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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-10-2019

Por qu socialistas?

Daro Machado Rodrguez
Rebelin


La tradicin poltica ms dilatada y arraigada en la nacin cubana es la de la revolucin socialista. Esa realidad tiene un valor no solo ideolgico, sino tambin psicolgico, simblico.

El primero de enero de 1959 triunf una revolucin que se propuso cambiar radicalmente el pas con la intencin de alcanzar la plena independencia y soberana nacional y toda la igualdad y justicia social posible. Las energas revolucionarias emanaban de la gigantesca deuda social que haba dejado el capitalismo dependiente y su eficaz canalizacin la organizaba una direccin, si bien joven, inteligente, valiente y decidida a cambiar el estado de cosas.

Se inici un rpido proceso de empoderamiento popular a travs del cual el pueblo trabajador tom en sus manos las riendas del pas. La revolucin de enero gener un cambio cultural integral, transform la mentalidad de la poblacin, revalu cabalmente la historia nacional, arrincon al individualismo e instaur la solidaridad, recuper para el pueblo las capacidades productivas y las riquezas del pas, democratiz la educacin, la salud pblica, la seguridad social, ampli generosamente las oportunidades de crecimiento individual, impuls el florecimiento universal de la cultura, pobl la geografa cubana de lugares emblemticos, el primero de ellos la Plaza de la Revolucin Jos Mart, sitio simblico por excelencia de la Repblica Socialista de Cuba.

Si bien en condiciones de equilibrio bipolar en el mundo, la revolucin cubana desafi el poder hegemnico estadounidense en el hemisferio occidental del modo ms radical posible y la reaccin imperialista no se hizo esperar; dura hasta hoy cuando se recrudecen el bloqueo y la retrica anticubana. La contradiccin entre los intereses del imperialismo estadounidense y los del pueblo cubano empeado en mantener inclumes la soberana, la independencia nacional y el derecho al desarrollo con justicia social refleja hoy como un una gota de agua el enfrentamiento universal entre el capitalismo tardo codicioso y depredador y el nuevo mundo que pugna por surgir.

Lo que dijo Einstein

El sabio alemn Albert Einstein en un muy conocido artculo cuyo ttulo he tomado prestado para este, publicado en Monthly Review hace 70 aos, denunci como "verdadera fuente del mal" al caos econmico del capitalismo, puso al desnudo la dominacin que ejerce el capital sobre la poltica y los medios de comunicacin que emplea para conculcar los derechos polticos de la ciudadana, denunci la competitividad descontrolada que mutila la conciencia social de los individuos lo que calific como "el mayor mal del capitalismo" y la deformacin del sistema educativo en direccin al individualismo, y concluye que el nico modo de superar los graves males del sistema est en un modo socialista de organizar el metabolismo socioeconmico sin descuidar la educacin de los seres humanos.

De la inteligencia de Albert Einstein es imposible dudar. l, que apreci la sociedad desde el razonamiento cientfico, llam a no sobrestimar a la ciencia y record que una economa planificada no es todava "socialismo" ya que ella puede conducir a la completa esclavitud del individuo, y como buen cientfico lleg hasta donde su leal razonamiento le permiti y concluy el breve, pero enjundioso ensayo preguntndose Cmo es posible con una centralizacin de gran envergadura del poder poltico y econmico, evitar que la burocracia llegue a ser poderosa y arrogante? Cmo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cmo asegurar un contrapeso democrtico al poder de la burocracia?

Es cierto que el peligro del burocratismo no aparece solo por la implantacin de la planificacin socialista. El ordeno y mando y el verticalismo constituyen realidades que existen desde que la sociedad se dividi en clases, y ambos y el burocratismo se potencian en el Estado capitalista con formas ms o menos abiertas de manifestarse, teniendo como principales generatrices la propiedad privada y la concentracin de la riqueza: "el dueo manda".

La humanidad durante siglos se ha formado bajo el influjo de estas prcticas. El burocratismo no es un invento del socialismo aunque este, desde la cultura heredada, lo reproduce en el proceso de planificacin y de adopcin de las decisiones. Sera ingenuo desconocer las causas reales, objetivas, del fenmeno del burocratismo. Si no se ataca el mal desde sus races este se reproducir. De ah la validez de las preguntas que Einstein se hizo y la necesidad de cambiar la mentalidad.

El contrapeso democrtico al que l se refiri no se alcanz en los experimentos socialistas abiertos por la Revolucin de Octubre, los cuales transcurrieron -hay que decirlo- en medio del conflicto Este-Oeste, la Guerra Fra, la carrera armamentista. Cualquier limitacin de los derechos del individuo, cualquier abuso de poder, cualquier falta de transparencia en los asuntos pblicos podan justificarse con la necesidad real de protegerse del enemigo. La ausencia de ese contrapeso democrtico se revel dramticamente durante el colapso finisecular del socialismo en Europa del Este y aunque es elemental reconocer los avances en materia de democracia en nuestra realidad ello constituye todava un desafo para el presente y el futuro socialista de Cuba. No en balde Ral llam a conquistar toda la democracia posible. Pero no es un asunto sencillo, hay mucho por aprender y tambin por desaprender, como recordara recientemente el respetado filsofo cubano Gilberto Valds.

Qu tenemos en contra para alcanzar la plenitud democrtica? Pueden enumerarse no pocos factores, pero hay que sealar entre ellos ante todo la herencia cultural negativa del ordeno y mando que existe en la humanidad desde que existen las clases sociales, los intereses egostas, el individualismo, la todava insuficiente cultura jurdica de la sociedad, las limitaciones en la eficacia organizativa de la economa y de la sociedad, los errores en las precauciones imprescindibles para defenderse de los golpes bajos del imperialismo, el secretismo, la incapacidad, tambin la escasez y el bloqueo ahora recrudecido, que obliga a complicar los mecanismos de distribucin y sirve de justificacin de lo mal hecho, y tambin el conocido y denunciado "bloqueo interno", una forma de nombrar al burocratismo.

Es solucin la propuesta socialdemcrata?


Existe an hoy el criterio de que la socialdemocracia es una ideologa y cosmovisin que conviene ms a los trabajadores pues combina exitosamente tres factores: democracia, bienestar y propiedad privada. Pero eso esconde una realidad: si persiste el predominio de la propiedad privada, persiste el capitalismo, ergo la ideologa socialdemcrata es una forma de justificar el sistema capitalista, en ningn caso sera una ideologa socialista, tan grande es el contrasentido: un socialismo capitalista [1].

Por el contrario, el capitalismo como sistema, hoy en su etapa globalizadora neoliberal, ha logrado mediante otro tro de factores: el consumismo, la psicologa de la competencia de "winners" y "loosers" y la manipulacin meditica yuxtaponer ideolgicamente en la sociedad los intereses de la gran propiedad privada escondidos detrs de mitos del sistema como la integridad y pureza natural de su democracia representativa, su libertad de prensa, la imparcialidad de su justicia, el individualismo como cualidad superior de la naturaleza humana; o sea, su gran victoria ha sido la de construir una narrativa generalizada, en la que prevalecen otros mitos como el del capitalismo como fenmeno insuperable, la propiedad privada como panacea, la pobreza como responsabilidad nica del individuo, etc.

El camino socialista tiene que ser socialista

La solucin de la democracia socialista en nuestro pas tiene que ser totalmente nueva y especficamente cubana sin desconocer la buenas prcticas universales, pero no puede tomarse prestada del modo capitalista de la poltica, esas son tambin armas melladas.

Al capitalismo no le interesan las consecuencias sociales negativas de su actuacin, esas las registra como "el orden natural de las cosas". El ideal socialista contiene un principio: la sociedad tiene responsabilidad con el individuo y este con la sociedad, pero al socialismo nadie le puede sobrar, mientras que le resulta letal no tener en cuenta las consecuencias de los errores.

El debate sobre la construccin social de orientacin socialista en Cuba toca dos extremos elementales: el de su viabilidad y el de su inviabilidad. Este ltimo no suele aparecer como abiertamente no socialista, sino mimetizado en frmulas de un pragmatismo irresponsable que sin negar de plano el socialismo, lo comprometen estratgicamente propugnando medidas puramente mercantiles.

Tambin estn presentes la inercia, el temor al cambio, la incapacidad para experimentar, la ignorancia y la mediocridad, que no pocas veces se escudan detrs de los principios ideolgicos de una ideologa revolucionaria, que por ser tal niega de plano tales conductas. Alguien puede pensar que es posible ubicar el desarrollo econmico de Cuba en la lgica del capitalismo y suponer que ello no traer consecuencias negativas para la existencia fsica y mental de la nacin, que las bondades del socialismo se mantendrn.

Por ms que la vida demuestra con creces lo contrario, hay quien pone un signo de igualdad en las leyes de la economa cuando predomina la propiedad privada que cuando predomina la propiedad socialista de todo el pueblo, como si los trabajadores reaccionaran del mismo modo en unas y en otras condiciones y como si el andamiaje supraestructural del sistema pudiera ser esencialmente el mismo.

Lo anterior no contradice la importancia de los emprendimientos privados como parte consustancial de todo el metabolismo socioeconmico del pas, tampoco la inversin extranjera, sino que recuerda la importancia estratgica de preservar el papel decisivo del predominio de la propiedad socialista de todo el pueblo base econmica del poder poltico socialista.

No podr avanzarse en la construccin social de orientacin socialista sin relaciones mercantiles, pero estas siempre deben estar subordinadas a los intereses generales de la sociedad y no habr socialismo posible sin educacin socialista y leyes socialistas. En el pasado, en condiciones de un escaso papel de las relaciones mercantiles era menos complicado luchar contra el individualismo y el egosmo. En el presente, cuando crece el papel de las relaciones mercantiles, junto con su papel ordenador de las relaciones sociales, crecen la desigualdad y el afn de lucro, factores ambos que van en direccin contraria al ideal socialista, por lo que requieren de polticas pblicas que los contengan.

No obstante, hay quien supone que el logro de una mentalidad socialista de productores, de una conciencia de constructor del socialismo es un asunto puramente de educacin, de informacin y demostracin terica, y no una conviccin y sentimiento que se forman en una cotidianidad socioeconmica en la que el trabajador apropia la condicin de propietario colectivo a travs del reconocimiento del valor de su trabajo, imprescindible para que se desarrolle en su personalidad el trabajo como un valor y de su papel real en las deicisiones.

No se trata de una frmula imposible en la que una superestructura poltica impoluta administra una sociedad contaminada con el mercado donde funcionan las leyes econmicas que por ser tales aseguran en este mundo profundamente desigual el xito de la gestin y el derrame de las riquezas mediante su justa distribucin, como si fuera posible que la jerarqua del mercado -la que opera afuera y la que opera adentro- no termine afectando a la superestructura. Se trata de lograr un proceso ascendente de empoderamiento de la ciudadana en el que cada vez ms se identifiquen Estado y sociedad en general gracias a un modo de hacer en el que primen la transparencia, las decisiones colectivas, el papel de los colectivos laborales en las decisiones, la constante re-elaboracin del consenso, el control social, la educacin socialista, las normas socialistas de convivencia universalmente aceptadas.

El socialismo es necesario y posible

La orientacin socialista de la construccin social en Cuba no es un capricho ni una utopa, sino una necesidad para lograr un derrotero del pas en lo social, lo econmico, lo ecolgico, lo ambiental, lo cultural, capaz de preservar el lugar geogrfico y la cultura de la nacin cubana, esa realidad que permite a los cubanos que en l viven y a los que viven fuera, mantener, fortalecer y desarrollar el referente identitario que nos distingue en el conjunto de los terrcolas.

Es que no se trata de una identidad en el vaco, sino de una indisolublemente asociada al presente y al futuro vivo de los cubanos, a la garanta de un desarrollo propio, frente a un mundo lamentablemente transversalizado por infinidad de conflictos, de intereses corporativos, de crisis civilizatoria.

Pensar que en condiciones de un capitalismo dependiente (el que volvera a tocarnos) es dable sostener nuestra identidad con la plenitud imprescindible para autoreferenciarse inequvocamente y defender los intereses legtimos de la sociedad cubana, es la ms perversa de las utopas.

Las nuevas iniciativas que en materia econmica pueden y deben desarrollarse debern hacerse desde las premisas de la ideologa de la revolucin socialista cubana. Plantear que esa ideologa es por naturaleza contraria a las nuevas iniciativas significa descalificarla de oficio, cuando en realidad la preservacin de la justicia social de la revolucin depende de si se hacen estas reformas desde esas premisas.

La plenitud a la que hacemos referencia est asociada a la independencia nacional, a la soberana, a la preservacin del espacio fsico de la nacin, donde est la Patria, espacio que hay que preservar de las dentelladas de las transnacionales, de las amenazas del imperialismo construyendo desde la iniciativa de todos una autonoma econmica en armona con la naturaleza y el medio ambiente y una slida defensa.

Ser patriota cubano hoy pasa por comprender que para la defensa de la soberana y de la independencia nacional no basta -sin por ello descalificarlas- con la buenas intenciones y las ms bellas declaraciones por conmovedoras que estas sean, sino que entraan ante todo la comprensin del significado integral, econmico, cvico, jurdico, organizativo, cultural, ideolgico y poltico del respaldo real de ese patriotismo para que sea verdadero.

La revolucin socialista ha creado las formas organizativas encargadas de articular, viabilizar y fortalecer la cohesin nacional, la unidad en la diversidad. La recientemente proclamada Constitucin resume las caractersticas de pas que apoya la mayora del pueblo. Corresponde a estas formas organizativas la constante actualizacin de sus contenidos, estructuras y funciones, y en esa tarea hay que diferenciar su papel de como actores sociopolticos y su carcter institucional.

La necesidad de estandarizar determinadas actividades en modo alguno pueden convertirse en s mismas en un objetivo. La sociedad no necesita que esas organizaciones simplemente funcionen, por bien que lo hagan institucionalmente hablando, sino que viabilicen en sus espacios privilegiados de actuacin y de conjunto, las energas e inteligencias de la sociedad, para lo cual es imprescindible que den cuenta del protagonismo de la ciudadana, que no la sustituyan. La construccin social de orientacin socialista es necesaria en Cuba por los mismos factores esenciales que explic Einstein en su breve ensayo y tiene ante s las mismas interrogantes que el sabio se plante. El camino no puede ser otro que el del empoderamiento creciente de la ciudadana, la transparencia y el control popular, proceso que requiere de la voluntad poltica del partido y del Estado y de educacin cvica socialista.

Nota:

[1] El modelo que ms a menudo se emplea como prueba de la viabilidad de estos argumentos liberales es el de Noruega.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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