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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-10-2019

Cambiar el modelo o capear el temporal?

Ricardo Torres
Progreso Semanal


Las medidas anunciadas el martes 15 de octubre en la Mesa Redonda contienen aspectos que merecen una reflexin sosegada, y no es un disparate que algunos se retrotraigan al paquete anticrisis implementado a partir de 1993 para encontrar respuestas.

De cierta forma, la decisin de las autoridades cubanas es inevitable. Los desaciertos en la poltica monetaria desde 2003 tienen consecuencias, particularmente en lo relacionado con el manejo de la convertibilidad del CUC y las condiciones que deberan haber hecho posible la sostenibilidad del proceso de desdolarizacin decidido entonces. A ello se aaden los escasos progresos en el incremento de la competitividad externa, uno de los factores claves detrs de la crisis actual en balanza de pagos.

En octubre de 2004, el gobierno cubano anunci la eliminacin del dlar estadounidense de la circulacin dentro del pas y su sustitucin por el peso convertible (CUC), con el que coexista desde mediados de la dcada de los noventa. En ese momento, la medida se justific a partir de la persecucin de Estados Unidos a los bancos extranjeros que cambiaban los dlares recaudados, la cual se concret en una multa al banco UBS, la mayor entidad de su tipo en Suiza.

Pero ya un ao antes se haban dictado normas para eliminar el dlar de las transacciones entre empresas cubanas. Ello formaba parte de las nuevas prioridades de la poltica econmica cubana de la poca, que se mova hacia una mayor centralizacin en la toma de decisiones, en especial en el manejo de las divisas. En el trasfondo de este proceso gradual, que cambi las prioridades de la agenda econmica, se encontraba un sector turstico con menor impulso producto de los acontecimientos del 11 de septiembre en Nueva York o la emergente alianza con Venezuela. Ya desde el 2000 se haban paralizado las inversiones extranjeras en el sector inmobiliario, y se comenz a aplicar una poltica ms restrictiva respecto al capital forneo y los cuentapropistas del patio.

Desde 2005, la economa cubana creci durante tres aos a tasas casi chinas, pero ese dinamismo respondi esencialmente a una mejora radical de las condiciones externas, mientras que se engavet el abordaje de los profundos problemas de competitividad y productividad que padece el pas.

Los pocos sectores exportadores cubanos descansan en alianzas (servicios mdicos, ron, tabaco, nquel) que garantizan la colocacin del producto en los mercados internacionales. Solo un grupo reducido de empresas concibe sus procesos de frente a los mercados externos, como es el caso del complejo biofarmacutico o ciertos segmentos del turismo internacional. La experiencia reciente con la inversin extranjera refiere un desconocimiento perturbador de factores claves para la concrecin de negocios, la persistencia de una cultura burocrtica en las distintas etapas del proceso, y baja transparencia en la toma de decisiones; aspectos que han sido reconocidos, con cierta reticencia, por las propias autoridades cubanas.

En medio de estas condiciones, la actualizacin adoptada en el Congreso del Partido de 2011 logr pocos avances en la transformacin de los problemas mencionados. En la empresa estatal, solo se introdujeron cambios incrementales, tan inefectivos que las autoridades comienzan a cuestionarse las funciones y pertinencia de los Organismos Superiores de Direccin Empresarial (OSDE), aspecto que ya haba sido advertido por expertos varios aos atrs.

Tampoco se ha superado el paradigma que ve al sector privado, en el mejor de los casos, como un mal necesario que hay que mantener a raya. Tambin se mantuvo el monopolio del comercio exterior, lo que ha sido una barrera infranqueable para incrementar y diversificar las exportaciones, objetivo recogido una y otra vez en todos los documentos oficiales de la Isla, pero nunca acompaado de las decisiones correspondientes.

La actual crisis de balanza de pagos, que con un enorme retardo ha desembocado en las medidas que se discuten ahora, viene tomando forma desde mucho antes, al calor de debilidades abordadas sin efectividad, y el endurecimiento de las condiciones externas. Es nocivo identificar estas ltimas exclusivamente con las sanciones enfermizas de Estados Unidos. La cada de las exportaciones cubanas comienza mucho antes de la inauguracin de la nueva administracin estadounidense. Las ventas de bienes alcanzaron un mximo en 2011, de la mano de los envos de productos farmacuticos a Venezuela, las exportaciones de refinos de petrleo desde Cienfuegos y los buenos precios de las commodities que exporta el pas. Los envos de bienes han cado 60 por ciento desde entonces.

En el caso de los servicios, el pico se observa en 2013, y acumula en 2018 una contraccin de 10 por ciento. Y esto a pesar de que hasta 2017, el turismo ayud a compensar el declive. Los ingresos por servicios no tursticos (entre los que se incluyen los mdicos) se han reducido ms de un 15 por ciento. En segundo lugar, las bajas cotizaciones del azcar y el nquel (solo se recupera hacia fines de 2018) son malas noticias, pero tambin lo son los reiterados tropiezos en la produccin de ambos renglones. Las medidas de Estados Unidos han afectado al turismo, pero los descensos abarcan a todos los mercados importantes de Europa y Canad, lo que apunta a problemas ms profundos de competitividad. Ms aun, numerosos expertos apuntamos en su momento sobre los riesgos de la reproduccin de una nueva sobre dependencia respecto a un sector-mercado, aspecto estructural altamente nocivo para un pas del tamao y la ubicacin de Cuba.

La prdida de ingresos en divisas, el desabastecimiento en la red minorista, el auge de la demanda interna, y los mayores derrames directos en moneda dura hacia los hogares, termin de pasar factura al esquema anterior, que ya vena tocado por la prdida de las reglas para la emisin de CUC. Todo ello en un escenario en el que se restructur una buena parte de la deuda externa, lo que implica nuevos compromisos de pagos. Una nueva ola de dolarizacin ya haba cobrado auge en Cuba desde 2014, aupada por la posposicin de la unificacin monetaria y cambiaria que se anunci ambiguamente en noviembre de 2013. Las nuevas medidas solo vienen a reconocer institucionalmente los desequilibrios que se haban empezado a acumular desde mucho antes.

A corto plazo las medidas actuales son positivas, en tanto permiten aliviar la agobiante escasez y oxigenar la economa con recursos que se escapaban. Lo de los mrgenes comerciales injustificables ya era conocido, y sirvieron durante demasiado tiempo para sostener la enorme ineficiencia de las empresas estatales y del sector pblico en general.

Si bien este paso comporta beneficios, tambin plantea nuevos desafos. En cierto sentido complejiza la unificacin monetaria-cambiaria al tener que partir de un escenario en el que se usan no dos, sino tres monedas. Aunque se acota a la compra de ciertos bienes, es muy posible que esto refuerce los incentivos en otros actores para tratar de insertarse en el circuito que funciona en dlares, amplificando el alcance de la dolarizacin. Ello puede verse reflejado en un creciente uso de los dlares como reserva de valor, e incluso como referencia para la formacin de precios (en activos como casas, etc.). Asimismo, el Banco Central deber tener precaucin respecto a las presiones que se deriven hacia las monedas domsticas en los circuitos formales como Cadeca y los bancos. La liquidez en pesos cubanos ha aumentado recientemente de la mano de los incrementos salariales.

Las preocupaciones legtimas alrededor de los que tienen acceso directo a la divisa y los que no, no se dilucidan revirtiendo o ajustando estas medidas. Lo que tiene que encararse es el hecho de que aproximadamente un 10 por ciento de los trabajadores da cuenta de casi 90 por ciento de las exportaciones, y el resto depende de la redistribucin de estos recursos o de las remesas. Ese es un asunto productivo, no monetario.

Sin otras medidas estructurales, el beneficio de este paso es temporal. Desde 2017 se han observado seales contradictorias en la poltica econmica, incluyendo restricciones injustificables al cuentapropismo y las cooperativas no agropecuarias. Es justo lo contrario de lo que se necesita. Es imprescindible encarar los grandes dficits que exhibe el modelo econmico cubano, los cuales tienen un reflejo perverso en el plano externo. Por ejemplo, encarar el hecho de que un nmero demasiado alto de las empresas estatales es inviable, y se requiere su restructuracin. El replanteo no es menor porque requiere aceptar que una mayor integracin econmica con el resto del mundo comporta costos de diverso tipo, que deben y pueden ser manejados, pero no evitados del todo. Tambin incluye una nueva funcin de las alianzas internacionales, las que, en esta nueva etapa, no se limitan a compensar las prdidas provocadas por las sanciones de Estados Unidos, sino que se utilizan para reposicionarse a nivel internacional.

En ciertos crculos pareciera que se ha instalado la nocin de que se pueden transferir al futuro soluciones duraderas a los problemas, a un costo mnimo o inexistente. Lamentablemente, a veces el futuro llega, y ocurre el ajuste de cuentas.

Fuente: http://progresosemanal.us/20191024/cambiar-el-modelo-o-capear-el-temporal/



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