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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-10-2019

El problema de la decadencia del Estado espaol: Gobernanza y poder judicial

Francisco Muoz Gutirrez
Rebelin


La inteligencia colectiva de la transicin espaola est en convulsin por una sentencia del Tribunal Supremo cuya principal virtud sino la nica, ha sido la de impulsar el revoloteo indiscriminado de todo tipo de experto, analista, jurista y periodista; de lites y de masas populares que con razones y devociones cacarean y vociferan patrias y banderas, derechos y penas, con cierto desconcierto y perplejidad. En el pas de los milagros transitorios del siglo XX importante reservorio turstico de la Unin Europea, el siglo XXI se perfila como el periodo de la eclosin de todas las burbujas. El sueo de riqueza pinch en la crisis de 2008, luego emergi la corrupcin poltica, y ahora el soberano Poder Judicial se ve ampliamente cuestionado tanto en su neutralidad tcnica, como en su papel de mediador social.

La ley entre la barbarie y la esperanza

La Ley es un concepto con historia en Espaa. Tiene un valor simblico cargado de incongruencias, imposturas y barbaries, as como tambin de enormes aspiraciones de equidad y justicia. Del Tribunal de Orden Pblico se pas a la Audiencia Nacional, y la transicin hered el mantra del viejo rgimen de que la Ley est para respetarla cumpliendo acrticamente las interpretaciones, y resoluciones, del Poder Judicial. Qu es la Ley? Parece una pregunta de fcil respuesta, por su aparente obviedad. Sin embargo, en la Espaa del siglo XXI su respuesta presenta sus grandes dificultades ante la deriva de un constitucionalismo en progresiva degradacin y general volatilizacin de garantas procesales (1). La Ley es, pues, un concepto complejo que obliga a interpretar tanto la realidad de los hechos como su ajuste, o desajuste, a la norma. Respetar la Ley, slo implica respetar la norma; ese es el lmite, y sin que ese respeto acoja la obligacin de respetar acrticamente toda interpretacin y aplicacin de la misma.

Acatamiento, discrepancia y prudencia

Desde el primer momento muchos de los opinadores llammosle legalistas ciegos, extienden ese lmite al acatamiento acrtico de una sentencia sin ms respaldo que el respeto ad hominem del tribunal que la dicta. Pero es un acatamiento en lealtad al monopolio de la institucin que administra la Ley; no a la Ley. Lamentablemente ste puede ser un gran error del Presidente del Gobierno que se pronuncia antes de concluir el recorrido procesal ante el TC y el TEDH pese a que poca esperanza cabe albergar. Error, cuanto menos, de prudencia, pero tambin de ubicacin y perspectiva. De ubicacin por cuanto la supuesta separacin de poderes no implica la subordinacin del ejecutivo, sino su independencia; y de perspectiva por cuanto el PSOE defiende, supuestamente, una evolucin de tipo federalista para la Espaa de las autonomas. Falta de prudencia que, desde la perspectiva tcnicojurdica, va aflorando con el anlisis de los crticos ms incisivos que se adentran en el texto de la sentencia y la califican tcnicamente de injusta en parmetros de una discrepancia muy tangencial al supuesto de la prevaricacin.

El circo de los expertos y los opinadores de filias y fobias

Distintos juristas sealan quiebra del principio de legalidad, por cuanto no se ajusta a la legalidad ms que con frceps, tiene tintes polticos, es autoritaria, decimonnica, incompetente, instrumentaliza los hechos para construir una tesis condenatoria con uso de demasiados juicios de valor, estira y manipula los elementos del delito, es incongruente, desproporcionada, retrica militante, y puro simulacro de proceso judicial, etc. Incluso un creativo juez del TSJA innova el derecho y crea el delito del alzamiento institucional con squito multitudinario, en puro xtasis cristiano de cometa navideo (2). Luego, en el vagn de cola, se agrupan las filias y las fobias en fanatismos y conveniencias de todo signo sin ms tesitura argumental que la que genera el grado de hostilidad que quiere proyectar el opinante hacia el campo contrario. En su gran mayora se trata de actos retricos de posicionamiento y reprobacin sin ms ncleo que la palabrera al uso en el espectro de adjetivos que va desde sentencia cruel y provocadora, hasta dbil y entreguista pasando por toda cota de equilibrios.

Es el espectculo, idiota!

En la prensa destaca el puro xtasis de molturacin y regurgitacin de toda realidad televisiva, en un espectculo de filias y fobias, sin reflexin. Si Pedro Snchez no ejerce la independencia del poder ejecutivo con respecto al judicial, la prensa binaria espaola apenas muestra criterio de objetividad fuera del espectculo que oscila de la pena al miedo donde las manifestaciones pacficas carecen de inters por anodinas. En Espaa no hay razn, slo emocin; Es el espectculo; idiota! Sin duda, Vox, Ciudadanos y el Partido Popular crean las emociones que promueven el espectculo, mientras la izquierda espaola slo manifiesta contradicciones como su principal aporte al espectculo meditico. Hoy el pueblo es el pueblo televisado, y el poder popular se encuentra mediado por el mercado de los consumidores de las ofertas de los medios privados de comunicacin que transforman la ilustracin en publicidad.

El presentismo de mxima audiencia y el orden decadente

Incluso la liturgia de la exhumacin de Franco se exhibe como un espectculo de dimensin histrica just in time, en un contexto de eruditos donde presente y pasado slo se articulan sobre reproches morales coloreado con el numerito especial de un Tejero aclamado por los feligreses de Mingorrubio a la espera de la momia del dictador. La gran contradiccin de la transicin del 78 se muestra en el momento actual con la imagen de la salida de Franco del Valle de los Cados al mismo tiempo que el Franquismo ms primitivo se instala con fuerza en el Congreso de los Diputados. Las contradicciones y las incongruencias constituyen la tramoya habitual de una transicin cuya oficialidad se aferra a la ilusin teatral de un lenguaje institucional y jurdico manifiestamente potico-emocional basado en la racionalidad instrumental de los poderes establecidos a los efectos de mantener a salvo el estatus quo sellado por el orden de la Constitucin de 1978. Un orden que se encuentra tan momificado como el viejo dictador y en plena decadencia tanto interior como en comparacin geopoltica con los parmetros internacionales que marcan la direccin de futuro en el siglo XXI.

El imperio de las lagunas

El poder legislativo difcilmente puede aportar gran influencia real en la abolicin de normas y ordenamientos jurdicos que mejor salvaguardan los intereses de los estamentos sociales y econmicos plenamente convencidos de que nada, ni nadie, debe entrar en conflicto con su voluntad hegemnica de llevar a cabo sin alternativa, las acciones que consideran que deben hacer. Las lagunas y ambigedades de los textos legales refuerzan el papel interpretativo del poder judicial bajo una metodologa elitista de elaboracin de leyes que ningn partido cuestiona y la ciudadana desconoce ampliamente.

La gobernanza de entelequias

El poder ejecutivo y administrativo se limita al ejercicio de un concepto tradicional de gobernanza donde una lite de meritocracia formalista se erige en minora rectora de las instituciones al servicio del poltico de turno. Modelo que impide el desarrollo estable e independiente, del ejercicio de la funcin pblica en los mbitos municipales, autonmicos y estatales cuya gestin se ve caracterizada por la contingencia de la circunstancia y el afloramiento de un gigantesco mosaico de particularidades que degradan el sentido de lo comn. La autonoma y objetividad del funcionario pblico espaol es una figura eminentemente ideal carente en su gran parte, de base ontolgica. La corrupcin es el sntoma ms evidente de esta falta de autonoma y estrecha dependencia del jefe poltico.

La decadencia institucional

Sin embargo, la decadencia de las instituciones emanadas de la transicin del 78 tiene su origen en la persistente falta de proyecto de la poltica espaola. Del pragmatismo felipista creador de burbujas pasamos al aznarismo imperial de autodestruccin masiva moderado con el austericidio de Rajoy. La derecha clama por el restablecimiento del elitismo perdido y la izquierda aboga por lo posible en un mundo de circunstancias adversas montados en el vagn de cola de una Europa en punto muerto frente a al potente renacimiento de Asia y la lnguida decadencia de la hegemona norteamericana. La izquierda espaola palidece frente al modelo de Singapur forjado en torno a una idea de educacin y formacin que elimina el credo de la desigualdad de talentos y postula una enseanza basada en la premisa de la igualdad de las personas toda vez que todos los seres humanos estamos dotados por igual de inteligencia y voluntad. Igualdad que traslada el centro de la institucin educativa, al ciudadano estudiante, no para formarlo como futuro empleado, sino para impulsar sus propias potencialidades como futuro emprendedor. Frente a esta potente idea asitica de progreso como capacidad autnoma de emprendimiento, la izquierda espaola slo presenta la idea de adaptacin a lo que hay asumiendo la falacia neoliberal de que no hay alternativa. No promueve cambios legislativos relevantes ni se plantea el problema de la eficacia de los servicios pblicos austerizados con relacin a las necesidades de la ciudadana; algo que se ve muy claro tanto en la educacin y la investigacin, como en la sanidad.

El sacro poder de la interpretacin volitiva

El poder judicial es el ms opaco de todos los poderes del Estado Espaol. El nico que garantiza la inmunidad judicial de la oligarqua espaola tanto en sus formas de hacer, como en la proteccin de sus intereses y ganancias. Su potestad se limita a la interpretacin de la Ley con tal fortuna que las propias leyes procesales presentan tal grado de elasticidad que entre ambigedades y lagunas la voluntad del juez se erige sin dificultad en decisin para resolver el conflicto.

Negar la existencia de la prevaricacin judicial en Espaa es tan pueril como negar la existencia de oxgeno en un jardn botnico. Otra cosa es que los artculos 446 y 447 del Cdigo Penal permitan a un ciudadano acreditar la prevaricacin judicial en frontal obstruccin beligerante del Poder Judicial. No obstante, la idea de justicia se enuncia en la Espaa del 78 bajo ese lenguaje potico jurdico de conveniencia a los propsitos y fines del sistema. Se trata de una retrica difusa, de conceptos vacos, trazos irregulares y figuras discordantes que generan perplejidad bajo un pomposo ritual procesal en el que las palabras chocan unas con otras, como por ejemplo la broma intil del denominado incidente de nulidad de actuaciones.

El flogisto de los derechos fundamentales y el sndrome de Estocolmo

La propia idea de derecho fundamental puede convertirse en una macabra broma si un juez as lo estima por cuanto nadie sabe con certeza qu es un derecho fundamental, mucho menos el famoso derecho a la tutela judicial efectiva un derecho tan complejo como el propio universo y tan voltil como el flogisto de la alquimia medieval. Slo los derechos de propiedad son acreditables bajo registro notarial, un privilegio legal del que claramente carecen los dems derechos. La sentencia del procs seala que el respeto a la Ley es problemtico para cualquier poltico que pretenda encarnar y canalizar el espritu y la voluntad de el pueblo real, toda vez que la retrica judicial encarna el concepto idealizado de pueblo en la figura del Rey que representa el estatus quo del sistema de poderes espaol que redact la Constitucin del 78. As pues, mientras la derecha espaola se ve ampliamente refrendada en el Poder Judicial, la izquierda padece histricamente de algo muy parecido al sndrome de Estocolmo. Ni siquiera el mundo universitario de las facultades de derecho estudia la realidad de las actuaciones jurisdiccionales del Poder Judicial, mucho menos la realidad de los procedimientos legislativos del Congreso; cmo surgen y quienes influyen.

La frula del absolutismo decimonnico

El Poder Judicial es absoluto, carece de contrapesos y sistemas eficaces de control. La racionalidad de sus resoluciones no es cientfica, sino instrumental toda vez que adapta los medios al fin que persigue a fin de ajustar la realidad a las exigencias de la norma. No es la norma lo que se viola, sino la realidad de los hechos la que se modula a conveniencia. Manipulacin que se realiza al amparo de la regla arcaica de la sana crtica. Un trmino del siglo XVII acuado por los jesuitas franceses en la dialctica de la contrarreforma. La arbitrariedad del Poder Judicial es tan soberanamente habitual, pese a estar prohibida por el art. 3 de la Constitucin Espaola que un juez de Jan no tiene reparo alguno de expresar ad pedem litterae, en escrito procesal su personal sentimiento de profundo odio contra una empresa y su letrado que haba presentado recurso de recusacin contra el juez. Nadie concibe hoy en Espaa que un empleado de Mercadona exprese su sentimiento de odio contra un cliente que manifiesta su queja. Su imagen de profesionalidad quedara fulminantemente laminada por la propia filosofa de empresa. Mas all del anecdotario de las anomalas relevantes, la actual configuracin de todo el sistema judicial espaol anquilosado en la alquimia de voluntades, constituye un enorme lastre de inercia que impide seriamente el desarrollo de cualquier poltica emancipatoria que, cuanto menos, ponga freno al largo proceso de decadencia en el que se encuentra inmerso el Estado Espaol. Sin proyecto de futuro el presente se va descomponiendo en una larga sucesin de pasados que se agotan en s mismos.

Notas:

(1) http://www.ctxt.es/es/20191016/Firmas/28973/Bartolome-Clavero-sentencia-cat-proces-referendum.htm

(2) https://ctxt.es/es/20191016/Firmas/29001/tribunal-supremo-alzamiento-institucional-sedicion-proces-miguel-pasquau.htm

Blog del Autor: https://lacalledecordoba21.blogspot.com/2019/10/el-problema-de-la-decadencia-del-estado.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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