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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-10-2019

El Banco de Espaa, la AIReF y las pensiones

Juan Francisco Martn Seco
Contrapunto


Es obvio que el nombre de banco emisor predicado de los bancos centrales obedece a su facultad en exclusiva de emitir dinero. Pero no es menos cierto que en el caso del Banco de Espaa (BE) y de otros muchos bancos centrales ese nombre podra hacer referencia tambin al papel que asumen de ser el principal centro de emisin de cultura econmica neoliberal. No se precisa que sea una opinin oficial de la entidad ni un acuerdo de su Consejo, basta con que uno de sus altos cargos d una conferencia para que toda la prensa titule El Banco de Espaa afirma, como si constituyese un orculo infalible, cuando la realidad es que nuestro banco emisor ha fallado ms que una escopeta de repeticin, y ha permitido no se sabe cuntas crisis bancarias sin enterarse de lo que estaba ocurriendo.

No es extrao por tanto que cada poco tiempo lancen un mensaje derrotista sobre el sistema pblico de pensiones. Constituye este una diana muy propicia para centrar los ataques del neoliberalismo econmico. Primero, porque es uno de los captulos ms importantes del gasto pblico; segundo, porque aparece como claro competidor de los fondos privados de pensiones. En esta ocasin ha sido el director general de economa y de estadstica del banco emisor en unas jornadas organizadas por el BBVA, lugar sin duda muy a propsito y donde jugaba en campo propio.

Esta intervencin ha coincidido en el tiempo con las manifestaciones realizadas por Jos Luis Escrib, presidente de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), en un acto organizado por Servimedia bajo el ttulo de La sostenibilidad del sistema de pensiones. Como se ve, los rganos independientes compiten por hacer declaraciones acerca de asuntos polticos, que nunca deberan ser independientes, sino dependientes de las decisiones del Parlamento y en consecuencia, de la soberana popular. El problema es que esta ha quedado muy mermada y perjudicada con la Unin Monetaria.

La Unin Europea se ha esforzado en mantener la poltica monetaria al albur de las decisiones polticas, de ah el carcter de independencia que ha pretendido dar a los bancos centrales y en especial al Banco Central Europeo. Pero no contentas con ello, y a pesar de que las polticas fiscales quedan relegadas a los Estados nacionales, las autoridades comunitarias, cuando han podido, han presionado a cada pas para que se crease una institucin dedicada a las finanzas pblicas y con la terica caracterstica de independencia, es decir, al margen de las decisiones polticas.

En esta ocasin el BE, como siempre, ha tirado por elevacin. Tras pronosticar que si no se mantienen las reformas de 2011 y 2013 y se pretende actualizar anualmente las pensiones por el IPC, el gasto en este captulo se incrementara de aqu a 2030 en 2 puntos del PIB y, si extrapolamos hasta 2050 el incremento en lugar de 2 sera de 3 puntos, lo que segn el alto funcionario del BE sera inasumible. Es curiosa la facilidad con la que se califica de inasumible todo lo que hace referencia a las pensiones. Nadie dice que el gasto en educacin, en defensa, en intereses de la deuda, en sanidad, en esa maraa cada vez ms densa de subvenciones y en otras muchas partidas, no es asumible.

El ser o no asumible (no las pensiones, sino todo el gasto pblico) depende del montante de impuestos que seamos capaces de soportar, pero conviene no olvidar que la presin fiscal en Espaa es seis puntos inferior a la media de Europa. Y seis puntos tambin en porcentaje del PIB separan el nivel de nuestro gasto pblico del de la media de la Unin Europea. Catorce puntos del de Francia y nueve puntos del de Italia. De verdad sera inasumibles dentro de treinta aos dedicar tres puntos ms del PIB a gasto pblico? Lo que ciertamente resultara socialmente inasumible sera reducir la cuanta de las pensiones en un 30 o un 40%, resultado forzoso de no actualizarlas por el IPC. Se condenara a la pobreza ms severa a una gran parte de la poblacin, y precisamente aquella que se encuentra en una situacin de mxima vulnerabilidad por encontrarse al final de su vida.

El presidente de la AIReF ha estado ms moderado y mucho ms acertado, quizs porque este organismo no pretende ser tan independiente como quiere serlo el BE y, adems, se encuentra adscrito al Ministerio de Hacienda. Ha comenzado por reconocer el descalabro social que significara mantener la actualizacin del 0.25% que fija la ltima ley de pensiones aprobada, e intenta buscar soluciones alternativas. No obstante, comete algunos errores como el de colocar parte de la solucin en el retraso de la edad de jubilacin y en la inmigracin. Ello podra ser correcto si nuestra tasa de paro tuviese un nivel adecuado, pero mientras la oferta de trabajo sea muy inferior a la demanda, lo nico que conseguiramos sera incrementar el desempleo, es decir, aliviar un problema para agravar otro. La emigracin se puede defender desde distintos puntos de vista, pero, hoy por hoy, no puede justificarse en la necesidad de importar mano de obra si luego no sabemos dnde colocarla.

Escrib acierta al sostener que la respuesta a los dficits que se puedan producir en el sistema de Seguridad Social remiten al presupuesto del Estado. Es el Estado con todos sus ingresos el que tiene que garantizar las pensiones y su adecuada actualizacin. As lo dispone la Constitucin. El error cometido hasta ahora parte de esa disociacin espuria que hizo el Pacto de Toledo entre Estado y Seguridad Social. Es por eso por lo que tampoco parece apropiado el mtodo que propone el presidente de la AIReF de trasladar al presupuesto del Estado las pensiones no contributivas, las bonificaciones sociales por creacin de empleo y los gastos de funcionamiento de la Seguridad Social. Sin duda sera una solucin a corto plazo, pero nadie asegura que antes o despus no estuvisemos en las mismas y, sobre todo, continuara la confusin de presentar las pensiones contributivas como si el Estado no tuviese nada que ver con ellas.

El planteamiento debe ser ms directo, considerar las cotizaciones sociales como un impuesto ms (as lo considera la Contabilidad Nacional) y hacer que el presupuesto del Estado asuma tanto el dficit como el supervit de la Seguridad Social. En realidad, se trata de cambiar los que en estos momentos aparecen como prstamos por aportaciones a fondo perdido. En los momentos actuales, y lo mismo ocurri a mediados de los noventa, el dficit de la Seguridad Social se enjuga con un prstamo del Estado y, viceversa, cuando el sistema ha tenido supervit el excedente se ha prestado al Estado, comprando deuda pblica (es la tan cacareada hucha). Ninguna de las dos cosas tiene sentido si se supone, tal como hay que suponer, que la Seguridad Social pertenece al Estado.

Se dir, y con cierta razn, que de esta manera no se ha solucionado el problema, sino que simplemente se ha trasladado al presupuesto del Estado, pero lo que s ocurre es que se le da una dimensin mucho ms general. No existe un problema especifico de las pensiones; y, de existir alguno, es el de toda la economa del bienestar y de la capacidad para financiarla. La cuestin radica, por una parte, en la decisin poltica acerca de la presin fiscal necesaria y, por otra, en algo a lo que se suele dar muy poca importancia, la productividad de la economa. De ella depende en parte la suficiencia del sistema fiscal y sobre todo la capacidad econmica de la totalidad de la sociedad porque, dependiendo de la productividad, cien trabajadores pueden producir igual que quinientos o mil. Pero de la productividad hablaremos otro da.

Fuente: https://www.republica.com/contrapunto/2019/10/10/el-banco-de-espana-la-airef-y-las-pensiones/



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