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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-10-2019

El libertario y el voto

Javier Sdaba
Rebelin


En principio parece que un libertario no debe votar en una democracia representativa. En dicha democracia los partidos polticos son sus columnas y los votantes los que las sostienen. Y no hay Sansn que ayude a derribar a aquellas o a convencer a estos. Por otro lado, si para un libertario el voto es un acto o vaco o que perpetua aquello contra lo que se lucha, se le puede utilizar como elemento de distorsin y sin ningn respeto. Puede hasta votar por molestar. En el primer caso se trata de un no votar lgico. En el segundo de un voto coyuntural o que se usa para fastidiar. Las circunstancias dirn si es ms adecuada la que se atiene sin ms a los principios o la que vota en una concretsima circunstancia o por rerse del sistema. Hay argumentos a favor de las dos posturas aunque yo me inclino por la primera. La coherencia es preferible a la incoherencia y, adems, quien vota, diga lo que diga, colabora con el sistema.

Llaman ms la atencin los que votan dentro de la democracia existente y que, ridculamente, son considerados como ejemplares ciudadanos. Estos se visten de domingo, dicen, o les dicen, que es un da en el que se festeja la libertad y hasta se sienten ufanos por colaborar a que se mantenga la vida y la convivencia si no en todo el planeta s en nuestro trozo de tierra. Es para algunos una especie de romera, de sentirse importantes, de ser fieles a una tradicin familiar o simplemente votar por votar como como se va a un importante partido de futbol del equipo de toda la vida. Es obvio que los individuos, y no por ignorancia culpable, no son responsables que en una eleccin racional no se puede obtener la votacin ms perfecta. Existe una demostracin matemtica que muestra su imposibilidad. Po s se pude, si el acto de votar no es un puro juego, estar informado de lo que se vota y tener la suficiente libertad para optar por lo que uno desee. Es en este punto en donde aparece todo el parip de las votaciones en general. Digamos antes de seguir que lo de la informacin y la libertad suena a cuento de hadas

Y es que se supone que el ciudadano, palabra con la que a tantos se les llena la boca, cumple los siguientes requisitos si no se limita al juego de la gallina ciega. Supongamos que pertenece a un partido, al PSOE por ejemplo, que se autodenomina de izquierdas. Si no es un robot o una marioneta habr, como mnimo, echado un vistazo al programa que va a votar. Deposita su voto y no como mero rito sino como compromiso o promesa que cumplir lo que se esconde en la doctrina que abraza. Y los cuatro siguientes aos actuara en funcin de aquello con lo que se ha comprometido. Sus actos cotidianos sern el reflejo de su ideologa. Volvmonos a otro partido, el PP que no hace falta que se proclame de derechas, lo lleva en la solapa. El recorrido ser el mismo solo que en sentido contrario. Se advertir enseguida que lo que acabo de decir es ciencia ficcin. La mayor parte de los alegres votantes meten en la urna la papeleta como la podan tirar al aire y, aparte de otras cuestiones que tienen que ver con la tradicin o la presin familiar o social, se inclinan por ms guapo, el ms apuesto, el que mejor hable aunque no diga nada o el que les gusta como gusta un buen bocadillo o una tila cuando ests nervioso. Esa es la ceremonia. Una ceremonia que parecera banal pero, en realidad, es perversa y corrompe lo que queda an de una vieja y noble idea democrtica.

La razn es que el voto disimula que todos estn haciendo lo mismo bajo la cnica creencia de que son muy distintos. Si lo decisivo en la vida es la conducta no lograramos diferenciar a los que votan a uno u otro partido salvo raras excepciones. Su vida sociopoltica se rige por los mismos patrones. De ah que el esquema real sea el siguiente. La habilidad de los poderosos, cada vez menos pero con mas, frente a los muchos, cada vez ms pero con menos, o una fuerza mgica que todo lo domina ha partido en dos la sociedad, A y B. A creer que todo lo que dice y hace B es malo, impresentable, destructor y antidemocrtico. B, por su parte, opina lo mismo de A. Son como las dos partes de un crculo. Lo que sucede, y ah est la trampa, es que, en el fondo y salvo algn detalle, son iguales. El sistema aplaude. Y es que se simula la democracia eliminando la argumentacin, la libertad de los individuos y con una publicidad que es el pasto de unos y de otros. Por lo dems, las conductas, que es lo que importa, semejantes. Y quien se salga del circulo ser tachado de todo lo que realmente importa a un libertario: la diferencia respetada, la unin no forzada, la solidaridad encauzada, la autogestin en vez de la imposicin.

No hay que hacerse muchas ilusiones de que esto cambie. Solo queda registrarlo y, si es posible, desenmascararlo y, cuando los dioses nos sean favorables, cambiarlo. Pero de arriba abajo y no de lado para continuar engaando. Como en el circo uno hace de listo y el otro de tonto. Pero el circo, bello y sabio, es una cosa y la vida poltica es otra. Hoy precisamente ni bella ni sabia.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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