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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-10-2019

La democracia de los cnicos

Iosu Perales
Rebelin


El sindicalista y pacfico Marcelino Camacho sola decir que el derecho a la huelga se gana haciendo huelgas, que el derecho a la manifestacin se gana haciendo manifestaciones y que el derecho a la libre sindicacin se gana organizando sindicatos, desobedeciendo a las leyes prohibicionistas.

En el estado espaol el Movimiento de Objecin de Conciencia, fundado en 1977, libr desde la desobediencia civil pacfica una larga batalla contra la ley del servicio militar obligatorio. Cientos de jvenes fueron encarcelados por reivindicar fuera de la ley, el primero fue Pepe Beunza. Pero lo lograron y en 2001 la ley fue suprimida. De este modo un objetivo que estaba fuera de la ley se transform en ley. Como dira Camacho, el derecho a no ir a la mili se gan negndose a ir.

Es as que avanza la historia. Una gran parte de los derechos fundamentales se conquistaron en las calles, bajo la persecucin de la polica. Haba un imperio de la ley al que nos opusimos y combatimos. Luego vino la democracia, una democracia chata, rcana, limitada, pero que permiti aprobar nuevas leyes. Leyes que han sido clave para organizar una sociedad con libertades y derechos. Sin embargo, en su origen del 78, tanto la democracia como las nuevas leyes han estado y an estn tuteladas y vigiladas por el peso del rgimen que se trataba de dejar atrs. Hubo que pactar mucho con representantes del rgimen criminal para que se abriera paso la transicin y en esa dialctica de pactos, que omiti el castigo a criminales e incluso los premi, se colaron artculos constitucionales que nunca deberan haberse aprobado, como por ejemplo la ratificacin de la monarqua legada por Franco o el que consagra al ejrcito como guardin de la unidad de Espaa. Qu pinta el ejrcito en el mbito de la poltica?

No obstante, las leyes pactadas permitieron organizar una sociedad ordenada, hasta que muchos aos despus las aspiraciones sociales y polticas, por ejemplo republicanas, o por ejemplo la del derecho a decidir, se han ido extendiendo en muchas conciencias y ya no caben en el marco aprobado hace 40 aos. Reivindican un nuevo marco legal. Llegado a este punto el imperio de las leyes aprobadas en el rgimen del 78 se torna en un obstculo para la democracia. Ocurre que la democracia, siempre dinmica, exige que la ley sea modificada para que no se vuelva crcel y retuerza los derechos de la ciudadana. Cuando es la democracia la que manda es normal que las leyes sean modificadas, incluso anuladas, dejando paso a otras nuevas. Ocurri con la ley del servicio militar obligatorio. Por eso cuando se dice nada fuera de la ley se traslada una idea-amenaza, y se omite que la voluntad poltica de instituciones y partidos puede y debe adecuar las leyes a las aspiraciones populares cuando como en este caso ms de dos millones de catalanes las expresan de manera reiterada.

Pero la respuesta de los inmovilistas siempre es la misma: Cuando tengis ms fuerza en el congreso y el senado podris cambiar las leyes. Es una respuesta aparentemente impecable pero en la prctica un veto. Sucede que la transicin erigi y consagr una emboscada a la democracia: una ley electoral que da una ventaja siempre decisiva a quienes no quieren, de ninguna manera, reformar la Constitucin y permitir el derecho a decidir en referndum pactado. Se cierra el crculo.

Los inmovilistas, cualquiera que sea su posicin de voto en un referndum, no lo pueden negar sino es negando la democracia. Los partidos no estn para sectarizar a los suyos sino para cumplir con lo que demanda la democracia.

Un problema aadido es que quienes exigen el cumplimiento de la ley a quienes desean ejercer el derecho a decidir, son quienes ms la incumplen. Ellos estn anclados en la democracia de los cnicos. Muchas de estas voces, aparentemente de orden, deberan estar fuera de la poltica y muchos en la crcel por corrupcin. La ley es importante y hay que cumplirla cuando es la expresin legtima de la sociedad. Pero cuando las leyes quedan fuera del tiempo que vivimos, porque son viejas, porque son leyes aprobadas a resultas de amenazas de sables y determinadas por el autogolpe del 23-F, porque son leyes que siguen dando ventajismo a aparatos del rgimen anterior, y ya no representan el sentir de mucha gente, entonces esas leyes hay que cambiarlas por la va democrtica que tambin incluye la desobediencia civil pacfica si las dems puertas se cierran. Una va en la que debe prevalecer la opinin de la gente, votando.

Por otra parte hay leyes que en el momento de su nacimiento son espejo de la democracia. Pero siendo esta ltima expresin de una sociedad que cambia, evoluciona, lo normal es que ocurra un choque de legitimidades. Una legitimidad de viejas leyes que ya no recogen lo que la sociedad expresa y desea, y una legitimidad nueva que necesita de nuevas leyes para responder a nuevos tiempos. Por eso cuando algunas fuerzas poltica repiten como un mantra dilogo s, pero slo en el marco de le ley estn haciendo trampa. El dilogo debe darse en el marco de la democracia, lo que incluye que una de las partes quiera cambiar las leyes que la otra parte quiere imponer como condicin para dialogar. Si esta ltima posicin se atrinchera en el inmovilismo de qu dilogo habla?

La relacin muchas veces tensa entre ley y democracia es de primero de ciencias polticas. Histricamente, la idea metafsica del imperio de la ley, cuando una parte sustancial de la sociedad (en este caso catalana y vasca) lo rechaza, es propio de mentalidades conservadoras, de derechas. Las leyes estn para cambiarlas pues se deben a la gente. Cuando se pueden cambiar por vas contempladas en las leyes, esa es la mejor va. Cuando no es posible porque hay partidos polticos que traicionan a la soberana popular y sus derechos y cierran esa va, es legtima la presin ciudadana para votar y decidir.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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