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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-10-2019

Sus nombres tienen vida y sus cuerpos sepultura

Roberto Herrera
Rebelin


Y volv a pisar las calles nuevamente en este hermoso y largo pas austral llamado Chile. Cada visita a la tierra de Lautaro, de Salvador Allende, de Miguel Enrquez, de Neruda, de Gabriela, de Vctor y de Violeta es un reencuentro con el pasado y un repaso obligado, casi automtico, de los acontecimientos poltico-militares que hicieron estremecer a todo el continente americano en la dcada de los setenta del siglo pasado.

La primera vez que visit Chile fue en la fase terminal de la dictadura pinochetista, es decir, en el periodo comprendido entre 1986-1989, coyuntura poltica que culmin con el triunfo de la Concertacin de los partidos por el No en el plebiscito de 1988. Tuve la impresin en esos das y semanas que el pueblo chileno haba dejado de temerle a la dictadura, pero tampoco se haba acostumbrado a ella. En cierta medida, esa actitud valiente del ciudadano de a pie, fue una muestra de resistencia y resiliencia poltica del pueblo en general, y en particular, de los partidos polticos marxistas y progresistas, que soportaron estoicos el embate brutal del ejrcito chileno y los servicios de inteligencia. Es precisamente en este periodo que se da inicio al desarrollo y elaboracin de polticas de transicin a la democracia parlamentaria en el marco legal que la carta magna de 1980 haba establecido en las disposiciones transitorias 27,28 y 29.

Luego se sucedieron dos visitas ms en la dcada de los noventa y ciertamente me qued con las ganas de conocer a la seora Alegra en las grandes Alamedas, de la que tanto se habl y se cant en esos tiempos. Ahora bien, tambin es justo sealar que la Concertacin de partidos por la democracia, nunca especific el da y la hora en que la alegra llegara a Chile. Aunque no se bailara cueca en las calles ni se escucharan odas libertarias en las grandes alamedas, el pas entero haba entrado en un proceso de democratizacin sin retorno. Haba que ser muy talibn y, adems, ciego para no reconocer esas nuevas realidades. No obstante, desde Arica hasta Punta Arenas la exclusin social y las desigualdades econmicas estaban todava presentes.

En esta nueva etapa de la lucha de clases en Chile, tanto el juego (democracia parlamentaria burguesa) como las reglas (modelo neoliberal de desarrollo econmico), fueron escritas con sangre manu militari por el gran capital nacional e internacional.

Es precisamente en este escenario poltico-econmico, nuevo y adverso, que las fuerzas polticas concertacionistas consensuaron una Realpolitik conservadora como el instrumento apropiado para ganar, consolidar y mantener espacios de poder en el estado. Y es aqu, precisamente en las arenas movedizas de lo concreto posible (administracin del estado burgus) y lo histrico necesario (abolicin del estado burgus) que el sistema se fue tragando poco a poco a varios polticos de renombre, a los politicastros oportunistas y a caciques partidarios de plumaje variopinto junto con sus tribus. Fue en este desierto poltico-econmico atacameo que la Concertacin se empe en ver tigres en el horizonte macroeconmico.

Resumiendo: Con la sombra de Pinochet en las espaldas, las fuerzas polticas concertacionistas comenzaron un nuevo periodo en la historia poltica de la repblica: El restablecimiento de la democracia.

S la lucha de clases fue el motor que sustent el triunfo de la Unidad Popular en 1970, la lucha por lograr la reconciliacin nacional entre la clase dominante y el pueblo trabajador fue el eje fundamental de la poltica de los gobiernos concertacionistas a partir del 11 de marzo de 1990. La Concertacin se transform de hecho en el paladn del neoliberalismo, ms all de las luchas ideolgicas al interior de los partidos polticos de izquierdas. La coyuntura poltica de la dcada de los noventa, es decir, el proceso de transicin a la democracia, aparte de ser una nueva escuela de aprendizaje para todos los partidos polticos, ya que se trataba de una democracia vigilada, tambin se convirti en una especie de harnero ideolgico de grandes dimensiones. De tal manera, que por esa criba pasaron todo tipo de conversos, tanto los motivados por intereses polticos determinados como los que se arrepintieron por conviccin. As pues, como en la cancin del chileno Julio Numhauser Todo cambia, no fue extrao que este o aquel poltico cambiara de rumbo, aunque eso le causara dao tico-moral. S la fiera cambi su pelaje, coment santigundose Nacho, el ateo, porque no cambiar el modo de pensar. Afortunadamente, no todos los polticos renegaron de su pasado poltico-ideolgico.

Con estas impresiones me march de Chile recin comenzando el nuevo siglo. Debo reconocer que todas estas vivencias objetivas y subjetivas estuvieron fuertemente influenciadas e impregnadas por el espritu revolucionario de la poca y, sobre todo, teidas o desteidas con el color que tiene la derrota de los procesos revolucionarios truncados en Centroamrica, especialmente en El Salvador. Pero independientemente de la hermenutica marxista individual o colectiva que quiera otorgrsele al desenlace de estas revoluciones o a la misma derrota aplastante del socialismo real en la Unin Sovitica, el hecho es que nunca ms estuvo presente en mi mente el inters ni el motivo para volver a Chile. Ni siquiera la hermosa Regin de los Lagos ni mucho menos Ricardo Lagos lograron provocar en m, el deseo de recorrer nuevamente los campos floridos de Chilln y beber buen vino pipeado en Gorbea o degustar un sabroso ceviche de congrio en Valparaso. Ni tampoco me sedujo el charme y el pedigr de la presidenta Bachelet ni el modesto chalet que a las orillas del Calafquen varias veces me ofrecieron. As pues, que nunca tuve la oportunidad de vivir y respirar in situ un gobierno concertacionista de izquierdas.

Tuvieron que pasar casi veinte aos para que volviera a pisar suelo chileno. En este Chile moderno, de autopistas, de malls y de edificios elegantes, constat con sobriedad que el espritu de la bestia carroera de los setenta todava deambula por las calles, y aunque estoy consciente que Sebastin Piera no es Pinocho, vivas estn las imgenes de los cadveres en el ro Mapocho, que hoy luce ms piedras que agua.

Llegu esta vez a Santiago sin prejuicios ni expectativas. Supuse que aquel Chile que conoc en el siglo pasado, aquel Chile que mi buen amigo Jano, el gramtico, llev siempre clavado en su mente y su corazn, ya no exista. Presum que la patria de Salvador Allende, Miguel Enrquez, Bautista van Schouwen y otros muchos ms, era ya parte de un mito o de una leyenda que recorri nuestra Amrica desde el Rio Grande hasta la Patagonia. Pero, debo reconocer, que me equivoqu, fall en mi apreciacin. As como el espritu del strapa con espejuelos oscuros todava sobrevuela como ave de rapia el territorio de norte a sur, el espritu de Salvador Allende an est presente y desborda las Alamedas.

Vi la pobreza merodear por las calles de Santiago y Valdivia. El Chile que encontr en estos das pasados es ms excluyente, ms racista y con mucho ms inmigrantes que en el pasado. Por una parte, la inmigracin masiva de colombianos, peruanos, ecuatorianos, bolivianos, haitianos y venezolanos se debe, pienso, a la fortaleza econmica del pas con relacin a sus pases de origen. Y, por otra, la riqueza de la economa chilena ha originado tambin mucha pobreza en la poblacin. En Chile tambin se observa el mismo fenmeno socioeconmico mundial que le ocurre a la clase social ms afectada econmicamente en su relacin con los inmigrantes en los pases del capitalismo desarrollado o en vas de desarrollo acelerado que los ve como una amenaza o como una lacra. Por eso no me extra, cuando un roto chileno exclam en Catedral-Matucana: Inmigrantes culiaos! As, tal como lo hacen los europeos y los estadounidenses en sus respectivos pases.

La problemtica socioeconmica chilena, es decir, el abismo entre la riqueza evidente y la pobreza galopante es multifactorial, pero considero importante sealar aqu que las falencias y desatinos cometidos por los gobiernos concertacionistas de izquierdas en la aplicacin e implementacin de la Realpolitik tambin han contribuido en gran medida a acelerar y profundizar esta situacin.

La diferencia esencial entre el pragmatismo poltico (poltica real conservadora) implementado por los gobiernos concertacionistas y la Realpolitik revolucionaria, como la defini Rosa Luxemburgo, radic precisamente en que la Concertacin no combin dialcticamente los objetivos a corto plazo y a largo plazo en el marco de las relaciones capitalistas de produccin ni tampoco les dio un carcter y contenido marxista revolucionario con el fin de combatir y debilitar democrticamente el sistema y favorecer prioritariamente los intereses de la clase trabajadora, sino que por el contrario, hicieron todo lo concreto posible para consolidarlo y perpetuarlo. El ciudadano de a pie, que fue a las urnas y que no tiene un pice de leso, les pas la cuenta en las ltimas elecciones presidenciales.

Por otra parte, en mi condicin de turista ya no pude moverme a pie con la confianza de antao por los barrios de Santiago. Esta vez, me vi obligado a trasladarme en taxi por las noches para recorrer 4 o 5 bloques hasta llegar al hospedaje. Tuve que estar en estado de alerta, muy ojo al charqui, como dicen los chilenos, para no ser objeto de robo. En fin, tambin fue una buena experiencia y un buen ejercicio para la mente.

Y result que nos fuimos de Romeras a visitar las tumbas de los compaeros fusilados por la dictadura. Ah frente a la tumba de Gregorio Liendo Vera-comandante Pepe- , de Fernando Krauss, de Lus Pezo, de Pedro Barra, Sergio Bravo, Vctor Rudolf, de Enrique Guzmn y de Ren Bravo con lgrimas en los ojos tarare la cancin Milonga del fusilado del argentino Jorge El turco Larralde y record a mis compaeros de lucha cados en combate en El Salvador, quienes nunca tendrn una lpida donde cualquier visitante annimo o un familiar cercano pueda leer: Aqu yace Jorge Edgardo Castro Iraheta Medardo , guerrillero salvadoreo cado en combate el 23 de octubre de 1985 o Aqu yacen los restos de Jess Chicas Cartagena Manueln , cado en el asalto al Cerrn Grande 1984 o Aqu estn los restos de Jos Dimas Serrano Conejo William , muerto en las faldas del volcn de San Salvador en 1989. Supe ah, en el cementerio de Valdivia, que aquellos nombres que yo haba escuchado de boca de mi suegro en las largas horas de tertulia y aprendizaje durante el exilio estaban con vida, aunque sus cuerpos yacieran bajo sencillas sepulturas.

Pero tal vez lo ms emotivo de este viaje, aparte de las Romeras, fue el reencuentro con los revolusaurios y revolusaurias, y escuchar quedito en un rincn de la casa al Coro de las cautivas cantar a capella el himno a la libertad de Giuseppe Verdi. Todava estn ah, dando la pelea con su paso cansino y luciendo blancas cabelleras, agitando y haciendo conciencia como en antao. La velada en conmemoracin del 45 aniversario de la cada en combate de Miguel Enrquez en la fundacin homnima tambin fue un evento lleno de emociones que despertaron recuerdos de la poca del romanticismo revolucionario de los setenta del siglo pasado. Algunos Tatitas revulosaurios con discursos y teora obsoletas y, adems, reveladas empricamente como falsas, otros con ideas futuristas del quehacer poltico en la era digital. En fin, una subcultura poltico-ideolgica, irreverente, hereje, melanclica y muy distanciada de los grupos de poder poltico institucional. Un abanico de colores en el que confluyen tendencias poltico-sociales horizontales, verticales y transversales para todos los gustos y edades. Un movimiento amorfo y espontneo que constituye una forma de oposicin extraparlamentaria, que tambin es una forma licita de hacer poltica.

En todo caso, el sabor que me qued esta vez es el del dulce nctar de la miel de Ulmo del sur. Ya bebimos suficiente el sabor natre de la derrota y del exilio. El Chile que dej atrs es el que no perdonar a sus verdugos, que no se reconciliar nunca con sus enemigos de clase. El Chile que reencontr, es el que no olvidar jams a sus hroes y mrtires.

Regres a mis pagos con la imagen de los compaeros y compaeras tirando rosas y claveles a sus seres queridos, contando ancdotas de sus vidas, y ellos, bajo sus sepulturas seguirn viviendo, pues de esa tierra frtil nacern nuevas rosas rojas.

Viva Chile mierda!

Fuente: Por un mundo nuevo, mejor y ms justo

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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