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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-10-2019

Sntomas inquietantes despus de la sentencia

Antonio Santamara
TopoExpress


Exista la percepcin generalizada que la sentencia del procs marcara el punto final de la fase unilateral del movimiento independentista, aunque se ignoraba cmo se producira y hacia dnde se dirigira tras este punto de inflexin. La ausencia de un planteamiento autocrtico sobre los errores cometidos por el independentismo en el otoo del 2017 y las reiteradas afirmaciones de que no se acatara una sentencia que no fuese absolutoria hacan prever unas jornadas convulsas donde el movimiento secesionista intentara no solo movilizar a sus bases, sino relanzar su proyecto poltico.

Los acontecimientos de la semana pasada nos permiten despejar parcialmente algunas incgnitas sobre los eventuales desarrollos del movimiento independentista.

El movimiento independentista sin direccin poltica

En el orden poltico se esperaba que la reaccin a la sentencia contribuyese a recoser, ni que fuera temporalmente, la profunda divisin entre los sectores fundamentalistas y posibilistas que pugnan por la hegemona del independentismo. Por el contrario, no se ha producido una respuesta institucional unitaria a la sentencia y se ha ampliado an ms la brecha entre ambos vectores.

Esto se visualiz claramente en la comparecencia del jueves 17 en el Parlament del president vicario de la Generalitat. Quim Torra, quien sin consultarlo ni con sus compaeros de partido de Junts per Catalunya ni con sus socios de ERC plante como respuesta a la sentencia insistir en la va unilateral, a travs de potenciar el fantasmal Consell de la Repblica, elaborar una Constitucin catalana y convocar en la primavera del 2020 un referndum de autodeterminacin. Una propuesta donde se concreta la consigna del ho tornarem a fer, pero que no encontr apoyos ni en su partido, ni en ERC, que no solo manifest su malestar por esta huida hacia adelante, sino que propici que dirigentes histricos de la formacin como Joan Tard propugnasen la disolucin de la Cmara y la convocatoria de elecciones anticipadas para salir del callejn sin salida.

Sin duda, con este movimiento Carles Puigdemont y Torra buscaban proporcionar un sucedneo de alternativa poltica a los sectores ms fundamentalistas del movimiento y al mismo tiempo colocar en una situacin difcil a ERC, acusndolos implcitamente de tibios y traidores ante esos sectores. Esto pudo comprobarlo Gabriel Rufin, quien hubo de abandonar entre insultos y abucheos una concentracin independentista el pasado sbado. Un muestra, si se nos permite la expresin, de justicia potica al autor del desafortunado tuit de las 155 monedas de plata.

No podemos olvidar que todo ello se produce tras el teln de fondo de las elecciones generales espaolas del 10 de noviembre, que tambin servirn para medir la correlacin de fuerzas entre ambos vectores del independentismo. En cualquier caso, la propuesta de Torra, que tiene escasas, por no decir nulas, posibilidades de materializarse, implicara la aplicacin del 155. Ahora en trminos ms duros, que quizs es lo que desean estos sectores del independentismo para profundizar en su confrontacin con el Estado. Aqu debemos apuntar a la creciente cuperizacin del discurso independentista, donde resulta difcil distinguir los pronunciamientos de los dirigentes de la antigua Convergncia de los alegatos de los lderes de la izquierda independentista.

En cualquier caso, todo parece indicar que el movimiento secesionista carece de direccin poltica para abordar la situacin generada tras la sentencia que pone punto final a la va unilateral.

Semntica de la violencia

La consecuencia lgica de la ausencia de perspectivas estratgicas para implementar la independencia y la profunda divisin de las formaciones secesionistas condujo a que la respuesta a la sentencia abandonase el mbito institucional para producirse en la calle.

En una suerte de inversin hegeliana, el movimiento independentista que se jactaba de convocar manifestaciones multitudinarias donde no se dejaba un papel en el suelo ni se rompa una papelera, ha derivado en una salvaje explosin de violencia con graves heridos, incendios y brutales destrozos del mobiliario urbano durante varias noches consecutivas de disturbios en Barcelona y otras ciudades catalanas. Unos disturbios que han tapado las grandes movilizaciones pacficas de las denominadas marchas de la libertad que, en realidad, han sido marchas por la independencia.

El hecho de que este estallido de violencia, con ribetes vandlicos, haya sido protagonizado por jvenes y adolescentes de las clases medias obliga a una reflexin de fondo y tambin nos permite esbozar de modo microfsico cmo se (re)elaboran los discursos en el movimiento independentista.

En principio, el brutal choque con las proclamas sobre el carcter cvico y pacfico del movimiento independentista condujo a que Torra negase la realidad y responsabilizara, sin pruebas y contra todas las evidencias, a infiltrados y provocadores de los disturbios. Unas afirmaciones que posteriormente fueron matizadas por el cuestionado conseller de Interior Miquel Buch al atribuirlos a grupos antisistema en que el podan participar independentistas.

Sin embargo, desde los sectores ms radicales del movimiento se apresuraron a desmentirlo. As la exdiputada de la CUP, Mireia Boya, asegur en un tuit (traducimos del cataln): sabis perfectamente que estos jvenes en las calles no son grupos violentos, son vuestros hijos, hijas, nietas, sobrinos que han perdido el miedo. Paralelamente, Vicent Partal, director del digital ultraindependentista Vilaweb, generosamente subvencionado por la Generalitat, le dedic un editorial titulado (traducido del cataln): Basta de mentiras: son nuestros muchachos, los hijos del 1-O, quieren ganar y merecen nuestro apoyo, donde poda leerse: El hecho preocupante de verdad, en este momento, es la campaa de criminalizacin de la nueva generacin de jvenes, de nuestros muchachos, vuestras nietas, los sobrinos y las sobrinas, los hijos y las hijas de vuestros amigos que hace das que plantan cara sin desfallecer al autoritarismo y a la inenarrable violencia policaca de que somos objeto en las calles de nuestras ciudades () Pero cmo podis ir contra ellos? Si sois vosotros quienes los llevasteis a todas las manifestaciones, cogidos de la mano, prometindoles un pas nuevo donde se vivira con dignidad y que estaba a punto de llegar. Si les habis comprado las camisetas y las banderas, s, la negra tambin. Si les enseasteis vosotros mismos a gritar 1-O, ni olvido ni perdn!. Si os vieron gritar indignados el da del referndum, encendidos de ira con la misma polica que ahora los apalea a ellos.

En efecto, estos jvenes han crecido en el medio ambiente procesista donde se les ha inculcado el odio a Espaa, caracterizado como un Estado dictatorial, y en la intolerancia respecto a todo aquel que discrepara con el independentismo, al que se le tacha de fascista, cuando la supuesta voluntad del pueblo est por encima de leyes y constituciones en un pas donde las calles son nicamente suyas. De modo que no resulta extrao que la frustracin generada por el incumplimiento de las promesas de una independencia exprs y de bajo coste haya degenerado en estos brotes de violencia. Tambin es significativo que en la denominada huelga general del pasado viernes, segn los sindicatos de clase un cierre patronal, el nico sector que casi par en su totalidad fue la enseanza, pues gran parte del profesorado es militantemente independentista. Por otro lado, quizs tambin haya influido el consumo de videojuegos ultraviolentos tan de moda entre jvenes y adolescentes.

Asimismo, debe destacarse cmo el foco de la crtica se desplaza de la violencia de los jvenes a los excesos policiales. Sin duda, stos ltimos han existido y son rotundamente condenables, pero se obvia que las fuerzas de seguridad no han cargado contra las manifestaciones pacficas, sino nicamente contra las explosiones de violencia vandlica.

Cronificacin del conflicto

En las movilizaciones del movimiento de los indignados participaron sobre todo jvenes de los barrios obreros de la periferia que ocuparon pacficamente las plazas de las ciudades catalanas, que en Barcelona fueron brutalmente desalojados por los Mossos dEsquadra, siguiendo las rdenes de Felip Puig, y fueron invitados por Josep-Llus Carod Rovira a irse a mear a Espaa. Ahora estos jvenes parecen haber desaparecido de la escena sustituidos por miembros de su generacin pero de las clases medias catalanohablantes que, a diferencia del 11-M, no reivindican cambios sociales, sino demandas nacionalistas. Asimismo, se aprecia un corte generacional entre los adultos que, en ANC y Omnium Cultural, se movilizan de modo pacfico por la independencia con sus hijos y nietos que ahora la exigen de modo violento, para desolacin de Carme Forcadell. Por cierto, una de las escasas dirigentes del movimiento que se ha atrevido a entonar una autocrtica y que ya est siendo objeto de dursimas crticas por los sectores ms fundamentalistas. https://www.racocatala.cat/forums/fil/228265/carme-forcadell-plora-containers-pero-no-pels-joves-demostra-ignorancia-total

Todo ello constituye un inquietante indicador de que el conflicto nacionalitario en Catalunya se cronifica, pues ha arraigado entre la juventud de las clases medias, lo cual parece asegurar su continuidad al menos durante una generacin. Los recientes acontecimientos en Catalunya parecen conducirnos a una sociedad profundamente fracturada donde ha estallado en mil pedazos el sueo del sol poble, inspirado por el PSUC y recogido por el catalanismo conservador. Tristemente, el pas se dirige hacia un tipo de sociedad como Irlanda del Norte o Blgica, donde catlicos y protestantes o valones y flamencos, viven en comunidades separadas y profesndose un odio mutuo.

Una perspectiva de empate infinito en el que el Estado espaol carece de la fuerza necesaria para acabar con el independentismo y el movimiento secesionista es incapaz de asumir la mayora necesaria en el pas para alcanzar sus objetivos.

Los puentes rotos

Los recientes acontecimientos avalan la consideracin de que el independentismo es la fase superior del pujolismo. En su primer discurso de investidura (1980), Jordi Pujol asegur que el sistema educativo y la televisin pblica, ambos en lengua y contenidos catalanes, constituiran los puntales de la (re)construccin nacional del pas. Hacia el final de su mandato (1990) se dise el denominado Programa 2000, con el objetivo de infiltrarse y ocupar todos los puestos claves de las instituciones culturales, sociales y econmicas de la sociedad catalana, con especial atencin en el sistema educativo y los medios de comunicacin. Lo que, todo hay que decirlo, se logr con notable xito.

Todo ello ha derivado en una inquietante degradacin de las instituciones catalanas que ha contaminado desde el Parlament de Catalunya a la presidencia de la Generalitat. As, muchos profesores han declinado de su labor de educadores para convertirse en propagandistas de la causa nacional y muchos periodistas han dejado de serlo para devenir agitadores del independentismo. Todo ello a costa de una inquietante restriccin del pluralismo ideolgico del pas, donde los contrarios o simplemente los tibios respecto a la secesin suelen ser sealados y estigmatizados.

Este sombro panorama dificulta extraordinariamente el xito de las fuerzas polticas y sociales que defienden destensar el conflicto y hallar alguna suerte de solucin negociada. Las formaciones como PSOE-PSC y ERC que tmidamente y con muchas contradicciones han mostrado cierta propensin en este sentido podran verse desbordadas por los sectores ms fundamentalistas. Llegados a este punto debe rechazarse la completa ausencia de sentido de Estado de la derecha espaolista, representada por PP, Cs y Vox, cuyo nico objetivo parecer ser echar ms lea al fuego al conflicto, con unas posiciones que si llegasen a triunfar conducen directamente a la confrontacin civil.

Las elecciones generales espaolas servirn para tomar el pulso de esta correlacin de fuerzas y para comprobar si las formaciones partidarias de la confrontacin en Espaa y Catalunya ganan posiciones respecto a quienes intentan atemperar el conflicto.

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/sintomas-inquietantes-despues-de-la-sentencia/



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