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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-10-2019

La nueva izquierda y el conflicto en Catalua

Joaqun Rodrguez Burgos
Rebelin


El pasado 21 de octubre Jordi Escuer y Jess Mara Prez, miembros de la Coordinadora de IU en Madrid, publicaron un artculo en Rebelin titulado La democracia consecuente es el nico camino. En mi opinin su escrito refleja de alguna manera la postura generalizada de la dirigencia de la nueva izquierda espaola ante el proceso independentista cataln. Por ello me parece interesante intentar rebatir los argumentos de ese artculo en un ensayo de enmendar la estrategia de las organizaciones de la nueva izquierda sobre este problema.

En primer lugar, me van a permitir los lectores que utilice el trmino nueva izquierda o neoizquierda en lugar del de izquierda a secas, pues parto de la base de que las nuevas organizaciones y los nuevos dirigentes de izquierda (surgidos muchos tras las protestas del 15-M) son fundamental y esencialmente distintos de las organizaciones y dirigentes de la antigua izquierda (a pesar de que algunas siglas se mantengan), cosa en la que abundar un poco ms adelante.

Por cuestin de mtodo voy a dividir mi texto en dos partes. En primer lugar identificar los errores de diagnstico de que el texto de Jordi Escuer y Jess Mara Prez adolece, errores fruto de una perspectiva ideolgica ms que discutible y de una carencia de mtodo de anlisis adecuados; y por otro lado, de ah deducir los errores polticos de su propuesta de actuacin respecto al proceso cataln.

El artculo de Escuer y Prez destaca por la utilizacin de eso que Ernesto Laclau llamaba significantes vacos o flotantes y que con anterioridad a l todos llambamos palabras grandilocuentes. Trminos tan rotundos como estado democrtico, nacin, estado plurinacional, reglas democrticas, fortaleza democrtica, presos polticos, derecho a decidir, izquierda transformadora, etc., que no quieren decir nada y a la vez lo quieren decir todo, depende de cmo, cundo, quin y para qu se utiliceni. No en vano Laclau es una referencia para algunos de los ms destacados dirigentes de estos nuevos grupos de izquierda. Lstima que el pensador argentino acabara por rechazar la lucha de clases como principal antagonismo en el seno de la sociedad. Y eso se nota en los anlisis de Escuer y Prez, y en general de toda le neoizquierda espaola: el anlisis de clase brilla por su ausencia y se asume acrticamente otro tipo de perspectivas ms acorde con el pensamiento burgus o simplemente con una operativa oportunista. Concretemos.

Dice nuestro do de autores: Un Estado democrtico y sus leyes tienen la obligacin de dar cauce a las aspiraciones de la ciudadana. No define lo que es un estado democrtico ni tampoco lo que es la ciudadana. Pero este segundo trmino coloca las cosas en su sitio: est hablando de la democracia burguesa, es decir de esta democracia burguesa en la que vivimos todos y en el seno de la cual se est planteando el proceso independentista. Supongo que Escuer y Prez admitirn que esta proposicin la puede suscribir cualquier liberal de pro, como por ejemplo Albert Rivera y sus compaeros de partido. Para ellos, al parecer, existen los ciudadanos como sujeto poltico, no las clases sociales; o por lo menos estas ltimas no son tan relevantes como los primeros. Todos somos iguales, Ana Botn y el cajero de cualquier sucursal del Banco de Santander. Para ellos las aspiraciones de la ciudadana parecen ser uniformes, porque la ciudadana al parecer lo es. Laclau de nuevo, slo que ste habla de pueblo y Rivera, Escuer y Prez de ciudadana. Para ellos podran ser las mismas las aspiraciones del seor Jaume Roures que las de sus empleados?, las de las familias Sumarroca, Font Fabreg o Carulla que la de los obreros empleados por ellas? Yo pienso que no. No ya las aspiraciones (trmino tambin ambiguo), sino sus intereses son fundamentalmente antagnicos. Escuer y Prez me podrn decir que efectivamente hay un buen nmero de burgueses que estn en contra del proceso. Por supuesto; yo pienso que la mayora. Y a lo mejor aqu est una de las claves en las que nuestra pareja no se ha detenido. Por qu una parte de la burguesa catalana, pequea eso s, est a favor de la independencia de Catalua?, por idealismo, por patriotismo?, por qu otra parte no lo est?, porque son unos fascistasii?; se han detenido a considerar todo ello?, porque para Escuer y Prez parece que los intereses de la burguesa no existen. Y vaya si existen, aunque Escuer y Prez no mencionen ni una sola vez la palabra burgus o burguesa. He de detenerme en el hecho de que los articulistas s hablan de la clase trabajadora. No la mencionan demasiado la verdad, pero parece ser que en sus anlisis existe. Incluso reconocen que un sector muy importante de la clase trabajadora no quiere la independencia. En eso estamos de acuerdo. De hecho la mayora de los indicios apuntan a que ese sector muy importante constituye la mayora de la clase trabajadora. Pero no vamos a ser rotundos en esto. Aaden los autores que ese sector muy importante de la clase obrera tiene argumentos de peso y legtimos para estar contra la independencia. Lstima que estos dirigentes de Izquierda Unida no se hagan eco de esos argumentos de peso y legtimos de la clase obrera. Quiz es que no les interesen, quiz es que ya a la nueva dirigencia de la nueva Izquierda Unida de Madridiii los argumentos de peso y legtimos de la clase obrera no merecen ser difundidos ni defendidos. Por lo que s parecen apostar Escuer y Prez es por abordar un debate a fondo sobre la importancia de defender el derecho a decidir y unirlo a un programa de transformacin social que recoja las aspiraciones de la clase trabajadora. Traducir est frase para los que no han militado en organizacin poltica alguna: lo que se precisa es convencer a la clase trabajadora de que el derecho a decidir (es decir el referndum, y por lo tanto el proceso, cuando no la independencia) es un avance en las posiciones de defensa de los intereses de la clase trabajadora; por lo tanto, que Izquierda Unida debe convencer a la clase trabajadora de que hay que apoyar un referndum sobre la independencia de Catalua porque conviene a los intereses de la clase trabajadora. Lo que no dicen Escuer y Prez es cmo se vinculan ambas cosas. Y es que cuando en una organizacin poltica la militancia discrepa de sus dirigentes, o cuando sus simpatizantes discrepan de la organizacin, siempre aparece alguien del aparato que propone abrir un debate, que no es ms que un intento por convencer a la militancia o a los simpatizantes de algo con lo que ni los militantes ni los simpatizantes estn de acuerdo. Lo que me parece ms triste en Escuer y Prez y en general en toda la neoizquieda espaola (Podemos, Ms Pas, Comunes, etc., etc., etc.) es que los que han iniciado, promovido, alentado y financiado este proceso independentista son precisamente los que han atacado ferozmente y con una saa superlativa los intereses de la clase trabajadora catalana, y de paso de la espaola, va apoyo parlamentario a las leyes nacionalesiv. Pero esos son los aliados de la nueva izquierda, los enemigos de la clase trabajadora, de la catalana, y de la del resto de Espaa. Y con esas ruedas de molino nos quieren hacer comulgar a los trabajadores.

Pero sigamos. Dice nuestra pareja de pensadores que La movilizacin masiva en Catalua reclamando poder ejercer el derecho de autodeterminacin no ha encontrado, por parte del Estado espaol, ningn camino para poder hacer realidad sus aspiraciones. Slo ha encontrado la crcel Aqu encontramos varios de los argumentos fuertes de los favorables al proceso; el principal, el derecho de autodeterminacin. Recordando que el concepto de democracia de que ellos hablan es la burguesa debemos recordar que siguiendo la lgica de la misma, el Estado democrtico de que ella surge se ha de deber a la voluntad de sus ciudadanos, a la ciudadana (tal y como Escuer y Prez arguyen), expresada en mayoras, se ha de suponer; y no a la de slo una parte minoritaria de esa ciudadana. Por lo tanto, las aspiraciones a las que debe dar cauce, entre las que parece encontrarse el famoso derecho de autodeterminacin, seran las de sus mayoras no las de sus minoras, con todo el respeto que un Estado de tal cariz pueda y deba tener hacia las minoras; y lo que no se podr negar es que ese supuesto derecho de autodeterminacin la reclama una minora menguante de la ciudadanav de una parte territorial minoritaria del Estado espaol. As que, si lo expresan de esa manera, Escuer y Prez no llegarn muy lejos, pues supongo que no negarn estos autores el derecho que tiene la mayora de la ciudadana espaola a pronunciarse sobre cualquier aspecto que le afecte, y a la mayora de la poblacin catalana a no pronunciarse en absoluto. O quiz es que los derechos slo los pueden tener una parte de la ciudadana y la otra parte no? O es que lo que pretenden Escuer y Prez es que la minora imponga a la mayora todos y cada uno de sus planteamientos? Por otro lado, si la voluntad del Estado es la de sus ciudadanos, esta se refleja en sus leyes, y en los tratados internacionales que firma el Estado, y como todo jurista sabe, el derecho de autodeterminacin, por voluntad de la ciudadana de ese Estado, no cabe en el caso de Catalua, ni en el caso de Cartagena, ni en el de ninguna parte del territorio espaolvi. Pero es que adems sabemos, y Escuer y Prez tambin, que la mayor parte de la ciudadana catalana se opone a la independencia; por tanto resulta falaz el mecanismo argumental de convertir movilizaciones masivas, que por supuesto existen, en aspiraciones de la ciudadana. Ms bien yo soy de la opinin de que esas movilizaciones masivas (en algunos casos no tan masivas como nos quieren hacer creer) son fruto, no slo de un descontento poltico (que por supuesto no negar), sino de una organizacin muy eficaz, de una financiacin muy bien lubricada (en la mayor parte extrada de los impuestos de todos, sean independentistas o no), y de unas campaas mediticas ms dignas de otro tipo de regmenes.

Pero adems la afirmacin de que esa movilizacin masiva slo ha encontrado la crcel como respuesta es tambin falsa. Las negociaciones entre los representantes del gobierno espaol y los polticos nacionalistas (cuyas posturas han ido cambiando a lo largo del tiempo, recordmoslo, lo cual hace difcil cualquier dilogo, cuando no negociacin), han sido continuas y permanentes desde que se plante la famosa reforma del Estatuto (reforma por cierto que fue aprobada con una participacin electoral inferior al 50%, dato que se oculta una y otra vez; y quiz tan baja participacin debera hacer reflexionar a tan vehementes dirigentes de la neoizquierda, porque quiz la reforma del Estatuto no interesaba ms que a los nacionalistas, y la independencia quiz tambin). Pero claro, negociar, como sabe todo el mundo, no es acordar. Y lo que los nacionalistas no pueden exigir es el acuerdo, ni por supuesto reclamar lo que no se puede dar. Pero negociar, se ha negociado hasta la extenuacin, y a cada falta de acuerdo, los nacionalistas endurecan sus posturas y demandas, por lo que el acuerdo se haca cada vez ms difcil, cuando no imposible. Comenzaron con la reforma del Estatuto, luego con el concierto econmico, luego con el referndum y ahora con la independencia; y la neoizquierda siempre detrs, sin aparecer ms que como un eco, y abandonando a la clase trabajadora y sus intereses. Por tanto, la falta de acuerdo debera achacarse a quien endurece cada vez ms sus posiciones, no a una contraparte que no ha hecho tal cosa. En definitiva, la crcel no ha sido la nica respuesta a esas movilizaciones, ni mucho menos. Adems de que la crcel ha sido respuesta slo para aquellos dirigentes independentistas que han delinquido; no para los dems.

Esto enlaza con la calificacin de polticos a los condenados por el proceso, calificacin que yo creo incorrecta. Sorprende que a estas alturas unos dirigentes polticos utilicen tan a la ligera determinados trminos; al final acabarn tambin por vaciarlos de significado. Recordemos, no a los autores del artculo que aqu se comenta, sino a los lectores, que una persona puede infringir el cdigo penal por diferentes motivosvii. Pueden ser stos econmicos, pueden ser personales, pueden ser polticos o de cualquier otra ndole. As, una persona puede atentar contra otra por una deuda, por una discusin deportiva, o porque la vctima pertenezca a una organizacin poltica opuesta. Pero lo que se juzga no son los motivos, sino el hecho mismo del atentado. En este caso ocurre exactamente lo mismo. Junqueras y compaa han infringido el cdigo penal y se les condena por ello, no por su motivacin. Por lo tanto no son presos polticos, sino comunes.

Las contradicciones de las argumentaciones de Escuer y Prez llegan a un punto en que se vuelven contrarias a sus conclusiones cuando defienden que la sentencia reciente del Tribunal Supremo puede esgrimirse para acusar a los activistas que se oponen a los desahucios. O no saben leer o nos quieren confundir. Porque la sedicin supone un alzamiento pblico y tumultuario, cosa que no ocurre cuando se quiere impedir un desahucio. Y si se llega a calificar de sedicin la oposicin de un grupo de personas a la ejecucin de un desahucio, lo nico que se demostrara con ello es que el tipo penal aplicado a Junqueras y los suyos no era el ms adecuado, evidentemente por su extrema levedad.

Otra de las ficciones de Escuer y Prez es dar por sentado que el nacionalismo espaol est alentando un ambiente casi irrespirable. No dice dnde, pero entender que es en Catalua, ya que en el resto de Espaa la calma es total al respecto. Que existe un ambiente irrespirable no lo pondr en cuestin (quiz me parezca algo exagerado, pero dmoslo por bueno); pero quien ha ejercido las coacciones, la violencia, los saqueos, las malversaciones de fondos, los acosos en domicilios particulares, las acusaciones de que Espaa (no el gobierno ni el estado, sino el pas) roba a los catalanes, los asaltos al parlamento cataln, el destrozo de las calles en Barcelona, el desprecio institucional hacia el idioma que hablan todos los catalanes, la apropiacin del espacio pblico y del espacio institucional (lo que significa la expulsin de los dems de esos mismos espacios), el cierre de la frontera, la retirada de nombres de calles dedicadas a poetas sospechosos de enemigos (aunque bastante amigos de la clase trabajadora, por cierto), e incluso la conspiracin para realizar sabotajes ha sido obra de los independentistas catalanes, con la colaboracin a veces de la neoizquierda. La aportacin de los nacionalistas espaoles en crear ese clima irrespirable ha sido casi nula. En este sentido Escuer y Prez no slo mienten sino que quieren identificar oposicin a la independencia con nacionalismo espaol, identidad que no es tal. Lo cual no quiere decir que no exista el nacionalismo espaol y que no est actuando en este conflicto. Pero lo que se deduce de esta afirmacin de Escuer y Prez es que ellos piensan que podramos estar ante el choque de dos nacionalismos, el espaol y el cataln, cuando no ocurre tal cosa. Lo que se opone al proceso no es slo el nacionalismo espaol, sino casi todo el espectro sociolgico antiindependentista, el cual cubre una mirada de sensibilidades, opiniones y proyectos muy diferentes, entre el que hay que considerar, como afirman estos dirigentes de IU, una parte muy importante de la clase obrera.

Pero abandonemos ya la coleccin de contradicciones, errores, inexactitudes y ocultamientos de Escuer y Prez y por extensin del independentismo cataln y de la neoizquierda espaola. Vayamos a las consecuencias polticas (o quiz a las causas, porque a veces se confunden) de todo ello.

El problema reside en que la neoizquierda ha asumido planteamientos ajenos a la clase obrera porque ha abandonado los instrumentos analticos que inspir histricamente el movimiento obrero; y ello por una simple razn, porque la nueva izquierda no forma parte de la clase trabajadora, ni constituye un conjunto de organizaciones que emanen de la clase trabajadora, ni de la catalana ni de la del resto de Espaa. Y en cuanto a las antiguas organizaciones que en su momento emanaron de ella (PCE, PSUC, IU), han sido tomadas (cuando no simplemente sacrificadas, caso PSUC), para subordinarlas a las nuevas organizaciones polticas, que no son sino meros instrumentos poltico-electorales pequeoburgueses que niegan que los conflictos e intereses de clase (y en concreto el conflicto entre la burguesa y la clase trabajadora) sean el motor fundamental de la batalla social y por ende poltica; organizaciones en los que domina una serie de prceres polticos mediticos y demagogos, cuyo esquema mental est ms cerca del radicalismo idealista pequeoburgus, y como pequeoburgueses actan, intentando pastorear a la masa obrera desorganizada, asumiendo un papel de pedagogos y benefactores sociales. Slo desde estas posturas se puede entender este posicionamiento de la neoizquierda ante un conflicto (el cataln) que no es fruto del enfrentamiento entre la burguesa y la clase trabajadora (sean catalanas o del resto de Espaa), sino que ms bien de un conflicto en el seno de la misma burguesa espaola, y ms en concreto en el seno de la burguesa catalana. Todo ello trufado por el descontento de una pequea burguesa catalana que ve con miedo su ubicacin en una sociedad capitalista en crisis que pone en cuestin su papel y su acomodo. Si a ello se le suma un clientelismo atroz de una administracin regional hipertrofiada, que se traduce entre otras cosas en una lluvia de millones a ciertos medios de control social (controlados por la propia burguesa, naturalmente), unas campaas de propaganda en los medios pblicos catalanes intenssimas, un descontento obrero fruto del ataque que esa misma burguesa catalana y no catalana realiza contra las clases trabajadoras, descontento que se ha dirigido, merced a esas campaas y a esos medios y merced tambin a la neoizquierda, no contra su verdadero enemigo, la burguesa, sino contra la organizacin territorial del Estado y por extensin contra la poblacin castellano-parlante de Catalua y en general del resto de Espaaviii, nos encontramos con una situacin no solo explosiva sino casi inmanejable polticamente.

Afortunadamente la clase obrera catalana es ms sensata que su presunta dirigencia y todava se siente parte integrante de la clase obrera espaola. Afortunadamente, una gran parte de esa clase, por no decir la mayora, se abstiene del aventurerismo independentista. Pero por desgracia, carece de verdadera representacin poltica; y lo que es ms grave, de organizacin poltica. La responsabilidad de la neoizquierda en acorralar a cientos de miles de personas y a un gobierno y un parlamento regionales en un callejn sin salida ha sido enorme. Y debe trabajar para salir de l porque hay muchas razones para ello, pero la ms importante es que los intereses de la clase obrera espaola (y como integrante de ella, de la catalana) no van por ese camino.

Notas:

i La teorizacin sobre los significantes vacos la desarrolla Laclau en Emancipacin y diferencia. Argentina, Ariel, 1996.

ii Otro significante de moda entre la neoizquierda y que sta ha conseguido, a diferencia de las otras, no llenar sino vaciar de sentido para dotarle de otro completamente distinto al original.

iii En junio de 2015, los dirigentes federales de IU expulsan a IU de Madrid y con ella a todos sus militantes. El pretexto: el asunto de las tarjetas opacas de Caja Madrid. El motivo real: la oposicin de la dirigencia y de la militancia madrileas a confluir con las nuevas organizaciones de izquierda en las elecciones municipales y autonmicas; es decir, a ceder la direccin de la representacin poltica de una parte de la clase obrera madrilea a la neoizquierda. El instrumento elegido para esta operacin poltica: los grupos mediticos burgueses, fundamental aunque no exclusivamente, los capitaneados por el seor Jaume Roures.

iv El seor Torra y sus correligionarios (es decir la antigua Convergencia Democrtica de Catalua, que ahora se ha transmutado en Juntos por Catalua), apoyaron la reforma laboral de 2012. Slo por poner un ejemplo.

v En las elecciones generales de abril de 2019, las fuerzas que apoyaban el referndum sumaban algo ms del 51 % de los votos vlidos, los cuales fueron aproximadamente un 7750 % del censo electoral, es decir que los favorables al referndum alcanzan el 39% del censo electoral.

vi El derecho de autodeterminacin amparado por los tratados internacionales limitan el alcance de este principio estableciendo que todo intento encaminado a quebrantar la unidad nacional y territorial de un pas es contrario a los propsitos y principios de las Naciones Unidas, y slo cabe cuando un territorio tiene una relacin colonial respecto a otro, lo cual no es el caso; y si lo fuera Escuer y Prez deberan decir por qu.

vii Un cdigo penal, por cierto, que no debe de ser muy injusto cuando los grupos polticos que hoy se afanan por la independencia votaron a su favor en las Cortes Generales; me refiero a ERC y a CiU (es decir a lo que hoy es Juntos por Catalua). O sea que a los independentista se les ha juzgado con una normas aprobadas por ellos mismos.

viii Recordemos que Torra no tena empacho en llamar bestias a los catalanes castellano-parlantes. Recordemos las acusaciones de los dirigentes de ERC en que se afirmaba que Espaa (no el Estado espaol ni el Gobierno espaol) expoliaba a Catalua (no a la Generalidad ni a la Comunidad Autnoma), o las proclamas de Puigdemont contra los invasores.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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