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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-10-2019

Franco, la cara oculta de la exhumacin

Manuel Ruiz Robles
Rebelin


La violencia de la monarqua

La exhumacin de Franco, cuarenta aos despus de la "modlica" Transicin, debe de tener alguna explicacin racional, ms all de las banalidades al uso.

Constatamos que nuestros mayores, muchos de ellos cados en su lucha contra el tirano, no estn siendo tratados por la monarqua parlamentaria con la misma dignidad y respeto con la que se ha tratado al general golpista Francisco Franco. Parte de ellos fueron asesinados, o dejaron los mejores aos de su vida en un combate desigual contra el franquismo, por la causa de la Libertad, en defensa de la Repblica. Las sentencias de los consejos de guerra en los que fueron condenados continan en vigor. La dignificacin de algunos de ellos -valerosos guerrilleros republicanos, que lucharon heroicamente contra la dictadura- sigue siendo castigada como delitos de enaltecimiento del terrorismo por la Audiencia Nacional, procedente del Tribunal de Orden Pblico, de triste recuerdo.

Por el contrario, los miembros de la Resistencia francesa al fascismo son honrados por su pas, como es el caso del legendario comandante Robert, republicano asturiano exiliado, condecorado con la ms alta distincin de la Repblica amiga. Sin embargo, el citado general golpista Francisco Franco, junto a muchos de sus colaboradores, responsables de innumerables atrocidades, son tratados por el rgimen con sumo respeto y consideracin.

Por si fuese poco, el rey Felipe VI es inviolable y reina porque as lo decidi el dictador Francisco Franco mediante la instauracin de una monarqua muy peculiar: la monarqua del 18 de julio.

Una posible explicacin racional a este incomprensible funeral de estado es que se trata de un vergonzoso blanqueo de la monarqua, cuyo fin no es otro que el de prolongar el dominio de la oligarqua financiera y terrateniente que la sustenta, intentando a su vez el apaciguamiento de Catalunya, profundamente antifranquista y republicana, sobre todo despus de la injusta condena de sus lderes a 100 aos de prisin.

El carcter intrnsecamente violento del rgimen de la Transicin ha sido tratado por numerosos autores en artculos y publicaciones: Democracia y violencia . Andrs Piqueras (1). La sombra de Franco en la Transicin . Alfredo Grimaldos (2)

Catalunya, maltratada

La desproporcionada sentencia del Tribunal Supremo no transmite a la inmensa mayora de la ciudadana catalana un mensaje de serena imparcialidad sino, por el contrario, una amenazante actitud de carcter totalitario. En efecto, la decisin de TS se fundamenta en postulados de la dictadura, que estn incrustados explcitamente en el ncleo duro de la constitucin de 1978, cuyo mximo garante, por dictado constitucional, es el rey. Un rey inviolable, repito, que ostenta a su vez la jefatura del Estado y de las Fuerzas Armadas por decisin de Franco, que instaur en la persona de Juan Carlos de Borbn una nueva monarqua, la del 18 de julio. Es decir, una monarqua ex novo nacida de un golpe militar fascista, origen ilegitimo y antidemocrtico que, unido a su carcter hereditario, la hace a todas luces abominable.

Como es bien sabido, la voluntad democrtica mayoritaria de las catalanas y catalanes est representada por el 80 % de su poblacin, siendo una parte significativa de ella independentista. La coalicin en el poder, que por voluntad democrtica del pueblo cataln ostenta actualmente la presidencia de la Generalitat y del Govern de Catalunya, ha diseado una estrategia de dudosa eficacia. Su puesta en prctica est intensificando la profunda crisis de Estado, originada por nuestra deficiente democracia, que fue el resultado final de una transicin dirigida por los poderes que sustentaron la dictadura. La falta de dilogo del Gobierno de Espaa y la creciente marea reaccionaria que el nacionalismo espaol ha desencadenado, est retroalimentando a su vez un secesionismo iracundo, cuyos planteamientos maximalistas son a todas luces irrealizables, aunque respeto como demcrata.

El 1 de octubre de 2017 dos millones de catalanes decidieron acudir pacficamente a las urnas, en un intento de hacerse or. Nadie en sus cabales puede suponer que su accin pretendiese un proceso efectivo de secesin, lo que en el marco del actual rgimen parafranquista llevara ineluctablemente a un enfrentamiento armado, es decir a una guerra civil, algo que cualquier persona decente no desea.

El resultado fue una accin violenta y brutal por parte de las fuerzas represivas, con la aquiescencia amenazante del rey, tras ser encarcelados y acusados de rebelin los dirigentes de las instituciones democrticas catalanas. El resultado, dos aos despus, es una sentencia desproporcionada y, como respuesta, una huelga y una manifestacin pacficas, salpicadas de conatos de violencia de baja intensidad -por ahora, afortunadamente, sin violencia armada- que han sido respondidos nuevamente con brutalidad, como prueban los videos difundidos en las redes y los casos de heridos con lesiones graves, algunas de ellas irreversibles.

La sentencia del Tribunal Supremo crea un grave precedente. Hoy todos los demcratas estamos amenazados, pues el mensaje es rotundo y el castigo ejemplar: nadie ha de osar enfrentarse, ni si quiera con pacficas urnas, al rgimen del 78.

El conflicto entre el Estado espaol y la Generalitat de Catalunya solo puede resolverse pacficamente mediante un dialogo entre las partes en el que todas las alternativas, sin exigencia alguna, sean analizadas serenamente.

Una de las mentes republicanas ms lcidas en el panorama poltico espaol, Joan Garcs, nos alerta sabiamente: "O encontramos una solucin para Catalunya entre todos o decidir una potencia extranjera" (3)

La emergencia social

Las derechas nacionalistas, espaola y catalana, tienen grandes afinidades, fundamentados en sus intereses de clase, por lo que acaban parecindose como gotas de agua en sus polticas econmicas neoliberales. Estas polticas implican leyes coercitivas que reprimen las demandas sociales y provocan la consiguiente contestacin en las calles, como respuesta a los recortes en sanidad, en educacin, futuro de las pensiones, etc. provocando a su vez precariedad laboral y paro. En definitiva, ms sufrimiento para las clases populares como consecuencia de la regla de oro del capitalismo: la apropiacin privada del trabajo social.

Todas estas cuestiones esenciales han sido magistralmente analizadas en un reciente artculo por un eminente profesor: La crisis nacional est agravando la olvidada crisis social. Vicen Navarro. (4)

Las fuerzas democrticas y progresistas

El creciente nacionalismo espaol, tradicionalmente ultra reaccionario, cuyo principal exponente es el rey, no permite vislumbrar una salida autnticamente democrtica a corto plazo, dada la actitud afn a la monarqua de una parte de la izquierda. Me refiero al sector felipista del PSOE, incluido un carrillismo puro y duro, de influencia transversal, cuyos efectos nocivos an no se han extinguido.

A la vista de todo lo que est sucediendo, parece meridianamente claro que la monarqua borbnica no es la solucin sino el problema. El rey, cuya medula franquista y neoliberal tiene su mayor apoyo social en la extrema derecha de VOX, est incapacitado para facilitar una salida democrtica a esta grave crisis de Estado, que se agudiza por momentos. Vivimos una situacin de emergencia nacional, por ello el resultado de las elecciones del prximo 10 de noviembre ser decisivo para el futuro en paz y en libertad de nuestros pueblos, pues la falacia de un nico pueblo, el espaol, ya no es sostenible.

Por todo ello, con el debido respeto, me dirijo desde estas lneas al Sr. Presidente, Pedro Snchez, recomendndole no ceda a las presiones del entorno del rey.

S se puede, Sr. Presidente, salir racionalmente de la actual situacin de bloqueo. Para ello es necesario que las fuerzas democrticas y progresistas le den su apoyo, posibilitando de este modo su continuidad en el Gobierno. Estas deberan de participar en el Consejo de Ministros, en mayor o menor medida, en funcin de la proporcin que los electores decidan con sus votos, pues lo contrario sera dejarle a Vd. y a su gobierno al pie de los caballos. La creacin de un frente democrtico que plante cara al franquismo y a sus aliados se hace cada vez ms ineludible.

Es probable, Sr. Presidente, que muchos de sus antiguos electores consideremos que el voto til en esta ocasin no sea PSOE, y optemos finalmente por votar a otros partidos democrticos a su izquierda, pues es de todo punto necesario que sean las fuerzas que posibilitaron la mocin de censura al Sr. Rajoy las que impulsen una segunda transicin, que rompa definitivamente con el franquismo y su monarqua, liberndole a Vd. en cierto modo de las presiones de las lites econmicas que le atenazan. Pues, de no ser as, no es de descartar que un partido centenario como el suyo, tan necesario para el futuro de nuestro pas, acabe despendose, sin posible remedio, a plazo fijo.

Un nuevo pacto con el franquismo borbnico, como ocurri en el 78, llevara a Espaa un callejn sin salida. Nuestra mejor referencia ha de ser la vieja Europa democrtica a la que pertenecemos, que supo en el pasado reciente deshacerse definitivamente de las monarquas reaccionarias, aliadas del fascismo.

Manuel Ruiz Robles, capitn de navo de la Armada, coordinador del colectivo de militares demcratas Anemoi, antiguo miembro de la UMD, presidente de la asociacin Unidad Cvica por la Repblica (UCR).

Publicaciones relacionadas:

  1. Democracia y violencia. Andrs Piqueras

  2. La sombra de Franco en la Transicin. Alfredo Grimaldos

  3. O encontramos una solucin para Catalunya entre todos o decidir una potencia extranjera. Joan Garcs

  4. La crisis nacional est agravando la olvidada crisis social. Vicen Navarro

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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