso del socialismo del siglo XX.

En l encontramos todos los grandes temas de la crisis ecolgica, apuntalados por una seleccin acertada de datos. Y, a diferencia de las declaraciones meramente ecologistas, estos temas se entrelazan eficazmente con los grandes temas de la crtica de la civilizacin industrial capitalista y patriarcal: crtica socialista de la injusticia social y la alienacin; crtica feminista del patriarcado y sus formas modernas; crtica del autoritarismo desde una defensa del libre desarrollo de la personalidad; crtica de un sistema econmico que pone las necesidades y aspiraciones humanas al servicio de la acumulacin de riqueza monetaria privada; crtica de las desigualdades en general y de la opresin y el saqueo del Sur del planeta; crtica de la impotencia para controlar una deriva que lleva a la humanidad al desastre.

Tambin encontramos vas de salida, en la segunda parte (Cmo actuar). Pero esta parte no entra en detalles, sino que expone grandes tendencias y propuestas. Se pueden retener las siguientes. 1) No hay que contar con un improbable vuelco global del productivismo, las catstrofes no son previsibles a corto plazo ni deseables: hay que pensar ms bien en reformas fuertes y en actuar sin esperar. 2) La complejidad social es difcil de gestionar. 3) Hace falta optar por la no violencia y contra las guerras. 4) Es preciso apelar a la democracia y a la responsabilidad de la ciudadana. 5) Si hay voluntad poltica, son posibles cambios importantes en pocos aos. 6) Conviene refundar un sistema de proteccin social de nuevo tipo, comunitario y autoadministrado (una sociedad ecosocialista debera revisar los mecanismos de proteccin social del actual estado del bienestar para conservar sus inestimables ventajas adaptndolos a un contexto econmico probablemente ms desmercantilizado y comunitario). 7) Otro imperativo es recurrir a reconversiones industriales; reglamentar y prohibir cuando sea preciso; y resistir frente al ahondamiento de la destruccin y frente al mal uso de las tcnicas. 8) El Manifiesto alerta oportunamente contra las ilusiones de una automatizacin alienante, generadora de paro y destructora de la cohesin social. 9) Es obligado reflexionar incesantemente pero rehuyendo toda teora general que pretenda como en pocas anteriores dar respuesta a todo: es de celebrar que el Manifiesto exhiba un razonable eclecticismo como proteccin frente a doctrinarismos peligrosos.

El Manifiesto merece hoy, por todo ello, un aplauso y una relectura. Para desarrollar y actualizar su mensaje hace falta, ante todo, examinar qu es lo que ha cambiado en estos treinta aos y hasta qu punto afecta a las conclusiones.

El Manifiesto se redact en plena era gorbachoviana, cuando an pareca posible una evolucin del rgimen sovitico hacia una democracia socialista. Pero la historia ha desmentido sus esperanzas. Los regmenes comunistas o bien, como en Rusia, han dado paso a un capitalismo declarado y autoritario, o, como en China y Vietnam, se han transmutado en sistemas tambin capitalistas (con libertad de mercado y propiedad privada) manteniendo un rgimen poltico autoritario de partido nico que sigue llamndose comunista. Estos ltimos pases que podemos denominar de capitalismo rojo han emprendido una dinmica que ha aportado mejoras materiales en la vida de cientos de millones de personas, pero que acenta la depredacin del medio natural y puede acelerar el agravamiento de la situacin ecolgica del planeta. Las evoluciones de Rusia y los pases de su rbita, por un lado, y de China y Vietnam, por otro, han eliminado o han debilitado fuertemente las expectativas de preservar y transformar al menos algunas instituciones socialistas como instrumentos susceptibles, en esos pases, de promover un abandono controlado del productivismo hacia la sostenibilidad ecolgica.

Otra realidad nueva es la visibilidad manifiesta de los lmites del planeta, con la aparicin de conceptos como la huella ecolgica y la apropiacin humana de la produccin primaria neta que permiten cuantificar los impactos humanos sobre la biosfera y la corteza terrestre, contribuyendo a mejorar las previsiones de los daos y sus posibles remedios. La huella ecolgica cuyo registro mundial y por pases se viene efectuando desde hace un par de decenios mediante la Global Footprint Network, una red de cientficos de ms de un centenar de pases permite evaluar con una relativa precisin la distancia de la humanidad respecto a los lmites de sostenibilidad (lmites que, segn esos clculos, se superaron a finales del decenio de 1960). Tambin se conocen mejor las circunstancias y ritmos del agotamiento de los recursos naturales, que se pueden clasificar en tres grandes categoras: 1) combustibles fsiles, 2) metales y otros recursos del subsuelo, como los fertilizantes minerales, y 3) tierras frtiles para la produccin agroalimentaria, vctimas de contaminacin, erosin y acaparamiento para usos no alimentarios o para una cabaa ganadera sobredimensionada. Con la hiptesis de Hubbert sobre el pico del petrleo (ampliamente aceptada como teora por su eficacia predictiva, y no slo para el petrleo sino para otros recursos, no solo energticos) el agotamiento de los combustibles fsiles se perfila en un horizonte cuantificable de pocos decenios. Clculos solventes basados en las mejores fuentes disponibles sitan hacia 2060 el agotamiento conjunto de carbn, gas y petrleo. En lo que respecta a los minerales metlicos, el primer inventario mundial se hizo en 1952 en el informe Paley, encargado por el presidente Truman de los Estados Unidos. Desde entonces los inventarios se han hecho ms exhaustivos y fiables, y dibujan tambin un horizonte de agotamiento que se cuenta en pocos decenios para muchos de los metales hoy necesarios para las sofisticadas tcnicas utilizadas en la industria.

Hace treinta aos se saba que todo esto supona una amenaza, pero no apareca en primer trmino. Hoy la percepcin de los lmites en estos tres mbitos se agudiza con las manifestaciones ya indiscutibles del cambio climtico. Como es sabido, el cambio climtico se debe sobre todo a la quema de combustibles fsiles. Y la substitucin ineluctable de los combustibles fsiles por fuentes renovables de energa topar con la escasez de metales en la corteza terrestre en el supuesto de que se quiera seguir utilizando las cantidades desmesuradas de energa que requiere el sistema productivo actual. La reduccin del transporte, que gasta la mitad de la energa usada por la especie humana, tendr efectos enormes, dado el actual volumen del comercio mundial y del turismo, poniendo en crisis la compleja organizacin social del espacio y la divisin del trabajo a escala mundial, obligando a reestructurar las actividades humanas sobre la base de la proximidad (relocalizacin, al menos parcial, frente a globalizacin). Los efectos de este hecho que el Manifiesto no previ van a ser considerables. El propio modelo agroalimentario actual, dependiente del petrleo y de los minerales que contienen nutrientes (fsforo, nitrgeno, calcio y potasio, sobre todo), y por tanto tambin del transporte, puede resultar colapsado si no al cien por cien, s al menos en proporciones que afecten a miles de millones de personas en el mundo. Dicho con otras palabras: hoy estamos ms cerca del colapso socioecolgico, y mucha gente lo percibe. El agotamiento de los combustibles fsiles va a ser un detonante.

El avance en precisin y fiabilidad de las previsiones ha dado vigor a una propuesta, la del decrecimiento. Si los recursos de la Tierra son finitos y si estamos cerca de sus lmites o los hemos superado ya, es obligado detener el crecimiento e incluso revertirlo hasta un nivel de sostenibilidad. Esta idea no es nueva. Ya Georgescu-Roegen haba advertido de los lmites en los aos sesenta; en 1972 el informe Meadows Lmites al crecimiento le haba dado una fundamentacin matemtica a escala mundial; Herman Daly haba preconizado un estado estacionario como imperativo ineludible. A finales del siglo XX la idea de decrecer aparece como un movimiento que propone asumir voluntariamente una austeridad convivial antes de tener que afrontar crisis catastrficas debidas a una dinmica imparable que conduce a la imposible reproduccin social del actual modelo tcnico-econmico por falta o escasez de recursos naturales.

Esto marca una diferencia notable entre nuestra situacin y la de hace treinta aos. La transicin ecolgica se ha convertido en una necesidad colectiva ms imperiosa y una tarea urgente. De esta importante mutacin histrica, la transicin energtica a un modelo 100% renovable se anuncia como la medida ms inmediata y urgente por una razn de peso: los combustibles fsiles y el uranio se agotarn en la segunda mitad del siglo XXI, y no habr ms remedio que emprender esa transicin. De hecho, ya est en marcha en muchos pases. En el Manifiesto se observaba que el capitalismo del momento vacilaba entre dos opciones: la neoliberal y la ecokeynesiana, ambas incapaces de rectificar la dinmica ecosocial. Se apuntaba, como alternativa, una salida postcapitalista radical que quedaba formulada en trminos tericos e imprecisos. El problema es que hoy se nos acaba el tiempo y ya no se puede esperar. Hace falta actuar. La opcin ecokeynesiana gana credibilidad, como revela el movimiento del Green New Deal inspirado en el programa keynesiano de Roosevelt de los aos treinta que emerge en Estados Unidos y la Unin Europea, lo cual avala la capacidad de previsin del Manifiesto. Pero la dificultad para imponer un Nuevo Trato Verde a un capitalismo agresivo y seguro de s mismo es evidente.

De paso, se advierte que est cobrando hoy una verosimilitud inquietante otra salida, el ecofascismo, que el mismo texto mencionaba pero descartaba en su momento (el capitalismo, incapaz actualmente de imponer una dictadura ecofascista, vacila entre dos opciones [la neoliberal y la ecokeynesiana]). Hoy algunos dirigentes coquetean con una salida autoritaria de este tipo, que no se puede descartar en absoluto. De hecho, las opciones hoy disponibles han dejado de ser las mismas. La salida neoliberal se confunde cada vez ms con la ecofascista. De modo que la alternativa es ms bien: o neoliberalismo ecofascista o ecokeynesianismo como va hacia un ecosocialismo. La agudizacin de las tensiones empuja hacia una ruptura (o serie de rupturas) como va para librarse del productivismo oligrquico y abrir las puertas a una sociedad ecolgicamente sostenible y socialmente equitativa.

El acortamiento del tiempo disponible tras treinta aos perdidos obliga, adems, a algunas correcciones de las propuestas prcticas enunciadas en el Manifiesto. La principal, a mi entender, es la consideracin del papel de las catstrofes: Los ecosocialistas rechazamos la idea de que las catstrofes espontneas o provocadas engendran las revoluciones ms deseables (114). Hoy, en cambio, se tiene la sensacin de que el orden socioeconmico imperante es tan compacto e inconmovible que slo podr resquebrajarse gracias a fuertes sacudidas que obliguen a reaccionar, tanto a los poderes instalados como a la ciudadana. Y se anuncia como una sacudida ineludible el agotamiento de los combustibles fsiles. Si se llega a su agotamiento sin haber culminado la transicin energtica a las renovables, tendrn lugar fuertes conmociones sociales hoy impensables. Algo parecido puede decirse de los restantes aspectos de la crisis ecolgica general, y en particular del modelo agroalimentario. El Manifiesto tiene razn cuando dice que las catstrofes no engendran las revoluciones ms deseables: el fascismo de los aos treinta en Europa como resultado de la crisis de 1929 parece ilustrarlo. Pero no se vislumbran otros fenmenos distintos de shocks y catstrofes capaces de quebrar rutinas y automatismos y abrir paso a soluciones radicalmente innovadoras. La nica respuesta razonable al peligro parece ser la de prepararse para salir de las catstrofes anunciadas con alternativas constructivas, ecolgicas y solidarias. Al fin y al cabo si la crisis de 1929 dio el fascismo en Europa, dio tambin el New Deal rooseveltiano en Estados Unidos, la poltica ms izquierdista implantada jams en ese pas.

Ahora bien, los partidarios del ecosocialismo hemos de ser conscientes de que el New Deal verde, si se impone, va a ser un compromiso interclasista bajo hegemona del gran capital, como lo fue en su momento el New Deal de Roosevelt. Seguramente ser la nica va practicable para salir del fosilismo, y habremos de apoyarlo e implicarnos en l (con nuestros propios objetivos democrticos frente a las tendencias capitalistas de crecimiento sin freno y generadoras de desigualdad). Pero la escasez creciente de recursos naturales pondr tarde o temprano sobre la mesa la necesidad de abandonar la tendencia tambin en un capitalismo verde a acumular sin lmites. Si las fuerzas ecosocialistas no son capaces de tomar el relevo, puede abrirse una poca de graves conflictos sociales e internacionales en torno a unos recursos menguantes.

El propio Manifiesto, pese a rechazar las catstrofes como va deseable, anticipa un perodo convulso y, de algn modo, reconoce el valor de las rupturas sociales, resultando perfectamente actual: Consideramos que la ruptura tendr que ser una transformacin compleja y prolongada de un modo de produccin y de vida para acceder a otros. Esta transformacin es en gran medida imprevisible. No tendr sin duda un ritmo uniforme, sino que pasar por fases de estancamiento vale decir, compromisos relativamente estables entre las fuerzas contendientes, aceleraciones y, quizs, regresiones. Conflictiva por necesidad, podr entraar al mismo tiempo desapariciones, continuidades e innovaciones. En algunos momentos tal vez coexistan varios modos de produccin (114).

Otra correccin aconsejable del texto es revisar su crtica del estatalismo y su adhesin a la perspectiva de una extincin del estado (96). Aunque es del todo suscribible la perspectiva de desarrollar una ciudadana activa, responsable, integral, solidaria y creativa (117 y ss.) que incline la balanza ms hacia la sociedad civil que hacia el estado, la magnitud y urgencia de las tareas que acometer y el podero del adversario aconsejan contar con un instrumento tan potente de intervencin como es el estado, que se legitima, en las democracias, como instrumento de la ciudadana en tanto que poder pblico frente a los poderes privados.

El Manifiesto contiene multitud de ideas sumamente interesantes de cara a la transformacin sociometablica y poltica que requiere la situacin actual del mundo. Por eso es tan recomendable su lectura atenta. Algunas voces aducen que ya es tarde para evitar el hundimiento de la vida civilizada. Pero qu proponen quienes sostienen augurios de este tipo? La simple espera pasiva? Incluso ante los peores augurios, nunca faltar la gente que, contra todo pronstico, apueste por salidas positivas y luche por una alternativa constructiva y solidaria con la hiptesis de que otro mundo es posible; un mundo donde valga la pena vivir. Es a esta gente a quien debemos apoyar. El Manifiesto Ecosocialista ofrece una base slida para esa salida.

Nota:

[1] Los nmeros entre parntesis remiten a las pginas de la edicin de la revista mientras tanto, n. 41 (verano de 1990).

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-183/notas/el-manifiesto-ecosocialista-treinta-anos-despues



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