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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-10-2019

El analista de arriba y la calle

Ral Zibechi
La Jornada


Los pueblos y los sectores populares, las mujeres y los varones de abajo, estn ganando las calles en todo el mundo. En Barcelona y en Hong Kong, en Pars y en Quito, y en un largo etctera imposible de abarcar en pocas lneas. A mi modo de ver, este slo hecho da para celebrar, para el regocijo de quienes deseamos el fin del capitalismo, porque ste no suceder sin confrontacin y lucha de calles, entre otras formas similares de pelea.

La poderosa reorganizacin de los aparatos represivos los ha hecho casi invulnerables a la protesta, de modo que desbordes como los que vimos en periodos anteriores (siempre recuerdo el mtico Cordobazo de 1969, cuando obreros y estudiantes derrotaron en la calle a la polica del rgimen militar), son cada vez ms infrecuentes. Por eso la lucha de calles, es tan importante, como escuela y como horizonte.

Es cierto, por otro lado, que con marchas y acciones directas no es posible trascender el sistema, que hacen falta por lo menos dos cuestiones centrales: una crisis sistmica profunda, como las que se registraron en Europa hacia el final de la guerra de 1914-1918, y una potente organizacin de los pueblos, no slo para afrontar la crisis, sino de modo muy especial para construir los mundos otros llamados a expandirse mientras vamos deshidratando la hidra capitalista.

Los pueblos organizados y los militantes celebramos las pequeas victorias, la multiplicacin de caracoles en Chiapas o el frenazo al paquetazo del FMI en Ecuador. Nos conmovemos con esos miles que araaron las piedras, literalmente hasta sangrarse, para erigir barricadas con adoquines y trozos de edificios en Quito. Nos indignamos con la represin que provoc una decena de muertos y mil 300 heridos.

Festejamos los avances. En Loja y Azuay se crearon asambleas populares autnomas, espacios organizativos de abajo para construir poder popular, dar continuidad al proceso y articular planes y acciones, nos dice un militante contra la minera del sur. Valora, de forma muy especial, que los 12 das de lucha hayan sido la primera experiencia para toda una generacin, porque no est pensando en tomar el palacio, sino en la continuidad de la pelea.

Otros compas estiman la trascendencia de que haya emergido una nueva generacin de militantes y dirigentes indgenas y populares, as como la importancia del protagonismo masivo de las mujeres. En paralelo, se emocionan con los estudiantes que armaron centros de acopio, albergues y cocinas comunitarias, integrando as una lucha campo-ciudad.

Son los temas estratgicos que deberan preocuparnos, porque de ellos depende el futuro, y no si la accin favorece a tal o cual potencia global, a tal o cual poltico que quiere llegar o volver al palacio.

Por eso nos indigna, por lo menos a quien esto escribe, cuando el analista de arriba se limita, desde su escritorio, a censurar a los dirigentes, sean de la Confederacin de Nacionalidades Indgenas de Ecuador (Conaie), del pueblo mapuche o del EZLN, porque no hicieron lo que ellos consideran oportuno o necesario.

Los pueblos no son acarreados por los dirigentes, como suele creer el analista de arriba, porque no se molesta en preguntar y, sobre todo, en escuchar razones de la gente comn. Si lo hiciera, descubrira una lgica propia, diferente por cierto a la del acadmico o del poltico profesional, porque responde a necesidades concretas que no pasan por la academia y la literatura especializada.

Sinceramente, me parece insignificante, por decirlo en tono amable, si la lucha nuestra beneficia a China, a Rusia o a Estados Unidos. Son tres potencias imperiales que estn dispuestas a masacrar pueblos, para seguir acumulando poder y capital.

Me parece igualmente poco importante si una lucha de abajo, con toda su cuota de dolor y sangre, termina beneficiando a tal o cual candidato a la presidencia. No es se el camino de los pueblos. Todo lo que fortalezca el protagonismo y la organizacin de los de abajo es muy positivo, ms all de consecuencias que nunca se pueden medir a priori.

Hubo un tiempo en que el analista de arriba era, sistemticamente, parte del sistema. En las pasadas dcadas, sobre todo a partir de la cada del socialismo real y de las derrotas de la revoluciones centroamericanas, han surgido multitud de analistas que se dicen de izquierda, pero no se manchan las manos, ni ponen el cuerpo en las barricadas, ni escuchan a los pueblos.

Se sienten portadores de la verdad, cuando deberan ser apenas trasmisores del pensamiento y la accin colectivas. No puede haber anlisis valederos que subestimen a los pueblos. Siempre fue y ser una actitud propia de la derecha, funcional al sistema.

No se vale que unos pongan los muertos y otros usen los cuerpos ultrajados como escaleras, materiales o smbolos. No queremos ser escaleras de ustedes, dicen los aymaras a los polticos corruptos. Slo sirven los anlisis nacidos del compromiso, no con los de abajo, sino abajo y a la izquierda.

Fuente: http://www.jornada.com.mx/2019/10/20/opinion/022a1mun



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