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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-10-2019

Sobre la propiedad de la tierra y los smbolos patrios

Susana Merino
Rebelin


Cmo se puede aceptar que la tierra sea propiedad de unos pocos? No soy tan erudita como para recordar qu dice la Biblia al respecto, pero basndome en el sentido comn y en la aseveracin de Thomas Paine, puedo decir con l que Dios no puso una agencia de Bienes Races en el planeta para privatizar la tierra. Es lgico que se la cultive y que el trabajo de quien lo hace sea remunerado como todos los dems trabajos como lo establece nuestra organizacin social que no es precisamente la de los indgenas que la habitaron y la siguen habitando con bastante ms lgica que la nuestra.

Ahora bien, la tierra cultivada da sus frutos, pero esos frutos se deben no solo al humus, los minerales y dems componentes del suelo, sino tambin a la contribucin del aire, del sol, de la lluvia, de los insectos y los pjaros polinizadores que son parte inprescindible del ambiente terrqueo y que como tal nos pertenece a todos. Es decir, que el producto de la siembra no debe beneficiar solo a unos pocos sino al total de la comunidad (incluido el que la cultiva), de otro modo si los agricultores se negaran a compartir el resultado de su trabajo y el de los elementos que se lo hacen posible tendramos que ir pensando en emigrar a otro planeta. Algo sucede, aunque en menor escala con los migrantes que arriesgan hasta su propia vida para buscar el sustento que en su lugar de origen arbitrariamente se les niega. Algo ciertamente inadmisible a esta altura de nuestra civilizacin occidental y cristiana

La fragmentacin de la tierra se ha consolidado en mayor medida con el sistema capitalista hecho a medida de quienes acumulan capital sobre la base del trabajo ajeno. El socialismo en cambio propugna algo mucho ms coherente, que es la propiedad comunitaria como lo ha sido siempre en las comunidades indgenas que habitaban y an habitan este continente y aunque las consideremos salvajes es evidente que se basan en autnticos criterios de mancomunidad y de una ms equilibrada convivencia.

Creo que es hora de que reflexionemos y advirtamos que este sistema ha incrementado la desigualdad de los seres humanos algunos de los cuales, los menos, pueden apropiarse por compra, herencia o arrebato de un pedacito del planeta, algo a todas luces arbitrario y solo protegido por leyes que establecen los ms audaces y los ms fuertes, pero absolutamente reidas con la equidad, la justicia y en nuestro caso con los principios cristianos.

Y finalmente estoy absolutamente en contra de los smbolos que avalan esas arbitrariedades como la bandera, el escudo, el himno cuyo principal objetivo es adems de nublar la poca racionalidad que ostentamos los seres humanos es conducirnos a aceptar la mayor parte de las incongruencias que socialmente establecemos y que al tiempo que pregonan libertad, igualdad, fraternidad, imponen arbitrarias fronteras, nacionalidades y requisitos que ni los irracionales animales silvestres estn obligados a respetar.

Comprendo y desde luego estoy absolutamente convencida de que el amor a la tierra constituye algo innato, valioso y autnticamente respetable en el ser humano, pero lo normal es amar el entorno en que se nace, se crece, se desarrolla la propia vida y no el amor indiferenciado a algn vasto territorio llamado pas. Amamos el terruo, su lengua, su msica, sus aromas, sus canciones, sus rboles, pero no podemos amar algo tan extenso e indiferenciado como un pas o por lo menos no de la misma manera. El soldadito que da su vida por la bandera no es convocado a defender su terruo, sino a defender smbolos que le fueron inculcados desde la ms tierna infancia. Y eso no es cristiano. Cunto ms lgico sera que los smbolos que lo convocan sean una zamba, una cueca, la flor del ceibo, el azul del tarco o el rosado lapacho y aun as seguira pensando que la guerra solo sirve ignominiosamente al poder y al dinero siempre a costa del ciudadano de a pie o como deca Alberdi, el derecho a la guerra es el derecho al homicidio, al robo, al incendio, a la devastacin en la ms amplia escala posible y debera ser juzgado con el mismo derecho penal que juzga la criminalidad de un hecho o de un hombre. Y lamentablemente los smbolos ayudan a incentivarlas y a servirlas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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