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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-10-2019

Sobre la obra de Sphie Baby, El mito de la Transicin pacfica. Violencia y poltica en Espaa (1975-1982), Akal 2018.
La Transicin a debate

Gustavo Hernndez Snchez
Rebelin

Este texto fue presentado en el Aula Debate la Espaa actual, celebrado en la Facultad de Geografa e Historia de la Universidad de Salamanca, organizada por los catedrticos de historia Contempornea Manuel Redero San Romn y Mariano Esteban de Vega. En l participaron tambin la autora del libro, Sophie Baby, a quien agradezco su paciencia sobre mis comentarios, y Fernando Lpez-Alves, catedrtico de sociologa de la Universidad de California.


Existen dentro de la historiografa espaola ciertos traumas que, de cuando en cuando, emergen para recordarnos algunos aspectos que no nos permiten reconciliarnos con nuestro pasado ms reciente. Traumas que articulan imaginarios y discursos polticos y que, irremediablemente, problematizan nuestro presente, recordndonos que la Historia es un campo de estudio muy rico, enormemente subjetivo y a menudo contradictorio. Debates como los que se realizan en estos encuentros nos recuerdan que la historia, en palabras de Enzo Traverso, es un autntico campo de batalla. Afirma este historiador que su escritura, especialmente la contempornea, contina profundamente anclada en el presente: siempre es desde el presente que uno se esmera en reconstruir, repensar e interpretar el pasado. Y la escritura de la historia [especialmente la historia poltica, como es el caso] participa, aunque tambin sufre las restricciones de lo que Jrgen Habermas llama su uso pblico (Traverso, 2016, p. 26). Julio Arstegui se refiri a estos sucesos como hechos matriciales de la Historia reciente de nuestro pas, a saber, fundamentalmente: guerra civil, franquismo y Transicin. A (casi) nadie se le escapa que todos ellos comparecen irremediablemente cuando se trata de configurar una opinin sobre un trabajo que versa sobre el ltimo de estos procesos. Al mismo tiempo, y como teln de fondo a todos los debates suscitados en torno a los mltiples relatos que los historiadores construimos para explicar este pasado, revelndonos la naturaleza plural de los discursos histricos, as como del debate poltico, el cual, de nuevo, y de manera recurrente, rescata viejos fantasmas que evocan esos miedos.

Por ello la obra de Sophie Baby [ii] , El mito de la Transicin pacfica, es tan polmica, porque nadie (o casi nadie) est dispuesto, a estas alturas, a confrontar el pasado sin su carga poltica, un hecho que no me parece malo, siempre que se realice desde el rigor y el respeto, tal y como hace su autora. Probablemente tan siquiera ella, a pesar de aclararlo en mltiples ocasiones,y en este punto lanzo mi primera consideracin intempestiva sobre su trabajo, escape a esta paradoja. Ms all de su tesis central, con la que coincido en algunos aspectos, como despus aclarar, el libro se propone ms que destruir,deconstruir uno de los grandes mitos de la Transicin: su carcter pacfico; enmarcndose para ello dentro de una corriente que, desde principios del siglo XXI, sino antes, se muestra crtica con el carcter modlico de este proceso histrico, pero sin inscribirse en l. Apela para ello, ya desde el captulo introductorio, al rigor del mtodo crtico (Baby, 2018, p. 31) [iii] . Si bien me temo que para muchas personas tan siquiera este rigor del mtodo ser suficiente. O bien que mi duda, cual Descartes postmoderno, si me permiten una pequea broma, me desacredite como historiador. En fin, siguiendo su confianza en este mtodo infalible, contino con la carga irnica, la doctora Baby pone en marcha un ingente aparato crtico y documental en el que pocos podrn decir que no consiga demostrar la hiptesis que defiende y que no es otra que la idea de una Transicin pacfica opera ms bien como mito fundacional, tanto histrico como poltico, de la joven democracia (hoy no ya tan joven) surgida de ese proceso, expresada en la Constitucin de 1978 y asentada definitivamente en un proceso que comprende desde la muerte del dictador en 1975 hasta el intento de golpe de Estado fallido del 23 de febrero de 1981 y la victoria de la socialdemocracia en las elecciones de 1982.El trabajo en este sentido es sobradamente solvente y la cantidad de datos y documentacin aportada suficiente como para prestar atencin o dar crdito a este relato alternativo: hasta 715 muertos entre 1975 y 1982, la mayora perpetrados por ETA, pero casi 200 a manos de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Solamente cabra hacer una valoracin crtica de hasta qu punto el argumento no se pierde entre nmeros, cuadros y tablas estadsticas que podran haberse presentado de manera ms resumida o ms accesible para un pblico no especializado, con la intencin, precisamente, de animar el debate pblico ms que entre especialistas.

Al margen de esto, que no es poco, y ms all de esta hiptesis, el relato presentado al final no se distancia tanto de otros al uso, de carcter ms hegemnico, en el que se prima la idea de una reforma inspirada desde el poder, esto es, desde arriba, con sus personajes cannicos o canonizados como Adolfo Surez, el ciudadano Juan Carlos de Borbn, algunos lderes sindicales y polticos de izquierdas como Santiago Carrillo o Felipe Gonzlez, entre otros sobre los que cabe mayor controversia como pueden ser Gutirrez Mellado, el general Alfonso Armada, Rodolfo Martn Villa, Salvador Snchez-Tern, Juan Jos Rosn, etc., que nos sitan frente a un trabajo que prima la historia poltica y en el que las cifras, a veces sobrecogedoras, olvidan la reflexin sobre procesos sociales muchsimo ms complejos que muestran que la Historia, tambin la espaola, esconde espacios interpretativos repletos de zonas grises en los que la autora no termina de mojarse. Pues bien, desde mi punto de vista, el cual comparto con mi amigo y maestro Raimundo Cuesta: la democracia espaola de hoy es hija de la dictadura de ayer. Y ms precisamente del armazn y fundamento sociolgico gestado en los aos del desarrollismo (Cuesta, 2010, p. 19.), el cual este historiador define como una mezcla de razn tecnocrtica y autoritarismo poltico en la que se gest una lite burocrtica que, finalmente y a pesar de todo, consigui mantenerse en el poder.

En este sentido, se echa tambin en falta, en un libro que versa sobre la violencia poltica, los relatos de las vctimas y victimarios, como testimonio oral que habra ayudado a enriquecer el volumen de documentacin de carcter ms tradicional aportada, desde una perspectiva social, esto es, desde abajo. El propio concepto de violencia, atendiendo a la clasificacin de Bourdieu, la cual reformula y actualiza las consideraciones clsicas de Weber sobre las que asienta mayoritariamente el anlisis de la profesora Baby, est repleto de estas zonas grises sobre las que convendra pensar detenidamente pero en las que la obra, de nuevo, no se mete. Por un lado est la violencia fsica, que se correspondera con su uso ms extendido, el cual acota la autora en su libro, y por otro, la simblica, que se fundamenta en las relaciones de poder y que, desde mi punto de vista, sera el que permite explicar el xito o fracaso de procesos polticos como el de la Transicin espaola. En este sentido, el relato de una hipottica Transicin feliz opera como smbolo y escondite de los viejos franquistas que, en el transcurso de este proceso y como por arte de magia, aparecen convertidos en demcratas de toda la vida.

Tambin existenotras categoras en torno al concepto de violencia tales como violencia legtima, esto es, la ejercida por parte del Estado (un Estado en Transicin, y aqu radican las dificultades analticas que podran ayudar a enriquecer la carga interpretativa del trabajo, ms all de las cifras), y la ilegtima, que en el periodo estudiado se desparrama en una multiplicidad de actores, hacindose incluso difusa en muchas de estas zonas grises, tal y como ponen de manifiesto los apartados dedicados a la guerra sucia contra el terrorismo y el terrorismo de Estado. Al fin y al cabo, mucho me temo que, a menudo los datos no hablan por s solos, siendo tarea tambin del historiador su interpretacin. De este modo, aparte del caso concreto estudiado, el fenmeno de la violencia ha estado vinculado al origen del Estado moderno desde su sociognesis-tal y como afirma el propio Bourdieu- en tanto que: posesin de la violencia fsica y simblica legtima (Bourdieu, 2014, p. 14), pero retratado desde los propios orgenes de este Leviatn, conocida es la cita de Hobbes (2012, p. 135) en la obra del mismo nombre redactada en 1651: es manifiesto que durante el tiempo en que los hombres viven sin un poder comn que atemorice a todos, se hallan en la condicin o estado que se denomina guerra () de todos contra todos. Tambin autores ms cercanos en el tiempo como Walter Benjamin, en uno de sus estudios tempranos (Crtica de la violencia, 1920), han reflexionado sobre esto, sealando la importancia del Derecho para el ejercicio de este monopolio de la violencia: existe por tanto afirmaba- implcito en toda violencia un carcter de creacin jurdica (Benjamin, 2010, p. 95). En efecto, creo que algunos de los pasajes ms lcidos de este trabajo son los que tienen que ver con la crtica al Derecho construido en nuestro pas, as como en otros de Europa, en torno a la lucha antiterrorista, especialmente durante los gobiernos socialdemcratas del partido socialista en la dcada de los ochenta, y cmo este Derecho puede ser cuestionado desde el punto de vista tico en relacin con la defensa de los Derechos Humanos. Igualmente que, demostrada la hiptesis de que la Transicin no fue un proceso tan pacfico, el trasfondo poltico que se puso sobre la mesa durante este periodo tiene mucha ms enjundia, en tanto que el control de la violencia fsica y simblica se sita como una de las batallas centrales, desde sus orgenes, de la construccin de los Estados modernos, as como el desarrollo de sus formas de control y disciplinamiento de las relaciones sociales entre dominantes y dominados, y catalizador tambin de sus disidencias. Estamos de acuerdo con la autora en una entrevista en un diario digital cuando afirma que: La pregunta fundamental para la poca de la Transicin es Qu es el Estado? El Estado est en proceso de mutacin, los poderes se enfrentan entre s, no hay un Estado monoltico (El Salto Diario, 2018/10/24).

Lo que s que considero de vital importancia, en definitiva, es que la Historia, dentro de unas sociedades atravesadas por la condicin postmoderna, la idea de postverdad, de metarrelato, discurso o de interpretacin, si bien yo preferira emplear el concepto de ideologa, es un campo de estudio que pone a prueba nuestro propio pedigr democrtico: Hasta qu punto estamos dispuestos a aceptar otros relatos, otras subjetividades o ideologas distintas a la nuestra? Existe o debe existir un solo relato sobre el pasado? Qu es la verdad? O de manera ms concreta: Cmo opera el rgimen de verdad en lo que a la Historia se refiere? Todo vale?Poseen solamente los historiadores esta verdad? En este caso: Qu historiadores? De cualquier modo, no cabe duda de que la obra frente a la que nos encontramos se trata de un trabajo brillante, traducido quiz demasiado tarde, pero sin ninguna duda interesante para reflexionar y debatir, as como ahondar y conocer ms datos en torno a un proceso histrico de tanto calado. Sin duda muy recomendable para toda aquella persona que quiera tener una opinin fundada y contrastada, a pesar de mis consideraciones, con un riguroso trabajo emprico.

 

Referencias:

Baby, Sophie (2018). El mito de la Transicin pacfica. Violencia y poltica en Espaa (1975-1982). Madrid: Akal.

Benjamin, Walter (2010 [1920]). Crtica de la violencia. Madrid: Biblioteca Nueva.

Bourdieu, Pierre (2014). Sobre el Estado. Cursos en el Collge de France (1989-1992). Barcelona: Anagrama.

Cuesta, Raimundo (2010). La memoria de la Transicin espaola a la democracia. Fbrica de embelecos e identidades, Pliegos de Yuste: revista de cultura y pensamiento europeos, 11-12, pp. 17-24.

Hobbes, Thomas (2012 [1651]). Antologa de textos polticos. Madrid: Tecnos.

Traverso, Enzo (2016). La historia como campo de batalla: interpretar las violencias del siglo XX. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econmica.

Notas:

[ii] Sophie Baby es matre de confrences en Historia contempornea en la Universidad de Bourgogne, donde participa en el grupo de investigacin sobre violencias extremistas (Dire et reprsenter la violence de crise) del Centre Georges Chevrier.

[iii] En esta lnea, algunos pasajes del libro como el que ilustramos a continuacin, albergan un marcado sesgo positivista: es por tanto el historiador el que debe distinguir la parte que corresponde respectivamente, a la objetividad y a la opinin, l es quien ha de detectar la huella de los hechos ms all de los velos discursivos (Ibdem, p. 42).


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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