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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-10-2019

Geopoltica, tica y justicia en el combate al narcotrfico mexicano en tiempos de la 4T

Ricardo Orozco
Rebelin


Los hechos: el error tctico y estratgico

Para el presidente Andrs Manuel Lpez Obrador, el pasado jueves diecisiete de octubre sera el da que pasara a la historia de su gobierno por ser la fecha en la que, por fin, daran comienzo los trabajos de construccin del Aeropuerto de Santa Lucia, luego de haberse enfrentado a una sistemtica oposicin por parte de algunos capitales (y sus voceras desde la Sociedad Civil) afectados por la cancelacin del NAICM, en Texcoco. El da en cuestin, no obstante, pas a la historia de la 4T, en general; y de la biografa presidencial de Lpez Obrador, en particular; porque en el Norte del pas, en la ciudad sinaloense de Culiacn, un fallido operativo, torpemente realizado, desencaden una serie de hechos violentos por parte de integrantes de una de las estructuras del narcotrfico ms potentes, el as denominado Crtel de Sinaloa el buque insignia del narcotrfico mexicano cuya personificacin ms representativa es el hoy convicto en Estados Unidos Joaqun Guzmn Loera.

En el parte informativo de aquel da, y mucho tiempo antes de que el gobierno federal saliera a la palestra a dar su versin oficial de los hechos, lo que la ciudadana tena registrado era que, derivado de la detencin de algn jefe de plaza importante en la ciudad, se haban desatado una serie de enfrentamientos por parte de los miembros de su clula criminal, derivando en un acumulado de refriegas con armas de grueso calibre (armamento de uso exclusivo de las fuerzas armadas, de manufactura estadounidense, por supuesto), bloqueos carreteros, quemas y despojos con violencia de automviles a privados y hasta la fuga de una cuarentena de reos de un penal local.

Ya hacia el final de la jornada trascendi en redes sociales y en algunas televisoras el detalle de que, como consecuencia inmediata de la capacidad de fuego desplegada por las estructuras criminales y de la desventaja numrica, estratgica y armamentstica de los cuerpos de seguridad federales, en algn momento de la refriega el gobierno federal decidi soltar a Ovidio Guzmn Lpez (hijo de Joaqun Guzmn Loera y, en teora, uno de los varios herederos, por lnea de sangre, de las empresas criminales dirigidas por ste). Cuando los enfrentamientos por fin finalizaron, parte del gabinete de seguridad del gobierno federal emiti un videomensaje en el que se proporcionaron algunos datos:

a) Se afirm que aquello que haba ocurrido en Culiacn fue producto de un patrullaje de rutina por parte de cuerpos de seguridad locales.

b) Los elementos de seguridad que recorran la zona fueron agredidos desde un predio por miembros del crtel de Sinaloa.

c) Ante tales acontecimientos, y la evidente desventaja numrica y en potencia de fuego de los elementos de seguridad, se decidi optar por un repliegue y abandonar la zona en cuestin.

Posterior a dichas declaraciones, en medios se difundi un par de videos en los que se alcanza a apreciar que aquello no fue un patrullaje de rutina de una unidad motorizada, sino que, antes bien, aquello era el despliegue de varias unidades del ejrcito, la Guardia Nacional y elementos de otras corporaciones en lo que, por lo menos a primera vista, da cuenta de un operativo especfico en el que se tenan pretensiones de capturar a quienes estuviesen al interior del predio rodeado. Esta incompatibilidad entre las declaraciones del Secretario de Seguridad y Proteccin Ciudadana, Alfonso Durazo, y lo que se apreciaba en los videos llev a que con posterioridad las autoridades federales rectificaran su versin sobre lo ocurrido, proporcionando informacin que, en ultima instancia, en verdad da cuenta de una serie de tropiezos con los que se actu y se respondi ante la crisis que les estall en la cara. Que el gabinete de seguridad federal decidiera rectificar y aclarar (sin transparentar la totalidad de los hechos) ya dice mucho sobre las formas y la contraccin de la curva de aprendizaje del gobierno de Lpez Obrador (por lo menos en trminos de comunicacin social), pero no resuelve muchas cosas ms alrededor de lo ocurrido.

Dos estrategias de seguridad en la 4T: violencia social y violencia criminal

Ahora bien, el tema que quizs est causando ms resquemores y resentimientos por parte de la ciudadana hacia las personas que encabezan el gobierno de la 4T tiene que ver con el hecho de que el mismo gabinete y el propio presidente confirmaron que era cierto que, al ya tener capturado a Ovidio Guzmn, se decidi liberarlo. En la prensa nacional y extranjera del da despus, por ejemplo, aquella decisin se convirti en el motivo perfecto para incrementar la dureza y la sistematicidad de la crtica al gobierno de Lpez Obrador (y a su persona, en particular) acusndolo de ser un presidente coludido con el crimen organizado, causa y consecuencia, a la vez, de que el tan mentado por las derechas conservadoras estado de derecho est siendo capturado y aniquilado por las lgicas de operacin y los intereses de la delincuencia organizada.

En ese sentido, que el gobierno de Lpez Obrador decidiera, de manera consciente y reflexiva, dejar escapar a un capo de la droga con ordenes de extradicin en Estados Unidos sirvi a los principales rotativos de Occidente (el mismo Occidente que hoy se encuentra capturado por conservadurismos religiosos, de clase y raciales igual de atroces que los experimentados a comienzos del siglo XX) para mostrar que, a diferencia de lo que ocurri con algunas de las fugas ms emblemticas de grandes capos en los gobiernos de los expresidentes Vicente Fox, Felipe Caldern y Enrique Pea Nieto en donde, se supone, no hubo consentimiento gubernamental para tales hechos, ac, lo que se puso sobre la mesa fue una clara decisin en la que se opt por beneficiar al crimen por encima de la ley, la justicia y la integridad de la propia ciudadana.

Argumentos como ese, por supuesto, estn cimentados sobre la base de las incomprobables hiptesis de que en los gobiernos anteriores no existieron acuerdos, negociaciones, pactos o colusiones de ningn tipo entre estructuras gubernamentales y criminales, en cualquiera de sus ordenes de gobierno y niveles administrativos/polticos. Pero ms all de ese detalle que no es menor, lo que en realidad tendra que estarse discutiendo para el caso reciente de Culiacn radica en el fundamento que ofreci Lpez Obrador para haber consentido la decisin que tom su gabinete de seguridad sobre la liberacin de Ovidio Guzmn.

Y es que, lo que Lpez Obrador puso a discusin pblica, cuando justific los actos de sus subalternos, al aclarar que la vida de un narcotraficante no vale ms que los cientos de vidas que se pueden perder por los ajustes de cuentas de los crteles ante la captura de sus lderes, no es una discusin superficial o sin sentido, menos an un tema que ya de entrada sea vlido reducir a la nulidad o la invalidez por estar contrapuesto a lo que determina la letra de las leyes mexicanas.

Lpez Obrador hay que insistir en ello est trabajando a dos bandas el tema de la seguridad y la reduccin de los niveles de violencia en la sociedad mexicana. En trminos generales, es posible afirmar que su administracin est implementando dos lgicas para hacer frente a dos fenmenos de violencia que son bastante distintos y que funcionan sobre las bases de dos maneras por completo diferentes de ejercitar esa violencia. Por un lado, se encuentra una gran estrategia de tipo preventivo que tiene que ver con el mejoramiento de las condiciones sociales de las generaciones ms jvenes del pas. Una estrategia, en todo sentido, cuyo objetivo espacial y temporal es a largo plazo porque lo que tiene por finalidad es el prevenir que las condiciones de explotacin, pauperizacin y vulneracin de esos sectores histricamente marginados llevan a ms personas a buscar en las filas del crimen organizado un estilo de vida vlido para sustituir aquel que no son capaces de alcanzar por la va legal.

sta es, pues, una estrategia que pretende combatir el sentido comn de la falsa meritocracia poniendo sobre la mesa que no es posible meritocracia alguna dentro de contextos en los que la explotacin de unos es el sustrato sobre al cual se confirma y se construye el triunfo, el emprendedurismo y el xito de otros, en crculos cada vez ms pequeos y distantes. Pero es, adems, la estrategia del discurso de reinsercin de la tica como elemento indispensable para la convivencia colectiva en una sociedad en la que el neoliberalismo ha permeado tanto la subjetividad de los habitantes que ya es una tarea prcticamente imposible reconocer a un semejante en la otredad. Abrazos y no balazos! Es la frase presidencial que sintetiza la lgica detrs de esta estrategia y por eso su poblacin objetivo, aquellos y aquellas a quienes se dirige y a quienes busca interpelar todo el tiempo no son las personas que ya estn sumidas hasta el cuello en los pantanos del crimen organizado (aunque eso no significa que a estas personas no les est planteando la posibilidad de la redencin). Son aquellos y aquellas que an no se enrolan en la criminalidad organizada a quienes est previniendo el presidente.

La segunda gran estrategia de Lpez Obrador es por completo opuesta (y hasta contradictoria) con la anterior, pero no es entendible si se la toma por separado y si no se la lee como el complemento necesario (contradictorio, s, pero necesario) de la primera. sta es la lgica de la contencin, es decir, de la necesidad de contener lo que ya est echado a andar, de la violencia que ya est operando en la cotidianidad, de las personas que ya estn por completo absorbidas por el modus vivendi de los crteles de la droga. Estrategia de contencin, pues, que por ningn motivo apela a los abrazos antes que a los balazos; menos an a una falsa concepcin de critica autorreflexiva que va a llevar a todos los integrantes de las estructuras criminales organizadas a replantearse su vida y abandonar las armas por amor al prjimo. sta es, antes bien, una operacin que por supuesto se hace cargo de la violencia cotidiana a travs del uso de las fuerzas armadas y, en especial, del despliegue de la Guardia Nacional.

Y lo cierto es que, como aqu el objetivo es contener los actos y la operacin de las organizaciones que se formaron a lo largo de ms de medio siglo (en colusin y alimentadas por la poltica de los gobiernos posrrevolucionarios), y que los ltimos tres sexenios no hicieron ms que fortalecerlas, obligarlas a evolucionar y mutar sus modos y sus formas; lo que aqu se encuentra en juego para Lpez Obrador, personalmente, es la posibilidad de realizacin de una gran parte de sus promesas de campaa, en particular las que tienen que ver con la pacificacin del pas y la ineludible tarea de extirpar a los poderes fcticos y paralelos a la gestin gubernamental.

tica, justicia y legalidad

Lo sucedido en Culiacn y el respaldo del presidente de Mxico a la decisin de su gabinete sobre la liberacin de Ovidio Guzmn, por lo tanto, debe ser leda dentro de la segunda estrategia implementada por el presidente, y no dentro de la primera. Pero incluso haciendo esa clara distincin (soportada por el reconocimiento de que el ejrcito y la marina siguen patrullando las calles, de que las fuerzas armadas son la institucin preferida del presidente para llevar a cabo algunos de los proyectos y polticas pblicas que ms le interesan; de que la Guardia Nacional surgi con el propsito explicito de combatir desafos como los del crimen organizado y, finalmente, de que las fuerzas castrenses son clave en la campaa personalsima de combate a la corrupcin gubernamental); lo que no se debe perder de vista en las razones del presidente sobre la captura y liberacin de Ovidio Guzmn es que ah se encuentran las races de dos debates (filosficos, polticos, ticos, existenciales) de muy vieja raigambre: la relacin entre justicia y ley, por un lado; y el valor de la vida humana como un fin en s mismo y no como un medio, por el otro.

Dejando, por el momento, al primer tema para una discusin posterior, lo que resulta trascendental del segundo tpico para comprender mucho de lo que la figura presidencial en turno busca remover en las formas de la convivencia colectiva nacional y, sobre todo, en el ejercicio de la poltica, es que da un giro de 180 grados a la justificacin que en su momento ofreci Felipe Caldern cuando lanz su campaa de guerra irrestricta en contra de la sociedad mexicana. En aquel momento, el entonces presidente, representante de los grupos ms conservadores y reaccionarios de la derecha mexicana, justific su campaa por medio de una frase que lo sintetiza todo: se perdern vidas humanas inocentes, pero valdr la pena.

En su contexto (el de un Mxico que ya comenzaba a ser cada vez mas desangrado y desaparecido por las estructuras criminales en colusin con los intereses polticos dominantes), aquellas palabras resonaron en las conciencias de muchos y muchas mexicanas como una declaracin de guerra revolucionaria, en contra de un cncer social, de un enemigo que era necesario extirpar de la vida colectiva nacional al costo que fuese necesario pagar para asegurar un porvenir ms estable, ms ordenado, ms tranquilo y pacfico. Ya de entrada, la ingenuidad de creer que aquel enemigo se dejara vencer sin oponer resistencia alguna, cuyos saldos estaran, principalmente, en el terreno de la ciudadana y no de las filas de sus propios capos, fue un error de proporciones maysculas que an nos encontramos pagando con creces en el presente.

Pero ms all de eso, lo que llama la atencin de las palabras de Caldern (en algn sentido, el axioma y a su vez el ncleo filosfico de todo su sexenio en materia de seguridad) es que, al mismo tiempo que subordina la vida humana a un concepto abstracto de seguridad y a una nocin operativa de justicia, observa en la vida humana un til que es por completo desechable para conseguir bienes mayores. Esa lgica de comprensin y aprehensin del significado de la vida humana, durante los aos del nacionalsocialismo europeo, por ejemplo, llev a la instauracin de campos de concentracin y a la instauracin generalizada en la conciencia colectiva de aquellas sociedades de lo que la filsofa Hannah Arendt denomin la banalidad del mal.

En aos ms recientes, esa misma racionalidad sobre la vida humana la hemos visto desplegarse en toda su avasallante expresin en la manera en que el mercado neoliberal mercantiliza la vida, los cuerpos, los afectos, y hace de todos ellos instrumentos tiles para alcanzar mayores grados de acumulacin y concentracin de capital. Es decir, que cuando Caldern justific su poltica de seguridad afirmando que miles de vidas humanas eran un sacrificio justo para conseguir otros fines, lo nico que hizo fue expresar, con sus propias palabras, dos tesis que ya la Historia de la humanidad haba visto surgir, dominar y llevar a la barbarie a millones de personas en otros tiempos, los tiempos del nacionalsocialismo y de las dictaduras cvico-militares de seguridad nacional en Amrica.

Es en contraste con esa concepcin existencial de la vida, entonces, que hace sentido la jerarqua en la que Lpez Obrador coloc a las vidas de los civiles inocentes atrapados en las reacciones violentas del crtel de Sinaloa en Culiacn. Y lo cierto es que no es una pura metafsica del valor de la vida lo que est en juego. El repliegue de las fuerzas federales ante la reaccin de las estructuras del crimen organizado es importante entenderlo como un repliegue (y como una liberacin de un criminal) no frente a la criminalidad en s misma y por s misma, per se, sino ante la reaccin, la respuesta que sta tuvo en una coyuntura especfica, que fue la de poner en riesgo a un numero mayor de personas que, como bien lo seal Lpez Obrador en su conferencia matutina del da siguiente, no habra terminado el jueves 17.

Despus de todo, el valor supremo de la vida humana (y de las vidas humanas inocentes en un contexto de guerra como el de Mxico, en especfico), en trminos operativos, visibiliza un par de elementos que dan cuenta de que aquel repliegue y la liberacin de Ovidio Guzmn no fueron, despus de todo, la peor decisin que se pudo haber tomado.

En primer lugar, est el hecho de que la estrategia de combate al crimen organizado no tiene un carcter ofensivo, sino defensivo. Ello, por supuesto, podra leerse como una claudicacin del gobierno a hacer frente a la propia criminalidad organizada, sin embargo, si algo hemos aprendido de la experiencia histrica de la guerra en contra del narco en este pas es que una accin defensiva siempre es respondida por el otro elemento de la ecuacin con una potencia de fuego, una extensin territorial y una intensidad temporal mayores a las que el gobierno mismo es capaz de hacerle frente sin desatar, por ello, en el camino, un conflicto de mayores proporciones. Los casos de los cientos de municipios fantasma que hoy existen en el pas (porque en los aos del calderonato se opt por la va ofensiva), dan cuenta de ello, y de los cientos de poblaciones que desaparecieron de Mxico por su causa.

En segundo lugar se encuentra la lgica operativa del cambiar los daos colaterales por la prevencin de la fragmentacin social. Y es que, desde Fox hasta Pea Nieto, pero en particular con Felipe Caldern, los daos colaterales (vidas inocentes prescindibles) fueron vistos como sacrificios necesarios para el bien comn de la generalidad, pero en ello no se alcanz a concebir las profundas consecuencias y modificaciones sociales, afectivas y antropolgicas que tendran en miles de familias mexicanas a causa de la prdida de algn integrante o alguna integrante por la guerra. La muerte y la desaparicin de todas esas personas, despus de todo, no es un hecho que tenga una nula trascendencia, importancia o significado entre las mltiples colectividades dentro de las cuales se desenvolvan. Y el tema con esto es que no todo se resuelve por la va inmediatista de la superacin del duelo y de la muerte; no cuando la muerte y el duelo siguen inundndolo todo en esta sociedad, con niveles de crueldad y de violencia avasallantes.

Pero adems, si en sexenios anteriores no se lleg a concebir el impacto que la muerte y la desaparicin tendran en las vidas de millones de mexicanos y mexicanas, hacindoles modificar, transformar o adaptar sus relaciones de convivencia, sus contenidos culturales y sus formas identitarias, algo que tampoco se pens en toda su magnitud (o s lo hicieron pero an as decidieron seguir con la guerra porque ese era el plan geopoltico a seguir en el pas), es que la captura o el asesinato de un lder o de miles de lderes no conduce sino a disputas intestinas al interior de las estructuras criminales, entre estructuras divergentes y enemigas, y entre stas y las fuerzas gubernamentales. Ese es el tercer elemento a considerar para comprender el cambio de lgica en la estrategia de la 4T: tres sexenios de miles de muertes y cantidades similares de desapariciones llevaron, por fin, a una autoridad poltica a comprender que la desarticulacin de las redes criminales y de las estructuras que fundan no se da slo por capturas o decapitaciones (para emplear el argot de la poca calderonista). La fragmentacin de carteles, las disputas por las plazas, el incremento de los asesinatos de inocentes, la desaparicin de inocentes, tambin; la violencia de revancha en contra de pobladores al margen, etc., todos esos fueron eventos que condujeron a casos como los de San Fernando, Ptzcuaro, Boca del Ro, Chilpancingo, y dems, con cientos de cuerpos mutilados, como en campos de concentracin expresos y ad-hoc.

De no haberse replegado en Culiacn, nada habra asegurado que la ciudad entera no se vera inmersa, vctima, de todas esas y novedosas maneras a disposicin del crimen organizado para hacer pagar a la poblacin inocente la osada que tuvo el gobierno federal de haberles enfrentado. Y ese tipo de dinmicas, nos ha enseado la historia de nuestro pas, no duran un par de horas (como la refriega del jueves 17), ni unos das o unas semanas. El calderonato y el peanietismo (con todo y que en este sexenio se erogaron millonarias sumas de recursos para invisibilizar a la violencia en la prensa, los medios y las redes) nos brindaron, en sus respectivos tiempos, ejemplos imborrables de la memoria sobre rachas mensuales de enfrentamientos: meses con hasta dos mil ejecuciones por ajustes de cuentas en todas direcciones y con todos los actores involucrados.

El cuarto punto es que el gobierno de Lpez Obrador no es ingenuo en materia de disputas polticas y una de las posibles razones que se esconde detrs de sus decisiones tiene que ver con el hecho de que no es ajeno a la posibilidad de que este evento sea continuado con un mayor uso poltico de la violencia para desprestigiarle y hacerlo caer, eventualmente. Y es que, en efecto, una hiptesis que no se debe desechar as como as de lo ocurrido en Culiacn tiene que ver con que no es descartable el que la reaccin tan virulenta, tan potente y tan sistemtica y bien organizada del crtel de Sinaloa tenga que ver con que estuvo facilitada y en gran medida empleada en favor de intereses polticos y empresariales que se estn viendo afectados por las acciones de la 4T y que captaron en esta operacin una coyuntura irremplazable para asestar un golpe duro y costossimo en una materia que resulta tan sensible para tantos mexicanos y tantas mexicanas que si votaron por este proyecto fue, justo, porque en l se vea la posibilidad de que las cosas cambiaran, y el bao de sangre y las desapariciones se detuviesen.

Despus de todo, no es slo el hecho de que el despliegue que mostraron el jueves 17 no es algo que se organiza y se construye en un solo da, menos an en un par de horas. Capacidades organizativas y de respuesta as nicamente son posibles cuando existen las condiciones de posibilidad que las facilitan, y que las sostienen por periodos mucho ms largos. Mxico, adems, se aproxima de manera acelerada a las elecciones intermedias, y con ese evento como teln de fondo es importante para los opositores a la 4T degradar y minar lo ms que se pueda al gobierno en funciones en los temas que resultan mas directos y cercanos a la vida de las personas que gobierna. Pero adems est la situacin de la eleccin interna del Movimiento de Regeneracin Nacional, y la posibilidad de que el golpe externo halla convergido con una quinta columna de intereses al interior de Morena no es para nada imposible.

Lo anterior, por supuesto, no se trata de justificar la serie de errores y omisiones (estupideces, en el amplio sentido de la palabra) que el gobierno federal ha cometido en la materia. Pero en lo que no hay que dejar de insistir es que en este pas el uso poltico de la violencia y de la criminalidad no es nuevo, y es, antes bien, un elemento endgeno a la manera en la que se hizo poltica desde el momento de la posrrevolucin, a principios del siglo XX.

Proyecciones geopolticas hemisfricas

Finalmente, no hay que pasar por alto que, en estas mismas semanas, Amrica se encuentra transitando por tres procesos de coyuntura y dos ms de larga data que estn tensando las correlaciones de fuerzas hemisfricas (y las posiciones de poder estratgicas de Estados Unidos en el continente). Por un lado, se encuentran las declaratorias de Estados de Excepcin (o de seguridad, dependiendo de la nomenclatura nacional) en Ecuador y en Chile; ambos, provocados por una avanzada proveniente del Fondo Monetario Internacional (cuyo voto mayoritario es de Estados Unidos) y que en los hechos terminaron por reconstruir algunos de los pasajes ms dolorosos de las dictaduras vividas en la regin durante el siglo pasado.

De otra parte, se hallan las elecciones en Bolivia (celebradas este sbado 20), en donde por supuesto se est jugando el bastin ms solido y permanente de las luchas autonomistas y soberanas de los pases de la regin, pero tambin algunos de los pilares de los movimientos sociales que recorren a todo el continente. Bolivia es, en todo el sentido de la expresin, la ltima pieza del ajedrez americano que no ha sido posible vencer por las injerencias, los bloqueos geopolticos y las agresiones del capital a la presidencia de Evo Morales. Que Mxico y Bolivia se mantengan, en sus respectivas proyecciones hemisfricas, como las dos grandes sociedades en las que se prefiguran alternativas al neoliberalismo no es menor, y de su continuidad y supervivencia dependen otros tantos proyectos polticos e ideolgicos en la regin.

Los dos procesos de larga data, por su parte, son los que tienen que ver con las nuevas sanciones a Cuba, programadas para este lunes 21, y la continuada agresin a Venezuela. Con Brasil al borde del fascismo bolsonarista, Argentina, con una posibilidad mnima de revivir al espectro de Cristina Fernndez,; Uruguay, en el margen del militarismo ms atroz de su historia, fantasma de la dictadura; Colombia, sumergida en el fracaso del conservadurismo de Duque y la reavivacin del conflicto armado; y el resto del continente (Centroamrica y el Caribe) sufriendo ajustes fondomonetaristas para hacer frente a la migracin o a los sucesivos embates de la naturaleza en el ocano; Amrica est en la lnea de perder grandes conquistas ganadas en la dcada pasada.

Los eventos sucedidos en Mxico no deben de leerse de manera aislada a esas otras proyecciones geopolticas, en particular, por un factor diplomtico que no es menor: la designacin de Christopher Landau como embajador de Estados Unidos en Mxico: un especialista en operaciones especiales, y dedicado a la balcanizacin de Estados y sociedades.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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