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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-10-2019

No es suficiente que la verdad exista como un relato equilibrado de la guerra, adems se requiere que ese relato sea un espacio habitable
Medios alternativos que habitan la verdad

Alexander Escobar
Remap

Documento de discusin presentado en el Encuentro de experiencias de comunicacin y cultura para la verdad, la memoria y la reconciliacin en el suroccidente colombiano, realizado por la Mesa de Medios Periodismo de Verdad y la Red de Medios Alternativos y Populares (REMAP). Popayn, octubre 11 de 2019.


A medida que se habitan distintos espacios de la vida, y se reconoce el efecto persuasivo de las lneas discursivas hegemnicas de los medios de comunicacin, no es difcil vislumbrar que la importancia de los discursos que escuchamos a diario est determinada no tanto por lo que dicen, sino por lo que callan. Esta mirada podra ser una de las experiencias ms representativas que atraviesa el quehacer de los medios alternativos en Colombia.

Faltan voces, imgenes, palabras y otros modos de ver el mundo en lo que escuchamos, vemos, leemos y, conforme se imponen las necesidades del mercado, a travs de un modelo poltico que rinde culto a la acumulacin de capitales por encima de la vida, hasta falta volver a desear, o quiz solo se trate de desear mejor. Decirlo no es una exageracin, porque finalmente encontramos discursos que lograron violentar y colonizar los espacios ms ntimos de la sociedad.

Hace solo tres aos vimos cmo un importante porcentaje de la poblacin votaba en contra de la paz, dicindole no a la refrendacin del Acuerdo Final entre la exguerrilla de las FARC y el Gobierno que finalizaba una guerra de ms de cincuenta aos. Esto se presenta a manera de una radiografa que muele los huesos, que los vuelve polvo dejando escombros de una sociedad inmensamente religiosa que va a misa, se persigna y ofrece un saludo de paz, que tiene el perdn y la reconciliacin como uno de los pilares fundamentales de la doctrina religiosa.

Son este tipo de ejemplos los que nos dicen que enfrentamos un tipo de discurso, enquistado durante dcadas, que coloniz algo tan ntimo como la religiosidad de las personas, provocando acciones ajenas a la espiritualidad que les convoca, acciones contrarias a la paz, la reconciliacin y el perdn.

Nos hallamos entonces ante un discurso que adems de desconocer, omitir la multiplicidad de rostros que componen la sociedad, centra su carcter agresivo en lograr que quienes no estn representados terminen asumindolo como propio. Por tanto, no es una simple omisin, una accidentalidad y, menos, una improvisacin. Es una decisin profundamente poltica que impone determinados intereses sobre poblaciones que asumen algo ajeno como verdadero y creble, un artificio que no se forj al calor de lo mltiple, al fuego de lo colectivo, y que nos dej a merced de una verdad simulada y fra.

Cuando pensamos en el conflicto interno colombiano en relacin a los medios de comunicacin, convertidos hoy en corporaciones mediticas, los anlisis van ms all de la simple produccin de informacin y contenidos sobre los hechos de la guerra. Hay otras implicaciones, puesto que estn asociados a un proyecto poltico determinado por sectores de la economa; o expresado de otro modo, stos tienen como tarea ser una extensin ms del ejercicio del poder de quienes son sus dueos, trayendo consigo un desequilibrio, una correlacin de fuerzas desfavorable representada en el monopolio de la audiencia del que gozan para imponer contenidos, temas, discursos y, en ltimas, una ideologa.

Para los medios alternativos esta situacin no es un redescubrimiento, ni un hecho novedoso, pero s un reto diario de sobrevivencia, una lucha que si no se reinventa constantemente, perece. Estamos inmersos en una guerra meditica, en trminos literales, donde la vida est en juego cuando perdemos batallas que tienen como fin el posicionar la salida dialogada al conflicto colombiano, cuando la voz de la guerra se impone y contina cegando vidas y hace de la sangre el festn de una ideologa que se perpeta a travs de gobiernos, o minsculos sectores de la sociedad, que se alimentan de la desigualdad, el odio y los crmenes de Estado.

Volver nuestra mirada hacia las voces y rostros que son marginados por estos discursos que el poder impone como verdad simulada, no es simplemente una cuestin esttica que aporta a la construccin equilibrada del nuevo relato nacional de los hechos que rodearon el conflicto colombiano; en un contexto de guerra meditica prolongada, de correlacin de fuerzas desfavorable, hacerlo es un acto de resistencia para los medios alternativos que ven en la verdad del conflicto un escenario en el que no es suficiente que la verdad exista como un relato equilibrado de la guerra, adems se requiere que ese relato sea un espacio habitable, cotidiano, que confronte en todos los espacios de la vida a los discursos que se erigen suplantando las voces de pueblos y comunidades.

Cmo se manifiesta esa verdad del conflicto en las calles, la protesta social, y la vida rural donde la guerra se mantiene generando vctimas de forma directa? La verdad no se construye o reconstruye solo a partir de hechos pasados, no narrados, omitidos o tergiversados. La verdad habita y se manifiesta en resistencias que la viven, an sin que sta haya sido documentada o alguien les dijese que la verdad es lo que les mueve.

Para las comunidades y grupos humanos que padecen el conflicto y luchan por cambiar el orden de iniquidad que gobierna, verdad y dignidad son cuestiones inseparables. Sin la dignidad de quienes luchan no habra espacio habitable para que la verdad tenga vida. Es una verdad que se lucha, que se vive de manera digna.

Podra llegar a pensarse que resulta excluyente y reduccionista asociar verdad y luchas sociales de forma privilegiada para el anlisis. Sin embargo, lo hacemos afirmando que el conflicto interno, la guerra en Colombia, no ha terminado, y el actual Acuerdo de Paz es un escenario para la bsqueda de verdad con particularidades para las vctimas, y otras que les cobija y nos dan puntos de referencia para la no repeticin, o superacin, en algn momento, de la guerra.

Es cierto que muchas de las vctimas del conflicto jams solicitaron ser parte de la guerra y, de igual modo, tampoco fue necesario que participaran de lucha social alguna para sufrir la crudeza del conflicto interno. Familiares que buscan a sus seres queridos, que preguntan por qu fueron asesinados o desaparecidos, requieren respuestas que gracias al Acuerdo de Paz pueden o podrn responderse si se cumple a cabalidad lo pactado en la Jurisdiccin Espacial para la Paz (JEP), la Comisin de la Verdad y la Unidad de Bsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), instancias o espacios creados para avanzar en este sentido.

No obstante, debe decirse, a riesgo de parecer insensibles, que la verdad del conflicto est conectada, hace parte, pero sobrepasa la verdad de las vctimas que en algunos casos responde a particularidades propias de cada situacin vivida.

Las vctimas exigen respuesta y esto no es aplazable. Responderles significa reconocer la deuda de una sociedad que privilegi la vida de unas personas por encima de otras, que dej de mirar lo que ocurra por conveniencia, o porque simplemente era ms cmodo vivir en la burbuja de confort que ofrece la democracia virtual del televisor, o por estar sumergidos, hoy por hoy, en la fascinacin de las pantallas de sus telfonos celulares.

A esta realidad del conflicto tambin es necesario aadir que la verdad de las vctimas hace parte de una verdad de fondo que no termin con la firma del Acuerdo de Paz, y que tampoco culmin o se qued quieta en el contexto o tiempo que vivimos. Porque las causas que originaron el conflicto interno persisten y han prolongado la guerra, su voracidad, as como los crmenes de Estado. Y en respuesta, no es extrao que la protesta y lucha social se mantenga como una verdad que se vive a diario, que se documenta y se cubre por los medios alternativos, pero que no se archiva como un hecho superado.

Ahora bien, por qu la insistencia en nombrar la guerra cuando son la paz, la verdad, y la reconciliacin algunos de nuestros objetivos? Sencillamente porque sta persiste, y no se puede omitir o maquillar su crudeza, del mismo modo que no se puede dejar de mostrar aquello que dificulta el camino. No es una apologa al conflicto interno ni una forma de minimizar el trabajo de quienes trabajan por la paz. Hoy hablamos de la guerra de la misma manera que lo hacamos mucho antes de firmado el Acuerdo de Paz, cuando hablar de salida dialogada y poltica al conflicto, reconociendo la crudeza de la guerra, era motivo de sealamiento, de estigmatizacin y persecucin.

Por eso los medios alternativos hoy continuamos hablando de la guerra. Hay diferencias en comparacin a aos o dcadas anteriores, pero la necesidad de discutir sobre ello, en relacin al Acuerdo de Paz, y por fuera de ste cuando es el caso, es una verdad en disputa que vara segn la voz que la narre o la manipule segn sus intereses.

En medio de esa disputa de los discursos de la guerra estn los medios alternativos, reconociendo lo que callan y a quienes desconocen el rostro en los territorios de la Colombia profunda y las calles que viven el conflicto, que resisten a polticas gubernamentales de iniquidad, prolongacin de la guerra, criminalizacin de la protesta social y paramilitarismo.

Los medios alternativos se mueven en este tipo de escenarios donde actualmente las lneas discursivas del Gobierno imponen una verdad simulada que omite trminos y frases como paramilitarismo, asesinatos sistemticos, causas sociales que originaron el conflicto, y otras artimaas del lenguaje que no podramos analizar si todo se redujera solo a la produccin de contenidos periodsticos.

El anlisis de los discursos tambin mueve el quehacer de la comunicacin alternativa, popular, dando elementos para la creacin periodstica y cuestionamiento de verdades impuestas, entendiendo que la verdad es un ejercicio de poder capaz de desconocer hechos como la masacre ocurrida en El Tandil, vereda ubicada en zona rural de Tumaco (Nario) donde, el 5 de octubre de 2017, la polica dispar de forma indiscriminada, asesinando a siete personas y dejando cerca de 27 ms heridas que protestaban contra la erradicacin forzada de cultivos de uso ilcito, al tiempo que exigan cumplimiento del punto 4 del Acuerdo de Paz que establece mecanismos para la sustitucin voluntaria.
 
Esa verdad simulada del poder hoy mantiene este caso en la ms grotesca impunidad, al punto de lograr que la masacre dejara de ser investigada por la justicia ordinaria y pasase a ser tratada por la justicia penal militar, algo que convierte a los responsables en juez y parte que se investigarn a s mismos como forma de garantizar un resultado favorable para los crmenes de Estado.

Pero si la verdad es un ejercicio de poder que imponen quienes lo ostentan, en este caso el Gobierno que adems posee el monopolio y uso de las armas, para las vctimas y luchas sociales la verdad emerge como un ejercicio de dignidad. En este sentido, planteamos la verdad como aquello que no existe por s misma, no hablamos de la verdad para la verdad, sino de la verdad como un territorio habitable que se construye, y que si no se habita ni se defiende es usurpada, tergiversada y manipulada por el poder.

Los medios alternativos nos ubicamos en esa verdad habitable que defienden las luchas sociales, que se vive como un territorio de mentalidades que confronta discursos hechos, e impuestos, para desconocer el rostro de comunidades y poblaciones enteras que luchan contra la injusticia y en favor de un mejor vivir.

Por eso sabemos que no basta que la verdad exista, que adems de hoy contar con un importante documento de 800 pginas, realizado por la Comisin Histrica del Conflicto y sus Vctimas, que describe un relato equilibrado de la guerra en Colombia, se requiere que la verdad se viva en lo cotidiano, se recree y defienda para que no muera ni sea usurpada por poderes que viven de la injusticia, la explotacin humana y que, adems de imponerse con discursos posicionados por sus medios de comunicacin, se perpetan con fuerzas o ejrcitos irregulares como el paramilitarismo.

Son estas algunas de las discusiones que nos indican que, ms all de la produccin de contenidos periodsticos, a los medios alternativos asimismo nos asiste la tarea de no olvidar que hacemos parte de la conciencia crtica de la poca, algo que incomoda no solo al poder de la verdad simulada, sino tambin a gente lejana y cercana, y que podemos observar en temas como el Acuerdo de Paz, cuando afirmamos que ste, definitivamente, fue traicionado por el Gobierno.

Que la verdad se habite, se viva y defienda es nuestra garanta para que la memoria no se confunda con hechos histricos rescatados del olvido que solo consultamos, con nostalgia, tratando de encontrar o recuperar infructuosamente la nuestra, o como forma de disimular nuestra impotencia. Es la memoria un territorio habitado entre lo que hemos sido y an no somos, de rostros que quisieron apagar pero que alumbran un territorio de luchas compartidas, que no omite trochas ni calles para caminar hacia la paz y reconciliacin, un encuentro de territorios para defenderse, resistir, derrotar y superar con dignidad la guerra que nos suplanta, borra y expropia lo ms querido.


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