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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-10-2019

De fitomejoradores y agrotxicos

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


Es cada vez ms insoslayable enfrentar ya no en nuestro pas sino en el mundo entero una crisis, multifactorial, con distinta intensidad en diversas sociedades y regiones, crisis que nos viene acosando, hostigando en varios mbitos; una prdida de biodiversidad cada vez mayor, anunciada ya por Rachel Carson en los 60; una contaminacin cada vez ms generalizada y cada vez ms omnipresente en tierra, agua y aire; la ya registrada en los 70 desaparicin progresiva del ozono, destrozado con cmodos productos qumicos (como los clorofluorocarbonados y otros), emitidos con ligereza por una industria siempre en expansin buscando soluciones sin querer advertir que genera problemas; una llamativa prdida de fecundidad en la especie humana (al menos en aquellas sociedades, como la de EE.UU., donde la intervencin qumica es mayor y a la vez se han elaborado estadsticas al respecto), as como en varias especies animales. [2]

Los registros histricos atestiguan que el dixido de carbono estaba por debajo de 300 ppm en los inicios de la Revolucin Industrial. Insensiblemente, ao a ao ha ido corrindose esa presencia que se supona hasta entonces estable y ligada a las condiciones biticas del planeta. Ha sobrepasado, tras un siglo largo de constante avance, ms de 400 ppm. Sabemos que eso significa alteraciones de las condiciones de vida en el planeta, pero no sabemos cules.

Podramos seguir enumerando datos que atestiguan el deterioro planetario y consiguientemente nuestras propias condiciones de existencia. [3] Para tomar este partido, tendramos tambin que elaborar los aportes valiosos o capciosos− de la plyade de negadores del calentamiento climtico y del drama ecolgico que apenas apuntamos. Desde el irresponsable e imperial Donald Trump, actual presidente de EE.UU., hasta negadores un poco ms dignos de atencin, como Jorge Orduna empeado contra un ecofascismo (mucho ms atento al papel globalizador en rigor como bien lo ha bautizado Frei Betto, globocolonizador del internacionalismo ecologista), o Arams Latchinian, justamente preocupado e indignado contra un ambientalismo burocrtico y meditico, o Roberto Ferrero, con justeza dedicado a diferenciar el ecologismo de los satisfechos y desarrollados de un ecologismo perifrico que, desesperado ante los destrozos de la industrializacin, intenta ahogar todo desarrollo industrial, afianzando el corte centro/periferia.

Pero nos interesa ir un paso atrs. En la historia todava reciente de nuestra modernidad. La que suele datarse, en Occidente, como el Renacimiento europeo y el mal llamado Descubrimiento bautizado por europeos, de Amrica.

A la primera de estas manifestaciones se la suele asociar, con razn, con un desplazamiento de lo religioso a lo cientfico, pausado, irregular, pero desplazamiento que la modernidad, asentndose y universalizndose, puede verificar como decisivo.

La segunda, en cambio, redefinir una nueva globalizacin, puesto que Amrica ser finalmente deglutida, cultural y fsicamente, por Europa, enseorendose en el planeta.

Hasta el siglo XV, Europa haba coexistido con frica y Asia, constituyendo lo que con el tiempo se llamar el Viejo Mundo, en una suerte de globalizacin que tena como eje el mar Mediterrneo, sobre todo oriental.

Pero la asimetra establecida entre la Europa transatlntica y el continente americano fue decisiva para establecer una relacin de dominio de lo europeo y su proyeccin planetaria. Con un nuevo eje, en el ocano Atlntico.

En 1520, inicialmente a cargo de Fernando de Magallanes y finalmente de Juan Sebastin Elcano, los humanos dan la vuelta al mundo. Muy poco despus esa expansin, con desigual intensidad, se aplicar sobre las otras partes del Viejo Mundo, por ejemplo convirtiendo al frica en proveedor de esclavos para el Nuevo Continente, donde los europeos no establecern, salvo excepciones, una relacin de igualdad, de humanidad, con sus pobladores; los indios. En muchos casos, ni siquiera tratados como sirvientes o vencidos. Deslumbrados por las riquezas, los europeos optarn, masivamente, por la eliminacin de los subhumanos encontrados, sobre todo los varones, o en todo caso la versin buenista de Las Casas− procurarn con educacin, adiestramiento y proselitismo como si de nios se tratara rehacerlos a la europea.

La conquista de Amrica sierva

Con la expansin de Europa, su consiguiente colonizacin de El Nuevo Mundo, tendremos desplegado en toda su amplitud lo que Tzvetan Todorov llamar con singular acierto La cuestin del otro.

Entramos as a la modernidad con esta configuracin: la existencia, la presencia de el otro. La otredad. Esto significa, brutalmente, la desaparicin del universo, es decir, de la unidad del cosmos.

Los griegos haban trabajado siempre con el opuesto conceptual cosmos-caos. Ahora, en presencia de una colonizacin galopante, ya no estamos enfrentados al caos, a la falta de la regularidad propia del cosmos; ahora estamos en territorio adverso.

Los aborgenes resisten hacerse esclavos. Para extraer de frica millones de seres humanos y convertirlos en esclavos, hubo que matar a otros tantos, a veces muchos ms todava. Y en el Nuevo Mundo, los europeos ante la resistencia de las sociedades aborgenes, tambin se valieron de las armas, el terror, la tortura, para someter a estos otros otros.

Desde entonces, con el Occidente colonizador, floreci el racismo. Y con el racismo, la idea de superioridad. Sentimientos similares, de ombligo del mundo, podan albergarse en mentalidades de aldea, localmente apenas. Pero con el dominio sobre el nuevo continente, esa actitud caracterizar, como norma, a los europeos respecto de los colonizados.

Y la idea de superioridad tambin abarcar lo humano respecto de lo no humano. [4]

As empezamos a ver a la naturaleza como ajena. Y eso est a un solo paso de verla como enemiga. Nada para extraarse si tenemos en cuenta que estamos hablando de hace 500 aos. Con una naturaleza mucho ms presente que lo que hoy podemos calificar como tal. Y con una humanidad mucho menos significativa que la actual.

Pero esa configuracin de el otro implica romper con toda idea de comn-unin. De comunin. Significa elaborar una estrategia de enfrentamiento. A muerte. Significa la instauracin de el enemigo, un poco por doquier.

Al romper con el orden natural y encaramados en el consiguiente despliegue de los desarrollos tecnolgicos, tenemos el auge de las ciencias fsicas, astronmicas, naturales, qumicas. Que revolucionan el cuadro del conocimiento humano, hasta entonces centrado en las disciplinas del lenguaje; el teatro, la literatura, la historia, la lgica, la oratoria, y ramas fundamentales del tejido social, como el derecho.

Ese desarrollo renacentista nos traer, por ejemplo, el microscopio (inventado en 1590) y el telescopio (en 1610). Y la ampliacin de disciplinas conexas, como la astronoma y la cosmografa vinculadas con el manejo del telescopio, as como de la biologa y la qumica accediendo al mundo microscpico.

La llegada de estas nuevas reas del conocimiento se inscriben entonces en un mundo ahora cuantitativizado, cuantitativizable. Mundo enseoreado con el concepto de el otro.

En el siglo XVI entonces ya tenamos a Monsanto, Syngenta, Bayer la agroindustria deshaciendo el planeta.

No en sentido literal, obviamente, pero en germen. Como dira Aristteles, en potencia.

Es el american way of life el que encarna con mayor vigor ese nuevo mundo.

Con orgullo, los americans, en rigor los White, Anglo, Saxon, Protestants, los WASP, se deslastran de tradiciones europeas, de pasados europeos, para ellos, precisamente, pasados de moda.

Con estos deslastres, empero, se llevaron todo atisbo de comunidad que el mundo viejo todava tuviera.

Y ese empuje hacia un mundo nuevo, se lleva a cabo desde una coyuntura histrica excepcional: con el fin de la llamada 2GM, 1945, EE.UU. qued dueo virtual del mundo entero, al disponer de los tres complejos industriales mayores del planeta que eran, precisamente, los que llevaban adelante la construccin de la nueva era. [5] Ser apenas un momento el del unicato norteamericano, porque la dcada del 50 comienza con la bomba H sovitica y el establecimiento, al menos convencional, de dos superpotencias planetarias.

Pero fue suficiente para modelar lo que estaba sobreviniendo.

En ese cambio mltiple sobrevenido con la guerra mundial y su desenlace, aunado a los cambios tecnolgicos cada vez ms significativos, por ejemplo en los desarrollos qumicos o en los comunicacionales (para sealar apenas un par), el american way of life por ser un racismo colonialista, gener inevitablemente un nosotros y un ellos. Los otros, es decir el resto del mundo; lo ignoto, lo amenazante, lo conquistable.

Esto ltimo se expresar en el terreno cultural y comunicacional: Hollywood har nuestra prxima realidad.

Y la vida cotidiana, tendr con la irrupcin de los termoplsticos, toda una revolucin de la comodidad que tardar dcadas para que la sociedad vea sus atroces secuelas.

Chovinismo y microbios: una forma de entender el mundo y sus luchas.

En ese caldo cultural se produjo, por ejemplo, la semntica de microbio. La designacin es neutra; pequesima porcin viva. Pero el american way of life la consider enemiga.

Y sobrevino el ataque, cultural y militar, contra los (despreciables) microbios: todava recuerdo los documentales para escolares cientificistas y pedaggicos sobre el cuidado de los dientes y la boca: la pasta de dientes y los cepillos remedando armas haciendo operaciones de limpieza de esos impiadosos enemigos, los microbios y las caries. Made in Hollywood.

Y los proyectos alimentarios monstruosos e ignorantes de la dcada del 50, de llegar a alimentarnos con las dietas cientficamente calculadas de nuestras caloras, sin necesidad de andar comiendo alimentos, que siempre podan traernos visitantes indeseados: vivir de pastillas compuestas con todos nuestros nutrientes. Readers Digest.

Y ya en plena dcada de los 60, los emporios tecnolgicos llevando su batera de insecticidas del universo militar para el cual fueran creados al de la agricultura, para luchar contra los microbios, las plagas. El caso paradigmtico del DDT.

En esa poca, cuando los grandes laboratorios productores de tales venenos (insecticidas, nematicidas, fungicidas) estaban otorgando la solucin a los agricultores occidentales, europeos y a sus colonias ms o menos ex, como el continente americano, todo un universo agrcola, con centenares de millones de agricultores la India, resisti la llegada de tales salvadores (aunque se trat de una resistencia vencida).

Los campesinos indios, generalmente minifundistas, no vean necesidad de arrebatarles a los insectos y dems sabandijas la comida (la merma para el consumo humano rondaba el 10% de cada cosecha). Los laboratorios procuraban tentar a los agricultores para que se aduearan de ese 10% tambin (algo matemticamente imposible, porque los agrotxicos que queran venderles costaban dinero y porque, con el tiempo, iban a costar ms que aquel 10 % inicial). Los agricultores aducan que as vivan tambin los bichitos, como ellos mismos. La India careca, entonces, de modernidad.

La contaminacin planetaria creciente, y hoy con carcter de metstasis planetaria, nos est revelando que aquellos campesinos indios analfabetos eran ms sabios, saban ms de naturaleza, que los laboratorios. Y que el sueo del chovinismo tecnocrtico en la lucha contra los microbios ha resultado miope. Porque cualquier bilogo sabe que el 99,9999% de los microbios son benficos, saludables, imprescindibles para nuestra propia vida (y la del planeta en general). Y que toda campaa dedicada a combatirlos o extirparlos, bajo pretextos de higiene o calidad alimentaria, es equivocada, y contraproducente.

Porque no existe salvacin hundiendo al otro. A costa de lo dems.

Pero al imperio le cuesta entender eso. Porque le sigue rindiendo atender a su propia exclusividad; por eso, las lites de poder estadounidense, israel, britnica, por ejemplo, siguen apostando a la guerra.

Y aqu ya no hablamos solamente de las guerras alimentarias (aunque tambin). Nos referimos a todas las guerras, incluidas las ms tradicionales.

A las de los laboratorios en el caso de la agricultura, pero tambin a la guerra clsica para la apropiacin de bienes considerados valiosos, como el petrleo, que, por ejemplo, existe bajo los pies de tantos musulmanes.

Por eso, como bien explicita Denis Rancourt [6] y explica Naomi Klein [7], se siguen desmantelando estados, sociedades y pases mediante guerras y agresiones en el mundo rabe. Poltica de shock.

Volviendo a nuestro momento cultural, vemos que la guerra est presente en los ms diversos aspectos de nuestras sociedades. Y que la guerra es la pretensin de borrar a el otro. Y nuestra conviccin es que, por el contrario, slo multiplicndonos con los otros podremos construir un mundo vivible. Pero podemos compartir algo con quienes pretenden quedarse con todo?


Notas

[1] Una suscriptora de una revista que editara hace aos me pregunt si fitomejoradores y agrotxicos no se referan a lo mismo, a las mismas sustancias. Le contest que por cierto era as y que el doble bautismo revelaba las muy distintas significaciones que le dbamos a lo mismo.

[2] A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, se registra dcada a dcada, ininterrumpidamente una prdida de capacidad espermtica en varones humanos estadounidenses. La misma investigacin ha verificado, tambin marcada disminucin de fertilidad en aves marinas, por ejemplo, y en cocodrilos de la pennsula de Florida (Myer, Dumanoski y Peterson, Nuestro futuro robado, 1996).

[3] Aunque no se trata de resultados de sencilla lectura, unvocos. Junto con tales deterioros existen a veces formidables avances en el conocimiento humano, que permite sortear algunos obstculos como nunca antes. Como nico ejemplo; progresos quirrgicos.

[4] Lynn White en Las races histricas de nuestra crisis ecolgica [1968] resea el papel de los cristianos, particularmente sacerdotes, acabando con el paganismo caracterstico de los indgenas, para implantar un mundo moderno ajeno a todo pathos pantesta, a toda identificacin con, por ejemplo, la naturaleza. Al romper con el paganismo se rompa con un nosotros que abarcaba todo y se introduce as, la cuestin de el otro, no ya entre humanos (donde por cierto ya estaba bien consolidada por el colonialismo y el racismo consiguiente) sino respecto del resto del mundo.

[5] 1. La franja atlntica de EE.UU.; 2. La cuenca del Ruhr, casi toda asentada en territorio alemn, ahora ocupado por Los Aliados (es decir, primordialmente, por EE.UU.) y 3. El cordn industrial dentro del archipilago japons (Kyoto, Yokohama, Tokyo) tambin bajo ocupacin de EE.UU. Fuera de tales centros industriales haba algunos otros como el sovitico, el sueco o el norte italiano, pero todos de muy secundaria significacin, entonces (v. James Burnham, La revolucin de los directores, 1941).

[6] Cit. p. Jonas Alexis y Michael Cangemi, Alfred Lilienthal y otros lucharon contra la mafia jzara, Veterans Today, publicado en castellano, rebelin.org, 6 oct. 2019.

[7] La doctrina del shock, 2007.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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